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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 39 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
En la habitación se habría oído caer una aguja, pero, en medio de aquel silencio absoluto, Qin Ming oyó de pronto un murmullo junto al oído, a escasos centímetros. Alzó de un tirón el martillo de oro negro de mango largo y tensó el cuerpo como un leopardo al acecho. No había sido una ilusión: hacía apenas un instante incluso había visto una sombra borrosa. Afuera, la noche era profunda. La piedra solar de la habitación fue apagándose poco a poco; de pronto titiló y se extinguió por completo, sumiendo todo en una oscuridad y un silencio mortales. Por suerte, también había cesado el murmullo junto al oído de Qin Ming. Al cabo de un momento, volvió a tocar aquel viejo manual de sable de cuero, cuyas páginas estaban muy gastadas y se curvaban en los bordes. Reinaba la calma; no ocurrió nada. Tomó el manual. La habitación estaba demasiado oscura y ya no podía distinguir las palabras de las páginas. Como tampoco volvía a suceder nada extraño, ¿habría sido aquello una simple alucinación? Qin Ming salió enseguida y se dirigió al manantial de fuego, a la entrada de la aldea. Sacó varias piedras que emitían un resplandor brillante y regresó rápidamente a casa. Con el gran martillo en una mano, hojeó con la otra el viejo manual de sable. Todo seguía en calma; no apareció ningún murmullo. —¿Lo habré oído mal hace un momento? Al poco, Qin Ming dejó de distraerse. Volvió a concentrar la atención en aquellas páginas de cuero, marcadas por el paso del tiempo, y se puso a estudiar con seriedad el fruto del esfuerzo de sus predecesores. —Ay… En ese instante se le erizó el vello. No solo oyó un murmullo en medio de aquel silencio absoluto: un suspiro nítido resonó junto a su oído. Además, en la penumbra de la habitación apareció un anciano de cabello completamente blanco. Su ropa hecha jirones estaba manchada de sangre y se movía ante sus ojos. La temperatura de la habitación pareció bajar varios grados. Hasta la piedra solar que acababa de traer se volvió más tenue. Qin Ming reaccionó con una rapidez fulminante y le asestó un golpe de martillo. El suspiro cesó, y el anciano de ropas harapientas y ensangrentadas desapareció con él. ¿Qué estaba pasando? A los ojos de Qin Ming, el mundo entero se había vuelto distinto. Con el rostro grave, pensó que aquello era de lo más insólito: solo estaba estudiando un manual de sable y, aun así, sucedían cosas tan extrañas. Empuñó el martillo de oro negro de mango largo y examinó atentamente la habitación. La piedra solar seguía brillando con fuerza; la temperatura tampoco parecía haber bajado. Todo había vuelto a la normalidad. —¿Es un libro maldito? —Qin Ming miró el manual de sable. Estaba encuadernado con piel de bestia y debía de tener ya unos cuantos años; todas sus páginas estaban gastadas. —¿O será que, después de absorber aquel líquido, tengo la mente demasiado despierta y por eso todo lo que veo y oigo se vuelve anormal? —reflexionó con cuidado. Al final apretó los dientes. Por el momento, se arriesgaría: decidió mantener la calma y esperar, sin adelantarse a atacar, para ver qué clase de demonio o monstruo aparecía. Sostuvo el martillo con una mano y hojeó el manual con la otra. En la habitación no se oía nada salvo el roce de las páginas de cuero. Solo cuando se sumió por completo en la lectura y se concentró en las distintas técnicas de combate, volvió a surgir el murmullo. A cierta distancia, delante de él, apareció un anciano despeinado y cubierto de sangre. —No me queda mucho tiempo. Dejaré este manual de sable… Ay, qué lástima. No puedo describir por completo mi camino del sable; una parte está condenada a perderse. Qué lástima por el esfuerzo de media vida —suspiró el anciano. Entonces Qin Ming lo vio escribir inclinado sobre el escritorio. Acto seguido, destello tras destello de sable rasgó la noche. Cada vez que el anciano terminaba de escribir una técnica, aparecía ante él una escena de su juventud practicando con el sable, junto con sus emociones, sus reflexiones y su comprensión de aquella técnica. Qin Ming comprendió enseguida cuán importante era aquello para él, cuánto iba a influirlo. Después de absorber el líquido de los «restos», ahora veía el mundo de una manera completamente distinta. Cuando su espíritu se concentraba por entero, podía percibir, a través de aquel libro antiguo, el estado de ánimo de quien lo había escrito. La resonancia emocional le permitía comprender las técnicas de sable más allá de lo que estaba consignado en las páginas. Qin Ming siempre había tenido una gran capacidad de comprensión; aprendía cualquier cosa con rapidez. Cuando había hojeado el manual de sable en la montaña, no le había parecido difícil de dominar y pronto había captado sus principios esenciales. Pero lo que ocurría ahora ya no tenía que ver con su capacidad de comprensión. Podía presenciar cómo había nacido aquel manual y resonar con el espíritu del anciano mientras practicaba el sable. Eso implicaba experiencia, comprensión vivencial y un entendimiento de la esencia misma de aquellas técnicas. «Este manual de sable contiene el esfuerzo de media vida de un anciano. He resonado con él y he revivido aquellas escenas auténticas…» Por un instante, Qin Ming se distrajo y salió de aquella escena tan real. Luego dejó el martillo de oro negro, se sentó frente a la palangana de cobre donde había colocado la piedra solar y comenzó a estudiar el manual de sable desde el principio, con toda su mente concentrada en él. Tal como esperaba, cuanto más se concentraba y más enfocaba el espíritu, más nítidos se volvían aquellos sonidos, aquellas imágenes, aquellas emociones y aquella resonancia interior. En un momento dado, vio al anciano contemplar el cielo nocturno y meditar sobre las técnicas de sable; luego, un destello blanco como la nieve atravesó la oscuridad. La escena cambió. Retumbaron los truenos, los relámpagos iluminaron el cielo y cayó un aguacero torrencial. El anciano tuvo una nueva revelación: empuñó un sable de madera bajo la lluvia y trazó un golpe sobrecogedor, como si pretendiera partir el cielo. El resplandor que brotó del sable de madera pareció superar los relámpagos y cortar la oscuridad. Qin Ming estaba tan emocionado que le temblaba el espíritu. En el manual de sable no figuraba aquella técnica. Era una maravilla que solo podía comprenderse sin palabras, un golpe que solo se revelaba mediante la sublimación del espíritu. Una sensación tan sutil y misteriosa difícilmente podía plasmarse en el papel. Por eso el anciano se lamentaba: parte de la esencia de sus técnicas de sable estaba condenada a perderse. Pero ahora Qin Ming había sido testigo de ella. La resonancia emocional y espiritual le había permitido captar por completo la esencia de aquel golpe. En las técnicas siguientes, el anciano se dedicó a cultivar en las profundidades de las montañas y mató bestias gigantes. Después vagó solo entre el viento y la nieve, y luchó contra varios enemigos formidables. Perdió un brazo. Gravemente herido, se retiró a un lugar apartado y, ya en su vejez, enterró un sable roto. Más tarde vivió recluido mientras se recuperaba. Tras pasar cinco años meditando en soledad, desenterró aquel sable roto. Cuando volvió a blandirlo, el deslumbrante destello de sable capaz de partir el cielo en una noche lluviosa se volvió aún más dominante: si una montaña le cerraba el paso, la partía; si el mar se interponía, lo dividía. Cuanto más envejecía, más ardiente era su espíritu. Su camino no era el del retorno a la sencillez primordial ni el de fundirse con la naturaleza; avanzaba cantando su triunfo, cada vez más alto, hasta que aquel aterrador destello de sable amenazó con consumir su cuerpo enjuto y este ya no pudo resistirlo. Cuando el anciano emprendió otro viaje, barrió con su sable roto a todos sus adversarios. Al final regresó al lugar donde había meditado durante cinco años. Enterró el sable, dejó escrito su manual y llegó al último instante de su vida. —Qué lástima. Estoy atrapado en una tierra remota y carezco de métodos secretos para elevar eficazmente la esencia de vida. Aunque comprendo profundamente el camino del sable y confío en que mi capacidad de comprensión no es inferior a la de nadie, mi cuerpo me limita. Además, nunca he podido acceder a escrituras de un nivel superior. Mi vida solo puede terminar aquí. Al anciano le quedaba poco tiempo. Escribió a toda prisa; cada trazo hacía aparecer un destello de sable. Pero, al llegar a la luz celestial, la escena se volvió borrosa, y las páginas posteriores quedaron completamente fuera de su alcance. Qin Ming entendió que debía de ser porque aún no había cultivado la luz celestial. No podía resonar emocional ni espiritualmente con esa parte, así que por el momento no lograba verla. Cerró el manual de sable y cerró los ojos. Todo lo que había visto y oído, todas aquellas escenas, se le quedaron grabadas en el corazón. Las experiencias, las revelaciones y aquella nueva comprensión de las técnicas de sable parecían formar parte de su propia vida. Tomó el martillo de oro negro de mango largo y salió al patio. Ejecutó las técnicas que no estaban consignadas en el manual de sable y, por un instante, pareció que un relámpago cruzaba el cielo nocturno. El gran martillo de Qin Ming trazaba arcos sin cesar en la noche. La cabeza, envuelta en un brillo de oro negro, se movía cada vez más rápido y dejaba tras de sí trayectorias aterradoras que se entretejían en el patio. Poco a poco, parecieron estallar innumerables destellos de sable aterradores. Retiró el martillo y se quedó en pie, profundamente conmocionado: había reproducido aquellas técnicas de sable. Qin Ming confiaba en sí mismo. Si le daban las técnicas completas y le concedían el tiempo necesario, sin duda lograría dominarlas. Pero, gracias a la resonancia espiritual, en una sola noche había dominado aquellas técnicas que iban más allá del propio manual, como si hubiera practicado durante décadas. Pronto recuperó la calma. Eso solo se aplicaba a las técnicas, la experiencia y la comprensión del sable. Para elevar su esencia vital, todavía tenía que cultivar. Aun así, ¡era algo que bastaba para dejar atónito al mundo! Se preguntó qué sería aquel líquido de las piedras y cómo podía permitir que su espíritu resonara con las emociones misteriosas que aquel libro contenía. Qin Ming comprendió que el recurso misterioso de los «restos» no tenía por qué ser inferior a lo que había surgido de la fusión de las diez columnas de luz y la bruma de cinco colores. Si aquello llegara a saberse, sin duda provocaría una tormenta de magnitud incalculable. Incluso sospechaba que el origen de aquellos «restos» podía ser más extraordinario. Sus pensamientos se agitaron; muchas cosas le vinieron a la mente. La noche en que un gran incendio devoró toda la aldea, el muchacho de la vestidura de plumas había parecido puro y etéreo. Llevaba un bastón de bambú de un violeta brillante, y su porte trascendía lo ordinario: era evidente que tenía un origen ilustre y que su fuerza debía de ser insondable. El linaje que lo respaldaba probablemente era aún más aterrador. Ahora Qin Ming se sentía más sereno y tenía más confianza. En el futuro podría dirigirse a la Ciudad de la Luna Poniente y enfrentarse a aquel pasado sangriento. Al mismo tiempo, las dos mujeres que habían aparecido en la entrada de la aldea seguían un camino claramente distinto del suyo. Parecía que podían mirar por encima del hombro a quienes cultivaban el método de renacimiento. Ahora Qin Ming pensaba que su propio camino no tenía por qué ser inferior a los demás. Si avanzaba lo bastante rápido, podría abrirse paso por cualquiera de ellos. Una vez sereno, empezó a evaluar su fuerza. Ahora sus dos brazos superaban los mil kilos de fuerza y se acercaban incluso a los mil cien kilos. Sumadas a la esencia de las técnicas del sable —ausente incluso del manual— que había dominado, sus capacidades de combate resultaban aterradoras. «¿Podría medir mis fuerzas con esos viejos que han cultivado la fuerza de luz celestial?», se preguntó Qin Ming. Hizo sus cálculos en silencio. Aunque aquellos viejos pudieran cargar un caldero de trescientos kilos cuando alcanzaban el primer renacimiento, al llegar al tercer renacimiento tendrían unos novecientos kilos, más o menos. Ni siquiera lo igualarían. Esa era la razón fundamental por la que todos daban tanta importancia al primer renacimiento y querían establecer cimientos innatos dorados: los renacimientos posteriores se acumulaban sobre esa base. Qin Ming creía que lo más aterrador de quienes alcanzaban el tercer renacimiento era haber cultivado la fuerza de luz celestial. Si lograban acercarse y enredarlo en una lucha cuerpo a cuerpo, estaría muerto sin remedio. Esa fuerza especial podía atravesar y desgarrar incluso las escamas de las bestias gigantes. Su poder letal era formidable; esa era la razón fundamental por la que los humanos, pese a su menor tamaño, podían enfrentarse a los seres anómalos. Sin embargo, en el ámbito del renacimiento, la fuerza de luz celestial solo podía cubrir la superficie del cuerpo y extenderse un poco más allá de los puños y los pies; todavía no podía proyectarse sobre las armas. Qin Ming murmuró: —En ese caso, mientras no deje que esos viejos del tercer renacimiento se me acerquen y mantenga la distancia adecuada, aún puedo luchar contra ellos. Para eso necesitaba un arma adecuada. Un sable o una espada no servirían: lo más probable era que la fuerza de luz celestial los desgarrara y partiera. En cambio, el martillo de oro negro de mango largo parecía resistir. Con su fuerza pura, no creía imposible aplastar a su adversario. —Como era de esperar, otra noche en vela. Qin Ming no pudo evitar sentirse impotente. Seguía lleno de energía; solo logró echar una cabezada breve en la segunda mitad de la noche. Calculó que durante los próximos días no necesitaría dormir. En la segunda mitad de la noche estudió las técnicas de sable. Desmenuzó por completo las experiencias, revelaciones y comprensión del anciano, y las ejecutó a su manera, añadiéndoles las técnicas maravillosas y las intuiciones que se le ocurrían en un destello de inspiración. Al día siguiente, Cao Long, Mu Qing y Wei Zhirou le dijeron a Qin Ming que, si en unos días no encontraban nada especial ni obtenían nuevos frutos, regresarían. Ese día sacaron un ejemplar de nivel intermedio del Arte de la Intención y la Energía y se lo dieron a Qin Ming, al viejo Liu y a los demás como recompensa. También les permitieron transmitirlo a sus allegados. Los habitantes de la aldea de los Dos Árboles se lo agradecieron de todo corazón. Era la primera vez que tenían acceso a un método de renacimiento de ese nivel. Sobre todo, porque habían ayudado bastante a los miembros de las tres cuadrillas. Por ejemplo, la cueva de los Murciélagos de Fuego les había reportado grandes beneficios a Mu Qing, Cao Long y los demás. Esa noche, Qin Ming estudió el Arte de la Intención y la Energía de nivel intermedio. Le pareció inferior al método del manuscrito de seda que él practicaba. Además, aquel ejemplar era una copia hecha a toda prisa; no contenía emociones intensas, así que era imposible que provocara una resonancia espiritual. «Parece que tiene que ser el fruto del esfuerzo de un predecesor», comprendió. Por la noche, cuando Qin Ming fue a llevarle el Arte de la Intención y la Energía de nivel intermedio al viejo Liu, le preguntó: —Abuelo, no estarás pensando en agradecérselo contándoles a las tres cuadrillas de la Ciudad del Resplandor Escarlata dónde están todos esos lugares con sustancia de esencia espiritual, ¿verdad? —No te preocupes. Este viejo sabe lo que hace. Cuando me haya recuperado y tú hayas alcanzado el segundo renacimiento, y cuando las montañas vuelvan a estar completamente tranquilas, iremos juntos. Buscaremos sustancia de esencia espiritual que nos permita alcanzar el tercer renacimiento. ¡Los mejores lugares están reservados! —dijo el viejo Liu, golpeándose el pecho. Luego Qin Ming preguntó: —Abuelo, ¿hay por esta región algún linaje con cierta historia que ya haya caído en la decadencia? —¿Para qué quieres saberlo? ¿Qué piensas hacer? —preguntó el viejo Liu, desconfiado. Qin Ming respondió: —Quiero pedirles prestados algunos libros. Tranquilo, sin duda les ofreceré algo que no podrán rechazar: ¡plata nocturna!
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Noche sin límites (Novela) Capítulo 39

Estás leyendo el capítulo 39 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.