Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 22 online gratis en español
Encontraron un saliente de roca lo bastante alejado de la frontera invisible del monstruo como para sentirse seguros, o al menos lo suficientemente cansados como para fingir que lo estaban.
Roderic se dejó caer contra la piedra en cuanto se aseguró de que nadie los había seguido, con la armadura abollada en el pecho y una mueca de dolor que no se molestó en disimular por primera vez desde que Nolan lo conocía.
—Vas a necesitar que te revisen eso —dijo Ilvara, ya arrodillada junto a él, con esa mezcla de calma clínica y curiosidad que la caracterizaba.
—Sobreviviré —respondió Roderic, con la terquedad de siempre.
—No pregunté si ibas a sobrevivir —dijo ella, empezando a desabrochar la parte dañada de la armadura sin pedir permiso—. Dije que necesitas que te revisen. Son cosas distintas.
Grael se sentó un poco apartado, todavía recuperando el aliento, examinándose un corte superficial en el costado con más fastidio que preocupación.
—Nunca me habían tirado así de fácil —murmuró, más para sí mismo que para el resto—. No me gusta.
—A ninguno de nosotros le gustó —dijo Nolan, dejándose caer contra la roca junto a él, todavía sintiendo el temblor del esfuerzo en las piernas—. Pero seguimos aquí. Eso cuenta para algo.
Grael gruñó, sin del todo convencido, pero no insistió, y Nolan, observando al grupo reagruparse pese a los golpes recientes, sintió algo parecido al alivio de ver que, incluso maltrechos, seguían encontrando la forma de sostenerse unos a otros.
Fue en ese momento de calma relativa cuando Ilvara, ya terminando de vendar el costado de Roderic con una destreza que nadie le había visto demostrar hasta entonces, se giró hacia Nolan y, sin ningún aviso previo, se inclinó y le limpió con el borde de su propia manga una mancha de barro seco de la mejilla.
Nolan se quedó completamente quieto, más por costumbre que por sorpresa.
—Tu ropa está limpia —dijo Ilvara, satisfecha, volviendo a su tarea con Roderic como si no hubiera pasado nada extraño.
Nolan bajó la vista hacia su propia camisa, cubierta de polvo, sangre seca y algo que probablemente era barro del claro donde habían peleado.
—No está limpia —dijo, sin mucha convicción.
—Para mí sí —respondió ella, sin levantar la mirada, ya concentrada de nuevo en el vendaje.
Grael, que había presenciado la escena completa sin decir nada, finalmente no logró contenerse.
—¿Siempre hace eso? —le preguntó a Nolan, en voz baja, como si Ilvara no pudiera escucharlo perfectamente bien desde donde estaba.
—Sí —respondió Nolan.
—¿Y tú la dejas?
—Sí.
—¿Por qué?
Nolan se encogió de hombros, sin una respuesta mejor que ofrecer.
—No sé. Ya me acostumbré.
Roderic, con el costado ya vendado, miró a Nolan con una expresión que oscilaba entre la diversión contenida y la genuina perplejidad.
—Podrías decirle que use otra cosa —sugirió.
—Podría —admitió Nolan.
—Pero no lo haces.
—No.
Grael sacudió la cabeza, con el mismo gesto de quien renuncia a entender algo que claramente no tiene solución.
—Están mal los dos —sentenció, sin que nadie se molestara en contradecirlo.
Ilvara, ajena por completo a estar siendo el tema de conversación, se levantó y caminó unos pasos hacia el borde del saliente, deteniéndose junto a una pequeña flor marchita que crecía, improbablemente, entre dos rocas. La observó un momento, con la misma atención con la que examinaba heridas, y finalmente se agachó a recogerla con un cuidado que contrastaba con lo insignificante que parecía el gesto.
—¿Para qué la quieres? —preguntó Nolan, con curiosidad genuina.
—Ya casi terminaba de vivir —respondió Ilvara, girando el tallo marchito entre los dedos—. Me parece mal dejarla sola justo en ese momento.
Nadie supo qué responder a eso, y Nolan, observándola guardar la flor con el mismo cuidado con el que guardaría algo valioso, sintió que empezaba a entender, aunque fuera solo un poco, la lógica torcida y extrañamente tierna con la que Ilvara parecía entender el mundo entero.
—Deberíamos hablar de lo que pasó allá atrás —dijo Roderic, ya recuperado lo suficiente como para volver a pensar con su disciplina habitual—. Si esa criatura solo defendía un territorio, significa que Virelia tiene zonas marcadas que ni siquiera sabemos reconocer. Podríamos volver a cruzar una sin darnos cuenta.
—Entonces aprendemos a mirar mejor antes de acampar —dijo Grael, encogiéndose de hombros, como si la solución fuera así de simple.
—O aprendemos a escuchar más a Ilvara antes de asentarnos en cualquier parte —añadió Nolan, ganándose una mirada breve y casi complacida de ella, la única señal de que el comentario le había importado.
Esa noche, mientras el grupo se turnaba para descansar, Nolan se quedó mirando el cielo extraño de Virelia, con Ilvara sentada cerca, todavía sosteniendo la pequeña flor marchita entre los dedos, y sintió, por primera vez desde la huida de Nym, algo parecido a la certeza de que, pese a todo lo que habían perdido y todo lo que todavía los perseguía, habían ganado también algo que valía la pena proteger.

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Estás leyendo el capítulo 22 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.