Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
Nolan descubrió el Refugio por accidente, la tercera noche después de que Roderic se uniera a ellos, cuando el agotamiento de mantener a dos Anclados fuera al mismo tiempo lo obligó a soltar el vínculo con uno de los dos antes de desmayarse del todo.
No fue una decisión consciente. Fue más parecido a la sensación de una mano que ya no puede sostener más peso, aflojándose sin permiso. Grael desapareció primero —un parpadeo, un peso menos en el aire— y por un instante, medio dormido, medio despierto, Nolan sintió que caía, no hacia el suelo del campamento, sino hacia algún lugar más adentro de sí mismo.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba bajo el cielo nocturno de Virelia.
El espacio no tenía forma clara, ni límites que la vista pudiera seguir del todo. Era más una sensación de "adentro" que un lugar real: paredes que parecían de piedra vieja en algunos tramos y de niebla espesa en otros, como si el propio Refugio todavía no hubiera decidido qué forma quería tener. Grael estaba ahí, tumbado sobre lo que parecía ser tierra seca, con las orejas alzadas hacia Nolan en cuanto lo sintió aparecer.
—Así que esto es lo que hay del otro lado —dijo Grael, sin levantarse, observando el espacio con la misma desconfianza calculadora de siempre—. Pensé que sería peor.
—Yo también —admitió Nolan, mirando a su alrededor con una mezcla de fascinación y vértigo. Una parte del espacio, cerca de donde Grael descansaba, tenía la textura tosca de una guarida natural, con raíces colgando del techo invisible. Otra parte, más adelante, apenas visible entre la niebla, mostraba el contorno de algo parecido a una armería de piedra pulida.
—Esa es la mía —dijo una voz detrás de él. Roderic estaba de pie junto a la entrada de esa segunda zona, con la armadura puesta como siempre, examinando el espacio con la misma calma con la que examinaba todo lo demás—. O al menos, se parece a algo que reconozco. No recuerdo haberlo construido.
—No lo sé —dijo Nolan, todavía mirando a su alrededor, sin poder afirmar nada con certeza—. Pero parece cambiar cuando ustedes cambian.
Grael resopló, sin moverse de su rincón de tierra y raíces.
—Entonces esto es un reflejo de lo que fuimos —dijo—. Qué reconfortante.
—O de lo que todavía somos, a pesar de todo —corrigió Roderic, con esa calma suya que parecía diseñada específicamente para contradecir a Grael sin generar más fricción de la necesaria.
Nolan caminó despacio entre ambas zonas, sintiendo bajo sus pies la textura cambiante del suelo —tierra, luego piedra, luego algo que no era ninguna de las dos cosas—, y notó, por primera vez, algo que no había esperado encontrar: un tercer espacio, mucho más pequeño que los otros dos, apenas una esquina de niebla apretada contra lo que parecía el límite exterior del Refugio entero. No tenía forma reconocible. Era casi como una cicatriz.
—¿Qué es eso? —preguntó, acercándose.
Ni Grael ni Roderic respondieron de inmediato. Fue Grael quien finalmente habló, con una seriedad poco común en él.
—Eso no estaba la primera vez que llegué aquí —dijo—. Apareció después. Creo que apareció cuando el pequeño murió.
Nolan sintió el pecho apretarse. Se acercó más al espacio de niebla, casi sin aliento, y por un instante —solo un instante, tan breve que después dudaría de haberlo visto realmente— creyó distinguir, entre la niebla apretada, la silueta diminuta y torpe de algo que ya conocía demasiado bien.
Extendió la mano, sin pensarlo, hacia la niebla.
No pasó nada. Ningún sonido, ninguna respuesta, ningún tirón familiar en el pecho. Solo la niebla, fría e indiferente, cerrándose de nuevo sobre sí misma en cuanto retiró la mano.
—No está aquí, del todo —dijo Roderic, con una suavidad que Nolan no le había escuchado usar hasta entonces—. Pero tampoco se ha ido del todo. He visto cosas parecidas antes, en otros contextos. A veces, lo que se pierde deja una marca en el lugar donde debería haber crecido.
—¿Puede volver? —preguntó Nolan, con la voz más pequeña de lo que hubiera querido.
—No lo sé —respondió Roderic, con la honestidad simple que parecía ser su única forma de hablar—. Pero si algún día encuentras la forma de averiguarlo, yo estaría dispuesto a acompañarte a intentarlo.
Grael no dijo nada, pero se acercó, lento y silencioso, hasta quedar junto a Nolan frente a la esquina de niebla, como una guardia que nadie había pedido pero que tampoco nadie rechazaba.
Se quedaron ahí los tres, en el espacio que todavía no terminaba de ser un hogar, mirando la cicatriz de algo que ya no estaba pero que se negaba, terca y silenciosamente, a desaparecer del todo.
Cuando Nolan finalmente despertó de vuelta bajo el cielo real de Virelia, con el cuerpo entumecido por haber dormido sobre tierra dura, lo primero que hizo, antes incluso de abrir los ojos del todo, fue llevarse la mano al pecho, buscando, sin encontrarla todavía, la certeza de que algún día ese rincón de niebla dejaría de estar vacío.

Continúa leyendo
Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela)
Capítulo 12
Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.