arrow_back

Leer ¡Pick Me Up! Gacha Infinito (Novela) Capítulo 377 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Más Allá del Vacío (4) * * * El Niflheim de Loki comenzó a ganar fama poco a poco. Incluso en innumerables batallas PvP, seguía siendo imbatible. Continuaba superando consecutivamente etapas de altísima dificultad. Y en el centro de ese fervor se encontraba el Grupo 1. Ya no importaba que el muchacho estuviera ausente. Al principio, ellos funcionaban de manera torpe, pero ahora el grupo marcha bien sin que el muchacho tenga que mediar. Su labor había concluido. Si aún quedaba algo por hacer, era tan solo una cosa: la conquista del piso 80. Se trataba del peldaño necesario para convertirse en un verdadero ranker mundial. Muchos de los jugadores de alto rango que precedieron a Loki se frustraron y eliminaron sus cuentas o abandonaron el juego. “Ya veo.” Incluso Loki, en sus intentos por conquistar el piso 80, ya había perdido una considerable cantidad de recursos. Que el Grupo 1 saliera ileso fue, en sí mismo, un milagro. El tramo del piso 80: una vez superado, el muchacho no tendría nada más que hacer por el Grupo 1. Él liberó el Karma al máximo. Karma. A diferencia de la magia que se acumula de forma natural, este poder no se incrementa sin consumir tiempo. Es decir, siempre y cuando se pueda invertir tiempo, se puede acumular infinitamente. Por ello, el muchacho lo hizo. En el piso 80, liberó por completo el Karma que había acumulado durante eones. Luego, lo volvió a reconstruir hasta justo antes del piso 81. En el piso 81, gastó nuevamente el Karma acumulado durante cientos de millones de años, para después volver a reconstruirlo. Hasta ese momento se había administrado el Karma con cuidado, pero a partir de aquí eso ya no era posible. Llegaron al piso 85. El muchacho ideó una forma de evitar sacrificar a nadie. Consistía en repetir en el mismo escenario el proceso de cargar y liberar el poder. No era necesario permanecer en Ruanan de manera continua: bastaba con dedicar unos minutos de concentración mental para invocar esa dimensión en su mente. Así, tras liberar todo el Karma en el escenario, se tomaba un tiempo —con la ayuda de sus compañeros— para invocar el mundo mental, y en ese estado detenido, volvía a acumular el Karma. “¡Muden!” Alguien exclamó. “¡Esto no es correcto! ¡Nadie quiere una estrategia de este tipo!” “¿Acaso ese poder, el Karma, no se consigue tras miles de años de entrenamiento? ¿Propones repetirlo indefinidamente durante la misión?” “¡Incluso tú acabarías hecho pedazos!” ¿Qué desconocen, entonces? El muchacho sonrió. “Miren, les digo: no tengo corazón. No soy como ustedes, humanos.” “Está bien.” El muchacho declaró: “Si sentimos lástima, no podemos permitirnos desperdiciarla.” Durante la conquista del piso 80, fue casi pura fortuna que todo el Grupo 1 saliese con vida. Pero de ahora en adelante no se podrá depender del azar. “Es un método aprobado por el Maestro.” “Si lo explicamos bien, se cancelará; porque obligar a uno solo a cargar esa pesada carga… “Ya basta.” “Ustedes no entienden nada. No me conocen a mí.” Con cierta renuencia, el muchacho procedió con la estrategia. ‘No importa.’ Liberó sin reservas el Karma que había acumulado durante cientos de millones de años. En el instante en que aquella supernova explotó, ningún miembro del Grupo 1 pudo seguirle el ritmo. Luego, volvió a acumularla. Invocar el mundo mental le tomaba apenas treinta minutos. Llamaba a una dimensión en la que el tiempo se detenía, y en ese eterno lapso volvía a cargar el Karma. Tras despertar, repetía la liberación. Al cabo de diecisiete ciclos, Niflheim logró superar el piso 85 con el mínimo sacrificio. ‘No importa.’ Al muchacho no le importaba, pues carecía de corazón. Todo estaba bien. Lo que es imposible para un humano es posible para un monstruo. Piso 86. Piso 87. Piso 88. Esa fue, sin duda, la época de mayor esplendor del muchacho. Brillaba más que nadie. Pero la luz de la supernova se extingue en un abrir y cerrar de ojos. Crack. El muchacho escuchó un sonido. Era el estruendo de algo profundo que se rompía y agrietaba. ‘¿Será que ya es el final?’ A un ánfora agrietada, por más que se le echara agua, ésta no se llenaba. El muchacho se fue debilitando con el paso del tiempo. Una vez rota, una presa no se detiene, y comenzó a devorar hasta su propia alma. Entonces, el muchacho tuvo una corazonada: sabía que pronto él mismo se desvanecería. ‘No importa.’ Al muchacho no le importaba, pues carecía de corazón. Lo mínimo ya estaba cumplido. Solo quedaba esperar el final. Poco después, Loki desapareció en Niflheim. Y poco tiempo después, la Submaestra Siris también abandonó su puesto, desatándose el caos en Niflheim. ‘……’ En ese momento, el muchacho no pudo hacer nada. Estaba demasiado débil. El tiempo siguió pasando. ‘Dicen que el Maestro cayó en Mobius.’ Una noticia casi increíble. Pero era algo que se podía dejar pasar, pues, de cualquier modo, el muchacho era ya un cadáver a la espera del olvido. Entonces sucedió: “¡Muden, el Maestro tiene un pedido!” “¿Qué es?” “El Maestro desea acoger a un discípulo.” “¿Un discípulo? ¿De qué clase de discípulo hablas?” “No es del Niflheim. Proviene de Taonier.” Cuando Yurnet, quien incluso había llegado a Ruanan, anunció esto, el muchacho frunció el ceño. “¿Un discípulo? En todo caso, va a morir.” “Pero el Maestro dijo que no importaba.” “¿Que puedo matarlo y no pasa nada?” “Sí.” Debía rechazarlo. El muchacho razonó: Nadie que haya aprendido el Karma ha sobrevivido a ello. ‘……’ ¿Era solo capricho? El muchacho no lo sabía con certeza. “Haz lo que quieras.” “Sí. Entonces, traeremos pronto a esa persona. Ah, y además, hay otro.” “Ya, venga, lo que venga.” “Cuento con ustedes.” Por alguna razón inexplicable, a pesar de saber que moriría y desaparecería, ‘¿Será apego?’ El muchacho no lo supo, solo pudo especular. ‘Si a los tontos se les dice “lárgate”, que se larguen.’ Pronto, dos personas aparecieron en Ruanan. Uno era del Niflheim. El otro, de Taonier. “Te devolveré el favor; hazme fuerte,” dijo el héroe del Niflheim. ‘Qué tontería.’ Bastaba con darle unos buenos golpes para que recobrara la razón. El otro, encargado por el Maestro, parecía claramente torpe. Bastaría con intimidarlo para echarlo. El muchacho reprendió al joven con firmeza: “Yo no lo creo.” El joven replicó: “El esfuerzo de un torpe también tiene su valor.” ¡Qué absurdo! El muchacho no pudo evitar reírse. Incluso sin conocer el mundo, parecían tan ignorantes. ‘Ah, claro.’ Las cosas relacionadas con ser discípulo ya no tenían sentido. Decidió deshacerse de ellos con palabras al azar. ‘Aaron Delcut de Taonier.’ Un nombre de tonto. ‘No es tan aburrido.’ Observar a ese tonto le resultaba bastante entretenido al muchacho. Aquí no había mucho más que hacer. Su mirada se posó naturalmente en él. ‘¿No es que carece de talento, más que yo?’ Se movió la cabeza de lado a lado. El talento de Aaron era, a simple vista, espantoso. Había visto a mucha gente, pero aquello era poco común. Normalmente, quien quiere ser fuerte posee un talento moderado, pero en el caso de Aaron, era realmente grave. ‘¿Qué demonios está haciendo?’ Se limitaba a copiar y memorizar a lo bestia libros de teoría marcial, tan solo decorativos. Era el típico caso del ‘trabajador incansable’ que, a pesar de su esfuerzo, nunca mejora. ‘Increíble.’ El resto del tiempo lo dedicaba a entrenar, estocando su lanza contra un espantapájaros sin ningún método, sin pereza, golpeando y blandiendo la lanza de forma rudimentaria. “¿Puedo pedirte que me enseñes?” Pero, al no obtener resultados, esta vez pidió ayuda a un compañero cercano. ‘……’ No era de los que se daban por vencidos. No se permitía holgazanear, se entregaba con esmero a cada tarea que se le asignaba, haciendo lo mejor posible. En términos positivos, era diligente; en otros, poco ingenioso. No tenía capacidad para aplicar lo aprendido: si conocía una cosa, no sabía cómo aplicar otra, y si no sabía una cosa, tampoco entendía lo siguiente. ‘Esos tipos…’ El muchacho sonrió. Había oído que eran ex comerciantes, y que habían tenido mucha suerte. Quizá, de haber ido más lejos, habrían sido estafados, perdido sus ganancias y terminado en la calle. ‘Creen en las personas demasiado fácilmente.’ ¡Qué tontos! ‘Y no rompen sus promesas.’ Había visto a tantos incautos en el mundo. ‘Siempre hacen lo mejor posible.’ Sí, sí. Esa era su clase. Su esfuerzo y diligencia generalmente no son reconocidos. Acaban siendo explotados por estafadores y luego desechados. Creen firmemente en lo que hacen y actúan según su conciencia, pero sus buenas acciones y esfuerzos son olvidados o ignorados. A veces, para proteger su vida, hay que aplastar y destruir a los demás, pero ese tipo carecía de la determinación y el ímpetu para hacerlo. Simplemente se lamentaba de su propia insuficiencia. ‘Con ese aspecto, es casi un cliché.’ Esa faceta parecía haber complacido al Maestro. Era, en estos tiempos, un ser tan único como un monumento natural. ‘¿Acaso este mundo... está mal?’ Le vino a la mente la voz de su madre: Cuando el muchacho era niño, su madre lo sentaba en su regazo y le decía: “A los buenos les espera el cielo, a los malos el infierno. La Diosa cuida a todos y, sin falta, reconoce a quienes viven correctamente.” ‘Eso es mentira.’ Ser simplemente bueno te hace vulnerable: serás explotado, arrastrado y al final no te quedará nada. Nadie te garantiza que, viviendo bien toda tu vida, te recompensarán. Así era el mundo. No hay que lamentarse ni estallar en ira. Ese hombre terminará igual. Al final de la vida, se dará cuenta de sus errores. Y aun así... “¡Haap!” Aaron blandía su lanza con diligencia. El sudor caía como lluvia y sus piernas temblaban, pero no se detenía. Miraba al frente como si se hubiera jurado jamás rendirse. “…….” El final ya se vislumbraba para el muchacho. Muchos héroes habían terminado así. El final de convertirse en un espectro atravesado por la lanza del muchacho. En ese momento, ¿se arrepentiría aquel joven? ¿Se lamentaría por su vida y su estupidez? Qué curioso. “……?” El muchacho lo repitió para sí mismo, varias veces. ¿Curioso? ¿Que se pregunte si aquel tipo vivirá o morirá? “Qué absurdo.” No era cuestión de emociones. Esa idea era solo una pequeña curiosidad, una simple duda. Aun así, ciertamente… “Ah…” El muchacho suspiró. Luego, bajó lentamente la colina. Allí, como siempre, Aaron blandía su lanza sin cesar. ‘Te dije que primero debías comprender tu propio corazón.’ Si careces de talento, blandir una lanza no tiene sentido. Y, sin embargo, él lo hacía. No hay tonto más grande. ‘Te dije que primero debías entender tu propio corazón.’ ¿Por qué quieres ser fuerte? Eh… ¿Por qué es tan necesario volverse fuerte? Debes comprenderlo bien para siquiera estar en la línea de salida. Pero, ¿por qué sigues esforzándote sin fin? ‘¿Por qué actúas así?’ Como un tonto. Mira bien a tus compañeros. Ellos resuelven las cosas sin problemas. El muchacho, impulsivamente, se puso en marcha. No tenía intención de retenerlos a todos desde el inicio; planeaba despedirlos cuando fuera el momento adecuado. ‘Hmm.’ Podrían dejarse solos, pero, a pesar de ello, la lealtad con el Maestro debía mantenerse. Sin embargo, ¿por qué intervenir? ‘¿Será por frustración?’ Para el muchacho, que había criado a tantos discípulos, era obvio: el destino de Aaron era ver cómo se desmoronaba ante el muro de la realidad. ‘Pero, ¿entonces, mi intervención significa…’ ¿Será que intento evitar ese final? El muchacho no podía sentir sus propias emociones. A veces, debía analizar esos impulsos para llegar a una conclusión. “No lo sé.” Se rascó la nuca. “Ah, no sé.” Ver eso es una pérdida de tiempo. Aunque uno deshaga lo que no sirve, intervenir a veces es aceptable. El muchacho interrumpió a Aaron, que seguía inmerso en sus tonterías. “…….” Si se sigue hasta el final, el final ya está escrito. Por ello, hay que saber detenerse en el momento justo. Pasó el tiempo nuevamente. Mientras sus compañeros cambiaban día a día, Aaron no mostraba la menor mejoría. Aunque practicaba con su lanza, su técnica permanecía inalterable. Ni siquiera lograba comprender sus propios traumas. ‘Es realmente serio.’ Durante 60 años, mientras un compañero de carácter violento se volvía más apacible y comprendía los fundamentos para pasar al siguiente nivel, Aaron no logró nada. ‘Ya lo saben.’ Ahora, por mucho que practique, no mejora. Aun así, Aaron entrenó sin cesar. Ni un solo día soltó su lanza. Rechazó las invitaciones de sus compañeros para salir, y, a pesar de sus constantes frustraciones y arrepentimientos, no se rindió. El esfuerzo de Aaron llegó a ser una obsesión, rozando la locura. El muchacho ya había visto ese estado en varias ocasiones. ‘Es la enfermedad del corazón.’ Aquellos que, aunque quieren detenerse, no pueden, acaban muriendo. Incluso si los expulsas a la fuerza, no es diferente. Vagando afuera, su corazón se marchitará primero. ‘…….’ Lo único que el muchacho podía hacer por ellos era poner fin a su sufrimiento, acabar con sus vidas para que ya no padecieran. Cuando cerraba los ojos, aún se oía aquella última frase pronunciada justo antes de morir. ‘¿Acaso me compadezco de ustedes?’ El muchacho pensó: ‘No pude evitar ese final.’ Ellos se quedaron atrapados en el purgatorio sin lograr ni alcanzar sus sueños ni rendirse. ‘Ninguno.’ Ninguno escapó de ese destino. Era una enfermedad que conducía a la muerte. La dulce tentación de “si te esfuerzas, lo lograrás”, y el posterior susurro diabólico que decía “el esfuerzo jamás superará al talento” habían llevado a muchos a su fin. “¿Tú también eres así?” A lo lejos, Aaron, sudando profusamente, no respondió. Estaba absorto, atravesando un muñeco de madera con su lanza. Se veía. Se podía ver con certeza cómo se quebrarían los sueños y las aspiraciones de aquel joven. “¿Acaso es lamentable...?” Murmuró el muchacho. Con una voz monótona y sin emociones, salió la siguiente frase: “¿Acaso me entristece su final?” Para aquel joven se mezclaban las imágenes de innumerables almas perdidas que habían muerto. Aunque se esforzaron, realmente se esforzaron, nadie recibió la recompensa que merecían. ¿Qué habría pasado si al menos una persona en el mundo hubiera reconocido su esfuerzo? El muchacho esbozó una sonrisa. No era una sonrisa de falsa apariencia, sino la primera sonrisa genuina que surgía de lo profundo. Pero él no se dio cuenta de ese cambio en sí mismo. “Así es.” Se burló de sí mismo. “Tenía una única misión, ¿no es cierto?”
¡Pick Me Up! Gacha Infinito (Novela)

Continúa leyendo

¡Pick Me Up! Gacha Infinito (Novela)

Capítulo 378

Siguiente Capítulo ›

¡Pick Me Up! Gacha Infinito (Novela) Capítulo 377

Estás leyendo el capítulo 377 de ¡Pick Me Up! Gacha Infinito (Novela), un novela. Han Seo-jin es uno de los mejores jugadores de Pick Me Up con el nombre de usuario Loki. Debido a un error que encontró mientras superaba uno de los niveles más altos del juego, fue convocado al juego como héroe... un… Este capítulo tiene publicado el 7 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. ¡Pick Me Up! Gacha Infinito (Novela) tiene 400 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.