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Leer Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) Capítulo 6 online gratis en español

Una noche, mientras afilaba un cuchillo junto al fuego, mi padre se quedó mirando la llama con expresión ausente. —Había alguien… —murmuró—. Casi lo olvido. —¿Alguien? —preguntó mi madre. —Un amigo de la infancia —explicó Daigo—. Bueno, “amigo” es una forma generosa de decirlo. Era un semielfo raro, callado, siempre leyendo o haciendo cosas con magia. Tenía talento, mucho, pero ninguna ambición. Terminó trabajando en una ciudad mediana a unos cinco días de aquí, en el norte. Creo que como escriba o asistente de algún mago. La palabra semielfo me llamó la atención. —\[NOTA DEL SISTEMA\]: Los semielfos suelen tener afinidad natural con la magia superior a la humana promedio, pero a menudo son marginados o vistos como extraños en sociedades humanas. Muchos acaban en trabajos especializados lejos de su pueblo natal. —¿Sigues en contacto? —preguntó mi madre. Mi padre se encogió de hombros. —Hace años que no nos vemos. Pero recuerdo el nombre de la ciudad y del gremio donde trabajaba. Si sigue vivo, puede que aún esté ahí. Si alguien sabe cómo evaluar talento mágico sin cristales caros ni rituales complicados… es él. Esa misma semana, Daigo escribió una carta. No era un hombre de letras, así que cada frase fue construida con paciencia y borradores. Le habló del pueblo, de la familia, de mí: un niño con estadísticas anómalas y una familia que no quería verlo morir en una zanja por culpa de la guerra. Pidió, con torpeza, pero honestidad, una cita. —“¿Podrías recibirnos para una evaluación mágica sencilla? No buscamos privilegios. Solo saber si vale la pena esforzarnos por ese camino.”— La carta viajó con un comerciante de confianza. La respuesta tardó en llegar. Cuando al fin apareció, meses después, fue… breve. Mi padre abrió el sobre con manos expectantes. Leyó en silencio. Su expresión pasó de curiosa a incómoda… y luego a una risa ahogada. —¿Qué dice? —preguntó mi madre, secándose las manos en el delantal. Daigo levantó el pergamino. —Solo dice: “Sí”. Ningún saludo. Ninguna explicación. Ningún detalle. Solo… “Sí”. Había más: una fecha aproximada sugerida (“cualquier momento después de la cosecha de otoño”), y una dirección exacta en la ciudad, escrita con letra impecable. —Ese es él —dijo Daigo, entre risas—. Frío, raro, sin adornos. Pero si ha dicho “sí”… nos recibirá. La incomodidad se mezcló con alivio. Mi padre tenía ahora un plan concreto: después de la próxima cosecha, viajaríamos los tres (él, yo y quizás uno de mis tíos) a esa ciudad para una evaluación mágica completa. —Y de paso —añadió—, podré darle un buen golpe en la espalda por no saber escribir una carta como la gente. Entrenamiento, niveles y primera “ventana de estado” Mientras tanto, la vida no se detenía. Mi padre habló con un par de conocidos: Un cazador que había servido un tiempo como guardia en ciudad, y un aventurero retirado que sabía algo de esgrima. No eran maestros legendarios, pero para un niño de pueblo eran más que suficientes. Me pusieron una espada de madera en las manos. —No quiero que aprendas a matar —dijo Daigo—. Quiero que aprendas a no morir. Al principio, mis brazos temblaban. La postura era torpe, los pies se me enredaban, y terminar en el barro era parte del paquete. Pero tenía algo que muchos otros niños no: Memoria perfecta. Cada corrección, cada gesto, cada explicación… quedaba grabada como si alguien me hubiera puesto un video en la cabeza. Repetía mentalmente los movimientos, incluso acostado en la cama. Reorganizando, comparando, corrigiendo. A los pocos meses, el sistema reaccionó. —\[NUEVA HABILIDAD ADQUIRIDA\]: “Esgrimista” – Nivel 1 (Rango F). ──────────────────── HABILIDAD: Esgrimista Rango: F Nivel: 1 / 10 Descripción: Conocimiento básico del manejo de espada. Permite posturas iniciales, golpes simples, guardias elementales. Aumenta ligeramente la eficiencia en combate con armas blancas. Progresión (resumen): Nivel 1–3 (F–E): Fundamentos. Nivel 4–6 (D–C): Técnicas intermedias, combinaciones, control del ritmo. Nivel 7–9 (B–A): Combate avanzado, lectura del oponente. Nivel 10 (S): Maestría destacada a nivel humano promedio de élite. ──────────────────── Junto con esa notificación, algo más se desbloqueó. —\[SISTEMA DE NIVELES DE PERSONAJE ACTIVADO\]. Por primera vez, una ventana completa se desplegó ante mi mente, clara como un panel flotando en la oscuridad: ──────────────────── NOMBRE: Hino de Harunose RAZA: Humano (¿?) – Anfitrión de privilegio sin límite EDAD: 6 años NIVEL: 2 RANGOS GENERALES: Físico: F+ Mental: C Mágico: ? (No evaluado) Potencial: No medible (bloqueado) ATRIBUTOS BÁSICOS (relativos a humanos de su edad): Fuerza: E– (por encima de la media infantil) Resistencia: E (aguante moderado) Agilidad: E Percepción: D Inteligencia: C+ Voluntad: C HABILIDADES: * Memoria Fotográfica Perfecta – Nivel 4 (Rango C). * Copiar Estadísticas – Nivel 1 (Rango S). * Esgrimista – Nivel 1 (Rango F). NOTA: Esta ventana solo es visible para el anfitrión. La mayoría de sistemas externos (pergaminos, artefactos de templos) no pueden leerla directamente. ──────────────────── —Así que este es mi yo real… —pensé. Con el entrenamiento diario, los años pasaron. A los 9, la ventana se veía distinta: ──────────────────── NOMBRE: Hino de Harunose EDAD: 9 años NIVEL: 5 RANGOS GENERALES: Físico: D– Mental: C+ Mágico: ? (latente) ATRIBUTOS BÁSICOS (comparado con humanos de 9 años): Fuerza: D– (más fuerte que la mayoría de niños, casi al nivel de algunos adultos poco entrenados). Resistencia: D (puede trabajar largas horas sin colapsar). Agilidad: D. Percepción: C+ (observación fina, reacción a detalles). Inteligencia: B– (capacidad analítica, aprendizaje acelerado). Voluntad: B– (alta resistencia mental, foco) HABILIDADES: * Memoria Fotográfica Perfecta – Nivel 5 (Rango B). (Ahora puedo revisar meses, analizar patrones, aprender de observación a velocidad de adulto experto.) * Copiar Estadísticas – Nivel 1 (Rango S). (Sin cambios visibles; sigue siendo peligrosa.) * Esgrimista – Nivel 3 (Rango E). (Juego de pies básico decente, ataques y defensas elementales funcionales.) ──────────────────── —\[OBSERVACIÓN DEL SISTEMA\]: Crecimiento físico ligeramente acelerado debido a entrenamiento constante. Habilidad “Esgrimista” se desarrolla de forma estable. Aún no se ha evaluado magia; potencial desconocido. Por fuera, para el pueblo, yo era solo un niño que ayudaba en el campo, practicaba con espada de madera y tenía la cabeza un poco más ordenada que otros. Por dentro, veía mi crecimiento como una gráfica. Rumbo a la ciudad El otoño de mis nueve años trajo consigo la cosecha… y la fecha que mi padre había marcado silenciosamente en su mente desde que recibió aquella carta con un solo “sí”. Una noche, mientras terminábamos de cenar, lo anunció. —Después de vender la parte que nos toca de la cosecha —dijo—, iremos a la ciudad de Vaelkis. Mi madre lo miró, sabiendo perfectamente qué implicaba ese nombre. —Donde vive tu amigo raro. —Donde vive mi amigo raro —confirmó Daigo—. Y donde podremos saber, por fin, si nuestro hijo tiene talento para la magia… o si el pergamino del templo fue lo más lejos que el destino piensa llevarlo. Se volvió hacia mí. —Hino. Te entrenaste con la espada. Has ayudado en la casa, en el campo. Has aguantado más que otros niños de tu edad sin quejarte. Ahora vamos a ver si también tienes lo que se necesita para caminar por el otro camino. El “otro camino”. Magia. Ciudades. Torres. Bibliotecas. Y, en alguna parte entre todo eso, una guerra que lentamente se acercaba al Reino de Asterion, alimentada por gente como la condesa Elianor y el cardenal Seraphil. Yo lo veía como un tablero. Si tenía magia de verdad, podría aspirar a algo más que soldado. Si no tenía, seguiría siendo un niño con estadísticas raras tratando de pasar desapercibido en un mundo que empezaba a dividirse en bandos. —\[NOTA DEL SISTEMA\]: Evaluación mágica externa puede revelar información que incluso yo no tengo todavía. Se recomienda máxima atención durante las pruebas. Posible interacción entre privilegio sin límite y afinidades mágicas. Por primera vez desde que renací, sentí que estaba a punto de descubrir no solo qué podía hacer… Sino qué tipo de pieza quería ser en un mundo que se preparaba, lenta pero inevitablemente, para la guerra. El día de la partida llegó antes de que pudiera acostumbrarme a la idea. La casa estaba más silenciosa de lo normal. Mi madre revisaba por tercera vez el pequeño equipaje: ropa de cambio, algo de comida seca, unas monedas envueltas en tela. Mira y Lila fingían estar ocupadas, pero no dejaban de mirar hacia la puerta. —No es que te vayas para siempre —dijo mi madre, como si intentara convencerse a sí misma—. Es solo… una evaluación. Un viaje. Volverás. —Y si el semielfo es tan raro como dice papá —añadió Mira, forzando una sonrisa—, volverás quejándote de lo pesado que es. Lila se acercó y me colgó algo al cuello: un pequeño amuleto hecho con madera y una piedra lisa. —Para que… vuelvas entero —susurró. No dije nada heroico. Solo los abracé uno por uno. En mi vida anterior, nadie se habría preocupado tanto por un viaje de cinco días. En esta, cruzar la frontera del pueblo era casi como salir al mundo real por primera vez. Afuera, la caravana esperaba en el camino principal. Un carruaje de carga reforzado, dos carros más pequeños y una docena de personas: comerciantes, campesinos con mercancía, y, lo más importante, aventureros. Los reconocías de inmediato. No era solo la armadura o las armas. Era la forma en que miraban alrededor, como si todo tuviera un riesgo calculable. Mi padre pagó al carretero con manos firmes. Era dinero ahorrado de la cosecha, resultado de noches de cuentas silenciosas. —Ir solos sería una locura —había dicho Daigo—. Con otros viajeros y aventureros de rango C y B, al menos tendremos alguien que sepa qué hacer si salen goblins o algo peor. En la zona de Harunose, lo más común eran slimes, goblins pequeños y lobos grises. Pero siempre existía la posibilidad de encontrarse con algo más serio: orcos, trasgos, incluso alguna guiverna despistada que se hubiera alejado demasiado de su territorio. Subí al carruaje con mi padre. Mientras nos acomodábamos, una voz grave habló cerca. —¿Ese es el chico que va a evaluar magia? Levanté la vista. Un hombre alto, de cabello corto y cicatriz en la ceja, nos miraba con curiosidad. Llevaba una armadura de cuero reforzada y una espada bien cuidada en la cintura. —Sí —respondió mi padre—. Vamos a Vaelkis. Un viejo amigo lo revisará. —Soy Gald, aventurero de rango B —se presentó el hombre, cruzándose de brazos—. Me encargaré de coordinar la defensa si pasa algo. Es bueno saber quiénes son los niños del grupo. Detrás de él, otros dos aventureros saludaron con la cabeza: Una mujer de capa verde, arco al hombro, mirada aguda. Y un joven de túnica corta con un bastón sencillo. —Ella es Rinna, exploradora y arquera, rango C. El de cara de buena persona es Tovis, mago elemental, también rango C. —Oye —protestó Tovis—, ¿por qué “de cara de buena persona” suena a insulto? Rinna se rió, ligera. —Porque lo dice Gald. Yo los miraba con una mezcla de fascinación y análisis. Eran, literalmente, personajes de RPG en vivo. No pude contenerme. —Disculpé —dije, inclinando ligeramente la cabeza—. ¿Puedo hacerles una pregunta? Gald me miró, curioso. —Habla. —¿Qué clases son? —pregunté—. Quiero decir… usted dijo que es aventurero rango B, pero… ¿es guerrero, tanque, otra cosa? Y ellos… ¿mago, explorador…? Hubo un momento de silencio. Luego, Rinna sonrió. —Tiene buen ojo. Tovis se sentó en el borde del carruaje, interesado. —Está bien, le damos la charla básica —dijo—. Te servirá si algún día te metes en esto. Gald se acomodó, recostando una mano sobre la espada. —En este reino —empezó—, casi todos los aventureros entran en algunas categorías generales. Cambian los nombres según el gremio, pero la idea es la misma. Levantó un dedo. —Primero, están los Guerreros. Son los que peleamos de frente con armas cuerpo a cuerpo: espadas, lanzas, hachas. Somos el núcleo de la línea. Yo entro en esta categoría. Segundo dedo. —Luego los Tanques. Guerreros pesados con armaduras gruesas y habilidades para atraer la atención de los enemigos. Reciben golpes para que los demás no los reciban. No tenemos ninguno puro en esta caravana, pero yo puedo hacer de tanque si hace falta. Rinna intervino. —También están los Exploradores o Rangers. Nos encargamos de rastrear, detectar emboscadas, guiarnos entre bosques o montañas, y atacar a distancia. Yo soy eso: exploradora y arquera. Si no quieres morir en un camino desconocido, lo mejor es tener uno en el grupo. Tovis levantó su bastón. —Yo soy Mago. Uso magia elemental: fuego, viento, algo de tierra. Somos los que lanzamos hechizos desde atrás, controlamos grupos de enemigos, destruimos cosas grandes… y morimos rápido si nos tocan, así que mejor que el tanque haga su trabajo. Gald continuó, contando con los dedos. —También existen los Sacerdotes o Clérigos. Hechizos de curación, bendiciones, barreras sagradas. Si tienes uno en el grupo, las probabilidades de volver entero suben mucho. —Hay Ladrones o Pícaros —añadió Rinna—. Se encargan de trampas, cerraduras, movimiento silencioso, golpes por la espalda. No siempre tienen buena reputación, pero son útiles. —Y los Bardos —añadió Tovis, rodando los ojos—. Que se supone que apoyan con música, magia menor, información… y nunca callan. —No olvides a los Monjes o Artistas Marciales —dijo Gald—. Pelean con el cuerpo, sin armadura pesada, rápidos y peligrosos de cerca. —Y los Invocadores o Domadores —Rinna chasqueó la lengua—. Los locos que llevan monstruos controlados. Muy útiles, muy inestables. Tovis miró hacia el camino. —También están los Apoyos raros: alquimistas de batalla, tácticos, gente que no brilla atacando pero hace que los demás brillen el doble. Me quedé en silencio, memorizando cada categoría, cada rol. —\[REGISTRO\] —anotó el sistema—: Clases de aventureros: Guerrero, Tanque, Explorador/Ranger, Mago, Sacerdote/Clérigo, Ladrón/Pícaro, Bardo, Monje/Artista Marcial, Invocador/Domador, Apoyo especializado (Alquimista, Táctico, etc.). Gald me miró de arriba abajo. —¿Y tú, enano? —preguntó—. ¿Qué quieres ser? Podría haber dicho “mago”, para sonar interesante. O “guerrero”, para parecer fuerte. En cambio, respondí con lo único que sabía con certeza. —Quiero… vivir —dije—. Y no ser un peso para nadie. Gald soltó una carcajada. —Buena respuesta. Esa es la base de cualquier clase. Rinna sonrió. —Además, los niños cambian de idea. Hoy dicen guerrero, mañana mago, pasado domador de dragones. Tovis me guiñó un ojo. —Si al final te sale talento para la magia, avisa. Ser mago es caro, pero se vive bien si no te explotan. Mi padre escuchaba en silencio, mezclando orgullo y preocupación. El carruaje empezó a moverse. Harunose quedó atrás, poco a poco, convirtiéndose en un conjunto de techos cada vez más pequeños. Por primera vez, el mundo se abría más allá de los campos que conocía: Bosques donde podía haber lobos grises y goblins. Caminos donde un deslíz podía traer orcos, trasgos o algo peor. Ciudades donde magos reales trabajaban en torres, nobles conspiraban en salones, y la iglesia movía piezas en nombre de dioses silenciosos. Yo era solo un niño sentado en un carruaje, con una espada de madera al lado, un amuleto en el pecho… Y una ventana de estado que solo yo podía ver, recordándome que, por mucho que intentara parecer normal, nunca lo había sido desde el momento en que morí por primera vez. La primera noche de viaje pasó sin sobresaltos. Acampamos junto al camino, en un claro vigilado por Rinna. Los aventureros se turnaron las guardias: Gald primero, luego Tovis, después otro par de mercenarios de rango C. Yo me dormí escuchando el crepitar del fuego y el murmullo de voces bajas hablando de rutas, trabajos y recompensas. La segunda noche empezó igual de tranquila. El problema llegó al día siguiente. El sol estaba en lo alto cuando el aire cambió. No fue un sonido. Fue un silencio. Los pájaros dejaron de cantar. Rinna, que caminaba junto al carruaje, levantó la mano de golpe. —Alto. Los caballos redujeron el paso. Gald adelantó unos pasos, mano en la empuñadura de la espada. —¿Qué ves? —preguntó. Rinna no respondió de inmediato. Sus ojos recorrían el borde del bosque que flanqueaba el camino. —Es demasiado… —murmuró—. Calmado. La respuesta llegó como una carcajada aguda. —¡Kikiki! —sonó desde entre los árboles. Sombras pequeñas se movieron entre los troncos. —Goblins —dijo Gald, con la voz endurecida—. Todos atentos. La escena se desenrolló rápido. Tres goblins salieron corriendo del bosque por el lado derecho, armados con cuchillos oxidados y lanzas cortas. Otros dos aparecieron a la izquierda, con arcos improvisados. Sus pieles verdosas, sus ojos amarillos y sus sonrisas llenas de colmillos los hacían parecer caricaturas… si no fuera porque la sangre que buscaban era muy real. —¡Protéjanse detrás del carruaje! —gritó Gald a los viajeros. Mi padre me empujó suavemente hacia el interior. —Hino, atrás. No salgas hasta que yo lo diga. Quise protestar. Mi mano fue directa a la espada de madera, pero el miedo era una mano más pesada aún. Los aventureros se movieron como piezas entrenadas. Gald avanzó al frente, escudo en mano, recibiendo la carga de los goblins cuerpo a cuerpo. Rinna se escabulló hacia un lateral, buscando un ángulo. Tovis levantó el bastón, murmurando un conjuro. —¡Piel de piedra ligera! —entonó, y una capa terrosa cubrió el escudo de Gald, reforzándolo. Los goblins chillaban mientras atacaban. Uno saltó hacia el costado de Gald, intentando clavar su cuchillo en un hueco de la armadura. El aventurero lo bloqueó con el escudo y lo pateó hacia atrás. Otro le apuntó al rostro, pero Rinna ya había soltado una flecha. El proyectil se clavó en el cuello del goblin, que cayó sin siquiera entender qué había pasado. —Dos a la derecha —gritó ella—. Uno escondido, huele a emboscada. Tovis chasqueó la lengua. —¡Viento cortante! Una ráfaga de aire comprimido cortó ramas y hojas, dejando al descubierto a otro goblin encaramado, a punto de saltar sobre el techo del carruaje. La criatura perdió el equilibrio y se desplomó. No era una batalla épica. Era sucia, rápida, llena de gritos agudos y maldiciones. Uno de los mercenarios de rango C recibió un corte en el brazo. Otro fue derribado por un goblin que le mordió la pierna antes de que Gald se lo quitara de encima de un tajo. Yo miraba entre las tablas del carruaje, las manos sudorosas, el corazón desbocado. —\[ANÁLISIS\] —susurró el sistema—: Goblins de bajo nivel. Fuerza y resistencia en rango F–E. Peligrosos en grupo, pero manejables por aventureros rango C o superior. Cuando el último goblin intentó huir, Rinna lo derribó con una flecha en la espalda. El silencio volvió, esta vez pesado. El aire olía a hierro, sudor y algo rancio que supuse era sangre de goblin. —¿Todos bien? —preguntó Gald, respirando agitado. —Heridas leves —respondió uno de los mercenarios, apretándose el brazo—. Nada que una poción no arregle. Tovis ya estaba sacando frascos de cristal verde claro. —Pociones de curación baja —explicó, mientras le pasaba uno al herido—. No harán que te salga un brazo nuevo, pero cierran cortes pequeños. El mercenario bebió, y ante mis ojos, el sangrado disminuyó. La carne no se cerró por completo, pero dejó de verse tan grave. —\[OBSERVACIÓN\] —marcó el sistema—: Objeto mágico consumible: Poción de Curación Baja. Efecto: recuperación moderada de tejido, detención de hemorragias menores. Combinación de agua, hierbas, catalizador mágico y una pequeña carga de energía (MP). Mientras los adultos se ocupaban de los heridos, otros dos aventureros se acercaron a los cuerpos de los goblins, cuchillo en mano. —Hora del trabajo sucio —dijo uno. Con movimientos acostumbrados, abrieron el pecho de las criaturas y, con cuidado, extrajeron pequeñas piedras mágicas del tamaño de una nuez, incrustadas cerca del corazón. —Núcleos de maná de goblin —explicó Rinna cuando vio mi expresión—. No valen mucho, pero en cantidad sirven para crear artefactos menores. Lámparas, baratijas, sellos de baja potencia. Nada se desperdicia. Las guardó en una bolsa especial. Yo seguía con la mirada fija en uno de los frascos vacíos de poción, ahora en el suelo. Sin pensarlo mucho, lo recogí. Por curiosidad —y porque mi cabeza estaba entrenada para eso—, lo giré bajo la luz, buscando restos del líquido, analizando el olor, la viscosidad, el color que quedaba pegado al vidrio. Uno de los aventureros pasó cerca y me dio una palmadita en la cabeza. —No lo bebas aunque quede algo —dijo—. Eso ya es desperdicio, no cura nada. —Solo lo estoy viendo —respondí. Mientras hablaba, una gota minúscula, casi invisible, se deslizó desde el borde del frasco hasta mi mano. La sentí fría un segundo. Luego se absorbió en la piel. El sistema reaccionó al instante. —\[ANÁLISIS DE SUSTANCIA EXTRAÑA\]. Descomponiendo… Componentes detectados: extractos herbales, agua purificada, catalizador alquímico, residuo de maná estructurado. Compatibilidad con anfitrión: alta. Potencial de replicación: presente. La voz cambió de tono, como cuando aparecía una ventana importante. —\[NUEVA HABILIDAD OBTENIDA\]: “Creación de Poción de Curación Baja” – Nivel 1 (Rango E). ──────────────────── HABILIDAD: Creación de Poción de Curación Baja Rango: E Nivel: 1 / 10 Descripción: Capacidad para reproducir pociones de curación simple, siempre que se cuente con los materiales necesarios y suficiente energía mágica (MP). Efecto de la poción: cura heridas leves, detiene hemorragias menores, acelera ligeramente la recuperación natural. Requisitos por unidad (Nivel 1): * Agua limpia. * Hierbas medicinales básicas (varía según región). * Pequeño catalizador (puede ser polvo de núcleo débil o equivalente). * Costo de energía: 10 MP por poción. Tiempo de creación: 10 minutos de concentración. ──────────────────── Antes de que pudiera alegrarme, el sistema añadió: —\[RECURSO DESBLOQUEADO\]: MP (Magic Points) ahora visible. MP actual del anfitrión: 100000 / 100000. Me quedé inmóvil. —…¿Cien mil? —\[ACLARACIÓN\]: Debido al privilegio sin límite, tu reserva base de energía mágica excede los valores estándar. Advertencia: Mostrar este dato a terceros implica riesgo extremo. Como si el mundo no hubiera cambiado en absoluto, Tovis se sentó cerca para descansar, dejando el bastón a un lado. Aproveché el momento. —Tovis —pregunté, tratando de sonar casual—. ¿Cuánto MP tiene normalmente un mago? Él me miró, curioso. —¿MP? Oh, hablas como los de academias —rió—. La mayoría solo dice “energía mágica” o “aguante para hechizos”. Bueno, depende del nivel. Para que te hagas una idea: Levantó un dedo. —Un mago principiante, recién salido de un pueblo o aprendiz en una ciudad, suele manejar alrededor de 100 MP. Eso les basta para unos cuantos hechizos de nivel bajo al día. Segundo dedo. —Un mago intermedio, que ya pertenece a un gremio o trabaja en ciudades grandes, puede llegar a los 1000 MP. Son los que sostienen combates serios, apoyan grupos, defienden murallas… Tercer dedo. —Los magos de corte, los que trabajan directamente para el palacio real o para grandes nobles, suelen mover cifras alrededor de 10000 MP. Esos son los que, si se enfadan, borran un escuadrón del mapa. Se recostó un poco, mirando al cielo. —Y luego están los monstruos —añadió—. Magos legendarios, archimagos, locos que pactaron con entidades raras… Dicen que algunos de ellos han llegado a 100000 MP o más. Pero esos tipos casi nunca aparecen en pueblos, y si lo hacen, es porque el mundo está por acabarse o por cambiar de dueño. Sonrió, como si fuera solo una leyenda divertida. Yo también sonreí. Por fuera. Por dentro, sentí como si alguien hubiera puesto una etiqueta muy grande en mi frente: “Reserva de energía mágica: nivel monstruo, pero escondido en un niño de 9 años.” —\[NOTA DEL SISTEMA\]: Tu MP actual te coloca, en términos brutos, en el rango de magos legendarios. Sin embargo, tu control, habilidades mágicas y conocimiento práctico son casi inexistentes. Peligro: alto riesgo de desperdicio o uso accidental peligroso si se manipula sin cuidado. Mientras los aventureros terminaban de limpiar la escena y volvíamos a montar el campamento improvisado para comer algo antes de seguir, miré mi mano. Una gota de poción había bastado para que el sistema aprendiera a reproducirla. Un descuido mínimo me había recordado que, por más que intentara meterme en molde de “niño de pueblo”, el privilegio sin límite seguía buscando formas de crecer y adaptarse. Y ahora, además de estadísticas copiadas, memoria perfecta y esgrima básica… Tenía la capacidad de fabricar la misma herramienta que acababa de mantener con vida a un aventurero. Por primera vez, pensé seriamente en algo: No solo podía intentar sobrevivir en este mundo. También podía, si aprendía a manejar ese poder, hacer que otros sobrevivieran conmigo. La cuarta noche llegó con un problema que nadie quería ver. El camino se bifurcaba frente a nosotros: A la derecha, rodear el Bosque de Vaelkis, sumando cuatro días más de viaje. A la izquierda, atravesarlo en línea casi recta… un día y medio si todo salía bien. —La mayoría de las bestias mágicas de ese bosque son nocturnas —explicó Rinna, señalando el mapa—. Si entramos de madrugada y avanzamos con la luz, las probabilidades de encontrarnos algo serio bajan. —Y si algo sale mal, nos agarra la noche en medio del bosque —replicó uno de los comerciantes—. Y ahí sí estamos muertos. Tras una discusión corta pero tensa, decidieron arriesgarse: Entrar al bosque antes del amanecer, avanzar rápido y salir antes de que la oscuridad se tragara el camino. El segundo día dentro del bosque, el problema se presentó sin monstruos. Se presentó como un sonido seco: CRACK. El carruaje se inclinó de golpe hacia un lado. Los caballos relincharon. Los viajeros soltaron maldiciones. —¡Eje roto! —gritó el carretero, mirando debajo—. ¡Maldita raíz! Habían sido precavidos, pero no puedes prever cada rama oculta bajo la tierra. —¿Puedes arreglarlo? —preguntó Gald, serio. —Sí… pero tomará tiempo —respondió el hombre—. Si tenemos suerte, terminamos antes de que caiga la noche. Si no… Todos miraron hacia arriba. El sol ya se inclinaba hacia el horizonte. La luz entre las copas se volvía dorada, luego anaranjada. —Acampar aquí no es opción —dijo Rinna en voz baja—. Este bosque es tranquilo de día, pero de noche… no. —Trabaja rápido —ordenó Gald al carretero—. Nosotros cubrimos el perímetro. Las horas se estiraron. El arreglo del eje tomó más de lo previsto: madera que no encajaba, clavos que se doblaban, sudor nervioso. Para cuando el carruaje estuvo de nuevo en pie, la luz ya se escurría entre los árboles como agua. —No podemos acampar —dijo Gald, con la mandíbula apretada—. Seguimos. Antorchas. Prendieron varias. El resplandor anaranjado rompía la oscuridad, pero también nos volvía visibles a todo lo que habitara entre las sombras. Los sentidos de todos estaban al límite. Rinna caminaba adelantada, ojos clavados en el bosque. Gald iba junto al carruaje, escudo en mano. Tovis murmuraba, con el bastón preparado para conjurar a la mínima. —\[ADVERTENCIA DEL SISTEMA\]: Nivel de riesgo incrementándose. Actividad mágica en el entorno… anormal. —¿Anormal cómo? —pensé. No tuve respuesta. Hasta que lo vimos. Primero fue un brillo azul entre los árboles. Luego, un ruido de ramas apartándose, pesado pero preciso. De la oscuridad emergió una figura que no pertenecía a los cuentos amables. Un ciervo de maná. Era enorme, casi tan alto como el carruaje. Su pelaje blanco azulado parecía hecho de niebla condensada. Los cuernos, ramificados, brillaban con una luz etérea, como si fueran cristal cargado de energía. Sus ojos eran dos esferas puras de maná concentrado, azules como un lago helado. El aire se volvió denso. —…No —susurró Tovis—. No, no, no… Rinna maldijo por lo bajo. —¿Qué hace un ciervo de maná tan cerca del camino? —escupió—. Debería estar en lo profundo del bosque, no aquí. —\[ANÁLISIS DEL SISTEMA\]: Criatura: Ciervo de Maná. Clase: A. Territorio fijo, extremadamente territorial. Afinidad elemental múltiple (normalmente viento y tierra; variantes pueden usar rayo o hielo). Peligrosidad: muy alta. No recomendado enfrentarlo con una sola caravana. Demasiado tarde para recomendaciones. El ciervo bajó ligeramente la cabeza. Los cuernos se cargaron de chispas azules. —¡Todos detrás del carruaje! ¡Ahora! —rugió Gald. El primer ataque llegó como una tormenta en miniatura. Un arco de energía azul salió disparado desde los cuernos, golpeando el suelo frente al carruaje. La explosión lanzó astillas de tierra y piedras en todas direcciones. El carruaje tembló. Un caballo se encabritó, cayó, arrastrando arneses. Los comerciantes gritaron. Alguien cayó de espaldas. —¡Magia de alto nivel! —gritó Tovis—. ¡Eso no es un monstruo normal de bosque! Gald apretó los dientes. —Rinna, mantén distancia y busca un punto ciego. Tovis, cualquier cosa que tengas para frenarlo o distraerlo. ¡El resto, protejan a los civiles! El ciervo bufó, y una onda de presión recorrió el camino, levantando hojas y polvo. Mi padre me empujó hacia debajo del carruaje, casi obligándome a meterme. —Hino, ahí. No salgas. —Pero papá— —No salgas. Su mirada no admitía discusión. Salió con el resto, cuchillo de caza en mano. No era aventurero, pero sabía cómo moverse en un bosque. Y ahora, no había nadie más que pudiera ayudar. El ciervo cargó. Cada paso hacía vibrar el suelo. Cuando embistió, su cuerpo estaba envuelto en un aura azul que arrancaba ramas y rompía rocas. Gald se plantó frente a él. —¡Escudo firme! El impacto fue brutal. El escudo de Gald brilló con el hechizo de refuerzo de Tovis, pero aún así, el aventurero fue empujado varios metros hacia atrás, clavando los talones en la tierra. El carruaje no tuvo tanta suerte. Una de las astas golpeó el costado, destrozando madera, lanzando cajas y mercancía por los aires. Una rueda se partió. El techo se hundió. Un grito cortó el aire. Uno de los comerciantes, que no había alcanzado a alejarse, quedó atrapado bajo los restos. Cuando la luz de las antorchas lo iluminó, ya era evidente que no se levantaría. Sentí náuseas. —\[ADVERTENCIA\]: Alto riesgo de bajas. Las capacidades actuales del anfitrión no son suficientes para intervenir directamente en combate contra objetivo de clase A sin apoyo mayor. Rinna disparaba flechas a toda velocidad, apuntando a ojos, cuello, articulaciones. Algunas impactaban, pero el aura de maná del ciervo las desviaba o debilitaba. Tovis recitaba con urgencia. —¡Látigo de viento! ¡Ráfaga de tierra! ¡Ancla gravitatoria leve! Hechizos golpeaban las patas del ciervo, ralentizándolo apenas. Elemento contra masa bruta y magia superior. —¡Apunten a las patas! —gritó Gald—. Si no lo tumbamos, nos irá arrollando uno a uno. El ciervo levantó la cabeza de nuevo. Esta vez, el aire a su alrededor se congeló un instante. —Rayo —murmuró Tovis, con el rostro blanco. Un segundo después, una descarga de energía cayó desde sus cuernos hacia el grupo. Gald apenas alcanzó a ponerse al frente. —¡Muro de tierra! —clamó Tovis. Un talud se elevó, recibiendo la mayor parte del impacto, pero la onda de choque atravesó la defensa. Dos mercenarios cayeron. Uno se quedó inmóvil. El otro gritaba, con el brazo carbonizado. Mi padre corrió, arrastrando al herido hacia atrás. —¡Poción! ¡Necesitamos una poción! —gritó. Pero las pociones no curaban quemaduras profundas en segundos. Solo podían evitar que la vida se escapara del todo. El mundo se estrechó. Vi al ciervo prepararse para otra embestida, esta vez directo hacia el resto del grupo. Vi a Tovis jadeando, con el maná casi agotado. Vi a Gald sangrando por la frente, respirando con dificultad, pero aún levantando el escudo. —Si sigue así —dijo el sistema, casi frío—, la probabilidad de que toda la caravana sea aniquilada supera el 70%. Quise moverme. Mi cuerpo no respondió. El ciervo cargó una vez más. Esta vez, no solo fue fuerza y rayo. Una ola de viento envolvió su cuerpo, afilando el aire a su alrededor como cuchillas. Gald recibió el golpe de frente. El escudo crujió. El hombre salió volando, chocó contra un árbol y cayó. El ciervo resopló, girando la cabeza para buscar al siguiente objetivo. Fue entonces cuando algo cambió. No afuera. Dentro. Una sensación conocida, similar a cuando había copiado las estadísticas del soldado, se activó. —\[ALERTA DEL SISTEMA\]: Situación límite detectada. El anfitrión ha presenciado múltiples heridas graves, muerte, colapso de defensa principal. Privilegio sin límite: reaccionando. —¿Qué… piensas hacer? —pregunté mentalmente, el corazón golpeando. —\[RESPUESTA\]: Nada sin tu permiso. Pero posibilidades de intervenir han aumentado. Habilidades relacionadas con soporte, curación, mitigación de daño pueden desarrollarse en base a datos recientes (pociones, patrones de daño, flujo de maná del ciervo). Mientras el ciervo bajaba la cabeza para rematar a uno de los mercenarios caídos, mi padre se interpuso, cuchillo en mano. Pequeño, ridículo frente a esa montaña de maná. —¡Papá! —grité, sin pensar. El sonido de mi propia voz me sacudió del suelo. Mis piernas reaccionaron. Salí del escondite del carruaje, contra todas las órdenes, corriendo hacia el caos. No podía competir con el ciervo. No podía pelear. Pero ahora sabía algo que antes no: Tenía 100000 MP y una habilidad recién desbloqueada para replicar curación. Y el sistema, por primera vez, parecía dispuesto a ofrecer algo más que comentarios. —\[PREGUNTA DEL SISTEMA\]: ¿Autorizas el uso del privilegio sin límite para crear una habilidad de soporte adaptada a esta situación? La escena frente a mí ardía en sangre, chispas y miedo. —Sí —respondí, sin dudar. Fue como quitar un sello. Algo se abrió dentro de mí. Una corriente de energía, contenida hasta entonces, empezó a moverse. El ciervo seguía ahí, arrasando. Pero por primera vez, sentí que no estaba obligado a mirar la escena solo como espectador. Que en este mundo, incluso un niño podría empezar a cambiar el resultado de una batalla… Si estaba dispuesto a pagar el precio de usar un poder que ni los dioses, ni la iglesia, ni los nobles querían que existiera fuera de su control. El ciervo bajó la cabeza para embestir a mi padre. Yo corría sin pensar, con las piernas temblando y la garganta seca. —\[CONFIRMACIÓN DE ORDEN\]: Autorización para usar privilegio sin límite recibida. —\[EVOLUCIÓN DE HABILIDAD “COPIAR ESTADÍSTICAS” EN CURSO…\]. Todo pasó en un parpadeo. —\[HABILIDAD ACTUALIZADA\]: Nombre: Copiar Estadísticas Nivel: 2 Rango: S Nuevas funciones: * Copia no solo estadísticas básicas, sino también afinidad mágica y estructura de hechizos memorizados del objetivo. * Permite aplicar una mejora temporal sobre las estadísticas copiadas: “Mejora de Estadísticas”. —\[NUEVA HABILIDAD OBTENIDA\]: Nombre: Mejora de Estadísticas Nivel: 1 Rango: A Descripción: Aumenta temporalmente las estadísticas copiadas por un factor moderado. Puede aplicarse al anfitrión mientras dure el efecto. Un hilo invisible se lanzó desde mí hacia Tovis. —\[COPIANDO PARÁMETROS DEL OBJETIVO: Mago elemental de rango C\]. Afinidades copiadas: fuego, viento. Hechizos básicos disponibles: chispa, proyectil ígneo, ráfaga de viento, bola de fuego (escala media). En mi mente, como si se abriera un libro que nunca había leído, aparecieron fórmulas, patrones de maná, palabras que no eran de ninguna lengua que hubiera estudiado. “Bola de fuego.” Sabía cómo se construía. Sabía cómo se lanzaba. Lo que no sabía era cuánto maná se suponía que debía usar. —\[ADVERTENCIA\]: El hechizo está diseñado para magos con alrededor de 200–500 MP. Tu reserva actual es 100000 MP. Recomendación: limitar salida. No escuché la recomendación. El miedo por mi padre, por la caravana, por la idea de ver morir a todos ahí mismo, cubrió cualquier pensamiento prudente. Levanté la mano. Sentí el maná fluir. No como un riachuelo, sino como si hubiera abierto una compuerta mal calibrada. —¡Oye, niño, qué estás—! —alcanzó a gritar Tovis, pero ya era tarde. Las palabras del hechizo vinieron solas a mi boca. —Bola de fuego. El maná se condensó frente a mi mano. Una esfera de fuego nació, primero del tamaño de una linterna. Luego de un cubo. Luego, casi tan grande como yo. Y siguió creciendo. Los aventureros se quedaron paralizados. El calor los golpeó incluso antes de que la esfera se moviera. El ciervo de maná giró la cabeza, percibiendo la concentración brutal de energía. —\[SALIDA DE MANÁ: excesiva. Poder equivalente a hechizo de alto nivel.\] La esfera se disparó. No fue una bola de fuego normal. Fue un cometa flamígero, alimentado por una reserva que nunca había conocido límites. Impactó al ciervo de lleno. Por un instante, el bosque se convirtió en día. La onda expansiva tiró a la gente, agitó las copas de los árboles, apagó algunas antorchas y encendió otras cosas. El ciervo de maná ni siquiera tuvo tiempo de gritar. Su aura azul se quebró como vidrio. Su cuerpo fue envuelto por las llamas, desintegrándose desde el punto de impacto hacia afuera, carne, hueso y maná derritiéndose en una explosión única. Cuando el fuego se disipó, lo que quedaba de él era poco más que una forma quemada, reventada por dentro, y un olor tan fuerte a carne tostada y ozono que casi vomito. Silencio. Nadie se movió. Los aventureros me miraban como si acabara de caer otro monstruo en medio del camino. Rinna, con el arco aún en la mano, temblaba. Tovis tenía la boca abierta. Gald, apoyado contra un árbol, sangrando, me miraba fijamente. —…Eso fue… —balbuceó Tovis—. Eso fue una bola de fuego, pero… eso no es lo que hace una bola de fuego. Gald soltó una risa seca, casi incrédula. —Un niño de nueve años —dijo, con voz ronca—. Un niño de nueve años acaba de volar a un ciervo de maná de clase A… de un solo golpe. —Tiene… un talento enorme —murmuró Rinna, todavía sin creerlo—. Si lo ven los de un gremio de magos, lo reclutan al instante. Un monstruo en potencia. Mi padre, que seguía con el cuchillo en mano, me miraba con una mezcla imposible de miedo, orgullo y algo más difícil: preocupación por un futuro que acababa de volverse mucho más complicado. Yo, en cambio, sentía otra cosa primero: Cansancio. No físico. Mental. Como si mi cabeza hubiera tratado de pasar demasiada energía por un conducto demasiado estrecho. —\[CONSUMO DE MP\]: 2000 para “Bola de fuego” (versión sobredimensionada). MP restante: 98000 / 100000. Había gastado una cantidad que para un mago normal sería inalcanzable. Para mí… era un arañazo. Pero el sistema no dejó que lo olvidara. —\[ADVERTENCIA\]: Aunque el consumo de MP ha sido bajo en proporción a tu reserva, la fatiga mental por falta de entrenamiento y refinamiento es alta. Riesgo de colapso temporal. Miré alrededor. Los heridos gemían, algunos aún al borde del desmayo. El ciervo estaba muerto, pero el precio no había sido pequeño. Uno de los comerciantes seguía bajo los restos destrozados del carruaje. Otro yacía más allá, donde el rayo y los fragmentos de madera lo habían alcanzado. La sangre goteaba en la tierra. Algo en mi interior se negó a quedarse ahí. Un patrón de hechizo distinto apareció en mi mente, asociado a Tovis pero ampliado por el sistema: Un esquema de curación, no individual, sino extendido. —\[SUGERENCIA\]: Hechizo de soporte disponible: “Curación de Área Media”. Diseñado para tratar heridas moderadas, detener sangrado masivo, estabilizar varios objetivos a la vez. No resucita, no repara daño fatal. Mis manos se levantaron solas. —Hino, espera, no tienes que— —empezó mi padre. —Está bien —lo interrumpí—. Solo… un poco más. El sistema ayudó, ajustando la estructura. Recité las palabras que mi boca no debería conocer, pero que mi mente había copiado: —Curación de área… media. Un círculo tenue de luz verde–azulada se abrió bajo mis pies, expandiéndose hasta abarcar a los heridos cercanos: Gald, los mercenarios quemados, algunos viajeros golpeados por la onda. La luz subió como una niebla suave, penetrando piel, carne, músculos. Las respiraciones agitadas se volvieron más regulares. El sangrado se frenó. Quemaduras se cerraron parcialmente, evitando infecciones inmediatas. No todo. No los muertos. Pero sí suficiente para que los vivos tuvieran otra oportunidad. —\[CONSUMO DE MP\]: 500. MP restante: 97500 / 100000. —\[RESULTADO\]: Varios objetivos estabilizados. Riesgo de muerte inmediata: reducido de “alto” a “bajo”. Tovis miraba la escena con ojos enormes. —Eso es… Eso es magia de curación de nivel medio… lanzada sin círculo, sin catalizador, sin preparación… y en un área amplia… Rinna se volvió hacia mi padre. —Tu hijo no es solo “talentoso” —dijo, en voz baja—. Es algo que solo se ve una vez en muchas generaciones. Si lo pones en manos del palacio… será un mago de corte. Si lo ve la iglesia… —no terminó la frase. Mi padre apretó los puños. —Primero que viva —respondió. Yo intenté sonreír. Pero el mundo empezó a temblar. No afuera. Adentro. Demasiada información, demasiada energía, demasiados hechizos para una mente que, al final del día, pertenecía al cuerpo de un niño. El sistema sonó por última vez antes de que la oscuridad me tragara. —\[EXPERIENCIA ADQUIRIDA\]. Objetivo de clase A derrotado: Ciervo de Maná. Bonificación por participación clave: máxima. Bonificación por uso de hechizo de nivel superior: aplicada. —\[SUBES DE NIVEL\]. NIVEL +35. Nuevo nivel: 40. —\[MEJORA GENERAL\]: Aumento significativo en atributos físicos y mentales. Habilidad “Memoria Fotográfica Perfecta” aumenta a Nivel 6 (Rango A–). Habilidad “Esgrimista” aumenta a Nivel 4 (Rango D). Habilidad “Creación de Poción de Curación Baja” aumenta a Nivel 2 (más eficiencia). Habilidad “Copiar Estadísticas” se estabiliza en Nivel 2 (Rango S, control mejorado). Habilidad “Mejora de Estadísticas” permanece en Nivel 1. —\[ADVERTENCIA FINAL\]: El crecimiento acelerado conlleva riesgo de desbalance entre cuerpo, mente y entorno social. Se recomienda extrema cautela. No alcancé a procesar ninguna de esas líneas. El último que escuché fue el susurro lejano de la voz neutra: —\[Colapso temporal inminente. Iniciando protección mínima\]. Y luego, nada. Me desplomé en el suelo del bosque, rodeado de brasas, restos de carruaje, sangre… Y miradas que nunca volverían a verme como un simple niño de pueblo.
Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela)

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