Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
Los cazadores de recompensas llegaron una semana después de la patrulla de Cortevar, y a diferencia de los soldados, no se molestaron en fingir cortesía.
Eran tres, montados en caballos flacos y mal alimentados, con el tipo de mirada hambrienta que Nolan había aprendido a reconocer desde Kaeloth: la de quien ya no distingue entre lo que necesita y lo que puede tomar por la fuerza. No vestían el uniforme del Imperio, pero uno de ellos llevaba un papel doblado en el bolsillo del pecho, y Nolan alcanzó a ver, antes de que lo guardaran, el boceto tosco de un rostro que se parecía demasiado al suyo.
—Alguien en Cortevar paga bien por información sobre "actividad extraña" —le había dicho Mira esa misma mañana, con el ceño fruncido, después de escuchar el rumor de boca de un mercader de paso—. Y hay gente dispuesta a inventar esa información si no la tiene, con tal de cobrar la recompensa.
No hizo falta que inventaran nada. La bestia corrompida del bosque, la patrulla, los rumores del pueblo: todo se había juntado en la peor combinación posible, y ahora tres hombres armados recorrían el límite de Aldenar preguntando, con demasiado interés, por un forastero con quemaduras raras.
Nolan lo supo por el ruido, otra vez, como siempre parecía saber que algo malo estaba por pasar. Estaba solo, cargando agua desde el pozo trasero de la forja, cuando escuchó los cascos deteniéndose demasiado cerca.
—Ahí está —dijo una voz, satisfecha, casi aburrida, como quien encuentra algo que esperaba encontrar tarde o temprano.
Corrió sin pensarlo, dejando caer los baldes, hacia el único camino que conocía bien: el sendero hacia el bosque. No era una decisión inteligente —lo sabía incluso mientras corría—, pero el instinto no pedía permiso para elegir, y todo su cuerpo insistía en que un bosque desconocido era mejor que quedarse quieto esperando.
Los cazadores no eran soldados entrenados, pero tampoco eran torpes. Le cortaron el paso entre los árboles con la facilidad de quien ha hecho esto muchas veces antes, arrinconándolo contra un afloramiento de roca cubierto de musgo plateado.
—Tranquilo, muchacho —dijo el que parecía llevar la voz cantante, desmontando con calma, una mano ya apoyada en el mango de su espada—. Solo queremos hablar. Y si de casualidad resultas ser lo que el papel dice que eres, hablar con Cortevar te va a ir mejor que lo que te espera si nos obligas a hacerlo por las malas.
Nolan no le creyó ni una palabra. Retrocedió hasta que la roca le impidió seguir, con las manos abiertas, buscando algo —cualquier cosa— con la mirada. No había piedra al alcance esta vez. No había hacha.
—No sé de qué hablan —dijo, con la voz más firme de lo que se sentía por dentro.
El segundo cazador se rió, un sonido corto y desagradable, y avanzó con una cuerda ya en las manos.
Fue el gesto de esa cuerda, más que cualquier otra cosa, lo que rompió algo en Nolan. No fue el miedo a morir. Fue el miedo específico, físico, incontrolable, a ser atado, arrastrado, llevado a un lugar sin salida ni control sobre lo que le haría después —el mismo miedo que había sentido, sin saberlo nombrar entonces, la noche en que vio a su madre interponerse entre él y un hombre con el rostro cubierto de ceniza.
El tirón llegó sin aviso, más brusco que las dos veces anteriores, como si algo al otro lado hubiera estado esperando precisamente ese tipo de desesperación.
El aire se abrió con un sonido distinto esta vez —no un susurro, sino algo parecido a un gruñido bajo, como si el propio cruce tuviera dientes.
Lo que cayó del otro lado no llegó arrodillado ni frágil. Cayó a cuatro patas, y se levantó de inmediato con la tensión de algo que ha pasado toda su vida esperando ser atacado primero. Era alto, más que cualquiera de los tres cazadores, con el cuerpo cubierto de un pelaje gris oscuro que se erizaba visiblemente a lo largo de la espalda, garras largas donde deberían estar las uñas, y un rostro a medio camino entre lo humano y lo lobuno, con unos ojos amarillos que no parpadeaban.
No miró a Nolan primero. Miró a los tres hombres armados, evaluándolos con una frialdad casi calculadora, y luego, brevemente, giró la cabeza hacia Nolan con una expresión que no era gratitud ni curiosidad.
Era desconfianza pura, tan afilada como cualquiera de sus garras.
—¿Qué… —empezó el cazador de la cuerda, pero no llegó a terminar la frase.
La criatura se movió antes de que Nolan pudiera procesar que se había movido. Cerró la distancia con el primer hombre en menos de dos segundos y lo derribó con un zarpazo que le abrió el brazo desde el hombro hasta el codo. El segundo cazador retrocedió, sacando su espada, gritando algo que sonaba más a pánico que a orden.
Nolan se quedó pegado a la roca, sin saber si debía huir, ayudar, o simplemente no interponerse en el camino de algo que claramente no pedía su opinión para nada de lo que estaba haciendo.
La pelea no duró mucho. La criatura se movía con una brutalidad económica, sin desperdiciar energía en gestos innecesarios, derribando al segundo hombre con la misma facilidad que al primero. El tercero, el que había hablado de "hacerlo por las malas", tuvo el buen juicio de montar su caballo y huir en cuanto entendió que la conversación había dejado de estar de su lado.
Cuando terminó, el silencio del bosque volvió a instalarse, roto solo por la respiración pesada de los dos hombres heridos arrastrándose lejos como podían, y por el jadeo bajo y constante de la criatura, todavía en guardia, todavía sin mirar del todo a Nolan como si fuera algo más que una amenaza potencial adicional.
—Gracias —dijo Nolan, con cautela, sin acercarse.
La criatura giró la cabeza hacia él, lentamente, y por primera vez Nolan pudo ver de cerca la crueldad práctica de su mirada: no maldad, sino la lógica fría de un depredador que ha aprendido que confiar primero es la forma más rápida de morir.
—No te ayudé a ti —dijo, con una voz gutural, cargada de un acento que no pertenecía a ningún idioma que Nolan conociera y que, sin embargo, entendía perfectamente—. Me arrancaron de donde estaba, en mitad de algo que no había terminado. No te debo nada por eso.
—Tampoco yo pedí que vinieras —respondió Nolan, sorprendido de su propia firmeza—. Pasó. A los dos.
La criatura lo observó un momento más, con esa misma desconfianza calculadora, como si estuviera decidiendo si esa respuesta contaba como un insulto o como el primer dato honesto que había recibido desde que cruzó.
—Grael —dijo finalmente, sin que Nolan hubiera preguntado—. Así me llamaban donde yo cazaba. Si voy a estar atado a ti por lo que sea que sea esto, al menos vas a saber qué nombre usar cuando me culpes por algo.
No fue una promesa de lealtad. No fue siquiera una tregua completa. Pero cuando Nolan, todavía temblando por la adrenalina, empezó a caminar de vuelta hacia Aldenar, Grael lo siguió a una distancia calculada, sin decir una palabra más, como quien decide seguir teniendo cerca a algo que todavía no ha determinado si es útil, peligroso, o ambas cosas a la vez.

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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 5
Estás leyendo el capítulo 5 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 14 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.