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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 25 online gratis en español

La criatura los encontró primero, o quizás fue al revés — a esas alturas, en aquel lugar sin día ni noche, Nolan ya no confiaba del todo en su propio sentido de las cosas. Era pequeña, comparada con todo lo demás que habían visto ahí abajo: del tamaño de un perro grande, con un caparazón translúcido que dejaba ver algo pulsando débilmente en su interior, y unas patas delgadas que se movían con una torpeza casi cómica sobre las rocas húmedas. Se quedó quieta al verlos, a una distancia prudente, observándolos con un par de ojos oscuros que parpadeaban despacio. —No se ve hostil —dijo Roderic, con la mano todavía cerca de la empuñadura de su espada, pero sin desenvainarla. —No importa cómo se vea —dijo Grael, ya tenso, los músculos preparados—. Lo que importa es lo que puede hacer si la dejamos acercarse demasiado. —No ha hecho nada —insistió Roderic—. Se quedó quieta en cuanto nos vio. —Eso es lo que hacen los cazadores pacientes —respondió Grael, sin apartar la vista de la criatura—. Esperar el momento correcto. —O es lo que hace algo asustado que no sabe si somos peligrosos —dijo Roderic, con una firmeza que no cedía terreno—. No todo lo que se queda quieto está calculando un ataque, Grael. Grael avanzó un paso, con una intención que no dejaba lugar a dudas. —Voy a matarla antes de que decida si ataca o no. —No —dijo Roderic, interponiéndose entre Grael y la criatura con la misma velocidad calculada que usaba en combate real. —Quítate. —No. El silencio que siguió se sintió más tenso que cualquier pelea anterior contra un enemigo externo, porque esta vez la amenaza estaba entre ellos mismos. —Llevamos días evitando peleas que no podíamos ganar —dijo Grael, con una rabia contenida que Nolan rara vez le había visto dirigir hacia uno de los suyos—. Y ahora que encontramos algo que sí podemos matar sin arriesgarnos, ¿quieres dejarlo vivir solo porque parece triste? —No quiero dejarlo vivir porque parece triste —respondió Roderic, sin moverse—. Quiero dejarlo vivir porque no sabemos qué es, y matar primero y preguntar después es exactamente el tipo de decisión que nos puede meter en un problema que no veamos venir. —Eso es lo que dice alguien que nunca ha tenido que elegir rápido para sobrevivir —escupió Grael. —Y eso es lo que dice alguien que nunca ha tenido que cargar con las consecuencias de una decisión equivocada —respondió Roderic, con la voz más baja, pero no menos cortante. Grael se lanzó contra él sin previo aviso, no contra la criatura, que aprovechó la distracción para escabullirse entre las rocas y desaparecer de la vista. El golpe de Grael impactó contra el brazo alzado de Roderic con un sonido seco, y lo que siguió no fue un combate cuidadoso ni estratégico, sino algo mucho más crudo: dos personas que confiaban la una en la otra en cualquier batalla real, descargando ahora esa misma fuerza el uno contra el otro por una diferencia que ninguno estaba dispuesto a ceder. —¡Basta! —gritó Nolan, interponiéndose sin pensar, sintiendo el peligro real de meterse entre dos golpes que podrían partirlo en dos sin que ninguno lo notara a tiempo. Ninguno de los dos se detuvo de inmediato, pero el grito de Nolan, o quizás la torpeza evidente con la que se había puesto en medio, logró lo que ningún argumento anterior había conseguido: Roderic desvió su siguiente golpe en el último instante, y Grael, con el cuerpo todavía tenso, se contuvo lo suficiente como para no completar el suyo. —Aléjate de en medio —dijo Grael, respirando con fuerza, sin mirar del todo a Nolan—. Esto no es contigo. —Es conmigo si los dos se están matando a diez centímetros de mi cara —respondió Nolan, con la voz temblorosa, pero sin retroceder—. No puedo invocar a nadie que los separe ahora mismo. Así que van a tener que parar ustedes solos. Eso pareció golpear a ambos con más fuerza que cualquier otra cosa dicha hasta entonces. Grael retrocedió primero, con una expresión que oscilaba entre la vergüenza y la frustración contenida. Roderic bajó el brazo despacio, con la respiración todavía agitada, mirando el punto vacío entre las rocas donde la criatura había desaparecido. —Se fue —dijo, casi para sí mismo—. Mientras discutíamos si merecía morir, se fue. Grael no respondió de inmediato. Se sentó sobre una roca cercana, todavía tenso, con la mirada fija en algún punto indefinido de la caverna. —En mi mundo, dudar mataba a la gente —dijo, finalmente, con una voz mucho más baja que la que había usado minutos antes—. No a los que dudaban. A los que estaban cerca de ellos cuando la duda salía mal. Roderic lo observó un momento, y algo en su postura rígida se suavizó, apenas. —En el mío, actuar sin pensar mataba a la gente de otra forma —respondió—. Rápido, seguro, y sin darles la oportunidad de defenderse de un error que no era suyo. Ninguno de los dos pidió disculpas, exactamente, pero algo en la forma en que se quedaron ahí, sentados a poca distancia el uno del otro, sin seguir discutiendo, se sintió como el cierre incómodo y sincero de algo que llevaba tiempo acumulándose. Ilvara, que había observado todo el enfrentamiento sin intervenir, se acercó finalmente, con la misma calma imperturbable de siempre, y se sentó entre los dos sin pedir permiso. —Ninguno de los dos está completamente equivocado —dijo, como quien constata un hecho climático—. Eso probablemente sea lo que hace que sea tan difícil para ustedes dos ponerse de acuerdo. —No ayudas —murmuró Grael. —No estaba intentando ayudar —respondió Ilvara, sin inmutarse—. Solo decía la verdad. Nolan, todavía con el corazón acelerado por haberse metido entre dos fuerzas que podrían haberlo aplastado sin querer, se dejó caer al suelo, agotado de una forma distinta a la física, y miró a los tres — su equipo desigual, imperfecto, roto en más de un sentido — con la certeza incómoda de que protegerlos de las amenazas externas era, quizás, la parte más sencilla de todo lo que tenía por delante. —La próxima vez que quieran matarse entre ustedes —dijo, con el poco humor que le quedaba—, avísenme antes. Así busco dónde esconderme. Grael soltó algo parecido a una risa breve, seca, casi involuntaria. Roderic no llegó a sonreír del todo, pero la tensión en sus hombros bajó un poco más. Fue, a su manera torpe y agotada, el cierre más parecido a una tregua que cualquiera de los dos estaba dispuesto a ofrecer por el momento.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 25

Estás leyendo el capítulo 25 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.