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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

Bellhorn los encontró al quinto día, y esta vez no vino solo a hablar. Nolan lo supo antes de verlo, por la forma en que el ruido normal del puerto —gritos de vendedores, discusiones de marineros, el chapoteo constante del agua contra los muelles— se apagó en oleadas, calle por calle, como si la ciudad entera contuviera el aliento a medida que algo se acercaba. —Soldados —dijo Grael, ya de pie, con la capucha cayéndosele de los hombros sin que le importara disimular más—. Muchos. Y no llevan el paso descuidado de una patrulla normal. Yeva, que se había quedado con ellos esa mañana para terminar de anotar algo en uno de sus cuadernos, cerró el libro de golpe. —Esos no son los uniformes habituales de Bellhorn —dijo, asomándose apenas a la ventana de la posada, entornando los ojos hacia el color y el corte de las capas—. Reconozco algunas de esas armas. No son de manufactura imperial estándar. Alguien le está pagando el equipo a esos hombres, y no es Cortevar quien firma esa cuenta. El corazón de Nolan se aceleró con una punzada de pánico distinta a las anteriores: no era solo Bellhorn, movido por su propio dolor personal. Era Bellhorn con el peso completo de una causa política detrás, con recursos, con autoridad, con una legitimidad que ningún cazador de recompensas ni patrulla fronteriza había tenido hasta entonces. Salieron por la puerta trasera de El Ancla Rota, la posadera del ojo de cristal despidiéndolos con un gesto brusco de la mano y ninguna pregunta, como si ya hubiera visto suficientes huidas apresuradas en su vida como para no perder tiempo en despedidas. Yeva no los siguió más allá de esa puerta. —Esto ya no es investigación, es guerra, y yo no sirvo para eso —dijo, guardando su cuaderno contra el pecho con una prisa que contradecía su calma habitual—. Encontraré la forma de saber cómo termina esto, Nolan. Cuídate mientras tanto, aunque sea lo bastante para que puedas contármelo tú mismo algún día. Desapareció por un callejón lateral antes de que Nolan pudiera responder, dejándolos solos frente a lo que se avecinaba. No llegaron lejos. Bellhorn los esperaba en la siguiente calle, todavía con el emblema del águila de dos cabezas de Cortevar cosido al pecho, pero flanqueado por una decena de soldados cuyo equipo —armas, capas, el corte disciplinado de su formación— no pertenecía a ningún regimiento imperial que Nolan hubiera visto hasta entonces. —Nolan Vey —dijo, con la misma calma profesional de siempre, aunque algo en su postura se sentía distinto, más pesado, como si cargara ahora con una responsabilidad que ni él mismo terminaba de digerir del todo—. Me temo que esta vez no vengo a ofrecerte una salida amable. —¿Trabajas para Voss ahora? —preguntó Nolan, con la voz más firme de lo que sentía por dentro. —Sigo sirviendo a Cortevar —respondió Bellhorn, sin apartar la vista—. Pero la Canciller Voss ofrece recursos, hombres e información que el Imperio nunca quiso darme para hacer bien mi trabajo. Aceptar su ayuda no me hace su soldado. Solo me hace más eficiente en el mío. —Y si te equivocas sobre lo que soy —dijo Nolan—, ¿también estás dispuesto a pagar ese precio? Algo cruzó el rostro de Bellhorn, brevemente, una sombra de duda que desapareció tan rápido como había llegado. —No tengo el lujo de dudar cada vez que actúo, muchacho —dijo—. Ojalá lo tuviera. Grael no esperó a que la conversación continuara. Se lanzó hacia el punto más débil del semicírculo con la misma brutalidad económica de siempre, y el combate se desató de golpe, rompiendo cualquier ilusión de que aquello pudiera resolverse con palabras. Roderic se movió para cubrir a Nolan, su espada encontrándose con la de dos soldados a la vez con una disciplina que no daba espacio al error, mientras Ilvara, todavía sin mostrar el alcance completo de lo que podía hacer, se mantenía cerca de Nolan, atenta, tensa, esperando un momento que no terminaba de llegar. Nolan sintió el familiar tirón de sostener a dos Anclados activos a la vez, pero esta vez, con diez soldados entrenados y Bellhorn liderándolos personalmente, la ecuación se sentía peligrosamente distinta a la de los desertores o los cazadores de recompensas. —No vamos a poder con todos —dijo Roderic, entre golpe y golpe, con la voz tensa por primera vez desde que Nolan lo conocía—. Necesitamos una salida, no una victoria. Fue Ilvara quien la encontró. Señaló, con un gesto rápido, una grieta estrecha entre dos almacenes portuarios, apenas visible entre la confusión del combate. —Por ahí —dijo—. Es demasiado estrecho para que entren en formación. Podemos perderlos en los muelles de carga. Nolan gritó la orden de retirada, y Grael, contra todo instinto de terminar lo que había empezado, obedeció sin discutir, cubriendo la espalda del grupo mientras corrían hacia la grieta señalada por Ilvara. Bellhorn no los persiguió de inmediato. Se quedó atrás, entre sus soldados caídos y heridos, observando la huida con una expresión que no era rabia, sino algo más parecido a una certeza amarga confirmándose. —¡Esto no termina aquí, Nolan Vey! —gritó, su voz llevada por el viento del puerto hasta ellos—. La Canciller no va a dejar esto pasar, y yo ya perdí todo lo que tenía que perder. ¡No tengo ninguna razón para detenerme! Corrieron hasta que el ruido del puerto quedó atrás, hasta que las piernas de Nolan protestaron con calambres reales, hasta que la certeza de haber escapado, por ahora, se asentó junto a una comprensión mucho más incómoda: ya no era un fugitivo cualquiera, escondiéndose de la atención casual de un imperio distraído. Era, oficialmente, un objetivo declarado de una causa religiosa y política con recursos, soldados, y una determinación que no iba a cansarse ni a distraerse con nada más. —Se acabaron los lugares donde escondernos sin que nadie pregunte —dijo Ilvara, más tarde, mientras el grupo recuperaba el aliento lejos ya de Nym, mirando hacia el horizonte con una calma que no lograba disimular del todo la gravedad de lo que acababa de pasar—. A partir de ahora, cada lugar al que vayamos, alguien ya sabrá quién eres antes de que llegues. Nolan no respondió. Se quedó mirando el camino que se abría frente a ellos, sintiendo, con una claridad fría que no había sentido desde la noche del incendio, que el tiempo de esconderse había terminado, y que lo que viniera después iba a exigirle mucho más de lo que había tenido que dar hasta entonces.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 20

Estás leyendo el capítulo 20 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.