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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 38 online gratis en español

El hombre que había publicado el cartel del Templo Hundido resultó ser el dueño de la mina principal de Cenizal, un tipo robusto de barba entrecana que los recibió con una mezcla de incredulidad y alivio genuino cuando los vio entrar, heridos pero vivos, por la puerta de su oficina. —Pensé que ese cartel se iba a quedar ahí hasta que se lo comiera el óxido —dijo, examinándolos de arriba abajo con una sorpresa que no se molestó en disimular—. ¿De verdad entraron? —Y salimos —confirmó Grael, con el costado todavía vendado apretadamente bajo una tela improvisada—. Aunque el "cómo" no fue precisamente elegante. El hombre pagó sin discutir el monto acordado, contando las monedas con un respeto renovado que no había mostrado al clavar el cartel original, y añadió, sin que se lo pidieran, un par de monedas extra "por las molestias, y porque nadie más se atrevió a intentarlo en meses". Con el dinero asegurado, los días siguientes se convirtieron en una rutina extraña de recuperación: Roderic con el brazo inmovilizado contra el pecho, gruñendo cada vez que alguien le sugería que descansara más; Grael lamiéndose la herida del costado con una paciencia que contradecía por completo su temperamento habitual; Ilvara, curiosamente, la más rápida en recuperarse, aunque insistía en que eso "no significaba nada en particular". La marca en el brazo de Nolan, sin embargo, no mostró ninguna señal de sanar con la misma facilidad que las heridas normales. —Sigue ahí —dijo, la tercera mañana, mostrándosela a Ilvara con una mezcla de resignación y preocupación—. No duele tanto como al principio, pero tampoco se ve mejor. Ilvara examinó la marca con atención, pasando un dedo suave cerca del borde enrojecido sin llegar a tocarla del todo. —No es una herida normal —confirmó, con la misma honestidad directa de siempre—. Las heridas normales sanan porque el cuerpo lo decide. Esto se siente como si algo más estuviera decidiendo por ti. —Eso no suena tranquilizador —dijo Nolan. —No pretendía sonar tranquilizadora —respondió ella—. Pretendía ser honesta. Son cosas distintas, ¿recuerdas? Nolan no pudo evitar una sonrisa cansada ante la frase repetida, la misma que ella le había dicho semanas atrás junto al fuego, en un momento mucho más oscuro que este. —¿Crees que va a pasar cada vez que use demasiado el vínculo? —preguntó, con una vulnerabilidad que ya no le costaba tanto mostrar frente a ella. —No lo sé —admitió Ilvara—. Pero si tuviera que apostar, diría que sí. Nada en ti ha sido gratis desde que llegaste aquí, Nolan. No veo por qué esto sería diferente. La certeza fría de esa respuesta se quedó con él el resto del día, sumándose a la lista cada vez más larga de precios que el Umbral parecía dispuesto a cobrarle sin previo aviso ni explicación completa. Fue esa misma tarde cuando Roderic, todavía con el brazo en cabestrillo, se sentó junto a Nolan con una expresión más seria de lo habitual. —Cuando coordinas a varios de nosotros a la vez en combate —dijo, sin rodeos—, ¿qué sientes exactamente? Nolan lo pensó, buscando las palabras correctas para algo que nunca había intentado describir en voz alta. —Como sostener varias cuerdas tensas al mismo tiempo, con las manos ya cansadas —dijo, finalmente—. Cada orden, cada ajuste, tira un poco más fuerte de cada una. —Entonces quizás la respuesta no sea dejar de coordinarnos —dijo Roderic—, sino aprender a hacerlo con menos cuerdas tensas al mismo tiempo. Confiar en que sabemos qué hacer sin que tengas que tirar de cada una constantemente. —¿Confiar más en ustedes para que yo tenga que hacer menos? —preguntó Nolan, con una ceja alzada. —Exactamente eso —confirmó Roderic, con la misma practicidad de siempre—. No todo el peso tiene que pasar por tus manos todo el tiempo, Nolan. Ni en combate, ni fuera de él. Era, viniendo de Roderic, un consejo que sonaba peligrosamente parecido a algo más profundo de lo que su tono práctico dejaba entrever, y Nolan, guardando la observación junto a todas las demás piezas que llevaba acumulando sobre sí mismo, sintió que quizás tenía razón, aunque no supiera todavía cómo ponerlo en práctica sin sentir que estaba fallándoles a todos por no cargar con cada decisión personalmente. Para cuando las heridas de todos habían sanado lo suficiente como para retomar el camino —todas, excepto la marca persistente en el brazo de Nolan, que se había reducido a una línea oscura y delgada, casi como una cicatriz vieja—, la posadera les advirtió sobre el siguiente tramo del viaje con la misma practicidad árida con la que hablaba de todo lo demás en los Yermos. —Si van hacia las Llanuras, cuídense del cielo tanto como del suelo —dijo, mientras Nolan pagaba la última noche de hospedaje—. Ahí no hay árboles que los avisen de una tormenta de ceniza antes de que los alcance. Y una vez que empieza, no hay mucho que hacer más que rezar a que termine antes de que se les acabe el aire limpio para respirar. —Lo tendremos en cuenta —dijo Nolan, guardándose el consejo junto con las provisiones recién compradas. Salieron de Cenizal al amanecer siguiente, con las bolsas más llenas de lo que habían estado en semanas, las heridas convertidas en recuerdos incómodos más que en dolor activo, y la certeza compartida, aunque nadie la dijera en voz alta, de que los Yermos de Ceniza apenas habían empezado a mostrarles de qué eran capaces.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 38

Estás leyendo el capítulo 38 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.