Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 34 online gratis en español
🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Al entrar en la grieta del terreno, Qin Ming sintió que el cansancio se le había disipado por completo. No había sido una ilusión cuando estaba afuera: el lugar que casi le había costado la vida había cambiado por completo.
Alzó la vista. La salida quedaba a unos cuatro metros. Cerca de él, unos hilos plateados se enlazaban bajo tierra como telarañas y se extendían en todas direcciones; cuando su cuerpo los rozaba, sentía un tenue calor.
Con una espada corta en una mano y el martillo de oro negro de mango largo en la otra, Qin Ming avanzó. La última vez había caído allí por accidente y no se había adentrado demasiado; ahora quería explorar.
El suelo era muy irregular, cubierto de piedras de tamaños diversos, y estaba empapado. En las paredes de roca a ambos lados se acumulaban gotas de agua que de vez en cuando caían.
El camino era escarpado y se estrechaba poco a poco, hasta que Qin Ming casi rozaba las paredes con ambos lados del cuerpo. Pronto llegó ante una angosta hendidura por la que apenas podía pasar una persona.
Aunque estaba bajo tierra, no reinaba la oscuridad: los hilos plateados se entrecruzaban en desorden y aportaban algo de luz. Qin Ming los tocó, pero no sufrió daño alguno.
Rozó ligeramente las paredes de roca y se humedeció al pasar. Luego entró en una zona amplia; hasta los fragmentos de piedra del suelo escaseaban y el terreno era mucho más llano.
En aquel lugar, los hilos plateados se habían vuelto más gruesos. Se extendían en una maraña apretada por todo el espacio, como si muchas arañas enormes hubieran tejido allí sus telas, entrelazándolas unas con otras.
Y no solo eso: algunos hilos que atravesaban las paredes de roca tenían también un leve matiz dorado, y una niebla blanca se elevaba en el lugar.
Una vez allí, Qin Ming percibió las sensaciones con mayor claridad. Su cuerpo se sentía ágil; la tensión muscular se relajaba por sí sola y un calor agradable lo envolvía, como si estuviera sumergido en una fuente termal.
Frunció el ceño. ¿Se debía aquello a que el nodo especial de la montaña había sufrido una transformación drástica? ¿O acaso, después de padecer aquella tortura la última vez, se había acostumbrado al lugar?
Qin Ming aún recordaba vívidamente aquella experiencia aterradora. Entonces el corazón le había golpeado con tal fuerza que el sonido parecía el redoble de un tambor de guerra; el pecho estaba a punto de estallarle y la sangre le corría a una velocidad espantosa. Por un instante, creyó oír el estruendo de una cascada.
Reflexionó sobre los diversos cambios que había experimentado desde que salió de allí. El más anómalo, sin duda, era la serie de movimientos que practicaba, aquellos «métodos sin escuela». Durante años no habían dado señal alguna, pero, después de sobrevivir al borde de la muerte, al volver a practicarlos habían provocado una reacción peculiar.
Ahora ya sabía que esos métodos no carecían de escuela: estaban registrados en el manuscrito de seda, cuyas técnicas se había empeñado en practicar desde niño.
«Alguien me dijo que era imposible dominar las técnicas del manuscrito; que habían arrancado y quemado la mayor parte de sus páginas…».
Las diez o veinte páginas que quedaban todavía podían practicarse, pero hacía falta que alguien que ya las hubiera aprendido guiara a uno en sus primeros pasos. Y quienes podían hacerlo seguramente habían muerto hacía mucho.
«No pude encontrar a nadie así ni tuve ayuda, pero al final lo conseguí. ¿Tendrá que ver con este lugar?». Qin Ming caviló, dejándose llevar por toda clase de conjeturas.
«¿Y si, para practicar las artes del manuscrito, al principio uno necesita la protección de sus predecesores y entrar en un nodo especial tan peligroso como este…?». Qin Ming meditó largamente.
Luego siguió adelante, observando aquel lugar especial con detenimiento y empezando a tocar con cautela los gruesos hilos de tenue color dorado.
No mucho después, a medida que avanzaba, vio también hilos luminosos que atravesaban las paredes de roca y de los que emanaba un vapor violáceo. La escena era extraordinaria, y no dañaban el cuerpo físico.
…
En el bosque montañoso, en las afueras de la gran montaña, volaba un cuervo de ojos violetas. De pronto, una vasta nube de niebla negra se alzó frente a él y le cerró el paso.
—¿Quién anda ahí? —preguntó, alerta de inmediato. Sus ojos violetas destellaron con símbolos misteriosos y, poco a poco, distinguió la escena entre la densa niebla.
Un búho corpulento, más alto que una persona, estaba posado en un árbol. Sus dos alas, diestras como manos humanas, hojeaban un libro de cuero.
—¡Cuánto tiempo! ¿Tomamos unas copas? —dijo el búho. La densa niebla no se disipó; el ave sujetó el libro bajo un ala.
—Estoy patrullando la montaña. No tengo tiempo —rechazó el cuervo, que le tenía cierto recelo.
—¿Qué posición ocupas ahora? Este lugar ni siquiera es tu territorio. Qué poca dignidad: ¿de verdad acabaste de portero de un viejo chocho?
El búho le cerró el paso. Parecía muy descontento con su conducta y quería sermonearlo allí mismo. La niebla negra se espesó aún más y cubrió el bosque.
El cuervo de ojos violetas respondió:
—Viejo búho, tengo cosas que hacer. Hace poco encontré a un muchacho más o menos prometedor y quiero ir a echarle un vistazo. No me bloquees el camino.
Si Qi Huai'en lo hubiera sabido, se le habría helado la sangre: al igual que You Liangyun, aún no había obtenido reconocimiento y seguía sometido a pruebas y observación.
El búho preguntó:
—¿De verdad no piensas volver al mundo salvaje de la niebla negra? Al fin y al cabo, provienes de un linaje ilustre, de una gran familia entre las aves. Llevas sangre de ser superior y tienes unos cimientos innatos extraordinarios. ¿Cómo puedes rebajarte así? ¿Acaso quieres volver a visualizar tu forma verdadera, transformarte en un bípedo y vivir para siempre en una ciudad?
El cuervo de ojos violetas asintió.
—Sí. Tampoco sería imposible. Tengo talento y puedo cambiar mi forma verdadera. ¿Acaso no hay quienes rondan las tierras vedadas entre las montañas profundas y los grandes pantanos, y se han convertido en seres anómalos? ¿Por qué nosotros no podríamos hacer lo contrario y buscar un camino que nos convenga?
El búho lo reprendió:
—¡Qué desfachatez! Los humanos dejan de ser humanos y las bestias dejan de ser bestias. Tú, cuervo de una familia ilustre, ¿quieres convertirte en humano? ¡Se lo contaré al abuelo Cuervo! ¡Te arrancaré todas las plumas y te convertiré con mis propias manos en un bípedo desplumado!
Los dos se enzarzaron en una discusión.
—No te metas en mis asuntos y apártate. Podrías entorpecer lo que tengo que hacer. Si ellos ponen a prueba a ese muchacho antes de tiempo y ocurre un accidente, será un desastre. Si resulta que el muchacho tiene potencial, más adelante tendré que recurrir a él para que me consiga algo en medio del inmenso mundo humano. Eso concierne a mi camino futuro, y tú sabes bien de qué se trata. ¡Vamos, déjame pasar! —dijo el cuervo.
You Liangyun le había comentado que probarían a Qin Ming en unos dos días, aunque, si se presentaba la oportunidad, quizá actuaran antes.
—¡Maestro Wu! ¿Ya regresaste del interior de la gran montaña? ¡Ha ocurrido algo terrible! ¡Todos esos hombres están muertos! —gritó un gorrión parlante mutado, agitando las alas.
El cuervo de ojos violetas se zafó de la niebla negra y apareció afuera.
—¿Qué ocurrió? —preguntó.
—Maestro Wu, hice con esmero lo que me encomendaste. Pero, mientras lo hacía, un oso enorme, de tres metros de altura, me persiguió junto con un gran grupo de bípedos. Me asusté y huí por un rato. Cuando regresé, toda la gente de tu grupo ya estaba muerta. Olí la sangre que habían dejado, pero no sé cómo murieron.
El cuervo de ojos violetas lo acompañó hasta las cercanías del lugar de los hechos y buscó indicios. Percibía las señales de vida y muerte con especial sensibilidad. Cerró los ojos unos instantes y luego los abrió.
—Qi Huai'en ha muerto. Aquí no hay señales de muerte de aquel muchacho. Interesante… ¿Lo mató alguien de afuera o murió al enfrentarse con ese muchacho?
Agitó un ala para indicarle al gorrión parlante que se marchara.
—Si ese muchacho realmente es tan capaz y llegó hasta aquí por sus propios medios, mejor que no vaya a la Ciudad de Liuxia. Ya no hace falta que me entrometa. —El cuervo de ojos violetas se echó a volar.
En medio de un campo nevado, You Liangyun informaba a una mujer:
—Qi Huai'en puso a prueba a Qin Ming. Dijo que, al final, todavía le faltaba un poco. Hay un gran caos en las montañas. Antes de irme, estalló un feroz enfrentamiento en aquel bosque…
El cuervo de ojos violetas regresó y se posó en un árbol bajo.
—Qi Huai'en fue a rescatar a alguien, pero acabó muerto. Es una lástima.
—Quédate —le dijo a You Liangyun la mujer, envuelta en una capa de piel negra.
—¿Ah? —You Liangyun se quedó pasmado. Enseguida se inclinó con una reverencia y una emoción incontenible.
En las profundidades de la gran montaña, la bruma de cinco colores se disipó poco a poco.
Ling Xu y Wei Mo se pusieron de pie al mismo tiempo y dejaron caer las copas de vino y las jarras que sostenían.
Ling Xu golpeó suavemente el pie con el sable largo. La bota de cuero de bestia se rasgó y dejó asomar parte de los dedos. Después se dio una palmada en el pecho: la túnica blanca se hizo jirones. Su cuerpo alargado no parecía muy corpulento, pero, bajo el resplandor de las nubes lejanas, los contornos de sus músculos se veían fluidos, y los destellos les dibujaban un ribete dorado.
Se dejó hecho un andrajo y se pasó los dedos por el cuerpo; enseguida apareció sangre falsa sobre la piel. Tenía una habilidad extraordinaria para fingir heridas.
Wei Mo comentó:
—El señor de la ciudad Ling, siempre tan impecable y preocupado por su aspecto, se ha dejado así. La gente de afuera seguramente dará mucho que hablar cuando lo vea.
Aunque dijo eso, él también se puso manos a la obra: se quitó algunas de las placas rojas de la armadura y se las guardó en el pecho, y luego se dejó en un estado lamentable.
En otra ladera, el gato atigrado capturó a un gran gato montés negro. Con gesto de asco, se untó un poco de su sangre y esparció además algo de sustancia de esencia espiritual luminosa.
No muy lejos, la bestia mantis hacía lo mismo.
Era evidente: los altos mandos de la Ciudad del Resplandor Escarlata y los seres anómalos de las montañas no querían que otros expertos acudieran a disputarles los recursos raros del nodo especial, así que ambos bandos habían vuelto a aliarse.
No podían limitarse a tender una emboscada brutal a aquellos expertos; eso provocaría la indignación general y las grandes organizaciones se vengarían de ellos.
Tiempo atrás, cuando se aliaron para expulsar a aquel grupo de seres superiores que pretendía migrar allí y apoderarse del lugar, habían matado a un ser anómalo muy poderoso y extraído su abundante esencia espiritual. Aprovecharon aquello para hacer estallar un nodo especial y crear artificialmente un lugar de la bruma de cinco colores, atrayendo a todas las facciones para que lucharan por él.
Mientras tanto, Ling Xu, el gato atigrado y los seres superiores de las montañas se atacaban mutuamente de mentiras, fingiendo una lucha y reteniéndose unos a otros fuera del campo de batalla.
Claro que tampoco podían fingir todos los enfrentamientos. La vieja comadreja, por ejemplo, había sido interceptada por un adversario real, y aquel misterioso señor de la montaña había corrido al centro del campo de batalla para combatir.
El resultado había sido bastante bueno: ya habían muerto algunos expertos cerca del lugar de la bruma de cinco colores, y ciertos seres anómalos superiores llegados de afuera y expertos de grandes organizaciones habían quedado gravemente heridos.
…
En las profundidades de la grieta, Qin Ming empezó a practicar las artes del manuscrito de seda. Cuanto más lo hacía, más sentía que todo su cuerpo se despejaba y reconfortaba, como si una corriente misteriosa de calor lo bañara de pies a cabeza.
Allí se entrecruzaban toda clase de hilos luminosos. Para alguien como Wang Nianzhu, que había experimentado un segundo renacimiento, eran muy peligrosos y hacía falta reponer su cuerpo con serpientes de sangre, criaturas dotadas de esencia espiritual.
Ahora Qin Ming podía permanecer mucho tiempo en aquel lugar sin sufrir daño y, además, sentía que su condición física mejoraba poco a poco.
«¿Será que las artes del manuscrito están hechas para practicarse en un sitio como este?», se preguntó.
Pero ya no quedaba nadie que pudiera responderle. Los de aquella época habían muerto, quedado mutilados o desaparecido. El manuscrito de seda estaba amarillento; ni siquiera se sabía cuántos años atrás lo habían dejado allí.
De pronto, el suelo tembló violentamente. Qin Ming estuvo a punto de caer.
En el exterior, en el centro de la zona donde la bruma de cinco colores se disipaba, los seres anómalos superiores y los expertos de la organización misteriosa se enfrentaban. Todos estaban en pésimas condiciones y nadie había logrado entrar en aquel nodo.
En ese instante, toda la luz del nodo se extinguió de pronto; a lo lejos, en cambio, irrumpió una nueva bruma de cinco colores, aún más espectacular que la que había aparecido allí antes.
—¿Cómo es que ha aparecido otro lugar?
—No. ¡Los recursos raros que nacieron allí se han desplazado siguiendo las venas espirituales de la tierra! ¡Se han trasladado a otro sitio!
Ling Xu, la vieja comadreja y los demás todavía tenían una «segunda parte» preparada, pero ahora se quedaron pasmados junto con todos los presentes. Ya no necesitaban encubrir nada: ¡el verdadero lugar de la bruma de cinco colores había aparecido!
¡Retumbido!
De pronto, toda la cordillera se sacudió violentamente, con más fuerza que antes, acompañada de un resplandor cegador. El cielo nocturno, negro como la tinta, se rasgó y quedó iluminado por completo. Surgió otra escena extraordinaria, de una magnitud todavía mayor.
—¿Qué estoy viendo? ¡Diez colores! Esas luces, como pilares gigantescos, sostienen el firmamento. Jamás se había visto una maravilla semejante. ¿Qué recurso excepcional está a punto de aparecer?
Hasta los seres superiores quedaron boquiabiertos. Aquello superaba todo lo que podían imaginar.
En un instante, sin importar cuán graves fueran sus heridas, todos los expertos desaparecieron del lugar. Ni siquiera se detuvieron a mirar el verdadero lugar de la bruma de cinco colores: corrieron directamente hacia el sitio donde aquella escena extraordinaria era aún más grandiosa. Allí se elevaban y caían lluvias de luz interminables, y todas las miradas se volvieron hacia ellas.

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Capítulo 35
Noche sin límites (Novela) Capítulo 34
Estás leyendo el capítulo 34 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.