Leer Pequeño Hongo (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
🏴 Grupo: Shinarje✍️ Traducción: Shinarje
Capítulo 6
La mujer sollozó por mucho tiempo, hasta que lentamente se incorporó. Aún con los ojos rojos y el pelo desordenado, se apoyó en la pared y miró al cielo a lo lejos, sin decir una palabra.
Se veía tan frágil como una gota de rocío sobre una hoja; daba la impresión de que podría quebrarse con el más leve soplo de aire.
An Zhe preguntó cuidadosamente:
—¿Por qué sigues aquí?
Ella sacudió la cabeza, su voz ronca
—¿Qué relación tenías con tu muerto?
An Zhe no supo qué contestar. Le tomó tiempo encontrar las palabras adecuadas hasta que, tras rebuscar entre sus recuerdos, finalmente dijo:
—Él fue mi…amigo. Me salvó la vida.
—Mi hombre, también me salvó—en cuanto lo dijo, bajó la cabeza. Aún temblaba, incapaz de soportar el dolor, y rompió a llorar de nuevo. No volvió a dirigirle la palabra.
An Zhe apretó con fuerza la tarjeta de identificación que había pertenecido a Vance. Desde lo más profundo de su corazón —el corazón que una vez fue de aquel humano— brotó un sentimiento extraño, una sensación que jamás había experimentado cuando era un hongo por completo.
Solo cuando esa emoción finalmente se disipó, encontró la fuerza para seguir el paso de la distante multitud. Llevo sus piernas hacia la salida.
Camino por el callejón, hasta llegar a la puerta de la ciudad, donde se encontró con una hilera de puertas mecánicas. An Zhe eligió el extremo izquierdo y, cuando pasó, escuchó una voz suave voz robótica y femenina
—Por favor, muestre su tarjeta de identificación y mire a la cámara.
An Zhe colocó la tarjeta sobre una plataforma que emanaba una luz blanca en el lado derecho de la puerta. Luego, levantó la vista hacia el lente oscuro de la cámara que tenía delante.
—ID3261170514. Nombre: An Ze. Origen: Distrito 6 de la ciudad externa. Hora de
salida: Hace 27 días.
La cámara hizo un ligero ruido y la luz blanca se volvió verde.
—Reconocimiento facial aprobado. Bienvenido a casa.
Tras un ding, las compuertas se levantaron.
An Zhe entró. El resplandor del sol de la mañana lo hizo entrecerrar los ojos. Luego de 30 segundos, el mundo borroso se volvió claro y una gran ciudad gris se alzó ante él.
Frente sus ojos se extendía un gran área de campo abierto En seguida algo le llamó la atención, en el suelo, estaban escritas con pintura verde fluorescente, las palabras ‘zona de amortiguamiento”. A lo lejos distintas y variadas creaciones humanas se alzaban del suelo, edificios de concreto más altos que cualquier planta que An Zhe había visto jamás. Esos edificios se quedaron allí, quietos y apilados bloqueando su vista. En el cielo vio el sol naranja escondido detrás del edificio más alto. La mitad expuesta restante era como una gota de sangre diluida que esta a un solo movimiento de deslizarse lentamente por la pared.
An Zhe se dio la vuelta. Las personas que cruzaban las puertas mecánicas se dispersaban para luego agruparse de forma espontánea en una misma dirección. Él los siguió. Tras caminar unos cientos de pasos, dobló una esquina y vio un cartel que indicaba "Tránsito Ferroviario". Allí se encontraba una estación de tren con el siguiente itinerario:
“Entrada – Distrito 1 – Estación de suministro No. 3 – Distrito 5 – Distrito 6 – Oficina de asuntos urbanos – Salida.”
Al ver que la multitud subía a uno de los vagones, los imitó. Encontró un asiento en un rincón apartado. Justo delante de él, dos hombres musculosos conversaban en susurros.
—Solo dime la verdad, ¿cuántos regresaron de la Zona 3? Esa misión fue realmente peligrosa. realmente arriesgaron sus vidas.
—Seis personas murieron.
—No está mal, ¿ya recuperaste tu inversión?
—Los militares aún están evaluando el botín. Creo que no tendré que volver a arriesgar la vida en el exterior en lo que me queda de existencia.
—Ya veo.
—Entramos en la Escuela 411, en la ciudad abandonada. Estaba infestada de plantas mutantes, nadie se atrevía a poner un pie allí —el hombre soltó una risita—. Pero logramos entrar y rescatar tres discos duros de la sala de datos de la biblioteca. Son tesoros incalculables. Todo depende de lo que encuentren dentro.
An Zhe escuchó en silencio. No entendía demasiado de lo que hablaban,, pero percibió que el hombre frente estaba feliz, así tambien se puso un poco feliz.
Sabía que a las personas felices no les importaba ayudar a los demás, así que lo llamo:
—Señor.
El hombre respondio sin girar su cabeza:
—¿Qué?
—¿Cómo llego al Distrito 6?
—Bájate en la Estación de Suministros y haz transbordo a la línea 2.
—Gracias.
Cinco minutos después, el tren se puso en marcha. Una voz mecánica anunciaba el nombre de cada plataforma. Todo era una experiencia nueva para An Zhe, quien observaba el entorno con una mezcla de confusión y asombro.
Tras ir de un lado a otro, pedir indicaciones y perderse un par de veces, finalmente logró subir al tren número 2 en la Estación de Suministros. Esta vez no hubo errores: bajó en la parada correcta y llegó al Distrito 6.
El número de identificación de un An Ze era 3261170514. Esto no solo era una prueba de su identidad humana, sino que también representaba su dirección. Era el sexto distrito de la ciudad exterior, edificio 117, número de puerta 0514.18
Sin embargo, poco después de bajarse del tren y cuando estaba tratando de encontrar a alguien para pedirle indicaciones, un niño se le acercó.
—Hola amigo. Bienvenido, ¿Te importaría mirar esto?
Antes de que An Zhe pudiera decir algo, ya le habían entregado un un papel con grandes letras ensangrentadas.:” Resiste a la tiranía de los jueces.”
No entendió el mensaje, pero tampoco preguntó. Simplemente le dijo al chico:
—¿Sabes cómo llegar al Edificio 117?
El chico preguntó:
—¿No te importa unirte a nosotros, verdad?
—… Supongo que no.
—¡Entonces ya somos camaradas! —El niño levantó el papel que sostenía en la mano. En él se leía en negrita: “Derogación de la Ley de los Jueces”.
No eran los únicos que portaban panfletos. Pronto, An Zhe se vio rodeado por un grupo de personas. Eran alrededor de cuarenta, cada uno con un papel similar o una pancarta alargada. Las frases escritas en ellas seguían la misma línea:
“Asumiremos voluntariamente el costo de las pruebas genéticas”.
“Perseguidor de la humanidad, Juez de los Pecados: tú eres el verdadero pecador”.
“Abolición del Tribunal de Primera Instancia. Justicia para los inocentes”.
Casi sin darse cuenta, la multitud comenzó a avanzar lentamente y An Zhe, atrapado en el grupo, no tuvo más remedio que avanzar con ellos.
Las calles de la ciudad se volvieron más estrechas. El sol se filtraba entre los edificios proyectando sombras ondulantes sobre el suelo. A medida que avanzaban, más gente se unía a la marcha. Había muchos adultos que caminaban con la cabeza gacha; miraban de reojo hacia la protesta, pero apartaban la vista rápidamente.
An Zhe preguntó:
—¿Qué estamos haciendo?
—Una marcha del silencio— respondió el niño—Esperaremos hasta el día en que
se disuelva el Tribunal de Primera Instancia.
—..Oh.
Después de caminar durante media hora, volvió a preguntarle al chico a su lado:
—¿Dónde está el Edificio 117?
—En frente, ya casi llegamos.
Después de otra hora y media, An Zhe volvió a preguntar:
—¿Dónde está el Edificio 117?
—¡Lo siento! —El chico se rascó la cabeza—. Me había olvidado de ti. Ya lo hemos pasado. Quedó atrás.
Mientras hablaba, se giro y señalo un punto:
—Esa dirección. No esta muy lejos. El número del edificio está escrito a un lado y
puedes verlos.
An Zhe le dijo:
— Gracias.
—De nada.
An Zhe le devolvió el panfleto al niño —Te devolveré esto
—¡No hay necesidad!— El niño devolvió el papel a sus manos—Recuerda venir la próxima semana. ¡Nos estamos reuniendo en el Edificio 1!
An Zhe plegó con cuidado el panfleto de «Resistir la tiranía de los Jueces» junto a su informe genético, los estrechó contra su pecho y comenzó a caminar en la dirección indicada.
A medida que avanzaba, el entorno empezó a resultarle extrañamente familiar. Los recuerdos que originalmente pertenecían a An Ze despertaron en su mente; guiado por su intuición, dobló en un par de esquinas hasta que llegó sin contratiempos al edificio marcado con la placa «117». Era una estructura rectangular, ancha y de unos diez pisos de altura. Entró por el portal de la Unidad 0 y subió las empinadas escaleras hasta el quinto piso. Allí, se internó en un pasillo oscuro hasta dar con la habitación 14.
Un sello blanco estaba pegado en la puerta. An Zhe lo abrió suavemente y reveló el área de detección a continuación. Pegó la tarjeta de idenTIficación y la cerradura de la puerta se abrió cuando entró.
Era una habitación diminuta, más pequeña que la cueva donde había vivido, pero mucho más espaciosa y luminosa que el área de descanso del vehículo blindado. Contra una pared había un escritorio de madera, repleto de una docena de libros viejos. Al otro lado, pilas de papel y un cuaderno. Frente al escritorio se encontraba una cama individual, con un armario junto a la cabecera que contenía un vaso de agua, un espejo y otros objetos. A los pies de la cama había un armario más alto que una persona.
La ventana quedaba justo al otro lado de la cama, con las cortinas grises entreabiertas. El sol se filtraba por el cristal, haciendo que la colcha resplandeciera bajo su luz. En el aire flotaba una fragancia seca que le recordó, de inmediato, al olor de An Ze.
Se acercó a la cama y tomó el espejo para observar su reflejo.
Se parecía a An Ze: el mismo cabello negro y suave, los mismos ojos oscuros. Muchos rasgos eran idénticos, pero había pequeños detalles que los diferenciaban. Además, su rostro carecía de esa expresión serena que caracterizaba a An Ze.
En ese momento, An Ze le había dicho:
—Siento como si me hubiera ganado un hermano. Te daré un nombre, pequeño hongo. ¿Hay algo que se haya quedado grabado en tu memoria, pequeño hongo?
Solo había dos cosas en sus recuerdos limitados que eran profundas. Uno fue cuando perdió su espora, y el otro, sucedió cuando era muy joven, probablemente cuando era tan largo como un dedo humano.
Durante la estación lluviosa de crecimiento de hongos, el golpe de una gota de agua partió su delgado tallo y dobló su cintura. Entonces, como cualquier criatura herida, luchó por sanar y seguir viviendo. Poco a poco, una vaga conciencia emergió mientras su cuerpo se recuperaba.
Con el paso del tiempo, comenzó a desarrollar una vaga percepción. Sanó y, a partir de entonces, parecía diferente a los demás. Podía controlar su micelio, recorrer bosques y campos abiertos, e incluso percibir sonidos y movimientos más allá de su entorno inmediato. Era un hongo libre, ya no atado a su forma original.
—Pobre cosita—En ese momento, An Ze se había tocado el pelo. —¿Te dolió cuando te rompiste?
—Lo olvidé.
An Ze había dicho: —Vamos a llamarte An Zhe.
Él dijo: —Está bien.
Pensando en esto, An Zhe sonrió en el espejo. Una vez que el hombre en el espejo sonrió, pareció volver a ver la sombra de An Ze.
—Gracias— le dijo al espejo.
An Zhe bajó el espejo y se sentó en el escritorio. ¿Qué sigue?
Al pensar esto, An Zhe extendió su mano izquierda y miró la punta de su dedo a la luz.
Mientras lo pensaba, extendió su mano izquierda y observó la punta de sus dedos bajo la luz del sol. Un micelio blanco como la nieve comenzó a brotar silenciosamente de sus yemas, condensándose hasta formar un cuerpo sólido. Tomó la daga y cortó una fina lasca de su propia esencia. Luego, con la mano derecha, se la llevó a la boca y la masticó lentamente. Había decidido averiguar si era venenoso o no.
Suave, dulce y delicioso; esa fue su primera impresión. Pero al segundo siguiente, todo el mundo frente a sus ojos comenzó a sacudirse violentamente.

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Pequeño Hongo (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de Pequeño Hongo (Novela), un novela. An Zhe es un pequeño hongo que habita el Abismo, un lugar plagado de criaturas monstruosas, producto de los efectos de la radiación cósmica que devastó la Tierra tras la desaparición del campo geomagnético. Al… Este capítulo tiene publicado el 28 de abril de 2026, Traducido por el grupo Shinarje. Pequeño Hongo (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.