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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 30 online gratis en español

Retomaron el entrenamiento matutino antes del ascenso, más por costumbre que por necesidad real, y fue durante uno de los últimos intercambios cuando Grael decidió, sin avisar a nadie, poner a prueba algo que llevaba rondándole la cabeza desde la noche anterior. Lanzó un golpe hacia Nolan, rápido, desde un ángulo que ninguno de los entrenamientos anteriores había cubierto, algo mucho más cercano a un ataque real que a una lección paciente. Nolan no lo esquivó del todo, pero su cuerpo se movió antes de que su mente terminara de procesar el peligro, desplazando el peso hacia el lado exacto que el golpe de Grael necesitaba encontrar vacío, en un gesto que no tenía nada que ver con la torpeza que había mostrado hasta entonces. Grael se detuvo en seco, con el puño a centímetros de donde Nolan ya no estaba. —¿Eso lo aprendiste de Roderic? —preguntó, con una seriedad que no dejaba espacio para la broma. —No —dijo Nolan, tan sorprendido como él, todavía procesando el movimiento que su propio cuerpo acababa de hacer sin su permiso consciente. —No lo hizo —confirmó Roderic, desde donde observaba apoyado contra la pared, con la misma expresión callada que había tenido la noche anterior. Nadie dijo nada más. Grael miró a Roderic, Roderic miró a Grael, y algo pasó entre ambos, silencioso, que Nolan no logró del todo interpretar, antes de que el entrenamiento continuara como si la pregunta nunca se hubiera hecho. Ilvara, sentada cerca, observando como siempre sin intervenir, fue la única que comentó algo al respecto, mucho más tarde, mientras se preparaban para el ascenso. —El vínculo va en las dos direcciones —dijo, sin que nadie le hubiera preguntado directamente—. Nadie los diseñó para ser un espejo, pero parece que a veces terminan pareciéndose de todas formas. Nadie tuvo una respuesta clara para eso, y Nolan decidió, por ahora, guardar la pregunta junto a todas las demás que llevaba acumulando desde que había cruzado a Virelia. El ascenso resultó ser más lento y agotador de lo que ninguno había anticipado. Grael subió primero, probando cada raíz antes de confiar su peso completo, marcando con gestos cuáles eran seguras y cuáles se sentían demasiado podridas para sostener a alguien. Roderic siguió después, más lento por el peso de su armadura, pero firme en cada apoyo. Ilvara subió con una ligereza que sorprendió a todos, como si su propio cuerpo pesara menos de lo que debería. Nolan fue el último, y el más torpe, resbalando dos veces en los primeros diez metros, salvado ambas veces por Roderic, que bajó lo suficiente para sostenerlo del brazo con una fuerza que no dejaba lugar a dudas sobre su determinación de no dejarlo caer. —No mires abajo —dijo Roderic, en la segunda ocasión, con la voz tensa por el esfuerzo—. Mira solo la siguiente raíz. Nolan asintió, sin aliento, y siguió subiendo, un apoyo a la vez, sintiendo los brazos arder mucho antes de llegar siquiera a la mitad del camino. A medio ascenso, una raíz cedió bajo el peso de Ilvara sin ningún aviso previo, y por un instante que se sintió eterno, Nolan la vio caer, con la misma calma imperturbable de siempre incluso en ese momento, hasta que Grael, colgado de una mano desde una posición imposible, logró alcanzarla del brazo y sostenerla contra la pared el tiempo suficiente para que encontrara un nuevo apoyo. —Gracias —dijo Ilvara, con la respiración apenas alterada, como si acabara de evitar un tropiezo menor en vez de una caída mortal. —No hagas que sea la última vez que lo diga —gruñó Grael, ya retomando su propio ascenso. Llegaron a la abertura mucho después de lo que cualquiera de ellos hubiera querido admitir en voz alta, con los brazos temblando, la ropa empapada de sudor y llovizna, y las manos raspadas de sostenerse contra la roca húmeda. El aire que los recibió al asomarse por el borde fue distinto a todo lo que habían respirado en días: fresco, cargado de tierra mojada y del olor verde e inconfundible de un bosque real bajo la lluvia. Nolan salió el último, arrastrándose sobre el borde de la abertura hasta quedar tendido sobre hierba húmeda, respirando con dificultad, y por un momento se quedó ahí, simplemente sintiendo la lluvia caerle directamente sobre la cara por primera vez en lo que se sentía como toda una vida. —Cielo —dijo, casi riendo, con una mezcla de agotamiento y alivio que no intentó disimular—. Cielo de verdad. Grael se sacudió el agua del pelaje con un movimiento brusco, salpicando a todos a su alrededor sin ninguna consideración. Roderic se quitó el yelmo y dejó que la lluvia le cayera directamente sobre el rostro, con los ojos cerrados, en un silencio que se sentía casi religioso. Ilvara se quedó de pie, mirando hacia el bosque que los rodeaba con una expresión que, por primera vez desde que Nolan la conocía, no tenía nada de melancólica. —No sé dónde estamos —dijo Roderic, finalmente, examinando los árboles desconocidos a su alrededor—. Pero no es ningún lugar que hayamos visto antes. —Lo cual significa —añadió Ilvara— que probablemente tampoco es un lugar donde alguien nos esté buscando todavía. Nolan se incorporó, despacio, sintiendo el peso agotador de los últimos días asentarse por fin en algo parecido a una victoria pequeña pero real, y miró a su alrededor: un bosque denso, lluvioso, completamente ajeno a Aldenar, a Ossra, a Nym, a todo lo que habían dejado atrás. Un lugar nuevo. Un comienzo distinto. —Bueno —dijo, sacudiéndose el agua de encima, con el primer atisbo de algo parecido a esperanza genuina en mucho tiempo—. Averigüemos dónde diablos terminamos.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 30

Estás leyendo el capítulo 30 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.