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Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

El grupo que los interceptó dos días después de Ossra no vestía el emblema de Cortevar, ni tenía el aspecto organizado de la patrulla de Bellhorn. Eran ocho, quizás nueve, con armaduras improvisadas de cuero y metal robado, y algo en sus movimientos —demasiado sincronizados para ser simples bandidos, demasiado sucios para ser soldados— le dijo a Nolan, antes de que dijeran una sola palabra, que aquello no iba a resolverse hablando. —Desertores —dijo Roderic, con la voz baja, evaluando la formación con ojo profesional—. De algún ejército, en algún lugar. Se mueven como quienes ya no tienen nada que perder. —Nueve contra tres —gruñó Grael, ya con los músculos tensos, las garras extendidas—. Me gustan esos números. —A mí no —dijo Nolan, con el corazón latiendo con fuerza, calculando distancias, salidas, cualquier cosa que su instinto pudiera ofrecerle. El líder del grupo, un hombre con media cara quemada y una sonrisa que no le llegaba a los ojos, avanzó unos pasos. —No queremos problemas con lo que sea que tengas ahí —dijo, señalando vagamente a Grael y Roderic con la barbilla—. Solo queremos lo que lleves encima. Comida, monedas, y esa armadura, si el de metal es tan amable de quitársela. —No —respondió Roderic, con una calma que no dejaba espacio a la negociación. La palabra bastó. El grupo se lanzó al ataque como si hubiera estado esperando exactamente esa negativa. Lo que siguió no se pareció en nada a las peleas anteriores que Nolan había presenciado. Grael se movió primero, una mancha gris que cruzó la distancia hacia los tres hombres más cercanos con una velocidad que el ojo apenas lograba seguir, y el sonido que siguió —carne desgarrándose, huesos crujiendo bajo la fuerza de sus garras— hizo que el estómago de Nolan se revolviera, incluso sabiendo que esos hombres habían venido a matarlos. Roderic avanzó con un ritmo completamente distinto: metódico, económico, cada golpe de su espada calculado para terminar una amenaza sin gastar un movimiento de más. No había furia en su forma de pelear, solo la disciplina fría de alguien que ha hecho esto tantas veces que el horror se había desgastado hasta convertirse en oficio. Nolan, sin arma más que el cuchillo pequeño que Mira le había dado, se mantuvo cerca del centro, protegido por ambos, sintiendo con cada segundo que pasaba el peso creciente de sostener a los dos fuera del Refugio al mismo tiempo —un tirón constante en el pecho, como sostener dos cuerdas tensas con las manos ya cansadas. Un hombre logró romper la formación y llegó hasta él, con un hacha oxidada en alto. Nolan retrocedió, tropezó, y por un instante el mundo se redujo al brillo sucio del filo cayendo hacia él. Roderic apareció entre ambos con una velocidad que su armadura pesada no debería permitir, desviando el hacha con el propio brazo protegido antes de responder con un golpe seco que puso fin a la amenaza sin ceremonia. —Quédate detrás de mí —dijo, sin siquiera mirar atrás, ya buscando la siguiente amenaza. Grael, del otro lado del campo improvisado de batalla, no necesitaba esa protección. Se movía entre los hombres restantes con una brutalidad que no dejaba espacio para la piedad, y aun así, en algún momento entre un ataque y el siguiente, giró la cabeza lo suficiente para comprobar, con una mirada rápida, que Nolan seguía de pie. No dijo nada al respecto. No hacía falta. El líder de media cara quemada fue el último en caer, y no por falta de intentarlo: peleó con la desesperación específica de quien ya ha visto morir a todos sus hombres y sabe que no le queda otra opción que ganar o morir también. Fue Grael quien terminó con él, con una finalidad brutal que hizo que Nolan apartara la vista. Ni Grael ni Roderic habían estado nunca en verdadero peligro esa tarde; nueve hombres desesperados no eran rival para lo que ellos eran capaces de hacer. El peligro real había sido otro, y Nolan lo sintió en carne propia mucho antes de que terminara el último golpe. El silencio que siguió al combate se sintió más pesado que cualquiera de los anteriores. Nolan se dejó caer de rodillas, no herido, pero completamente drenado, con el tirón en el pecho todavía ardiendo por el esfuerzo de haber sostenido a ambos durante todo el enfrentamiento. No habían sido los desertores quienes casi lo derriban. Había sido sostener dos hilos tensos al mismo tiempo, minuto tras minuto, sin soltar ninguno. —Nunca había peleado junto a otro invocado como yo —dijo Roderic, limpiando su espada con un trapo, con la respiración apenas alterada—. Es... eficiente. Cuando no estorbamos el espacio del otro. —"Estorbar el espacio del otro" es una forma elegante de decir que casi me arrancas el brazo con esa espada en el tercer golpe —gruñó Grael, sacudiéndose sangre ajena del pelaje. —Y aun así seguimos con el mismo número de brazos que empezamos —respondió Roderic, con algo que quizás, en otra persona, habría sido humor seco. Nolan los observó desde el suelo, todavía sin fuerzas para levantarse, sintiendo algo extraño y nuevo abrirse paso entre el agotamiento: no era solo alivio por haber sobrevivido. Era la primera vez que veía a dos de sus invocados funcionar como algo parecido a un equipo, imperfecto y áspero, pero real. —¿Estás bien? —preguntó Roderic, acercándose finalmente, con una preocupación práctica más que emocional. —Cansado —admitió Nolan—. Sostenerlos a los dos durante toda la pelea... se siente como si alguien me hubiera estado exprimiendo por dentro. —Entonces la próxima vez, uno de nosotros se queda en el Refugio hasta que haga falta —dijo Grael, con una lógica fría que no dejaba espacio para el orgullo—. De qué sirve ganar la pelea si te desplomas después. Fue, viniendo de Grael, casi una muestra de cuidado, aunque disfrazada de pura practicidad. Nolan no respondió de inmediato. Estaba demasiado ocupado entendiendo, en su propio cuerpo y no en palabras de nadie, algo que hasta ese momento solo había sido una posibilidad abstracta: no importaba cuánto pudieran pelear Grael y Roderic entre los dos. Lo que de verdad tenía un límite era él. Cuánto podía sostener, no cuánto podían golpear ellos. La próxima vez, pensó, tendría que decidir con más cuidado a quién sacar y a quién dejar esperando del otro lado, en vez de tirar de ambos hilos a la vez solo porque podía hacerlo por un rato. Esa noche, mientras Nolan se recostaba junto al fuego, todavía sintiendo el eco del esfuerzo en cada músculo, no pudo evitar preguntarse cuántas peleas más como esa podría sostener antes de que el precio dejara de ser solo cansancio, y empezara a ser algo que no pudiera recuperar durmiendo una noche.
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Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.