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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 35 online gratis en español

El cambio no fue repentino, sino gradual, como si el propio mundo se cansara poco a poco de seguir siendo verde. Primero fueron los árboles, cada vez más espaciados, más retorcidos, con la corteza agrietada de una forma que no tenía nada que ver con la edad natural. Después la tierra misma cambió de color, del marrón húmedo del bosque a un gris ceniciento que crujía bajo las botas con un sonido seco, casi quebradizo. Y finalmente, el aire perdió el olor a vida que los había acompañado desde que salieron del ecosistema subterráneo, reemplazado por algo más metálico, más parecido al recuerdo lejano de Kaeloth de lo que a Nolan le hubiera gustado admitir. —Esto es lo que sale cuando el viejo vendedor dijo "lugar que no es para gente decente" —comentó Grael, olfateando el aire con evidente desagrado—. Huele a ceniza vieja. A fuego que se apagó hace mucho pero nunca terminó de irse del todo. —Los Yermos —confirmó Roderic, deteniéndose para observar el paisaje que se extendía frente a ellos: colinas bajas de tierra gris, salpicadas de estructuras de piedra a medio derrumbar, y un cielo que parecía más pálido aquí que en cualquier otro lugar que hubieran cruzado hasta entonces. Ilvara avanzó unos pasos, con una expresión que Nolan no le había visto usar hasta entonces: no la calma habitual, sino algo más parecido al reconocimiento. —Este lugar ya terminó de morir hace mucho tiempo —dijo, en voz baja—. Y sin embargo, todavía hay algo respirando en él. Se siente como... una herida que decidió seguir viviendo en vez de cerrar. Nadie supo qué responder a eso, y el grupo entero avanzó con más cautela de la que habían usado en el bosque, conscientes de que cualquier lugar capaz de generar ese tipo de comentario en alguien tan acostumbrada a la muerte como Ilvara merecía tomarse en serio. Encontraron los primeros signos de vida humana —si es que "vida" seguía siendo la palabra correcta— al caer la tarde: un pequeño campamento improvisado entre las ruinas, con tiendas remendadas hechas de retazos de tela y metal oxidado, y un puñado de personas que los observaron acercarse con la misma desconfianza calculada que Nolan había aprendido a reconocer en sí mismo durante los últimos meses. Un hombre mayor, con una cicatriz que le cruzaba media cara y ropas tan remendadas como las tiendas, se adelantó al resto, con las manos visibles y vacías, en un gesto que parecía menos cortesía y más costumbre práctica de quien ha aprendido que los malentendidos matan más rápido que los enemigos reales. —No vemos caras nuevas seguido por aquí —dijo, con una voz áspera, estudiando al grupo entero con atención particular hacia Grael e Ilvara—. Y las que vemos, normalmente vienen huyendo de algo peor que lo que van a encontrar en los Yermos. —Entonces encajamos bien —dijo Nolan, con la misma cautela calculada que había usado en el pueblo anterior, aunque algo en el tono del hombre le decía que aquí las mentiras simples podrían no bastar. El hombre lo observó un momento más, con una expresión que oscilaba entre la sospecha y algo parecido a la comprensión cansada. —No preguntamos nombres aquí, muchacho —dijo, finalmente—. Ni pasados. Cada quien llegó a los Yermos por una razón que probablemente no le gustaría compartir en voz alta. Mientras no traigan problemas a mi gente, pueden quedarse esta noche junto al fuego. Mañana, cada quien sigue su camino. —Se lo agradecemos —dijo Roderic, con una formalidad que pareció, extrañamente, ganarse un poco de respeto del hombre mayor. Esa noche, sentados junto a un fuego compartido con desconocidos que no hacían preguntas ni ofrecían respuestas, Nolan sintió, por primera vez desde que había cruzado a Virelia, la sensación extraña de estar exactamente donde se suponía que debía estar: entre gente rota, sin nombre, sin pasado que contar, todos igual de perdidos, todos igual de decididos a seguir un día más. —¿Crees que podamos encontrar algo útil aquí? —le preguntó a Roderic, en voz baja, observando el campamento disperso entre las ruinas—. ¿Información, gente que sepa algo del Umbral, cualquier cosa? —No lo sé —admitió Roderic—. Pero si alguien en Virelia ha aprendido a sobrevivir sin que nadie note su existencia, probablemente esté aquí, en un lugar donde a nadie más le importa quién eres. Grael, tumbado cerca del fuego con los ojos entrecerrados, pero lejos de estar dormido, añadió su propia opinión sin que nadie se la pidiera. —Este lugar apesta —dijo—. Pero al menos apesta de forma honesta. Prefiero eso a las sonrisas falsas de Nym. Ilvara, observando las llamas con la misma atención con la que observaba casi todo, asintió despacio, de acuerdo, sin necesitar añadir palabras propias. Nolan se quedó mirando el fuego un rato más, sintiendo el peso familiar del cansancio acumulado, pero también algo nuevo: la certeza tranquila de que, fuera lo que fuera lo que los Yermos de Ceniza tuvieran reservado para ellos, al menos no tendrían que fingir ser algo que no eran, no completamente, no en un lugar donde nadie más lo hacía tampoco.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 35

Estás leyendo el capítulo 35 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 3 de octubre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.