Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 29 online gratis en español
La grieta de luz resultó ser mucho más grande de lo que había parecido desde la distancia: una abertura irregular en el techo de una cámara todavía más colosal que todo lo que habían atravesado hasta entonces, tan alta que la penumbra se tragaba buena parte de las paredes antes de que la vista lograra seguirlas hasta arriba.
Y por esa abertura, incuestionable, real, caía luz de sol.
Nolan se quedó completamente quieto en cuanto la vio, con el cuello estirado hacia atrás, mirando fijamente el pedazo de cielo gris y las ramas oscuras de algún árbol lejano que se agitaban, apenas visibles, empujadas por un viento que él no podía sentir desde ahí abajo. Una fina llovizna se colaba por la abertura, cayendo en gotas espaciadas que morían mucho antes de tocar el suelo de la caverna, evaporándose en el aire cálido y húmedo del ecosistema.
—Es real —dijo, con la voz quebrada por algo que no era del todo alivio—. El cielo. El clima. Todo sigue ahí arriba, exactamente donde lo dejamos.
—Nunca dejó de estar ahí —dijo Roderic, con suavidad—. Solo dejamos de poder verlo.
Grael, calculando la altura con la misma mirada práctica que reservaba para cualquier problema físico, soltó un gruñido de frustración.
—Cuarenta metros, quizás más —dijo—. Pared húmeda, sin apoyos claros. Yo podría intentarlo. Ustedes no.
—¿Y yo? —preguntó Nolan, con una punzada de la misma sensación de inutilidad que llevaba días intentando superar.
Grael lo miró, sin crueldad, solo con su honestidad habitual.
—Tú todavía no —dijo, y aunque dolió escucharlo, Nolan no encontró forma de contradecirlo.
Fue Ilvara quien, caminando hacia la base de la pared con su calma imperturbable, notó lo que los demás habían pasado por alto: gruesas raíces pálidas, similares a las que colgaban del techo en otras partes de la caverna, atravesaban la roca en una diagonal ascendente, formando escalones naturales lo bastante espaciados como para, con cuidado, poder ser escalados por alguien sin entrenamiento especial.
—Ahí —dijo, señalando—. No es fácil. Pero tampoco es imposible.
Roderic examinó la ruta improvisada con ojo profesional, calculando cada apoyo posible.
—Tomaría tiempo —dijo—. Y no podríamos llevar prisa. Un resbalón a esa altura no perdona.
—Entonces no tenemos prisa —dijo Nolan, sorprendido de la firmeza con la que lo dijo—. Llevamos días sin ella. Podemos permitirnos un poco más antes de arriesgarnos a caer de cuarenta metros por las ganas de salir rápido.
Nadie lo contradijo, y decidieron subir al día siguiente. Intentarlo esa misma tarde, agotados como estaban, hubiera sido una estupidez que ninguno de los cuatro tenía ganas de cometer.
Fue explorando la base de esa misma pared, buscando el mejor punto de partida posible, cuando se toparon con la colonia.
Miles de pequeñas siluetas aladas colgaban de las paredes y del techo cercano, envueltas en sus propias alas membranosas, alimentándose en oleadas de las flores luminosas que crecían en racimos espesos por toda la zona. Al acercarse el grupo, la colonia entera se agitó de golpe, un aleteo masivo y ensordecedor que llenó el aire de un revoloteo caótico y del resplandor tenue que desprendían sus propios cuerpos al moverse.
Grael se puso en guardia por instinto, pero no atacó.
—No las mates —dijo, casi para sí mismo, viendo cómo Nolan alzaba instintivamente los brazos para protegerse.
—¿Por qué? —preguntó Nolan, sorprendido, bajando los brazos apenas.
—Son demasiadas —respondió Grael, como si eso lo explicara todo.
—Eso no responde nada —dijo Nolan, aunque ya no estaba realmente alarmado, solo maravillado por la cantidad de pequeñas luces moviéndose a su alrededor.
—Sí responde —insistió Grael, sin más explicación, aunque Nolan sospechó, sin decirlo en voz alta, que aquello tenía menos que ver con la lógica de la caza y más con algo que Grael mismo todavía no sabía nombrar del todo: que no todo lo que se mueve en manada merece ser tratado como amenaza, lección que probablemente le había costado más de lo que admitiría después de lo ocurrido con Roderic.
La colonia, tras el sobresalto inicial, volvió a instalarse poco a poco sobre las paredes y el techo, retomando su alimentación tranquila entre las flores, indiferente por completo a los cuatro intrusos que se habían quedado observándola en silencio.
—Es hermoso, en cierto modo —dijo Ilvara, con una sinceridad poco habitual en su tono—. Todo esto ha estado aquí, viviendo su propia vida entera, sin que nadie de arriba supiera que existía.
Cerca de la base de una de las raíces más gruesas, Roderic se agachó, examinando algo medio hundido en el barro: un trozo de cuerda podrida, deshecha casi por completo, y junto a ella, la marca inconfundible de una herramienta metálica tallada hacía mucho tiempo en la roca cercana.
—Alguien estuvo aquí antes que nosotros —dijo, con un tono que mezclaba curiosidad genuina con una cautela renovada—. Hace mucho. Esto no es reciente.
—¿Un minero? —preguntó Nolan, acercándose a examinar la marca.
—O alguien que cayó exactamente como nosotros, y decidió que subir por aquí era su mejor opción —dijo Roderic, sin poder ocultar del todo la inquietud de no saber si esa persona lo había logrado.
Nadie tuvo una respuesta para eso, y el grupo entero se quedó un momento en silencio, mirando la vieja cuerda podrida como quien mira una pregunta que probablemente nunca encontraría respuesta.
—Sea quien haya sido —dijo Nolan, finalmente, rompiendo el silencio—, esperemos tener mejor suerte que la que tuvo esa cuerda.
Esa noche, mientras el grupo descansaba antes de intentar el ascenso al día siguiente, Roderic retomó el entrenamiento con Nolan por un rato breve, corrigiendo su postura de bloqueo una y otra vez con la misma paciencia inagotable de siempre.
En un momento, tras un golpe lento y deliberado, el cuerpo de Nolan se movió por sí solo, ajustándose en una fracción de segundo a una postura que no era la que Roderic le había enseñado esa noche, sino una idéntica a la que el propio Roderic usaba de forma instintiva en combate real.
Roderic se detuvo, con una expresión que Nolan no llegó a ver del todo.
—¿Qué? —preguntó Nolan, sin haber notado nada extraño en sí mismo.
—Nada —dijo Roderic, retomando el entrenamiento como si no hubiera pasado nada, aunque durante el resto de la sesión no dejó de observar a Nolan con una atención distinta, más callada, como quien acaba de notar algo que todavía no sabe cómo nombrar.
Grael, que había estado observando desde su lugar junto al fuego, tampoco dijo nada, pero la mirada que cruzó brevemente con Roderic dejó claro que él también lo había visto.

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Estás leyendo el capítulo 29 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.