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Leer Pequeño Hongo (Novela) Capítulo 7 online gratis en español

🏴 Grupo: Shinarje✍️ Traducción: Shinarje
Capítulo 7 De pronto, se sintió más ligero, como si flotara. Los rayos de luz que se filtraban por la ventana parecían transformarse en corrientes marinas, y el agua comenzó a inundar la habitación. Los papeles y cuadernos que había sobre el escritorio se difuminaron y fundieron en una gran vasta extensión de blancura. An Zhe parpadeó. No sintió miedo; de hecho, percibía cada movimiento de una forma lenta y etérea. Simplemente no podía controlar su cuerpo; era como estar suspendido en el aire, bajo el riesgo constante de caer al vacío. Entonces, el mundo ante él se oscureció gradualmente y perdió el conocimiento por completo. Lo despertó el frío. Al abrir los ojos, vio a través de la ventana cómo los edificios, antes grises y opacos, se teñían con el rojo dorado del atardecer. Debía de haber estado desmayado al menos siete u ocho horas. Resultaba que la toxicidad de su propio micelio tenía un efecto narcótico. La temperatura en la habitación era mucho más baja por la noche que durante el día. An Zhe se acurrucó bajo la colcha para recuperar el calor. Una vez que el entumecimiento del frío se disipó, el hambre regresó. An Zhe habría preferido absorber nutrientes de otros hongos, pero en todo el camino no había logrado encontrar ni un solo centímetro de tierra húmeda en la base, mucho menos un hongo. No le quedaba más remedio que ingerir comida humana. “Los humanos son criaturas verdaderamente problemáticas”-pensó An Zhe frunciendo el ceño. Afortunadamente, los recuerdos residuales de An Ze le dijeron a dónde ir a comer. La base se dividia en ocho distritos. Los distritos 6, 7 y 8 eran las principales áreas de vivienda. En estas zonas, cada edificio funcionaba como una comunidad, con un salón común en la planta baja que proporcionaba agua y comida en horarios establecidos. Los niños menores de dieciséis años recibían raciones gratuitas, mientras que los adultos mayores de esa edad debían usar una tarjeta para pagar con la moneda de la base, identificada con la letra R. El salón no estaba abarrotado; a simple vista, se veían unas cincuenta personas. Solo había dos puestos de comida: uno ofrecía una pasta hecha con el tubérculo de una planta, y el otro... una sopa preparada con la misma planta. Rebuscando en su memoria, recordó vagamente que esa planta se llamaba “papa”. An Zhe pago con tarjeta de crédito. Para el puré de papas, el precio era 0.5 y su saldo era 9.52 Para la sopa de papa, el precio fue de 0.3 y su saldo restante se convirtió en 9.2. Con el saldo de la tarjeta se dio cuenta de que estaría a punto de morir de hambre en unos días. Se sentía como un hongo enraizado en tierra seca, esperando su muerte inminente. La sensación se hizo más evidente cuando, despues de comer, regresó al quinto piso y gasto 0.1 R en la sala de agua comunitaria. Definitivamente, debía añadir "encontrar una fuente de ingresos" a su lista de tareas pendientes. Después de enroscar la tapa de la botella de acero inoxidable estándar, An Zhe la sostuvo en su mano y estaba a punto de girar alrededor cuando escuchó una voz detrás de él —¿An Ze? La voz era fuerte y temblorosa mientras resonaba en el pequeño espacio. An Zhe se dio la vuelta. En el pasillo se encontraba un joven alto y guapo. En ese momento, el hombre miraba a An Zhe con los labios temblorosos. Era difícil juzgar si su expresión era sorpresa o alegría. —¿An Ze?— Exclamó de nuevo—¿Tú … has vuelto? No estabas… Se calló de nuevo. Su rostro era azul como si no supiera cómo continuar. Sin embargo, An Zhe sabía lo que quería decir. Fue porque conocía a este hombre. El hombre se llamaba Joshua. Joshua era el vecino y amigo de An Z con el que había crecido. A veces, Joshua cuidaba a An Ze. Más a menudo, An Ze cuidaría de él. Los restos de estos recuerdos aparecieron ante An Zhe. Sin embargo, su conocimiento sobre Joshua no provenía únicamente de los recuerdos de An Ze. Ya se había topado con este hombre cuando aún era un hongo. Sus propias observaciones, combinadas con los recuerdos de An Ze, completaron con precisión las incógnitas sobre la verdadera causa de la muerte de An Ze. An Ze era alguien que vivía de las letras. Su trabajo consistía en escribir novelas, ensayos o poemas para entretener a la gente. Hacía entregas mensuales y la base publicaba regularmente esos folletos. Sin embargo, apenas tres meses atrás, la base había eliminado ese departamento para ahorrar mano de obra y recursos. En aquel entonces... —An Ze, ¿Qué estás leyendo?— preguntó Joshua —Quiero prepararme para la prueba de selección de la estación de suministro de la base —An Ze dibujó un círculo en el libro—Creo que me gustaría trabajar allí y el salario es bueno. Joshua frunció el ceño. —¿Qué? ¿Acaso quieres escapar de tu vida como civil? —preguntó—. Ese examen es sumamente difícil. —Estara bien. —An Ze —su tono se tornó severo—, deja eso, y ven conmigo, siempre supiste que quiero que me acompañes.. An Ze sonrió. Su voz era suave, como si consolara a un amigo testarudo, pero cargada de una sutil resignación: —No estoy hecho para la vida a la intemperie. —Yo te protegeré —insistió Joshua, rodeándole los hombros con un brazo y suavizando la voz—. No puedo estar sin ti. Ven conmigo en la expedición; no iremos a lugares peligrosos. Los recuerdos se desarrollaron de forma similar. Finalmente, ante la insistencia de Joshua, An Ze accedió a embarcarse juntos en la aventura. Joshua formaba parte de un numeroso grupo de mercenarios y, gracias a sus múltiples logros, consiguió que An Ze se uniera a ellos sin problemas, encargándose de los suministros y la logística. Sin embargo, en la naturaleza, cualquier cosa podría suceder. Un día, el equipo perdió el rumbo y entró al borde del Abismo. Cuando descubrieron que los hongos de allí eran inusuales,ya era demasiado tarde: los monstruos del Abismo jamás dejan escapar a su presa. Para los humanos, incluso los confines del abismo eran aterradores. Tres de los cinco vehículos blindados fueron destruidos, y sus ocupantes se trasladaron frenéticamente a los restantes. Durante la huida, An Ze empujó a Joshua, salvándolo por poco de los monstruos alados. Sin embargo, An Ze tropezó con las enredaderas del suelo. Joshua se quedó paralizado un segundo. En ese instante, el instinto de supervivencia superó todo lo demás. Decidió salvarse, corrió hacia adelante y el capitán lo subió al vehículo blindado; mientras An Ze observaba cómo se alejaban, una púa de hueso de un monstruo le atravesó el pecho. Los mercenarios lucharon ferozmente con su mayor potencia de fuego, retrocediendo mientras combatían. El alboroto despertó a An Zhe a mitad de la retirada; había estado buscando esporas, pero siempre regresaba con las manos vacías. Esta vez, sin embargo, aprovechando la intensidad del combate,arrastró sigilosamente el cuerpo de An Ze hacia una cueva en las profundidades de la montaña. Ahora, frente a Joshua, An Zhe no sabía qué decir. Ante la muerte, el primer instinto de cualquier criatura es huir; Joshua no había hecho nada "malo" bajo las leyes de la naturaleza. Aun así, An Zhe sentía una punzada incomoda, algo no estaba bien. —Tú... estás algo diferente —la manzana de Adán de Joshua se agitó nerviosa—. ¿Qué pasó con tu herida? ¿Cómo escapaste del Abismo? An Zhe solo lo miró con calma. —No... tú no eres An Ze —Joshua retrocedió bruscamente, con el rostro pálido—. Eres una Aberración. —Lo siento —dijo An Zhe, pasando a su lado con total indiferencia—. Comí por error un hongo venenoso y no recuerdo muy bien quién eres.
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Pequeño Hongo (Novela) Capítulo 7

Estás leyendo el capítulo 7 de Pequeño Hongo (Novela), un novela. An Zhe es un pequeño hongo que habita el Abismo, un lugar plagado de criaturas monstruosas, producto de los efectos de la radiación cósmica que devastó la Tierra tras la desaparición del campo geomagnético. Al… Este capítulo tiene publicado el 29 de abril de 2026, Traducido por el grupo Shinarje. Pequeño Hongo (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.