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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 21 online gratis en español

Caminaron tres días sin rumbo fijo después de Nym, evitando caminos, pueblos, y cualquier cosa que se pareciera remotamente a civilización organizada. No era una estrategia, en realidad. Era lo único que les quedaba. —Se nos acaba la comida —dijo Roderic, la tercera noche, revisando lo poco que quedaba en las alforjas con la misma disciplina con la que revisaba cualquier otra cosa—. Y las heridas de Nym todavía no cerraron del todo. Tres personas caminaban junto a él, agotadas a su manera. Sevrin era la cuarta presencia que Nolan cargaba consigo, aunque llevaba días sin saber nada de él más allá de aquella existencia silenciosa al fondo del Refugio. Las cuatro, de una forma u otra, dependían de que él encontrara una salida que todavía no tenía. —Podríamos cazar —sugirió Grael, aunque el tono con el que lo dijo sonaba más a resignación que a plan—. Pero esta zona está demasiado silenciosa. No me gusta un bosque sin ruido de animales normales. Tenía razón, aunque nadie quiso decirlo en voz alta hasta que Ilvara, adelantándose unos pasos del grupo, se detuvo de golpe junto a un árbol muerto, con la piel tan pálida como siempre pero la expresión visiblemente tensa. —Algo pasó aquí —dijo, con la voz baja—. No hace mucho. El bosque todavía no ha terminado de asustarse. Nolan se acercó, y el frío que sintió no tuvo nada que ver con el clima. El árbol junto al que Ilvara se había detenido estaba partido, no talado, partido, como si algo hubiera empujado contra él con una fuerza que ninguna herramienta humana podría igualar. Más allá, el suelo mostraba marcas profundas, hundidas, espaciadas de una forma que sugería un peso descomunal. —Eso no es de Bellhorn —dijo Roderic, agachándose junto a una de las marcas, midiendo su tamaño con la mano—. Ni de ningún soldado que hayamos enfrentado hasta ahora. El sonido llegó antes de que nadie pudiera terminar de procesar la implicación de esas palabras: un crujido bajo, pesado, seguido de un silencio que se sintió mucho peor que cualquier rugido. —Formación —dijo Grael, ya con los músculos tensos, colocándose delante de Nolan sin que nadie se lo pidiera. Lo que salió de entre los árboles no era una bestia corrompida como la que había matado a Pinocho, ni una sombra como la que había atraído a Sevrin. Era algo grande, torpe en apariencia pero brutalmente rápido cuando se decidía a moverse, con una piel gris agrietada que supuraba el mismo tipo de luz pálida que Nolan ya había aprendido a temer, y unas garras capaces de partir árboles como si fueran ramas secas. Grael atacó primero, con la ferocidad de siempre, y por un instante pareció que iba a bastar. La criatura retrocedió un paso, aturdida por el impacto. Después contraatacó, y Grael salió despedido contra un tronco con una fuerza que ni los desertores ni los mercenarios de Nym habían logrado igualar. —¡Grael! —gritó Nolan, sintiendo el pánico subirle por la garganta mientras Roderic se interponía, escudo en alto, absorbiendo el siguiente golpe con un gruñido de esfuerzo que Nolan nunca le había escuchado antes. —Esto no es como lo demás —dijo Roderic, tenso, sin apartar la vista del monstruo—. No sé cuánto voy a poder sostener esto. —¡Entonces no lo sostengas solo! —gritó Nolan, buscando desesperadamente algo, cualquier cosa, que pudiera cambiar el equilibrio de la pelea sin necesitar abrir el Umbral de nuevo. Ya había perdido demasiado a manos de invocaciones que aparecían rotas o a destiempo; no quería arriesgarse a traer algo nuevo a un combate que ya se les escapaba de las manos—. ¡Roderic, la Muralla! ¡Ilvara, ahora! Roderic no dudó. Clavó su espada en la tierra con un movimiento seco, y una zona pálida se extendió a su alrededor, temblorosa pero firme, justo a tiempo para que el siguiente golpe del monstruo perdiera buena parte de su fuerza contra ella. —¡No puedo abandonar el área mientras esté activa! —gritó, con el esfuerzo evidente en cada palabra—. ¡Tienen que moverse ahora, o vamos a quedar atrapados aquí con él! Ilvara ya se había adelantado, con las manos extendidas hacia el suelo cercano al monstruo, y pequeñas flores oscuras empezaron a brotar entre la tierra removida, marchitándose casi al instante de aparecer. El aire alrededor de la criatura se volvió más denso, más frío, y su siguiente movimiento, aunque seguía siendo brutal, perdió parte de la velocidad que lo había hecho casi imposible de seguir hasta entonces. —No va a durar —dijo Ilvara, con la voz tensa por el esfuerzo, sin apartar las manos del suelo—. Está demasiado sano. Esto solo le pesa, no lo detiene. —No necesitamos detenerlo —dijo Nolan, ayudando a Grael a incorporarse, sintiendo el peso de una decisión que no tenía tiempo de meditar del todo—. Necesitamos que sea suficiente para salir de aquí. Corrieron mientras la Muralla de Roderic seguía en pie, aprovechando cada segundo que el peso extra de Ilvara le restaba a la criatura, hasta que Roderic, con un grito de esfuerzo, rompió su propia técnica y corrió tras ellos, dejando atrás la zona pálida que se disolvió en cuanto la abandonó. El monstruo los persiguió solo un trecho más corto de lo que Nolan había temido, deteniéndose de golpe en un punto que no tenía nada de especial a la vista, como si una frontera invisible le impidiera avanzar más allá. Se quedó ahí, observándolos alejarse, sin insistir. —No nos quería a nosotros —dijo Ilvara, más tarde, cuando por fin se permitieron detenerse, todavía pálida por el esfuerzo—. Quería que nos fuéramos de donde fuera que estábamos parados. Debimos cruzar algo sin darnos cuenta. —Eso no lo hace menos peligroso —dijo Roderic, revisando la abolladura de su propia armadura con la resignación de quien ya está acostumbrado a ese tipo de daño—. Pero sí explica por qué dejó de perseguirnos en cuanto salimos de su terreno. Grael, todavía sacudiéndose el polvo del golpe recibido, gruñó algo que sonaba a desacuerdo con la idea de dejar pasar cualquier cosa sin pelear del todo, pero no lo dijo en voz alta. Nolan se dejó caer contra un árbol, con el cuerpo entero temblando por el esfuerzo y el alivio mezclados, y sintió, no por primera vez, la certeza incómoda de que sobrevivir no siempre se parecía a ganar. —La próxima vez —dijo, más para sí mismo que para el resto—, necesitamos saber dónde pisamos antes de acampar. Nadie lo contradijo.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 21

Estás leyendo el capítulo 21 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.