Leer Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) Capítulo 13 online gratis en español
La carreta tembló al pasar el último bache del camino.
—Ay, mis riñones… —se quejó Haruka, la madre de Hino, llevándose la mano a la espalda—.
Tu padre dijo “seguro que llegan rápido”… rápido mis botas.
Frente a ella, sus dos hijas peleaban por ver por la misma ventana diminuta.
—¡Mira, me estás tapando! —protestó Lila, empujando con el hombro.
—Es que si no me apuro, solo voy a ver polvo —replicó Mira—.
Si Hino-nii ahora vive en un castillo, quiero ser la primera en verlo.
En un rincón, medio enterrada entre sacos y baúles, Akari intentaba hacerse una bola invisible.
La carreta se detuvo por fin.
El cochero dio unos golpecitos en la madera.
—¡Hemos llegado al ducado de Valdester!
Haruka se acomodó el cabello, respiró hondo y bajó la primera.
Y entonces lo vio.
Muros altos, ventanales enormes, un jardín perfectamente cuidado con flores de colores, fuentes, estatuas.
Nada que ver con las casitas de madera del pueblo; era como entrar en otro mundo… dentro del otro mundo.
Lila se asomó detrás de ella.
—Mamá… —susurró—.
Creo que nos equivocamos de estrato social.
Mira asintió muy seria.
—Yo solo espero que mirar no cueste dinero.
Haruka todavía intentaba procesar la escena cuando una vocecita tímida sonó detrás de los baúles.
—Ejem… hola.
Las tres se giraron al mismo tiempo.
De entre los sacos salió Akari, con la ropa arrugada y una ramita enredada en el cabello.
Haruka la reconoció de inmediato.
—Akari —dijo, con una calma que daba más miedo que si hubiera gritado—.
¿Se puede saber qué haces tú aquí?
Lila levantó la mano, encantada con el drama.
—¡Yo sé, yo sé! —dijo—.
¡Se coló!
Mira se tapó la boca, aguantando la risa.
Akari levantó las manos en señal de rendición.
—Puedo explicarlo… —empezó—.
Cuando estaban cargando el equipaje, yo… me senté un ratito entre los sacos para no estorbar…
Y luego el carruaje arrancó…
Y luego… pues ya era muy tarde para bajarme sin morir aplastada.
Haruka la miró de arriba abajo.
—O sea —resumió—, te colaste en el equipaje como si fueras una papa extra.
—Una papa de alta calidad —murmuró Akari.
En ese momento, un mayordomo impecable se acercó.
Traje perfecto, guantes blancos, postura recta, sonrisa entrenada de “nada me sorprende, pero todo me complace”.
—Bienvenidas al ducado de Valdester —dijo, haciendo una reverencia—.
Usted debe de ser la señora Haruka, y estas son las señoritas Lila, Mira y… —miró a Akari, que aún llevaba la ramita en el pelo— …la señorita Akari, amiga cercana del joven Hino.
Akari parpadeó.
—¿Señorita… yo? —susurró—.
Esto ya vale la pena.
Haruka carraspeó.
—Sí, soy Haruka —confirmó—.
Ellas son mis hijas…
Y ella —señaló a Akari— es mi tercera hija no oficial y principal fuente de dolores de cabeza.
Lila se inclinó hacia Mira.
—Eso significa que es de la familia —dijo—.
Cuando Hino-nii se meta en líos, podemos culparla a ella.
—Sabia estrategia —aprobó Mira.
El mayordomo continuó, imperturbable:
—El duque Loramir ha ordenado que la familia del joven Hino reciba las máximas atenciones —explicó—.
Deben considerarse invitadas de honor en esta casa.
Haruka alzó una ceja.
—¿Atenciones como…? —preguntó—.
¿Como “les damos agua” o como “que no toquen nada y se sienten en un rincón”?
El mayordomo sonrió.
—Como “todo lo que el ducado pueda ofrecer sin iniciar una guerra diplomática por exceso de hospitalidad” —respondió.
Lila y Mira se miraron, y sus ojos brillaron al mismo tiempo.
—Eso suena a comida rica —dijo Lila.
—Y a camas blanditas —añadió Mira.
Haruka, sin embargo, no había olvidado lo importante.
—Está muy bonito todo —dijo—, pero quiero saber algo antes de que me mareen con tanta cortesía:
¿dónde están mi esposo y mi hijo?
El mayordomo mantuvo la sonrisa.
—Su esposo se encuentra hospedado en habitaciones de invitados, siendo atendido por el personal del duque —respondió—.
Y el joven Hino… se ha ganado ya la reputación de héroe del ducado.
Actualmente está ocupado en asuntos de gran importancia junto al señor duque.
Haruka entrecerró los ojos.
—Ajá —dijo—.
Traducción: no sé exactamente dónde está, pero suena muy bien si digo “asuntos importantes”.
Akari se cruzó de brazos, inflando el pecho.
—¡Hino sí puede ser héroe! —protestó—.
Es torpe, sí, y se distrae mucho, y se olvida de comer… pero cuando se toma algo en serio… da miedo.
—Lo sé —respondió Haruka—.
Por eso me preocupa más.
Lila levantó la mano.
—Pregunta —dijo—.
Si Hino-nii es héroe aquí, ¿eso me convierte a mí en “hermanita de héroe”?
Porque en el pueblo eso da muchos puntos.
Mira asintió.
—Y a mí en “segunda hermanita de héroe” —añadió—.
Sigue sonando bien.
Haruka suspiró.
—Vamos a entrar antes de que se me olvide por qué vine —dijo.
El mayordomo hizo un gesto, y un grupo de doncellas se acercó.
—Por aquí, por favor —dijo una de ellas—.
Les mostraremos sus aposentos.
—
El interior del ducado era aún más impresionante.
Pasillos amplios, suelos brillantes, candelabros enormes, tapices con escenas de batallas antiguas, ventanas altas por donde entraba la luz.
Lila estiraba el cuello para verlo todo.
—Si corro muy rápido, ¿me pierdo? —preguntó, con demasiada ilusión.
Mira la agarró del brazo.
—Si te pierdes, Hino-nii va a tener que venir a rescatarte en medio de sus “asuntos importantes” —dijo—.
Y no quiero que me echen la culpa a mí.
Akari caminaba un poco atrás, intentando parecer más elegante de lo que sus pies campesinos le permitían.
—Si piso algo caro, ¿se rompe? —susurró.
Haruka la miró de reojo.
—Si rompes algo caro, trabajaremos aquí veinte años solo para pagar el jarrón —contestó.
Llegaron a una puerta doble.
Las doncellas la abrieron.
Dentro, una habitación amplia, con dos grandes camas, una cama algo más pequeña, alfombras suaves, una mesa con frutas, pan, quesos y una tetera humeante, además de toallas y jarras de agua limpia.
Lila dio un paso adentro, mirando todo como si hubieran abierto un cofre del tesoro.
—Mira… —susurró—.
Creo que esto es más caro que toda nuestra casa junta.
Mira hundió la cara en la cama más cercana.
—Es… —murmuró, con la voz ahogada en la almohada— increíble.
Akari se acercó a la mesa y tocó una manzana brillante.
—¿Seguro que esto es gratis? —preguntó—.
No quiero que luego nos llegue la cuenta.
Haruka miró a la doncella más cercana.
—Disculpa —dijo—.
¿Seguro que no se han equivocado de personas?
Somos solo la familia de un cazador… bueno, ex–cazador…
Y una amiga que se coló como equipaje.
La doncella sonrió.
—El duque fue muy claro —respondió—: “Atenderán a la familia y allegados de Hino como si fueran de la casa”.
Y nosotras obedecemos.
Haruka frunció el ceño, pero esta vez no pudo evitar mirar de reojo el pan recién horneado.
Su estómago rugió, traicionero.
Lila se señaló a sí misma.
—Yo puedo ayudar a que nada se desperdicie —dijo.
—Yo también —añadió Mira.
Akari levantó la mano.
—Yo también, pero con moderación responsable —dijo, mientras ya tenía un pedazo de pan en la boca.
Las doncellas rieron para sus adentros.
—
Un rato después, cuando ya se habían instalado un poco, llegó otra bandeja.
Esta vez, de postres.
Pequeños pastelitos, tartas, frutas con miel, galletas con glaseado brillante.
Los ojos de Lila se iluminaron.
—Mamá… —dijo—.
Creo que he encontrado mi nueva religión.
Mira tomó una cucharita, muy seria.
—Voy a investigar con rigor —anunció—.
Por el bien de la ciencia.
Akari miraba todo como si viera maná cristalizado.
—Solo tomaré uno… para no abusar —dijo.
Luego cogió otro.
Y otro.
Las doncellas, ya más confiadas, empezaron a conversar.
—El joven Hino es muy apreciado aquí —comentó una, mientras dejaba la bandeja—.
Salvó a la señorita Aradia de un ataque de bandidos, ¿sabían?
Haruka se detuvo a mitad de bocado.
—¿Perdón? —preguntó—.
¿Bandidos?
¿En qué momento pasamos de “salir a trabajar” a “salvar nobles de la muerte”?
Lila abrió mucho los ojos.
—¡Hino-nii peleó con bandidos! —dijo—.
¿Por qué nunca hace cosas así cuando estoy yo?
Mira apoyó el mentón en la mano.
—Porque cuando estás tú, lo más peligroso que pasa es que se quema el guiso —dijo.
Akari apretó el tenedor.
—Sabía que se estaba metiendo en problemas —susurró—.
Se le nota en la cara cuando algo va a salir mal… o muy bien… o las dos cosas a la vez.
Otra doncella, la más chismosa, se inclinó un poco.
—Y dicen que la señorita Aradia le tiene mucho aprecio —añadió en voz baja—.
Habla de él muy seguido.
Algunas dicen que… bueno…
Se interrumpió, saboreando el drama.
—¿Que qué? —preguntó Lila, acercándose.
—Que tal vez, algún día, haya algo más que “aprecio” —terminó la doncella—.
Ya saben… héroe humilde, hija del duque…
Las cocinas aman esas historias.
Akari se atragantó con el bocado.
—¿¡Qué!? —tosió—.
¿“Algo más”?
¿En qué momento se saltaron todos los pasos?
Mira la miró de lado.
—“Curiosidad académica”, ¿no? —comentó.
Haruka se pasó la mano por la cara.
—Un momento —dijo—.
¿Están insinuando que mi hijo podría… casarse con la hija del duque?
—Solo son rumores —se apuró a decir la doncella—.
Pero son rumores muy entretenidos.
Lila levantó la mano, muy seria.
—Si Hino-nii se casa con una noble —dijo—, ¿eso significa que yo tendré permiso oficial para presumir en todas partes?
—Y yo —añadió Mira—, ¿podré pedirle a la duquesa recetas de postres?
Akari se hundió en la silla, roja hasta las orejas.
—Ni siquiera sabe peinarse bien —murmuró—.
¿Cómo va a…?
Aradia-sama…
Mi cabeza duele.
Las doncellas rieron.
La más veterana del grupo dejó la tetera en la mesa y comentó:
—A los héroes siempre les pasan demasiadas cosas antes de que llegue la palabra “boda” —dijo—.
Tienen tiempo de sobra para confundirse, meter la pata y darles trabajo a las cocinas.
Haruka se recargó en el respaldo de la silla, mirando el techo.
—Vine a asegurarme de que mi hijo estuviera bien —suspiró—.
Y ahora resulta que es héroe, se mete con bandidos, vive en un castillo y quizá tenga… ¿una noble interesada?
Lila, con la boca llena de pastel:
—Mamá, Hino-nii siempre fue raro.
Mira asintió.
—Solo era cuestión de tiempo que el mundo se diera cuenta.
Akari miró su plato, luego la ventana.
“Solo espero que esté vivo para escuchar todos estos chismes… y para que yo pueda regañarlo en persona”, pensó.
Entre bocado y bocado, cada vez que Haruka preguntaba:
—¿Y dónde está AHORA mismo Hino?
Las respuestas seguían siendo igual de vagas.
—En audiencia.
—En asuntos importantes.
—Con el duque.
—Demostrando su valor.
Hasta que ella, al final, resumió:
—O sea: nadie sabe exactamente dónde está, pero todos están encantados de decir “héroe”.
Las doncellas prefirieron no comentar.
—
Muy lejos de esa habitación llena de postres y chismes, en otro carruaje rumbo a la capital, Hino se balanceaba al ritmo del camino.
Recordaba las palabras del duque Loramir:
“Mientras tú me acompañas a la capital, tu familia recibirá en mi casa todo lo mejor. Comida, alojamiento, seguridad. Serán tratadas como lo que son: la familia del héroe que salvó a mi hija.”
Hino había sonreído, pero con esa sonrisa torcida que no llega a los ojos.
“Mi madre se va a abrumar con tanta atención… Lila se va a emocionar demasiado… Mira va a analizarlo todo en silencio… y Akari… Akari seguro encuentra la forma de meterse donde no la invitaron”, pensó entonces.
En el presente, mirando el interior del carruaje, dejó escapar un suspiro.
—Ojalá al menos estén tranquilas… —murmuró.
Sin saber que, en ese mismo momento, Haruka escuchaba rumores de boda, Lila y Mira peleaban el último pastel, Akari se ahogaba en celos que no quería admitir,
y las cocinas del ducado ya tenían a Hino apuntado en su lista secreta de “protagonistas de novelas románticas inventadas por sirvientas”.

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Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela)
Capítulo 14
Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) Capítulo 13
Estás leyendo el capítulo 13 de Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela), un novela. PRIVILEGIO SIN LÍMITE Murió salvando a un desconocido. Nadie fue a verlo al hospital. Su jefe lo despidió por mensaje. Cuando volvió a casa, alguien ya se había llevado sus cosas. Así terminó su vida: sin testigos, sin… Este capítulo tiene publicado el 28 de febrero de 2026. Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) tiene 26 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.