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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 23 online gratis en español

La entrada del túnel apareció casi por casualidad, medio oculta entre raíces y piedra suelta, en la ladera de una colina que ninguno de ellos había planeado cruzar. —Mina abandonada, por la forma de la entrada —dijo Roderic, examinando las vigas de madera podrida que sostenían el marco—. Vieja. Nadie ha trabajado aquí en años. —Perfecto —dijo Nolan, con el alivio genuino de quien lleva días sin dormir bajo un techo de verdad—. Un lugar donde nadie pensará en buscarnos. Entraron con la cautela normal de quien no confía del todo en su suerte últimamente, pero el túnel resultó ser exactamente lo que parecía: oscuro, húmedo, con algunas piedras sueltas aquí y allá, pero nada que sugiriera peligro más allá de lo evidente. Por primera vez en días, nadie escuchaba pasos detrás de ellos, ni el eco lejano de una patrulla, ni la tensión constante de esperar el próximo ataque. Fue esa misma calma, quizás, la que bajó la guardia de todos lo suficiente como para que nadie previera lo que vino después. Grael se detuvo de golpe, la nariz alzada, olfateando el aire con una intensidad que Nolan ya había aprendido a reconocer como el preludio de algo. —¿Qué pasa? —preguntó, tenso de inmediato. Grael no respondió con palabras. Su mirada se fijó en un punto del suelo, unos metros más adelante, donde algo redondo y desgastado por el tiempo yacía medio enterrado entre el polvo: una vieja pelota de cuero, probablemente olvidada por algún minero décadas atrás, reseca y agrietada, pero todavía reconocible. La corriente de aire del túnel la hizo rodar, lenta, hacia una pendiente suave. —No —dijo Nolan, viendo el cambio en la postura de Grael con una claridad que no necesitaba explicación. —No he hecho nada —respondió Grael, sin apartar la vista de la pelota. —Todavía no —dijo Ilvara, observando la escena con el mismo interés clínico con el que observaba prácticamente todo—. Pero creo que va a perseguirla. —No puede ser tan— empezó Roderic, sin llegar a terminar la frase. Grael salió disparado. —¡GRAEL! —gritó Nolan, viendo cómo su invocado más letal y desconfiado del grupo se lanzaba cuesta abajo detrás de un pedazo de cuero podrido con la misma concentración absoluta que reservaba para enemigos reales. No era torpeza infantil. Nolan lo entendió, incluso en medio del pánico creciente: era el mismo instinto de cazador que lo hacía leer patrones de respiración y tensión muscular en combate, ahora completamente secuestrado por algo que rodaba y se movía de forma impredecible. Su cuerpo, simplemente, no sabía procesar "objeto rodando" como algo que no mereciera perseguirse. La pelota rebotó contra una roca y cambió de dirección bruscamente. Grael giró en el aire, ajustándose con una agilidad brutal, y la atrapó limpiamente entre las garras. El suelo bajo sus pies cedió en el mismo instante. —¡¿Qué—?! —alcanzó a decir, antes de que el crujido de piedra rota se tragara el resto de la frase, y Grael desapareció de la vista en una nube de polvo y escombros. —¡Grael! —Nolan corrió hacia el agujero sin pensarlo, con Roderic gritando algo detrás de él que no llegó a procesar del todo. El suelo volvió a ceder bajo sus propios pies antes de que llegara al borde, y Nolan cayó también, el estómago revolviéndosele con la sensación vertiginosa de la caída, escuchando por encima del rugido de su propio pulso el grito de Roderic lanzándose detrás de él sin dudarlo ni un segundo. Ilvara se asomó al borde del nuevo agujero con una calma que contrastaba brutalmente con el caos reciente, observando la oscuridad de abajo con la misma expresión de quien evalúa un problema doméstico menor. —Esto parece inconveniente —comentó, para nadie en particular, y se dejó caer sin más preámbulo. Nolan aterrizó sobre algo blando —resultó ser Roderic, que masculló una protesta ahogada por el peso repentino— en medio de una oscuridad que, poco a poco, dejó de serlo del todo. No habían caído a una simple cueva. Se incorporó despacio, todavía mareado, y lo que vio le robó el aliento de una forma completamente distinta al miedo: una caverna descomunal, iluminada por el resplandor tenue y azulado de insectos luminosos flotando entre hongos del tamaño de árboles pequeños, con raíces gruesas y pálidas atravesando las paredes de piedra como venas de un cuerpo dormido. Un río subterráneo corría a lo lejos, su sonido llenando el espacio con un eco constante, y entre la vegetación extraña, pequeñas siluetas se movían rápido, esquivas, huyendo de la luz repentina de su llegada. Y más al fondo, entre las sombras más densas, algo enorme se desplazaba entre la vegetación con un movimiento pesado y deliberado que Nolan prefirió, por el momento, no examinar con demasiada atención. Grael se levantó entre los escombros de la caída, cubierto de polvo de la cabeza a los pies, y miró a su alrededor con la misma sorpresa que todos los demás. Después bajó la vista hacia su propia mano, donde todavía sostenía, contra todo pronóstico, la pelota de cuero reseca. —Te voy a matar —dijo Nolan, con una voz que temblaba entre la furia y el alivio de seguir con vida. —Encontré comida —respondió Grael, sosteniendo en alto su trofeo con una seriedad que no admitía burla. —¡ESO ERA UNA PELOTA! Grael la olfateó una vez más, decepcionado. —Entonces no sirve —concluyó, dejándola caer sin más ceremonia. Roderic, todavía recuperando el aliento bajo el peso reciente de haber amortiguado la caída de Nolan, se puso de pie con dificultad, examinando el techo lejano por donde habían caído, ahora apenas una grieta distante de luz pálida. —Con suerte —dijo, sacudiéndose el polvo—, quien nos esté siguiendo llegará a ese túnel, verá el agujero, y decidirá que ya no vale la pena buscar más. —Eso, o decidirá que aquí abajo hay algo interesante que investigar —añadió Ilvara, sin perder la calma, observando con curiosidad genuina las raíces luminosas que colgaban sobre sus cabezas. Nolan, con el corazón todavía acelerado y la certeza incómoda de que acababan de cambiar un peligro conocido por uno completamente desconocido, no pudo evitar preguntarse, mientras miraba hacia la sombra enorme que seguía moviéndose a lo lejos, si Grael entendía siquiera remotamente la magnitud de lo que su instinto de cazador acababa de meterlos. —La próxima vez que veas algo rodar —le dijo, finalmente, con el poco aliento que le quedaba—, ignóralo. Grael lo consideró un momento, todavía con restos de cuero podrido pegados a las garras. —No prometo nada —respondió, con total sinceridad, y por alguna razón, eso fue lo que finalmente hizo reír a Nolan, en medio de todo, por primera vez en mucho tiempo.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 23

Estás leyendo el capítulo 23 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.