Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
El dolor lo despertó por segunda vez, más agudo que el de la noche anterior, como si su cuerpo hubiera decidido cobrarle todo lo que no había podido sentir mientras estaba en shock.
Nolan abrió los ojos a un techo de madera y paja que no era el suyo. Por un instante —uno solo, cruel y breve— su cuerpo esperó el olor a metal quemado, el peso de una casa a punto de derrumbarse. En su lugar encontró el crujido tranquilo de un fuego pequeño, el olor a hierbas secas colgando de las vigas, y el silencio raro y espeso de un lugar que nadie estaba atacando.
Intentó incorporarse y una mano lo detuvo, firme, apoyada en su pecho sin brusquedad.
—Si te levantas ahora, te vas a caer, y yo no pienso volver a cargarte —dijo una voz de mujer, joven, con el tono de alguien acostumbrado a que la obedecieran sin necesidad de gritar.
Nolan giró la cabeza. Ella estaba sentada junto al fuego, con las mangas de la camisa remangadas hasta los codos y las manos manchadas de un hollín distinto al que él conocía —no de guerra, sino de forja. Tenía el cabello recogido a medias, mechones sueltos pegados a la frente por el calor del fuego, y una cicatriz vieja y delgada cruzándole el dorso de la mano izquierda, del tipo que solo se consigue trabajando metal sin cuidado durante años.
—¿Dónde…? —la voz le salió rota, casi irreconocible.
—Eso mismo me pregunto yo —respondió ella, sin mirarlo, atenta a lo que fuera que estuviera calentando en una olla de hierro—. Te encontré tirado a media legua del pueblo, con quemaduras que no venían de ningún fuego de por aquí y ropa que no había visto en mi vida. No traías nada encima. Ni un cuchillo, ni una moneda, nada.
Nolan no supo qué responder. Cualquier verdad sonaría a delirio.
—Me llamo Mira —dijo ella finalmente, girándose a mirarlo por primera vez desde que despertó. Tenía los ojos de un color castaño oscuro casi rojizo bajo la luz del fuego, y lo miraba con la misma atención con la que probablemente examinaba un trozo de metal antes de decidir si valía la pena forjarlo o derretirlo de nuevo—. Y antes de que preguntes: no le he dicho a nadie del pueblo que estás aquí. Todavía.
—¿Por qué no? —consiguió decir Nolan.
—Porque un forastero medio muerto con quemaduras raras y ninguna historia que contar suele significar problemas para quien lo encuentra, no para quien lo trajo —dijo ella, encogiéndose de hombros, como si fuera la explicación más obvia del mundo—. Prefiero decidir yo cuándo hablar de esto, no que alguien más lo decida por mí.
Había algo en su tono que no era amabilidad exactamente. Era más parecido a la lógica fría y práctica de alguien que ha aprendido a sobrevivir tomando sus propias decisiones antes de que otros las tomen por ella.
Nolan cerró los ojos un momento. El techo de paja seguía ahí cuando volvió a abrirlos. Kaeloth no.
—¿Cómo se llama este lugar? —preguntó, con la voz todavía quebrada.
—Aldenar. Un pueblo fronterizo, si es que eso te dice algo —respondió Mira—. Está en tierras que reclama Cortevar, aunque Cortevar no manda aquí más que para cobrar impuestos y llevarse a los jóvenes cuando necesitan soldados.
El nombre no le decía nada. Ninguno de los nombres le decía nada. Y sin embargo, algo en la forma en que ella lo dijo —con ese cansancio particular de quien ha vivido bajo el peso de un poder lejano toda su vida— le resultó dolorosamente familiar.
—¿Y tú? —preguntó Mira, removiendo el contenido de la olla sin apartar del todo la mirada de él—. ¿Tienes nombre, o prefieres que siga llamándote "el forastero de las quemaduras raras"?
—Nolan.
—¿Solo Nolan?
—Nolan Vey.
Ella asintió, como si archivara el dato en algún lugar útil, y no volvió a preguntar nada más por un rato. Sirvió algo caliente en un cuenco de madera desportillado y se lo puso cerca, sin acercárselo del todo a la mano, obligándolo a esforzarse por alcanzarlo él mismo.
—Come. No vas a recuperar fuerzas quedándote ahí tirado con cara de que el mundo se te vino encima.
Nolan estuvo a punto de decirle que, de hecho, el mundo se le había venido encima, literalmente, la noche anterior. No dijo nada. Tomó el cuenco con manos que todavía temblaban y comió en silencio, mientras Mira volvía a su trabajo —una hoja de metal a medio forjar, apoyada contra la pared, que examinaba de vez en cuando con el ceño fruncido, como si le debiera algo.
El calor de la comida le devolvió algo de claridad, y con la claridad llegó, inevitable, el peso completo de la noche anterior. Cerró los ojos con fuerza. No lloró —no todavía, no ahí, no frente a una desconocida—, pero algo en su respiración debió delatarlo, porque Mira dejó de golpear el metal.
—No voy a preguntarte qué te pasó —dijo, sin mirarlo, con una suavidad nueva que contrastaba con el resto de su tono—. Pero si en algún momento necesitas decirlo en voz alta sin que nadie te juzgue por ello, esta casa es tan buena como cualquier otra.
Nolan no respondió. No podía. Pero por primera vez desde que había cruzado esa herida gris en el aire, sintió que quizás no todo en aquel mundo extraño iba a intentar matarlo de inmediato.
Pasaron tres días antes de que Nolan pudiera caminar sin que las piernas le fallaran, y otros dos antes de que se atreviera a salir de la casa de Mira. Aldenar resultó ser más pequeño de lo que había imaginado: un puñado de casas de madera y piedra alrededor de una plaza central con un pozo, rodeado de campos que, a diferencia de los de Kaeloth, todavía daban grano.
Fue en uno de esos primeros paseos cortos, apoyado en una cerca mientras recuperaba el aliento, cuando Nolan vio algo que lo hizo detenerse por completo: dos lunas, pequeñas y pálidas, todavía visibles en el cielo de la tarde, exactamente como las había visto la primera noche.
No era un sueño, entonces. No era fiebre ni delirio.
—Las lunas te tienen fascinado —dijo Mira, apareciendo detrás de él con un cesto de herramientas al hombro—. Todos los forasteros hacen lo mismo la primera semana. Después dejan de notarlas, como todo lo demás.
—¿De dónde vienen los forasteros normalmente? —preguntó Nolan, con cuidado, tanteando cuánto podía preguntar sin levantar sospechas.
Mira lo miró de reojo, con esa misma atención calculadora de antes.
—De otros reinos. De Nym, sobre todo, o de las rutas de comercio de Cortevar. —Hizo una pausa breve, deliberada—. Nadie viene de donde tú vienes, Nolan. Eso ya lo sé. No hace falta que sigas fingiendo que sí.
El corazón de Nolan se detuvo un instante.
—No sé de qué hablas.
—Las quemaduras que tenías no eran de fuego normal. Tu ropa está hecha con una tela que ningún tejedor de por aquí conoce. Y hablas nuestro idioma perfecto, cosa rara para alguien que dice no conocer ni el nombre del reino en el que está —dijo ella, sin dramatismo, contando los hechos como quien enumera defectos en una hoja de metal mal templada—. No sé qué eres ni de dónde saliste. Pero no soy tonta, y prefiero que lo sepas de una vez: el día que decidas contarme la verdad, aquí sigo. Mientras tanto, no le debes ninguna explicación a nadie más que a ti mismo.
Nolan la miró, sin saber si sentir alivio o alarma. Probablemente ambas cosas a la vez.
—¿Por qué me ayudas? —preguntó finalmente—. No me conoces.
Mira se encogió de hombros, ajustando el cesto sobre su hombro antes de seguir camino hacia la forja.
—Porque alguien te encontró medio muerto en un camino y decidió que valía la pena arreglarte, en vez de dejarte ahí —dijo, sin detenerse—. No hace falta una razón más complicada que esa.
Nolan se quedó mirando las dos lunas un rato más, sintiendo por primera vez, bajo todo el peso todavía fresco de lo que había perdido, algo parecido a una pregunta distinta de las que había cargado hasta ahora.
No era "¿cómo vuelvo a casa?".
Era, quizás por primera vez en su vida, "¿qué hago ahora que no tengo una?".

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Estás leyendo el capítulo 2 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.