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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 38 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Qin Ming se llevó un buen susto. Tenía las yemas de los dedos heladas y, para colmo, la sustancia había empezado a filtrarse hacia su mano. ¿Cómo iba a mantener la calma? Sacudió la mano con fuerza de inmediato y luego intentó arrancársela. Había pasado un día. La piedra solar del cuenco de cobre ya no brillaba tanto y la habitación estaba oscura. Aun así, Qin Ming pensó que tendría que haber notado enseguida la aparición de aquel recurso misterioso; solo se había dado cuenta por el tacto de su mano. Se acercó al cuenco de cobre, sacó una piedra solar y la observó a la última luz rojiza del fuego. —¿Se derritió un trozo de hielo? Aquel líquido frío era incoloro e inodoro, muy fácil de pasar por alto. Cuando Qin Ming partió la piedra, no había mostrado el menor signo extraño. «¿Y si es agua que se filtró en la piedra después de la lluvia y que, tras congelarse, fue nutrida por la luz celestial hasta convertirse en un recurso misterioso?», se preguntó, algo dubitativo. Al fin y al cabo, aquel líquido gélido no tenía nada de particular. El recurso más raro emitió un pilar de luz de diez colores que se elevó hasta el cielo y atrajo las miradas de todas partes. Estaba destinado a difundirse por muchas ciudades resplandecientes y a desatar animadas discusiones; sin duda, quedaría registrado en los libros. —Eres un sobrante suyo. Aparte de estar tan helado que casi pinchas, ¿por qué no tienes nada de extraordinario? —Qin Ming lo examinó con el ceño fruncido. Después de sacudir la mano con violencia, el líquido dejó de filtrarse. Lo extraño era que tampoco había caído al suelo, aunque al tacto no parecía tener ninguna viscosidad. —¿Para qué sirves? —Qin Ming lo estudió. Aquel líquido no tenía nada de particular y eso lo hacía fruncir el ceño: no tenía ni idea de cómo usarlo. ¿Debía dejar que se filtrara en su carne y su sangre? La idea le parecía demasiado incierta. Ya había aprendido de Mu Qing y Cao Long que los recursos misteriosos nutridos por la luz celestial eran de muchos tipos. Algunos no solo no beneficiaban al cuerpo, sino que incluso podían perjudicarlo. —¿Eh? —La expresión de Qin Ming cambió ligeramente. Creía haber expulsado del cuerpo aquel frío hacía un momento; tras sacudir la mano con todas sus fuerzas, no había dejado que el líquido penetrara en su carne y su sangre. Ahora veía que no era así. Sentía algo raro en la mano derecha: el lugar por donde el frío se había filtrado empezaba a calentarse. Además, aquella corriente cálida se extendía con rapidez; más exactamente, se desplazaba. Le recorrió los dedos, subió por el brazo y enseguida pasó del hombro al cuello. Aunque era una sensación muy agradable, el imprevisto lo puso en guardia como si afrontara un gran enemigo. De inmediato hizo circular el método de renacimiento registrado en el manuscrito de seda para resistirse. Pero no sirvió de nada. Al contrario, la corriente empezó a subirle a la cabeza. Lo más importante era que la parte del líquido frío que no había conseguido sacudirse también comenzó a filtrarse por completo en sus dedos. Pasó de fría a cálida y ascendió por el brazo. —Admito que no eres un charco de agua muerta y que tienes algo especial. ¿Podrías parar un momento? Déjame recuperar el aliento —dijo Qin Ming. Ante aquella situación desconocida e imprevisible, probó toda clase de recursos, pero no logró cambiar nada. —¿Ya entró todo? —Sacudió el brazo y se frotó las manos sin parar. Sobre su cuerpo aparecieron ondas doradas y quebradas, pero no sirvieron de nada; al contrario, aceleraron el proceso. El líquido, frío hasta los huesos, se transformó rápidamente dentro de su carne y su sangre, y el calor empezó a elevarse. Luego, tanto el que había entrado por la mano izquierda como el de la derecha siguieron ascendiendo, como cientos de ríos que convergieran en el mar, hasta llegar a su entrecejo. Qin Ming miró su reflejo en el espejo. Ya que no podía detenerlo, solo le quedaba observar con calma. El calor se concentró cada vez más en el centro de su frente. Cuando todas las corrientes cálidas se reunieron allí, el hueso frontal entero empezó a brillar; después, la luz se extendió hacia el interior de su cabeza. No sintió ninguna molestia. Al final, aquel calor intenso se disipó. Qin Ming examinó con atención sus sensaciones. Aparte de sentirse lleno de energía, no parecía haber ninguna otra anomalía. Tomó el martillo de oro negro de mango largo y salió al patio. Practicó las técnicas de sable: su fuerza no había aumentado y su constitución no mostraba ningún cambio evidente. Pero Qin Ming sabía que aquel líquido no podía ser tan simple. Era imposible que al final no hubiese dejado rastro alguno; el cambio que había provocado probablemente aún no se había manifestado. Alzó la vista hacia el cielo nocturno. Lo veía un poco más claro, y la niebla nocturna parecía menos densa. Su visión había mejorado ligeramente, aunque no era nada demasiado evidente. Qin Ming comió algo sin darle importancia y luego fue a la entrada de la aldea, a la orilla del manantial de fuego, bajo los árboles gemelos blanco y negro. Frotó con la mano la áspera corteza de los troncos. Uno de los árboles era negro como la tinta; el otro parecía tallado en jade blanco. Sus hojas no caían ni siquiera en pleno invierno. —El líquido viene de la montaña Blanca y Negra. Son semillas que cayeron de allí… Era evidente que Qin Ming se hacía demasiadas ilusiones. Aunque se puso una hoja negra y otra blanca en la boca, no ocurrió nada extraño. —Por ahora, lo dejaré así —se dijo para tranquilizarse. Después de todo, no sentía malestar; al contrario, estaba lleno de energía. No debía de sufrir ninguna calamidad. De pronto, percibió algo. En la casa del viejo Liu, que vivía en la entrada de la aldea, se oían ruidos, acompañados por el llanto de una mujer y un niño. En apenas unas decenas de metros, Qin Ming cruzó el portón del patio en un instante. Frunció el ceño al ver tres gallinas corredoras enormes. Una de ellas era bastante particular: tenía el plumaje amarillo claro, emitía un tenue resplandor y sus dos patas eran muy robustas. Sus garras, excepcionalmente afiladas, habían dejado algunos arañazos en las losas de piedra azul del patio. Era mucho más corpulenta que las otras dos gallinas corredoras. Debía de ser el llamado gallo dorado mutado por segunda vez. En el patio había un hombre de expresión sombría. Hablaba en voz baja, pero era evidente que estaba a punto de enfadarse. Qin Ming comprendió que era un jinete de gallina dorada de la cresta del Gallo Dorado. ¿Qué hacía en casa del viejo Liu? A su lado había otros dos hombres, que también hablaban en voz baja con el viejo Liu. La familia del viejo Liu estaba de pie a un costado, sin saber qué hacer. Era evidente que aquellos hombres los habían asustado. ¿Qué podía escapársele al oído de Qin Ming? Oyó con toda claridad que estaban intentando persuadirlo con cierta dureza para que les «vendiera» la hierba roja que el viejo Liu había conseguido en la cueva de los Murciélagos de Fuego. Durante la noche tenue, la gente de la cresta del Gallo Dorado había visto al viejo Liu salir de la cueva de los Murciélagos de Fuego. Al notar un destello rojo en su pecho, entendieron lo ocurrido y fueron a importunarlo en su propia casa. —Viejo Liu, ya tienes muchos años. De joven sufriste una herida grave y tus cimientos innatos quedaron dañados hace mucho. Te será muy difícil alcanzar un segundo renacimiento. Más te vale venderla por un buen precio y dejarles algo a tus hijos y nietos. —Así es. Si comes esa hierba roja, sentirás como si te quemara un fuego. Eres viejo y débil; no podrás soportarlo. Si fracasas en el segundo renacimiento, las consecuencias serán terribles. El viejo Liu se sentía impotente. En el rostro llevaba una tristeza indescriptible, junto con un dejo de desolación. —Me he esforzado toda la vida, he luchado durante más de media existencia, y todo ha sido por esta oportunidad… Sin duda, esa era su obsesión. Además, ya había preparado algunos medicamentos auxiliares de naturaleza fría para regular poco a poco su cuerpo y consumir la hierba roja en dosis separadas. No habría problema: tenía muchas posibilidades de lograrlo. Después de todo, las sustancias que ayudaban a alguien a renacer contenían una vigorosa fuerza vital y esencia espiritual. Decir que su naturaleza medicinal era demasiado intensa y que ardía como el fuego era una exageración. … Al oír aquello, Qin Ming se enfureció. ¿No estaban abusando de él? ¡Un anciano de más de setenta años llevaba décadas anhelando un segundo renacimiento y, cuando por fin había vislumbrado una oportunidad gracias a aquella obsesión, aparecían unos tipos a comprarle por la fuerza! Oyó el precio que ofrecían. ¿En qué se diferenciaba de un asalto? Para la gente común, unas decenas de piezas de plata nocturna eran, sin duda, una fortuna. Pero aquello era una sustancia de esencia espiritual capaz de ayudar a alguien a alcanzar un segundo renacimiento. ¡Lo estaban subestimando demasiado! La hierba roja crecía en una peligrosa caverna custodiada por un murciélago de fuego, una criatura de tercera mutación. Era muy difícil recolectarla; ni siquiera los propios jinetes de gallina dorada se atrevían a entrar. —Tres hermanos mayores… —dijo Qin Ming, mientras avanzaba. —¿Quién eres? ¡Lárgate de aquí! —espetó uno de ellos, sin la menor cortesía. Ni siquiera quería dejarlo hablar. El jinete de gallina dorada se limitó a lanzarle una mirada fría. No dijo nada, pero la advertencia era clara: que no se metiera. —Pequeño Qin, no digas nada. Déjame entrar a la casa a pensarlo —dijo el viejo Liu. No quería que Qin Ming se viera involucrado, porque la cresta del Gallo Dorado era muy difícil de tratar. En otro tiempo habían sido un grupo de bandidos poderosos; aunque los habían amnistiado, seguían actuando con brutalidad. Si se fijaban en alguien, nadie sabía qué podía pasar. —Tres hermanos mayores, la hierba roja del abuelo Liu se la dieron Cao Long y Mu Qing, de la Ciudad del Resplandor Escarlata… —volvió a decir Qin Ming. Su intención era evidente: mencionaba a los descendientes directos de la nobleza de la Ciudad del Resplandor Escarlata. Ahora mantenían una buena relación con el viejo Liu y no habían dudado en darle sustancias de esencia espiritual para que cuidara su cuerpo. Al día siguiente, el viejo Liu tendría que levantarse temprano para guiarlos. —El propio viejo Liu ya nos contó esas cosas. Ja. Al final, ustedes no son más que… —se burló el jinete de gallina dorada. No dijo que Qin Ming pretendiera usar el nombre de otro para intimidarlos, pero eso era claramente lo que insinuaba: no creía que la gente de la Ciudad del Resplandor Escarlata fuera a trabar una amistad profunda con unos cuantos cazadores. —Un joven debe aprender a tener criterio. Si no es asunto tuyo, no te metas —lo advirtió directamente el hombre que estaba a su lado. El viejo Liu se dio la vuelta y entró en la casa. Sacó de un compartimento oculto de la pared un paquete de hierba roja y brillante. Por último, apretó los dientes, tomó un puñado y se lo metió en la boca. En vez de regular poco a poco su cuerpo con medicamentos auxiliares, se comió de golpe más de la mitad. Solo dejó una pequeña cantidad y la llevó al patio. —Es tan poca… ¿No será que te la comiste antes? —La expresión del jinete de gallina dorada se ensombreció de inmediato. Su intuición era bastante certera. —De verdad, solo queda esto —dijo el viejo Liu. —¿Y qué se puede hacer con tan poco? ¡Viejo Liu, muy bien! —El jinete de gallina dorada le dio unas palmaditas en el hombro y se marchó. Cuando los tres desaparecieron por la entrada de la aldea, el viejo Liu escupió un bocado de sangre. —Señor Liu, ¿qué te pasa? —Qin Ming se sobresaltó. El viejo Liu respondió: —Ese jinete de gallina dorada es muy cruel. Practicó la Palma de Barro Amarillo. Sospechaba que me había comido la sustancia de esencia espiritual antes; quería dispersar mi energía vital a escondidas para impedir mi segundo renacimiento. Qin Ming miró a través del portón, hacia la ventisca fuera de la aldea. De verdad quería perseguirlos y darle a cada uno un buen golpe de martillo. Sabía que no podía actuar de manera tan impulsiva. Tras la cresta del Gallo Dorado había un grupo de bandidos poderosos; si se dejaba llevar por el impulso del momento, podía traer un desastre a toda la aldea. Una vez en las montañas, podría pensarlo con calma. —Abuelo, ¿te encuentras bien? —¡Abuelo! Toda la familia del viejo Liu se apresuró a rodearlo, muy preocupada. —¿Cómo te sientes? —preguntó Qin Ming. El viejo Liu respondió: —Conozco el modo de actuar de la cresta del Gallo Dorado y ya me había preparado. Aunque no estoy del todo bien, tampoco es tan grave. Bastará con que me cuide unos días. En realidad, la cresta del Gallo Dorado no había sido la única en presentarse para comprarle por la fuerza. También había venido gente de la secta de los Tres Ojos, y entre ellos estaba un renacido por segunda vez. Al final, al ver que no podían obligarlo a vender, los de la secta de los Tres Ojos también se marcharon sacudiendo las mangas. Antes de irse, lanzaron varias miradas sombrías a su alrededor y dejaron un ambiente muy tenso. —A la gente común le cuesta sobrevivir en un entorno hostil. Y, aun después de convertirse en renacidos, la vida tampoco se vuelve fácil… —suspiró Qin Ming aquella noche, en su patio. Pronto descubrió qué cambio había sufrido. Su energía vigorosa no disminuía; ya era muy tarde y, aun así, no tenía sueño. Se acostó y pasó mucho tiempo dando vueltas. Comprendió que era incapaz de dormir: cuanto más cerraba los ojos, más despierto se sentía. ¡Qué desazón en plena noche! ¿Qué le pasaba? No era que se hubiera vuelto inmortal. ¿Cómo podía no dormir? Además, si en este mundo existieran inmortales y dioses, ya habrían sostenido el sol en lo alto. No habría una niebla nocturna tan densa ni el mundo estaría sumido en la oscuridad. En la segunda mitad de la noche, Qin Ming no aguantó más y salió a pasear. Sin embargo, después de dar dieciocho vueltas alrededor de la aldea, se sentía cada vez más despierto. —¿Qué me pasa? —Al volver al patio, practicó el método de renacimiento del manuscrito de seda y luego las técnicas de combate del manual de sable. Podía sentir el cansancio, pero no le entraba sueño. Salió a recorrer la aldea de noche y terminó otra vez en la entrada. Como no tenía nada que hacer, limpió la estela de piedra que estaba enterrada bajo la nieve. —Los ancianos dicen que esta estela pesa quinientos cincuenta kilos. Calculo que tengo la fuerza de quinientos kilos en un solo brazo, pero nunca lo he puesto a prueba. Ahora lo comprobaré. Al final, Qin Ming arrancó la estela de piedra del suelo helado y luego la levantó por encima de la cabeza con una sola mano. —Aunque me cuesta mucho, puedo hacerlo. Eso significa que mis dos brazos tienen en realidad una fuerza de mil cien kilos, algo más de lo que calculaba. Al día siguiente, Xu Yueping vio a Qin Ming y le preguntó: —Pequeño Qin, ¿lloraste? Qin Ming se quedó atónito. —No. —¿Por qué tienes los ojos un poco rojos? —preguntó Xu Yueping. —Anoche dormí mal —respondió Qin Ming. El viejo Liu fue a las montañas como de costumbre. No dio muestras de estar herido. Al encontrarse con Cao Long, Mu Qing, Wei Zhirou y los demás, Qin Ming no ocultó nada y les contó directamente lo que habían intentado hacer la gente de la cresta del Gallo Dorado y la secta de los Tres Ojos la noche anterior. —Se pasaron de la raya —dijo Mu Qing. Una hora más tarde, encontraron al jinete de gallina dorada del día anterior. Mu Qing le dio una bofetada que lo hizo salir volando seis o siete metros; se le cayeron varios dientes. —Yo lo contraté. Lleva tiempo trabajando para mí. ¿Querías robarle la hierba espiritual que le dimos? —preguntó Mu Qing con frialdad. —No… Fue un malentendido —balbuceó el jinete de gallina dorada, con la voz temblorosa. ¡Clang! La larga lanza de Cao Long pasó rozándole la oreja. Cambió de dirección y partió el gran árbol que había detrás. —Aunque nosotros nos vayamos, no se les ocurra tomar represalias. Si lo hacen, no acabarán bien —dijo con voz helada. —¡Lo entiendo! Poco después, también advirtieron a la gente de la secta de los Tres Ojos. Sin embargo, Mu Qing y Wei Zhirou también les dijeron en privado a Qin Ming y a los demás que no importaba demasiado el puesto local de la secta de los Tres Ojos, pero que su linaje, establecido en tierras lejanas, era muy poderoso y tenía sucursales en muchas ciudades. —La cresta del Gallo Dorado tampoco es poca cosa. Es un asentamiento que los Bandidos Dorados establecieron por aquí. El viejo Liu se sentía muy agradecido. Que ellos salieran en su defensa lo había tomado completamente por sorpresa. Ese mismo día, Qin Ming encontró una oportunidad para desenterrar aquel manual de sable. Como Wang Nianzhu se había convertido en un fugitivo buscado, ya no tenía que preocuparse demasiado y podía llevarse el manuscrito secreto a casa para estudiarlo. Cuando terminó la noche tenue, regresó a la aldea. —¡Ojalá esta noche pueda dormir! No quiero seguir sintiéndome tan despierto. Después de cenar, bajo el resplandor rojizo de la piedra solar, empezó a hojear el manual de sable encuadernado en cuero. Apenas lo abrió, se quedó atónito. Qin Ming alzó la vista hacia el exterior y luego bajó los ojos al viejo libro. ¿Qué ocurría? ¡Para él, aquel mundo parecía distinto!
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Estás leyendo el capítulo 38 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.