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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 35 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
En la época en que el sol había desaparecido, incluso durante la noche tenue, contemplar los paisajes lejanos resultaba bastante difícil; a cierta distancia, las imponentes montañas no eran más que sombras en la oscuridad. Pero ahora todo era distinto. En las profundidades de las montañas habían aparecido diez columnas de luz que se elevaban hasta el cielo e iluminaban las diez direcciones. Su resplandor superaba con creces el esplendor de la bruma de cinco colores; por un instante, parecía que habían regresado los días de luz. No solo se distinguían con toda claridad las montañas erguidas: hasta la hierba y los árboles de los riscos se veían nítidamente. Incluso podían apreciarse los colores y las vetas de las aves extrañas que volaban a baja altura, tan vivos y resplandecientes. Todos sentían como si una ráfaga hubiese barrido el polvo de sus corazones y descorrido el velo ante sus ojos. Lo que veían era pura luz; las montañas, los ríos y todas las cosas se reflejaban en su mirada y penetraban en sus corazones. Aun en lo más crudo del invierno, con la nieve cubriendo las montañas, sentían como si todo reviviera. Todo resultaba tan vívido, natural y entrañable. El viejo Liu, sentado sobre el lomo del gran perro amarillo, estaba emocionado. —He vivido más de setenta años y es la primera vez que contemplo un mundo tan resplandeciente, un cielo y una tierra tan grandiosos. ¿Así deberían ser siempre estas hermosas montañas y ríos? Qué lástima… Aunque soy un renacido y puedo ver las cosas lejanas, en los días normales siempre siento como si tuviera un fino velo delante de los ojos. Cao Long tomó la palabra: —En realidad, las ciudades de mediano tamaño o mayores… No continuó. No era apropiado hablar de esas cosas con un anciano de una región remota. Él no podía salir de allí, y mencionárselas solo lo habría entristecido. Cambió de tema: —La verdad es que tampoco he estado en muchos lugares. El vasto e ilimitado mundo negro es demasiado grande; incluso las llamadas ciudades resplandecientes parecen lugares de luciérnagas. En las profundidades de las montañas, los poderosos de las grandes organizaciones y los seres superiores parecían enloquecidos: todos corrían hacia el lugar donde se alzaban las diez columnas de luz. Sin embargo, en las zonas periféricas, Mu Qing, Wei Zhirou, Cao Long y los demás mantenían la calma. Se limitaban a observar desde lejos e incluso conversaban entre ellos. Sabían muy bien que aquello no estaba a su alcance. Hasta los expertos de alto rango podían morir si se acercaban; era inevitable que la sangre de los poderosos tiñera aquel nodo especial. No todos tenían la lucidez necesaria para reconocer sus propios límites. En las montañas había demasiados envidiosos. Claro que tampoco eran ciegamente confiados ni corrían hacia el territorio del resplandor de diez colores donde competían los seres superiores. El resplandor de diez colores rasgó el manto de la noche. Era un fenómeno anómalo que excedía todo lo conocido; nunca antes habían visto algo así en otras montañas célebres donde había descendido la luz celestial. Quizá también había ocurrido en otros lugares, pero alguien lo había ocultado deliberadamente: no figuraba en los libros ni en los registros. Así que las distintas facciones, aunque envidiosas, todavía capaces de contenerse, se volvieron hacia el lugar donde se elevaba la bruma de cinco colores. Se conformarían con lo segundo mejor. De hecho, aquel también era un fenómeno anómalo sumamente raro, que sin duda anunciaba un recurso excepcional, difícil de encontrar en el mundo. Pero eran demasiados los que habían acudido con ese propósito. Las facciones apenas acababan de encontrarse cuando el bosque ya se había teñido de sangre. La competencia era feroz. —¡Dios de la montaña, aquí no hay ninguna lógica! ¡Han muerto más personas que junto a las diez columnas de luz que se elevan al cielo! —¡En este lugar también hay seres anómalos superiores! No fueron a competir por el territorio del resplandor de diez colores. ¡Huyamos! Tras el baño de sangre, en apenas unos instantes ya había muerto un grupo de personas. Los contingentes que quedaban se dieron la vuelta y huyeron sin vacilar. La gente vio a un ser superior envuelto en una niebla espesa, de tamaño colosal. Pisó un risco y ya estaba cerca de aquel nodo especial. Casi en el mismo instante, un ser de forma humana descendió del cielo, batiendo sus amplias alas y envuelto en resplandores carmesíes, y le cerró el paso al ser superior. … —¿Un terremoto? La grieta del terreno tembló con violencia. Qin Ming se sobresaltó y salió disparado; de verdad temía que la tierra se derrumbara y lo aplastara en las profundidades subterráneas. Al instante también vio los dos espectáculos majestuosos: era como si la luz del día hubiera regresado al mundo. Lluvias de luz caían por doquier, y se distinguía con claridad todo lo que había en las montañas y los ríos. Sabía cuáles eran sus límites. Los misteriosos recursos nacidos en aquellos dos nodos no estaban a su alcance; si se atrevía a acercarse, moriría sin dejar rastro. Qin Ming se quedó junto a la salida de la grieta del terreno, y no pudo hacer más que envidiar a los expertos que recorrían las profundidades de las montañas. Quien saliera victorioso acabaría obteniendo beneficios inmensos. Aunque se encontraba lejos, en aquella zona tranquila, podía oír a la gente de las montañas decir que nunca habían oído hablar de un nodo de diez colores y que allí bien podía nacer un recurso de grado incalculable. —¡Por fin entiendo por qué este lugar es tan extraordinario! No solo descendió luz celestial aquí hace dos años: también cayó hace doscientos. En aquel entonces no se produjo nada digno de mención. La luz celestial anterior se acumuló durante doscientos años y se fusionó con la que descendió hace dos años. ¡Eso dio origen a este prodigio sin igual! Un anciano habló emocionado en el bosque. Era un hombre instruido y versado, que además había estudiado a fondo esta región y consultado numerosos documentos. Ahora revelaba la causa de aquella anomalía. —Yo también había oído el rumor. Hace doscientos años cayó aquí un rayo de luz celestial excepcionalmente grueso. Hasta la gente de la capital real se alarmó y envió expertos. Pero este lugar era tan desolado que resultaba difícil de creer; todos los expertos que acudieron deseaban arrasar estas montañas. En las montañas, a excepción de los seres superiores, los demás solo podían mirar y hablar del asunto. Nadie se atrevía ya a acercarse a los dos lugares de las oportunidades celestiales. Poco después, muchos exclamaron sorprendidos. Incluso los seres superiores y los expertos humanos, que combatían en el centro del campo de batalla con los ojos inyectados en sangre, quedaron atónitos. Los dos nodos especiales, con sus resplandores que se elevaban hasta el cielo, ¡se habían desplazado de nuevo! —¿Habrá algún monstruo bajo tierra? —Hasta la vieja comadreja, por lo general la más apacible y serena, empezó a hacer muecas. Aquella agitación la tenía harta. Esta vez, la bruma de cinco colores y las diez columnas de luz que se elevaban al cielo parecían girar en círculos dentro de un área limitada, y lo hacían muy rápido. —¡Se desplazan a toda velocidad a lo largo de las venas espirituales de la tierra que formó la luz celestial! ¡Se atraen entre sí; el círculo que trazan se reduce sin parar y poco a poco se están acercando! No solo lo advirtieron los expertos que habían entrado en escena; quienes observaban desde lejos podían verlo con aún mayor claridad. —¿Será que esos dos recursos misteriosos van a fusionarse? Todos estaban desconcertados. Aquello excedía por completo lo que podían comprender. Ling Xu, Wei Mo y los demás, así como los otros seres anómalos superiores, estaban casi exasperados. Perseguían los dos fenómenos asombrosos, pero no lograban alcanzarlos. Aunque llegaban hasta allí, apenas entraban en el nodo especial, este volvía a desaparecer y seguía desplazándose. Al final, algunos seres superiores optaron por esperar a que la presa llegara sola. Qin Ming observaba la escena con curiosidad. El nodo donde se encontraba no quedaba dentro de aquella zona, así que reinaba la calma y, por el momento, nadie había ido hasta allí. —¿Eh? Descubrió que la grieta del terreno bajo sus pies también se había «agitado»: empezaba a arrojar hilos plateados con destellos dorados, mezclados de vez en cuando con niebla púrpura y luces carmesíes, entre otras cosas. De inmediato se animó. ¿Acaso estaba a punto de madurar algún recurso valioso? Cuando había entrado hacía un rato, no había visto nada. ¿Sería que el gran cambio en las profundidades de las montañas también había beneficiado aquel lugar? Se metió de inmediato. El sitio donde se entrelazaban la bruma de cinco colores y los demás fenómenos, que sin duda no tenía nada que ver con él, quedaba fuera de su alcance; pero, si lograba recolectar aunque fuera un recurso de menor valor —o, mejor dicho, muchísimo menor—, se daría por más que satisfecho. Los haces plateados subterráneos se entrecruzaban y eran mucho más gruesos que antes. A medida que se adentraba, percibió una extraña fluctuación. La sensación se parecía a la que experimentaba cuando practicaba el método de renacimiento que constaba en el manuscrito de seda: era como si lo sumergieran en una fuente termal y los hilos plateados lo purificaran. Ahora no había hecho nada y ya percibía un calor que se extendía frente a él. Siguió el rastro de aquellas ondas singulares y llegó rápidamente al final. El paso estaba bloqueado por un montón de piedras. Ya no había camino. Qin Ming no perdió tiempo: se puso a despejar los escombros y los apartó todos. Descubrió una nueva grieta del terreno por la que se podía entrar aún más profundo bajo tierra. Por el camino, abrió paso varias veces con el martillo de oro negro de mango largo que llevaba en la mano, golpeando la grieta del terreno para ensancharla. Por fin llegó al origen de aquella extraña fluctuación. De las profundidades de la grieta del terreno brotaba una niebla luminosa de muchos colores que envolvía una piedra negra, más o menos del tamaño de media cabeza humana. —¿Qué es esto? Qin Ming pensó que debía de tratarse de uno de esos recursos especiales que todas las facciones querían recolectar, pero no sabía para qué servía aquella piedra negra. En aquel nodo especial fluían brumas de todos los colores, que le oprimían el pecho y le provocaban angustia. Aun así, su cuerpo podía soportarlo. Vio que la niebla que fluía por la grieta del terreno hacia la piedra negra se volvía cada vez más tenue y empezaba a retirarse, como una marea. ¿Significaba que estaba a punto de «madurar» por completo? Qin Ming no actuó precipitadamente. Esperó en silencio. Su cuerpo todavía lo soportaba y, a medida que la niebla se disipaba, dejó de sentir cualquier malestar. Al cabo de un rato, todo quedó en calma. Desaparecieron todos los fenómenos extraños. La piedra, del tamaño de media cabeza humana, parecía del todo corriente; si la arrojara por ahí, probablemente nadie se molestaría en recogerla. Pero, si prestaba atención, aún podía percibir una fluctuación muy débil. Era una facultad de percepción especial que había adquirido tras recibir el baño de luz plateada que brotaba de la grieta del terreno. —Puedo percibir débilmente los recursos especiales que han sido nutridos por la luz celestial. Qin Ming tomó la piedra. Pesaba bastante y tenía muchas ganas de abrir la corteza pétrea para ver qué había dentro. Pero reprimió el impulso. Debía salir de inmediato; si alguien lo sorprendía dentro de la grieta del terreno, estaría en problemas. Cuando salió sigilosamente a la superficie, todo estaba tranquilo en los alrededores, aunque en las profundidades de las montañas reinaba un gran alboroto. Había siluetas en muchas cumbres, contemplando el prodigio cada vez más impresionante. La bruma de cinco colores y las diez columnas de luz ya se habían enredado. Qin Ming avanzó en silencio por el bosque y luego se enterró en un banco de nieve. Después se puso a estudiar la piedra. Al ejecutar el método de renacimiento del manuscrito de seda, su carne y su sangre emitieron ondas doradas fragmentarias. Empezó a desprender la piedra a mano limpia. La corteza pétrea era muy dura, pero aun así la quebró en silencio con los dedos y la fue quitando con eficacia. Qin Ming siguió haciéndolo. La piedra se había reducido considerablemente; al mismo tiempo, gracias a su percepción especial, notó que su fluctuación se había fortalecido un poco. Detuvo las manos. Si la abría por completo, ¿aparecería algún fenómeno extraño? Al fin y al cabo, aunque no se comparaba con los dos recursos que tenían a todos pendientes, sin duda tampoco era algo común. En ese momento, Qin Ming sentía que la impaciencia lo carcomía. Quería partir la piedra de una vez, pero temía provocar un desastre por un descuido.
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Estás leyendo el capítulo 35 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.