Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 37 online gratis en español
🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Qin Ming conocía bien esa zona. De inmediato encontró un montón de piedras en la nieve, recogió una piedra alargada casi idéntica, la partió de un fuerte golpe y arrojó los fragmentos hacia el lugar de antes; luego desapareció rápidamente entre el bosque denso.
Calculó que solo alguien como él, un joven renacido movido por la curiosidad, se acercaría a echar un vistazo. Los viejos no se detendrían: la corteza pétrea de los recursos misteriosos no servía de mucho.
Lo más importante era que lo que había sacado la mujer de azul era demasiado deslumbrante: no se podía ocultar ni disimular. En un instante iluminó todo el cielo nocturno, y todos los seres anómalos superiores y la gente de las grandes organizaciones la siguieron en su persecución.
Con un tesoro raro y precioso a la vista, ¿quién iba a querer una piedra rota?
Aunque la mujer de azul había absorbido con decisión aquel recurso misterioso, el entrecejo todavía le brillaba. Era casi como una lámpara que señalara el camino.
Al cabo de un rato, tal como había previsto, alguien vino a buscar la corteza pétrea abandonada.
Aquella era la zona exterior de la gran montaña; no había expertos por allí. Los viejos y los jóvenes robustos frecuentaban las zonas donde había nodos especiales.
Poco después, seis o siete renacidos llegaron a las manos por el fragmento alargado que habían partido.
Esta vez, aunque Qin Ming mantuvo el rostro sereno, por dentro sintió que algo se agitaba. Al fin y al cabo, el «resto» que había recogido procedía del recurso más misterioso de la montaña.
Jamás se había oído hablar de un espectáculo como un pilar de luz de diez colores que alcanzara el cielo; ni siquiera estaba registrado en los libros. Y eso sin contar que se había fusionado con la bruma de cinco colores.
Imaginaba que las grandes organizaciones y los seres superiores que no habían acudido antes debían de estar arrepintiéndose hasta el alma.
Todos habían coincidido en su momento: de los haces de luz celestial que descendieron hace dos años, el de aquel lugar era el más tenue. Creían que no sería una tierra fértil y que sus recursos serían inevitablemente escasos.
¡Y ahora la montaña Blanca y Negra había tenido una gran explosión de hallazgos!
En especial porque aquello probablemente involucraba otra clase de luz celestial, acumulada desde hacía doscientos años. Si los altos mandos de la capital real se enteraban, seguramente tampoco podrían dormir.
En aquel entonces, habían venido con gran despliegue de fuerzas, pero al final obtuvieron muy poco. Enfurecidos, hasta habían querido arrasar las montañas de la zona.
Era evidente que, en apenas unos días, el nombre de la montaña Blanca y Negra, silenciado durante años, volvería a correr por las numerosas y espléndidas ciudades envueltas en la niebla nocturna.
En el bosque denso, Qin Ming apretó hasta hacer añicos la mitad de la piedra que no presentaba ninguna fluctuación. Tal como esperaba, no había nada dentro.
Sostuvo la otra mitad, algo indeciso. El alboroto que había provocado el «recurso principal» era demasiado aterrador. Aunque los restos no se le acercaran ni de lejos, suponía que tampoco serían algo común.
No hacía falta que ocurriera un fenómeno extraordinario: bastaría con que allí prendiera una «llama fugaz» para que, probablemente, todo el bosque estallara en conmoción.
Después de todo, la noche tenue ya había terminado. En aquella oscuridad profunda como la tinta, cualquier anomalía destacaría muchísimo.
Poco después, Qin Ming salió del bosque y, siguiendo su vieja costumbre, dejó la mitad de la piedra en la montaña.
No había necesidad de apresurarse. Se serenó y decidió esperar a que la tormenta cobrara fuerza. El recurso más misterioso de la montaña Blanca y Negra sin duda sería tema de conversación para todos y sacudiría las diez direcciones; todo lo demás quedaría eclipsado.
En realidad, el recurso más misterioso ya había encendido el cielo nocturno. Todos los bandos estaban interceptando a la mujer de azul, y más de un ser anómalo superior había caído ensangrentado.
—¡Más rápido! —apremió la mujer envuelta en una capa negra de pieles. Estaba de pie sobre el lomo de un enorme cuervo negro; su esbelta figura irradiaba luz y detenía el viento y la nieve.
El cuervo de ojos violetas dijo:
—Tang Jin, qué fácil es decirlo cuando no eres tú la que vuela. ¡Estoy a punto de quedarme sin aliento! Ese roc dorado es casi inigualable en velocidad. ¡Ya es extraordinario que consiga acortar la distancia!
—¡Caramba, esa mujer es feroz! ¡Hizo que un ser superior derramara sangre en pleno cielo nocturno! —exclamó el cuervo de ojos violetas, mientras reducía un poco la velocidad.
—No tengas miedo. Aprovechemos que la han detenido y alcancémosla enseguida —lo apremió Tang Jin. En su mano apareció una cuerda de cáñamo de color amarillo pálido, de aspecto muy corriente.
—¿Esa no será la cuerda que sacaste de la viga de la casa de tu maestro? ¿La que tenía atada a una…? —preguntó alarmado el cuervo de ojos violetas.
—¡No es esa! —lo apremió Tang Jin una vez más—. ¡Acelera!
El cuervo batió las alas y poco a poco se acercaron.
Más adelante, el ave del Rayo Escarlata, que era la más veloz, había alcanzado a la mujer de azul, pero en un abrir y cerrar de ojos quedó gravemente herida.
Bajo el cielo nocturno, la mujer de azul, montada sobre el roc dorado, teñía con un misterioso método de dorado los copos de nieve que caían a su alrededor. Volaban por todas partes, y su velocidad se había multiplicado por cientos o miles.
Ella permanecía de pie sobre el lomo del roc, aparentemente inmóvil, pero los resplandecientes copos dorados trazaban extrañas trayectorias desde todos los ángulos y se abatían sobre el ave del Rayo Escarlata. Rasgaron la luz que la envolvía y, en un instante, la dejaron cubierta de sangre.
El ave del Rayo Escarlata, un ser anómalo superior, era feroz. Lanzó un chillido agudo; su cuerpo parecía arder y estalló una gran cantidad de luz roja que se expandió en todas direcciones. Era como un sol carmesí suspendido allí, iluminando el cielo nocturno.
Todos los copos dorados se fundieron al instante. Pero lo aterrador fue que no llegaron a evaporarse por completo. Al contrario, de pronto su resplandor dorado se intensificó y se transformaron en una lluvia incesante. Cada gota dorada se alargó sin límite; luego, las gotas se entrecruzaron en todas direcciones.
Se oyó el grito desgarrador de un ave. Bajo aquella maraña de finísimos hilos formados por las gotas de lluvia doradas, la enorme ave del Rayo Escarlata quedó cortada en decenas, quizá cientos de pedazos.
Ni su carne ni sus plumas, rebosantes de esencia espiritual, quedaron intactas: los hilos dorados lo cortaron todo. Sus restos cayeron hacia la tierra negra.
El cuervo de ojos violetas hizo una mueca. Quería darse la vuelta y huir, pero Tang Jin, a su espalda, actuó. La cuerda de hierba, que parecía tan corriente, resplandeció con intensidad, se extendió y salió disparada hacia la mujer de azul.
—¡¿Gente de la Ciudad de la Luz Fluyente?! —Al ver la cuerda, la mujer sobre el roc dorado reconoció enseguida el origen de Tang Jin.
—¿Crees que funcionará? —preguntó el cuervo de ojos violetas, sin ninguna confianza.
—¡Ve directo hacia ella y embístela en la cabeza! ¡Como sea, tenemos que encontrar la manera de quedarnos con la mitad del objeto celestial! —Tang Jin hizo brotar con todas sus fuerzas la luz dorada de la cuerda.
…
Esa noche, Qin Ming durmió de maravilla. Como dice el dicho, quien sabe contentarse siempre está alegre; él se sentía satisfecho con haber conseguido un pequeño botín. El recurso más misterioso le quedaba demasiado lejos, así que no aspiraba a obtenerlo ni pensaba en él.
Al día siguiente, cuando entró en la montaña con Mu Qing, Cao Long y Wei Zhirou, Qin Ming oyó un montón de noticias impactantes.
—¡Qué miedo! Anoche ardía el cielo lejano. Murieron varios expertos de grandes organizaciones y seres anómalos superiores; aun así, no lograron detener a la mujer de azul.
—Sobre todo porque hay muy pocos seres anómalos capaces de volar. Si los verdaderos expertos pudieran surcar el cielo, la situación sería otra.
—Dicen que el señor de la ciudad Ling casi se dio una palmada tan fuerte en el muslo que se lo dejó marcado. ¡Cómo se arrepiente de no haber comprado una montura voladora de gran velocidad! Tan furioso estaba que regresó corriendo a la Ciudad del Resplandor Escarlata.
La gente comentaba sin cesar. Llegaban noticias de todas partes y quienes habían entrado en la montaña estaban inquietos, temiendo que los seres superiores descargaran su ira sobre ellos.
Alguien había visto a la vieja comadreja, normalmente tan serena y apacible como un monje, correr por la montaña durante un buen rato con su burro en brazos, destrozando grandes extensiones del bosque.
—Se entiende. Si a cualquiera le arrebataran el botín de esa manera, seguro que vomitaría de rabia —dijo Cao Long, sentado a lomos de un buey gigantesco.
—Tienes razón. Ahora ni me atrevo a ir a las profundidades de la montaña —dijo un ser desde la copa de un árbol.
Cao Long se quedó atónito. ¿Quién hablaba en el aire? Alzó la vista de golpe y vio al gorrión parlante. Perdió la compostura al instante y lanzó hacia el árbol la lanza larga que sostenía.
¡Crac! El tronco se partió y toda la copa cayó con estruendo.
El gorrión parlante trazó una elegante curva en la oscuridad nocturna y se alejó volando con gran agilidad.
El viejo Liu lo aconsejó:
—No hace falta que te enfades con él. Tranquilo; cuando llegue el comienzo de la primavera y empiece a reproducirse, te ayudaré a desquitarte. Si no podemos con él, ¿acaso no podremos atrapar a sus crías?
Cao Long aplaudió de inmediato.
—¡Estupendo! Quiero criar varios gorriones parlantes; mejor aún si conseguimos atrapar también al de hace un momento.
Así, Cao Long y el viejo Liu se pusieron a conversar y congeniaron bastante.
Al poco rato, el viejo Liu mencionó al pasar:
—En la montaña hay pocos nodos especiales, y encima cuesta mucho encontrarlos. Pero también existen otras oportunidades, aunque son muy peligrosas. Por ejemplo, hay zonas habitadas por seres mutados tres veces. ¿Se atreverían a acercarse?
Cao Long dijo:
—¿Todavía quedan sitios así? Algunos viejos ya se adelantaron y actuaron. Ayer estuvieron barriendo la montaña; me temo que ya no queda mucha sustancia de esencia espiritual en las zonas exteriores.
En cuanto a las profundidades de la montaña, ni se le ocurriría poner un pie allí, ni siquiera junto a Mu Qing y Wei Zhirou. No era un lugar donde pudieran correr riesgos.
El viejo Liu se golpeó el pecho.
—¡Claro que sí! Conozco la montaña de maravilla. Hay lugares que los demás no encontrarían nunca, pero yo me los sé de memoria.
Al oírlo, los ojos de Cao Long se iluminaron.
—No hay problema. Si conseguimos algo bueno, desde luego te daremos una parte, viejo.
Mu Qing y Wei Zhirou también asintieron. En vez de buscar nodos especiales sin saber si los encontrarían, más valía ir directamente a una zona secreta donde había sustancia de esencia espiritual.
Qin Ming enseguida comprendió adónde quería llevarlos el viejo Liu. También se lo había contado aquella noche mientras bebían.
La cueva de los Murciélagos de Fuego estaba en una gruta que conducía al interior de la montaña. El camino se internaba a gran profundidad y allí había un manantial de fuego. En la cueva vivía una gran colonia de murciélagos de fuego; el más poderoso ya había mutado tres veces.
Los murciélagos de fuego no tenían sustancia de esencia espiritual en el cuerpo. Sin embargo, sus excrementos, al caer en los alrededores, favorecían el crecimiento de una hierba pequeña y rojiza, dotada de esencia espiritual, que podía ayudar a alguien a experimentar un segundo renacimiento.
Qin Ming había estado pensando que, llegado el momento oportuno, podía repartir entre el viejo Liu y Lu Ze la serpiente de fuego que ya no le servía demasiado. No esperaba que el viejo Liu tuviera sus propios medios para conseguirla.
La expedición a la cueva de los Murciélagos de Fuego tuvo algunos contratiempos. Varios jóvenes de los tres grupos resultaron heridos, pero Cao Long, Wei Zhirou y Mu Qing estaban allí para protegerlos, así que la victoria no estuvo en duda. Salvo por algunas semillas de hierba que dejaron atrás, arrancaron todas las hierbas rojas de la zona.
El viejo Liu estaba encantado. Llevaba en el pecho un manojo de plantas rojas y resplandecientes. La hierba medía apenas diez centímetros, pero contenía una vigorosa esencia vital y espiritual.
Antes de que llegara la noche tenue, Qin Ming cazó un buey salvaje. Aprovechó una ocasión para meterle la mitad de la piedra por la boca hasta el vientre y luego se reunió con Cao Long, Mu Qing y los demás.
Hacía mucho que no cazaba. Ahora era perfectamente razonable volver con una presa y, lo más importante, su relación con aquel grupo era muy buena.
Aunque hubiera alguien vigilando a quienes salían de la montaña, nadie interrogaría a Qin Ming y al viejo Liu al verlos caminar junto a Mu Qing, Cao Long y los demás. Todos lograron salir sin problemas, cada cual con su botín.
Por la noche, Qin Ming ni siquiera tuvo tiempo de cenar. En cuanto volvió a casa, comenzó a examinar la mitad de la piedra.
—¿Qué pasa? —Se le encogió el corazón. Ese día, cuando había sacado la piedra de la montaña, notó que algo no andaba bien: no percibió aquella leve fluctuación.
Ahora se serenó y sostuvo la piedra con ambas manos, pero seguía sin sentir nada especial.
Desde que había sido erosionado en la grieta del terreno y se había adaptado a ello, Qin Ming poseía una sensibilidad extraordinaria para percibir los recursos misteriosos nutridos por la luz celestial.
Pero ahora no detectaba nada dentro.
Inspiró hondo y empezó a desprender con cuidado la corteza pétrea. Si volvía a percibir alguna fluctuación, quizá se detendría y esperaría unos días más antes de abrirla.
Pero ya había aplastado más de la mitad de la piedra y seguía sin notar nada extraño. No había ni el menor movimiento.
Justo cuando sentía que se le hundía el corazón, sus dedos tocaron una especie de recurso misterioso. Sin embargo, no apareció ninguna anomalía; ni siquiera se filtró una hebra de la luz celestial que debería haber quedado dentro.
—¡¿Qué es esto?! —Hasta Qin Ming, normalmente tan sereno, se llevó tal susto que casi dio un salto.

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Estás leyendo el capítulo 37 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.