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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

Las noticias en un pueblo pequeño viajan más rápido que cualquier caballo, y Aldenar no era la excepción. Para cuando Nolan pudo volver a caminar sin que el costado le doliera con cada paso, ya media plaza sabía que algo había pasado en el límite del bosque, y la otra media tenía al menos tres versiones distintas de qué era exactamente ese "algo". En unas, Nolan había ahuyentado a la bestia con magia prohibida. En otras, había invocado a un demonio. En la más generosa, simplemente había tenido suerte y Mira había hecho el resto. Ninguna versión se acercaba del todo a la verdad, y Nolan no pensaba corregir ninguna. —Deberías quedarte dentro unos días más —le dijo Mira una mañana, sin levantar la vista del yunque, martillando una hoja de metal con golpes precisos y espaciados—. La gente habla más rápido de lo que piensa, y tú ya llamas demasiado la atención sin necesidad de que te vean la cara todo el tiempo. —¿Tan mal se ve? —preguntó Nolan, sentado en un banco cerca de la puerta, todavía con las costillas vendadas. —Se ve como alguien que sobrevivió a algo que no debería poder sobrevivirse —dijo ella, sin dulcificarlo—. Y en un pueblo fronterizo, eso siempre atrae a las personas equivocadas antes que a las correctas. Tenía razón, aunque Nolan no lo entendería del todo hasta esa misma tarde. La patrulla de Cortevar llegó poco después del mediodía: cuatro jinetes con el emblema de un águila de dos cabezas bordado en el pecho de sus abrigos, cabalgando sin prisa por la calle principal como quien tiene todo el derecho del mundo a estar ahí, porque en cierto sentido lo tenían. Cortevar no gobernaba Aldenar directamente, pero nadie en el pueblo estaba en posición de discutirle nada a un soldado imperial. Nolan los vio desde la ventana de la forja y sintió, sin poder evitarlo, el mismo instinto de contar salidas que lo había mantenido con vida en Kaeloth. Dos puertas. Una ventana trasera, pequeña, apenas suficiente para un cuerpo delgado. Se odió un poco a sí mismo por hacerlo de forma tan automática, sin ni siquiera decidirlo. —Quédate atrás —le dijo Mira en voz baja, sin apartar la mirada de la calle—. Y no hables si no te preguntan directamente. El líder de la patrulla, un hombre de mediana edad con una cicatriz cruzándole el labio superior, desmontó frente a la forja con la calma aburrida de alguien que ha hecho esta misma ronda cientos de veces. —Herrera —saludó, con un tono que no era hostil, solo indiferente—. Venimos preguntando por reportes de actividad extraña cerca del bosque. Algo sobre una bestia y un forastero. Mira no dejó de martillar. —Una bestia corrompida atacó a un pastor hace dos días. Nada que no pase cada otoño por aquí —respondió, sin mentir del todo, sin decir tampoco la verdad completa—. En cuanto al forastero, seguro que se refiere a algún comerciante de paso. Aldenar recibe varios cada semana. El soldado la observó un momento, con esa clase de escrutinio profesional que no busca discutir, solo confirmar. Sus ojos se movieron hacia el interior de la forja, hacia la figura sentada en la penumbra junto a la puerta. —¿Y él? —Mi ayudante —dijo Mira, sin dudar—. Se lastimó las costillas cargando hierro la semana pasada. Todavía no puede sostener un martillo derecho. Era una mentira tan simple y tan poco heroica que resultaba, precisamente por eso, creíble. El soldado se quedó mirando a Nolan un segundo más de lo estrictamente necesario. Nolan sostuvo la mirada, con el corazón latiéndole con fuerza suficiente para sentirlo en la garganta, pero sin apartar los ojos, porque algo en su interior —quizás el mismo instinto que lo había hecho contar las salidas— le decía que mirar hacia otro lado sería peor. —Si ven algo fuera de lo normal, se reporta al puesto de guardia en el camino norte —dijo finalmente el soldado, montando de nuevo su caballo—. Cortevar está especialmente interesado en cualquier actividad de invocación no registrada. Ha habido... incidentes, en otras provincias. —Lo tendremos en cuenta —respondió Mira, ya volviendo a su trabajo, como si la conversación no hubiera significado nada. La patrulla se alejó al mismo paso tranquilo con el que había llegado. Nolan no soltó el aire que había estado conteniendo hasta que el sonido de los cascos desapareció por completo calle abajo. —"Actividad de invocación no registrada" —repitió, con la voz todavía tensa—. ¿Qué significa eso exactamente? Mira dejó el martillo a un lado, por fin, y se giró a mirarlo con una seriedad que no le había visto hasta entonces. —Significa que en Virelia hay quienes invocan bestias y espíritus como oficio, con permisos, escuelas y registros del Imperio —dijo—. Y significa que lo que sea que hiciste en el bosque no se parece en nada a lo que esos invocadores hacen. Yo no entiendo de estas cosas, Nolan, pero sé reconocer cuándo algo asusta a la gente que se supone que no debería asustarse de nada. Y ese soldado, debajo de toda esa calma, estaba nervioso. Por primera vez desde que había cruzado, tuvo la sensación —todavía difusa, todavía sin pruebas suficientes para confiar del todo en ella— de que fuera lo que fuera lo que le había pasado, no era un accidente aislado. Un soldado no se pone nervioso por rumores de pastores. Y si Cortevar ya vigilaba algo llamado "invocación no registrada" antes siquiera de conocerlo a él, quizás no era el único capaz de asustar a quienes se suponía que no debían asustarse de nada. —Tengo que aprender a controlarlo —dijo, más para sí mismo que para ella—. Antes de que alguien más lo note. —O antes de que vuelva a pasar sin que tú lo decidas —añadió Mira, con una practicidad que no dejaba espacio para el pánico—. Porque si mal no recuerdo, las dos veces que ha pasado, no fue porque tú quisieras. Tenía razón, y eso era, quizás, lo que más asustaba a Nolan de todo. Esa noche, mientras el pueblo dormía y el fuego de la forja se apagaba poco a poco, Nolan se quedó despierto mirando el techo de paja, incapaz de cerrar los ojos por más de unos minutos seguidos sin que la mente le devolviera fragmentos sueltos: el sonido húmedo de un golpe, el crujido de madera partiéndose, el peso tibio de un cuerpo que ya no respondía. No lloró. Simplemente se quedó ahí, despierto, contando en silencio cuántas salidas tenía la habitación en la que dormía, hasta que el amanecer empezó a filtrarse por las rendijas del techo.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 8 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.