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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Era un asunto de enorme importancia: concernía a toda su vida e influiría en su destino futuro. Los quince o dieciséis años constituían la edad dorada. Alcanzar el «renacimiento» a esa edad proporcionaba los mayores beneficios; dejar pasar la oportunidad sería una verdadera lástima. Pero resultaba muy difícil. Hasta los más destacados de la aldea de los Dos Árboles solo habían alcanzado el «renacimiento» después de los veinte años, y algunos no lo habían conseguido hasta pasados los treinta. Incluso así, entre las más de cuarenta familias de la aldea, que sumaban más de doscientas personas, los «renacidos» no llegaban a diez. Lu Ze habló: —Er Bingzi, el de la aldea vecina, lo consiguió. Y justo dentro de la edad dorada. Qin Ming recordaba a Er Bingzi: era un muchacho de complexión endeble, rostro amarillento y cuerpo demacrado, con un aire enfermizo. Hasta el cabello, algo ralo, tenía el color de la hierba seca. Le sorprendió muchísimo que aquel joven de aspecto tan poco robusto hubiera alcanzado el «renacimiento» en la edad dorada. —¿Cuándo ocurrió? —Hace casi un mes —le informó Lu Ze. Después de alcanzar el renacimiento, Er Bingzi había levantado sin más el asno negro de cuatrocientos jin que había en el patio, dejando atrás su antigua debilidad. —Qué cosa tan extraordinaria. Qin Ming jamás lo habría imaginado. Tantos jóvenes fuertes como bueyes habían fracasado una y otra vez, mientras que Er Bingzi lo había logrado de una sola vez. Lu Ze también se sentía conmovido. Él era fuerte y saludable, e incluso entre los hombres en la flor de la vida se lo consideraba muy capaz; sin embargo, ya tenía veintitrés años y todavía no había alcanzado el «renacimiento». —Dicen que tuvo que ver con un pariente suyo —comentó Lu Ze, que conocía algunos detalles. Aquel pariente, no demasiado cercano, viajaba fuera durante todo el año. Al regresar esta vez y verlo, había considerado que era un joven prometedor. Según él, Er Bingzi había tenido antes un pequeño problema en el cuerpo: no había logrado retener su esencia, su energía y su espíritu, y por eso parecía tan enfermizo. Sin embargo, su potencial era enorme. Lo más importante era que aquel hombre había traído un manual superior del Arte de la Intención y la Energía. Le hizo cambiar a esa práctica, cuyos efectos fueron extraordinarios, y así terminó alcanzando el «renacimiento». Qin Ming se quedó absorto. En verdad, los encuentros que deparaba la vida eran imprevisibles. —Después, aquel hombre dijo que los «cimientos innatos» de Er Bingzi eran mucho más sólidos de lo que había supuesto al principio. Tal vez pueda llegar muy lejos. Lu Ze nunca habría imaginado que alguien de aspecto siempre enfermizo pudiera resultar tan extraordinario. —Aunque nosotros no tenemos un manual superior del Arte de la Intención y la Energía, también contamos con métodos viables. Pequeño Qin, creo que deberías cambiar esa forma tan peculiar de ejercitarte —le aconsejó Lu Ze. A su juicio, Qin Ming poseía una constitución muy fuerte, incluso mejor que la suya, y hacía tiempo que superaba por un amplio margen a la gente corriente. Sin embargo, pese a contar con condiciones tan buenas, Qin Ming seguía sin alcanzar el «renacimiento». Lo más probable era que el problema residiera en su método para templar el cuerpo: no podía gestar la fuerza del renacimiento ni impulsarlo a avanzar. Ya había cumplido los dieciséis años. Si seguía así, de verdad acabaría perdiéndose la edad dorada. Liang Wanqing también trató de convencerlo: —Pequeño Qin, ¿por qué no empiezas a practicar la Técnica de Meditación de la Noche Oscura de tu hermano Lu? La noche eterna envolvía el cielo y la tierra, y los parajes salvajes eran sumamente peligrosos. En semejante entorno, en todas partes circulaban algunos libros de fortalecimiento de acceso público, para que cualquiera pudiera mejorar su constitución y protegerse. Naturalmente, no eran obras de alto nivel, y mucho menos podían compararse con los raros y preciados manuales secretos. Qin Ming no era un obstinado. Comprendía sus buenas intenciones y asintió. —De ahora en adelante lo probaré en serio. Lu Ze suspiró suavemente. Pensaba que los «métodos sin escuela» que Qin Ming practicaba a diario lo habían retrasado: eran muy inferiores incluso a la obra elemental que él estudiaba, Introducción a la Técnica de Meditación de la Noche Oscura. Pero si cambiaba de práctica ahora, el tiempo apremiaba demasiado. A su entender, solo un manual superior del Arte de la Intención y la Energía podría ayudar a Qin Ming a cambiar su situación en un plazo tan breve. Lu Ze exhaló un aire viciado y dijo: —Ay, si al menos tuviéramos un manual secreto intermedio... Con tus condiciones, sería una verdadera lástima que dejaras pasar la preciadísima edad dorada. Sin embargo, en aquella región solo circulaban unos pocos libros capaces de ayudar a alcanzar el «renacimiento», entre ellos el Capítulo de iniciación del Arte de la Vida Efímera y la Introducción a la Técnica de Meditación de la Noche Oscura. Todos tenían un nivel parecido. Qin Ming no se impacientaba, sobre todo porque los movimientos que llevaba tantos años practicando habían comenzado a surtir efecto. Sobre su piel había aparecido un tenue fulgor; aunque las ondas plateadas eran débiles, se habían manifestado de verdad. Ya no era como antes. Su rostro de facciones delicadas mostraba un saludable rubor, y sus ojos brillaban con viveza. —Hermano Lu, cuñada, esperen un poco más. Creo que podré conseguirlo. El renacimiento consistía en que, partiendo de la constitución original, una vitalidad exuberante surgiera en el cuerpo. Era como regresar al vientre materno y gestar de nuevo una pujante fuerza de renacimiento. Entre los aires impuros del mundo mortal, las condiciones del cuerpo ya se habían fijado. Si los «cimientos innatos» volvían a experimentar un desarrollo, era como formarse otra vez en el vientre materno, aun después de haber nacido. ¿Quién no se sentiría tentado? Er Bingzi, por ejemplo, antes tenía una constitución algo débil. Después del renacimiento, bastaba con que hiciera fuerza con ambas manos para agarrar un ser vivo de varios cientos de jin y alzarlo por encima de la cabeza. Una transformación así era verdaderamente asombrosa; no era menos que cambiar el destino. Bastaba imaginarlo: tras practicar la Técnica de Meditación de la Noche Oscura, Lu Ze ya podía partir ladrillos grises con las manos y romper a golpes los muñecos de entrenamiento de madera. Si experimentaba el «renacimiento» y su fuerza aumentaba enormemente, ¿hasta qué punto llegarían a ser temibles sus puños y sus piernas? —Desde que me libré por completo de aquella dolencia persistente, me siento distinto. Mi cuerpo está mejor que nunca. Ahora Qin Ming tenía mucha confianza. Lu Ze y Liang Wanqing todavía no habían dicho nada cuando Wenrui, de cinco años, ya asentía muy serio. Su carita sonrosada rebosaba expectación. —El tío es el más fuerte. Cuando lo consiga, atrapará una bestia de la montaña y hará un guiso de carne para nosotros. Yo... tengo ganas de comer carne. El pequeño Wenhui, que apenas pasaba de los dos años, también se acercó tambaleándose para secundarlo. Apenas podía pronunciar con claridad: —Tío... fuerte. Comer carnita. Qin Ming sonrió de inmediato. —No hace falta esperar. Hoy mismo puedo darles ese gusto. Mientras hablaba, descolgó la ardilla roja de la horquilla de caza. Los grandes ojos de la ardilla mutada, negros como gemas, casi se salieron de sus órbitas. Enseguida se llenaron de terror. —Ah, volvió a la vida. Mejor así: la carne estará mucho más tierna y fresca que si se hubiera congelado. Qin Ming la sostuvo en alto y la examinó una y otra vez. —Qué bonita es esta ardilla. Es muy tierna. Wenrui parpadeó con sus grandes ojos. Sentía un cariño sincero por aquel animalito peludo. —Cuando esté guisada será todavía más tierna. Te aseguro que vas a comer con gusto —bromeó Qin Ming. Wenrui se debatió entre sus deseos. En efecto, tenía antojo de carne; hacía mucho que no la comía. Pero, al ver a aquella criaturita de pelaje rojo fuego y brillante, no conseguía apartar la mirada. Quería acercarse a ella y deseaba quedársela. El pequeño Wenhui iba detrás de su hermano e imitaba todo lo que hacía. La imagen de la ardilla roja se reflejaba en sus ojos luminosos mientras gritaba con voz confusa: —Ardillita... tierna. Lu Ze y Liang Wanqing se echaron a reír al ver a los dos niños. Qin Ming asintió. —Es verdad, es tierna y muy trabajadora. Miren cuánta comida tenía para pasar el invierno: piñones, nueces, avellanas, azufaifas... Hay de todo, más de una docena de clases. Hasta guardaba hongos. Perfecto: ardilla guisada con hongos, sabrosa y muy nutritiva. —¿De... de verdad? Pero no quiero que muera. Wenrui se aferró al borde de la ropa, con la cara llena de indecisión, aunque tampoco se olvidó de tragar saliva. —Claro. Mira, entre estos hongos hay incluso hongos pata de tigre y hongos de gorrión solar. Son manjares de montaña bastante famosos. Esta vez van a darse un festín. Como era de esperar, todo lo seleccionado por una criatura mutada tiene que ser de primera calidad —exclamó Qin Ming con admiración. La ardilla roja se enfureció tanto que se le erizó todo el pelaje. Qin Ming sacó su cuchillo corto y, sujetándola, se dispuso a ir al patio para despellejarla. No convenía que los dos niños vieran aquella escena sangrienta. —¡Chii, chii! La pequeña bestia mutada se horrorizó al instante. Chilló sin cesar, presa del pánico, y forcejeó con tanta violencia que el alambre que la sujetaba estuvo a punto de hundírsele en la carne. —Tío, ¿y si... la dejamos vivir? Wenrui le cerró el paso e hizo un esfuerzo por olvidar el sabor del guiso de carne. Parecía haberse decidido y suplicaba por ella. —Es un ingrediente excelente. La carne de las criaturas mutadas es la más sabrosa —lo tentó Qin Ming con una sonrisa. —Esta vez no comamos. Cuando alcances el renacimiento, seguro que podrás cazar criaturas mutadas enormes y muy feroces. Voy a esperar a que lo consigas. La compasión había despertado en Wenrui, que resistió la tentación de la comida. La ardilla mutada estaba hecha un manojo de nervios. Miraba unas veces el cuchillo de Qin Ming y otras chillaba hacia Wenrui, como si le pidiera ayuda. Liang Wanqing se sorprendió. —Esta pequeña bestia tiene una inteligencia extraordinaria. Parece entender lo que dicen. Miren cómo se le arruga la carita de los nervios. Qin Ming guardó el cuchillo corto. Una criatura tan pequeña no tenía mucha carne. Solo había pensado en ella para quitarles el antojo a los niños; puesto que la preferían viva, podían quedársela. Lu Ze frunció ligeramente el ceño. —Este invierno no es como los anteriores. ¿De dónde vamos a sacar comida de sobra para ella? La ardilla mutada miró con ansia la abultada bolsa de piel de animal. ¡Allí estaban todas sus reservas! Qin Ming también advirtió que aquella pequeña bestia tenía una inteligencia realmente fuera de lo común. Separó algunas bellotas del montón de frutos secos y dijo: —Estos frutos tienen que tratarse antes de comerlos. Si no, son ligeramente tóxicos y un poco amargos. Podemos dejarlos para alimentar a la ardilla. La ardilla roja no emitió un sonido. Se limitó a mirarlo con los ojos muy abiertos y a respirar algo más fuerte. —¿No te alcanza con seguir viva? Y otra cosa: si te atreves a morder a alguien, te aseguro que te voy a guisar. Tras advertírselo, Qin Ming la encerró en una jaula de hierro para pájaros. Lu Ze pensó que sería mejor venderla. Al fin y al cabo, su espléndido pelaje rojo fuego valía mucho dinero. Mantenerla consumiría tanto comida como energías. Pero, al ver a sus dos hijos saltar y reír, desbordantes de alegría, no volvió a oponerse. Al despedirse, Lu Ze se llevó la jaula de hierro y un montón de bellotas, pero rechazó los demás alimentos secos. Qin Ming no discutió con él. Le puso a Liang Wanqing en las manos una bolsa de tela llena de nueces y piñones para que los dos niños los comieran como golosinas. … Después de librarse por el momento de la escasez de alimentos, Qin Ming empezó a considerar seriamente la cuestión del renacimiento. Las palabras de Lu Ze, que atribuía su retraso a aquellos «métodos sin escuela», sí habían agitado un poco su ánimo. Recordaba vagamente algunos fragmentos borrosos de su infancia. Alguien le había dicho que aquellos movimientos tenían un origen importante, pero que probablemente no lograría dominarlos. Poco después salió al patio. Primero seguiría su propio ritmo: aquellos «métodos sin escuela» que llevaba más de diez años practicando habían cambiado de forma evidente. No había motivo para abandonarlos. Qin Ming movilizó las articulaciones y estiró músculos y tendones. Se retorció, giró, rotó y dio vueltas con movimientos circulares fluidos, sin la menor rigidez. De pronto saltó desde el suelo y salió disparado con la rapidez de una flecha de hierro. Al descender, en cambio, fue ligero como una golondrina y tocó tierra sin hacer ruido. Alternaba el reposo y el movimiento: sentado, parecía un tigre agazapado; al caminar, avanzaba como si vadeara el barro. Sus giros eran naturales y obedecían a su voluntad. Luego hizo girar el cuerpo y lanzó una patada veloz como un relámpago. Era como el latigazo de la cola de un dragón o una pitón en el aire, que produjo un ruido sordo. Tras ese breve calentamiento, Qin Ming comenzó a ejecutar toda clase de movimientos de gran dificultad. «Soplar y exhalar, respirar; expulsar lo viejo y absorber lo nuevo; estirarse como el oso y volver la cabeza como el búho...» Extendía el cuerpo con vigor y fuerza, hasta levantar un viento violento que arremolinaba la nieve del suelo y la hacía agitarse y danzar a su alrededor. Muy pronto llegó aquella sensación familiar. Entre los poros de Qin Ming se entretejieron hilos de plata de una debilidad extrema; ondularon hasta formar sobre la piel una capa de fulgor muy tenue. Poco a poco, un vapor blanco comenzó a elevarse de todo su cuerpo. Una corriente cálida recorría su carne y su sangre. Era como una lluvia bienhechora tras una gran sequía: la tierra agrietada absorbía las gotas con avidez. Los movimientos de Qin Ming consumían una enorme cantidad de energía, pero no sentía fatiga. Por el contrario, estaba lleno de vigor. Su cuerpo parecía celebrar. Como si llevara mucho tiempo hambriento y quisiera saciarse, absorbía sin cesar las ondas plateadas. Sentía un cosquilleo en la carne, y todo su cuerpo iba ganando fuerza. ¿Acaso estaba a punto de alcanzar el renacimiento? El cuerpo le ardía. Tuvo el impulso de correr para dar rienda suelta a aquella energía desbordante, y se lanzó a hacerlo. Corrió a toda velocidad por los páramos, como un meteoro que surcara el cielo nocturno. Se alejó tanto que estuvo a punto de alcanzar la zona del bosque de montaña. A lo lejos, sobre la nieve, permanecía inmóvil una mujer alta y esbelta. La capa de piel negra que llevaba emitía un tenue lustre oscuro y le ocultaba el cuello blanco, dejando a la vista tan solo un mentón delicado. La envolvía una frialdad distante y misteriosa. Un cuervo posado en una mata de espinos junto a ella habló con voz humana: —Ah, su cuerpo está alcanzando el renacimiento por sí solo. Y ya en la fase inicial aparecen manifestaciones extraordinarias: es como si la luz de la luna se derramara sobre su piel y levantara capas superpuestas de ondas de oro fragmentado. —Creo que es un joven prometedor. Algo muy poco común, y ha aparecido en un lugar tan apartado —añadió. Sus plumas negras parecían oro oscuro. Tenía un par de ojos violetas y observaba hacia delante. —¿Tu maestro no está eligiendo a su último discípulo? Tal vez este muchacho sirva. La mujer estaba sobre una gran roca gris. Cuando sopló el viento helado, la amplia capa se le pegó al cuerpo, sin poder ocultar sus curvas excepcionalmente hermosas. Su voz, sin embargo, sonó algo fría: —Hay alguien más adecuado que él. Qin Ming pareció percibir algo. Volvió la cabeza hacia la lejanía y ya tenía el arco y una flecha en las manos. —Qué intuición tan aguda —valoró el cuervo. Para entonces, ya se encontraba entre la espesura. Le dijo a la mujer que tenía al lado: —El camino de tu maestro es muy particular. Cuidado con pasar por alto una semilla que podría crecer con tanto vigor. —No haber sido elegido es una oportunidad perdida de la que él ni siquiera sabrá. ¿Qué podría perderme yo? Ya tenemos al mejor candidato. El viento de la montaña silbó y levantó su hermoso cabello negro y brillante, cubriendo uno de sus pómulos de blancura luminosa. Su ropa negra restallaba; a su belleza delicada y sin igual se sumaba una fría elegancia. Echó a andar. —Por ahora, es más importante adentrarnos en la montaña para investigar.
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Noche sin límites (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 23 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.