Leer Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
¿ENTRENAMINETO?
Cuando salimos del templo, mi padre parecía flotar más que caminar.
El sol caía oblicuo sobre Harunose, y el murmullo del pueblo se mezclaba con su risa contenida.
—¿Escuchaste, Hino? —decía una y otra vez—. ¡Rango físico C a tu edad! ¡Talentos de soldado, disciplina, instinto de combate…! —se pasó la mano por el cabello, incrédulo—. Ni yo tenía esos números de joven.
Yo asentía en silencio.
Sabía que nada de eso era realmente mío.
Eran las estadísticas del soldado en la puerta, proyectadas sobre el pergamino.
Pero para mi padre, era como si los dioses hubieran confirmado algo que él ya sentía: que su hijo no era un niño cualquiera.
Cuando llegamos a casa, mi madre estaba esperando en la puerta.
El fuego ya estaba encendido, y el olor a sopa llenaba el interior.
—¿Y? —preguntó, casi sin respirar.
Mi padre infló el pecho.
—Nuestro Hino… —empezó— tiene cuerpo de soldado entrenado. Rango C, a los seis años. Instinto de combate, disciplina, experiencia… el sacerdote dijo que nunca había visto algo así en un niño del pueblo.
Los ojos de mi madre se agrandaron.
—¿Es… bueno?
—¡Es excelente! —respondió Daigo—. Con números así, podría entrar en la milicia del reino sin problemas, o incluso aspirar a ser guardia de ciudad. Si entrena bien… podría llegar lejos.
Por un momento, ambos padres se quedaron en silencio, procesando esa idea.
Un futuro donde Hino no cargara agua toda su vida, ni se doblara sobre los campos hasta romperse la espalda.
Un futuro donde pudiera vestir un uniforme, comer todos los días, recibir paga fija.
En este mundo, eso ya era un sueño alto.
Pero mi madre fue la primera en aterrizar.
—Daigo… —dijo despacio—. Si el templo manda esos datos a la ciudad… ¿no podrían venir a reclutarlo cuando haya guerra?
La palabra quedó flotando en la habitación.
Guerra.
Se hablaba de ella en susurros desde hacía meses.
Viajeros de paso, aventureros en la taberna, comerciantes apurados: todos traían rumores del Reino de Asterion moviendo tropas, fortaleciendo fronteras, mirando hacia el norte con demasiada atención.
—Dicen que hay fricciones con los demonios otra vez —continuó mi madre—. Que la iglesia está hablando mucho de “purificar las tierras” y “defender la fe”. Si empiezan levas…
Mi padre apretó los dientes.
Su entusiasmo se quebró un poco.
—No reclutan niños de seis años —intentó tranquilizarla—. A lo mucho, nos mandarán avisos cuando sea mayor.
—¿Y crees que no se acordarán de un niño que a los seis ya tiene rango C? —replicó ella—. Daigo, sabes que en la capital lo apuntan todo. Nombres, rangos, talentos… si hace falta gente para el frente, mirarán esas listas.
Tenía razón.
El sistema en mi cabeza lo sabía mejor que nadie.
—\[CONFIRMACIÓN\] —susurró la voz—. Registro en templo local se integra a registros de parroquia. Con el tiempo, parroquias informan a autoridades centrales. El riesgo de reclutamiento aumenta con el rango y la rareza de talentos.
Mi padre se dejó caer en el banco junto al fuego.
—Yo solo… —dijo— quería estar orgulloso de mi hijo.
Mi madre suspiró.
—Y puedes estarlo.
—Se arrodilló frente a mí, poniéndome las manos en los hombros—. Hino, cariño, eso que salió en el pergamino significa que tienes un futuro que nosotros no tuvimos. No quiero negártelo. Solo… —tragó saliva— no quiero perderte en una guerra que ni siquiera es nuestra.
Me miraba como si pudiera tomar una decisión adulta ahí mismo.
Yo apenas alcanzaba la mesa con la barbilla.
Mi padre se frotó la cara, pensativo.
—Tal vez… —dijo de pronto— podemos usar esto a nuestro favor sin empujarlo a la guerra.
Mi madre lo miró, desconfiada.
—¿Cómo?
—Si el niño tiene potencial físico —explicó—, los de la guardia de la ciudad o los aventureros podrían entrenarlo un poco. Solo técnicas básicas de esgrima, postura, defensa. No para lanzarlo a un frente, sino para que, cuando crezca, tenga más opciones que el campo.
Pensaba en voz alta, hilando posibilidades.
—Y… —añadió— si además resulta que tiene talento para la magia, entonces la cosa cambia por completo.
Mi madre frunció el ceño.
—La magia… el pergamino no la midió.
—El pergamino del templo casi no mide magia —dijo Daigo—. Solo detecta lo más obvio. Los verdaderos magos se descubren con otros métodos, en ciudades grandes, con cristales, círculos y pruebas especiales.
Sabes que hay pocos magos de guerra.
Los pocos que existen trabajan para el palacio real o para ciudades importantes, no para aldeas como la nuestra.
La voz del sistema confirmó, implacable:
—\[INFORMACIÓN GENERAL\]: Usuarios de magia de combate de alto nivel son raros. La mayoría son reclutados temprano por gremios de magos o por el palacio. Iglesia prioriza soldados y templarios; busca menos magos porque los magos poderosos responden a sus propias organizaciones.
—Si Hino tuviera talento para la magia de verdad —continuó mi padre—, no tendríamos que preocuparnos por verlo en la primera línea de batalla con una lanza. Estaría en otra clase de vida. Difícil, pero… más segura.
Trabajo en las ciudades, quizás en la capital. Biblioteca, torres, palacios…
Mi madre dudó.
La idea de ver a su hijo lejos no la tranquilizaba, pero tampoco podía negar que sonaba mejor que verlo marchar en fila hacia un frente desconocido.
—¿Y cómo sabremos si lo tiene? —preguntó—. El templo no puede medirlo. Aquí no hay cristales, ni círculos, ni gremios de magos.
Daigo miró hacia la ventana, pensativo.
—Conozco a algunos —dijo al fin—.
Cuando era más joven, acompañé a cazadores y aventureros a una ciudad mediana. Uno de ellos era espadachín retirado; otro trabajó con un mago de apoyo.
Puedo preguntar, enviar una carta con algún viajero. Ver si podemos traer a alguien o al menos aprender una forma sencilla de probar afinidad mágica.
Se volvió hacia mí, esforzándose por sonreír.
—Hino, ¿te gustaría aprender a usar una espada? Nada peligroso. Solo entrenamiento básico. Para defenderte. Para que tu cuerpo vaya a la par de esos números tan altos.
Pensé en mi vida anterior.
En gimnasios que nunca pisé, en trabajos sedentarios, en la sensación de estar atrapado en un cuerpo que solo servía para sentarse frente a una pantalla.
Pensé en esta vida.
En un mundo donde no entrenar significaba morir, tarde o temprano.
—\[RECOMENDACIÓN\] —dijo el sistema—: Entrenamiento físico temprano aumentará la compatibilidad entre tus estadísticas visibles y las reales. Reducirá sospechas futuras. Desarrollar habilidades marciales básicas es coherente con el resultado del pergamino.
—Quiero aprender —respondí, sincero—. No para ir a la guerra. Para proteger… lo que tengo aquí.
Mis padres se miraron.
La seriedad en mi voz, impropia de un niño de seis años, siempre los dejaba un poco descolocados.
—Además —añadió mi padre—, si mostramos que nos preocupa más el entrenamiento local y la vida del pueblo, quizá cuando venga alguien a preguntar por ti, no nos vean desesperados por venderte al reino.
Mi madre asintió, aunque con los labios apretados.
—Está bien —dijo—. Pero lo hacemos a nuestra manera. Aquí. Con gente en la que confiemos.
Nada de firmar papeles que no entendemos.
Nada de “entregue a su hijo por el honor del reino”.
El fuego crepitó entre nosotros.
Afuera, el pueblo seguía con su vida: voces, risas, herramientas, pasos.
—Y lo de la magia… —añadió Haruka—. Si llegamos a descubrir que tiene talento real, de esos de ciudad… entonces hablaremos con él cuando sea mayor. Que decida si quiere ir a buscar una vida mejor a la capital, o quedarse aquí.
No podían imaginar que, en realidad, no se trataba de “tener o no tener talento”.
Se trataba de cuánto tiempo podría seguir ocultando las grietas de un poder que ni el sistema entendía del todo.
Pero en ese momento, ver a mis padres preocuparse por no perderme y, al mismo tiempo, alegrarse por las puertas que se habían abierto, me hizo sentir algo que en mi vida anterior casi nunca había tenido:
Un futuro que, bueno o malo, no tenía que enfrentar completamente solo.
Tres años pasan rápido cuando cada día está lleno de trabajo.
En Harunose, el mundo seguía girando: cosechas, lluvias, inviernos duros.
Las noticias de guerra seguían siendo solo rumores lejanos, susurros traídos por viajeros y aventureros, como nubes en el horizonte que todavía no descargan la tormenta.
Para mí, esos años tuvieron dos ejes:
* Espada de madera en mano.
* Y cartas que viajaban más lejos de lo que yo podía imaginar.

Continúa leyendo
Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela)
Capítulo 6
Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) Capítulo 5
Estás leyendo el capítulo 5 de Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela), un novela. PRIVILEGIO SIN LÍMITE Murió salvando a un desconocido. Nadie fue a verlo al hospital. Su jefe lo despidió por mensaje. Cuando volvió a casa, alguien ya se había llevado sus cosas. Así terminó su vida: sin testigos, sin… Este capítulo tiene publicado el 18 de febrero de 2026. Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) tiene 26 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.