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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 32 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Esa noche, la oscuridad de las montañas era más densa de lo habitual, como si un enorme telón negro las cubriera. De pronto, en las profundidades de la cordillera se alzó una bruma de cinco colores. En un instante rasgó la noche e iluminó los cuatro rumbos. Las cumbres que se erguían por doquier quedaron teñidas de luz, y hasta los árboles con nieve sobre las ramas resplandecieron. La escena dejó a todos conmocionados. En toda la sierra, frente a ellos, la niebla luminosa se elevaba y los destellos relucían en una miríada de colores. En esta era sin sol, semejante esplendor bastaba para despertar el anhelo de cualquiera. Las montañas se sumieron en el caos. Los expertos que estaban cerca del lugar que ilumina la bruma de cinco colores habrían dado lo que fuera por tener alas de relámpago y volar hasta allí al instante para disputarse el recurso más misterioso de toda la cordillera. —¡Ha madurado tan pronto! —¡Ah…! Las distintas fuerzas perdieron la cabeza y corrieron hacia allí. Antes de que llegaran siquiera a mitad de camino, ya se oían gritos: alguien atacaba a traición. En la vasta cordillera rugían bestias notables y volaban aves de renombre. También numerosos seres anómalos empezaban a enloquecer y se dirigían hacia allí. En las profundidades de la montaña, la bruma de cinco colores no se disipaba. Se elevaba hasta lo más hondo de la noche negra, y su resplandor deslumbrante bañaba los ocho rumbos. La gente sabía muy bien que todos aquellos presagios eran apenas manifestaciones. Todo se debía a que el recurso del nodo especial había madurado: lo envolvían una niebla blanca y nubes resplandecientes, que habían dado lugar a aquel paisaje misterioso. Wei Mo, de diez metros de altura, estaba de pie sobre un precipicio, contemplando el lugar donde se arremolinaba la bruma irisada de cinco colores. Su armadura carmesí oscura resonaba como las escamas de una bestia jiao y despedía destellos escarlatas. Hizo fuerza con los pies y, con un estruendo, derrumbó el risco. Las rocas rodaron montaña abajo; la tierra tembló con un estrépito impresionante. Con su larga lanza negra en la mano, saltó y se lanzó hacia las profundidades de la montaña. —Hermano Wei, será mejor que te quedes —dijo una figura vestida de blanco que apareció ante él. Era nada menos que el señor de la Ciudad del Resplandor Escarlata, un hombre de gran rango, y le cerraba el paso. —Ling Xu, ¿te atreves a detenerme? Wei Mo empuñó la larga lanza negra y avanzó pisando el bosque. De un salto desapareció del lugar y, al instante siguiente, reapareció. La lanza, como un relámpago negro, abrió una enorme brecha entre los árboles y apuntó directamente a Ling Xu. En otra ladera, un gato atigrado de un metro de largo, con una espada larga roja a la espalda, avanzaba a toda prisa. Ágil y silencioso, esquivó a los numerosos seres anómalos y se dirigió al centro donde se alzaba la bruma de cinco colores. —¡Alto! De pronto, un ser anómalo se acercó a toda velocidad, como un relámpago. Era evidente que quería disputarle al gato atigrado el recurso misterioso, cuyo valor era incalculable. Apareció una bestia mantis, acompañada de una ráfaga violenta. A su paso, todas las ramas que le estorbaban se quebraron. Se plantó con arrogancia ante el gato atigrado y le cerró el camino. Era completamente blanca y tenía una forma parecida a la de una mantis, pero superaba la altura de un hombre. Todo su cuerpo estaba cubierto de un pelaje blanco como la nieve. Sus patas delanteras eran larguísimas, como dos espadas blancas y aserradas, envueltas en una tenue niebla luminosa. El gato atigrado no perdió tiempo en palabras: desenvainó la espada carmesí. Al instante, fue como si el resplandor del atardecer iluminara la zona y tiñera de rojo el bosque. La energía de la espada se elevó hasta el cielo nocturno. A la vez, un destello de hoja cortó la oscuridad y se entretejió con el otro como un relámpago en la espesura. Árboles altísimos cayeron en masa bajo el impacto de una energía cortante invisible; otros estallaron en pedazos. …… La vieja comadreja, que normalmente paseaba en burro con absoluta calma, abandonó ese día a su montura. Se desplazaba a toda velocidad sobre las copas de los árboles, como un relámpago blanco. —¿Hm? Se detuvo de pronto en la cima de un alerce de varias decenas de metros. Con la «mano» izquierda a la espalda y las cuentas de oración enroscadas en la «mano» derecha, alzó la vista al cielo. —El recurso excepcional de ese nodo no está destinado a ti. La niebla nocturna se extendía por el cielo y desde allí llegó una voz gélida. —Parece que, aparte de la gente de la Ciudad del Resplandor Escarlata, hay otros forasteros observando a escondidas —dijo la vieja comadreja, más locuaz que de costumbre. —Quédate aquí. Desde las nubes negras del cielo nocturno llegó otra voz. Era evidente que pretendía detener a la vieja comadreja, cuyo poder era insondable, para darles tiempo a los demás. La vieja comadreja habló: —¿Se te ocurrió pensar que, si me detienes, alguien también podría interceptar a tus compañeros? No son ustedes los únicos que acechan en las sombras. Déjame avanzar y enturbiemos las aguas. —No pienso dejarte pasar. Hace tiempo que quiero poner a prueba tu fuerza. ¡Te alías con la gente de la Ciudad del Resplandor Escarlata y encima hieres a mi amigo! ¡Hum! Entre la niebla surgieron unas alas y una enorme garra cubierta de escamas se extendió hacia la vieja comadreja en la ladera. Era tal como un dragón nuboso que asomara la garra. Las cuentas de oración enroscadas en la mano derecha de la vieja comadreja se movieron de golpe cuando ella lanzó un manotazo hacia el cielo. Retumbó como un trueno. Un aterrador haz de luz se retorció en la oscuridad, semejante a un relámpago espantoso, y el estruendo sacudió los oídos. Las nubes del cielo se dispersaron y dejaron al descubierto a una criatura gigantesca que batía sus alas plateadas. La embestida la hizo retroceder sin cesar, levantando ráfagas de viento aterradoras. El alerce bajo los pies de la vieja comadreja también se quebró. Muchos de los árboles cercanos cayeron y estallaron en pedazos; la escena era espantosa. Ella aterrizó con ligereza sobre una roca. A lo lejos, entre los árboles, apareció el insecto lunar, como una luna que se alzara sobre el mar. Se enfrentó a una mujer vestida con un vestidura de plumas, que estaba sobre un gran pájaro azul y despedía un brillo brumoso. Poco después, ambas partes entraron en combate. …… —¡Cómo desearía estar en la plenitud de la vida y erguirme en la cima, para poder ir también a las profundidades de la montaña a disputar esos tesoros excepcionales que la montaña espiritual ha engendrado! Ay… Verlo todo con mis propios ojos y no atreverme ni siquiera a acercarme… ¡Me parte el corazón! En los confines del bosque, alguien gritaba con expresión indignada. —Ahora mismo eres de los renacidos más débiles de nuestro grupo. Despierta: quién sabe si para cuando estés en la plenitud de la vida todavía existirás. En la espesura, innumerables personas miraban con envidia, pero, pasada la primera exaltación, poco a poco fueron deteniéndose. Aún no tenían fuerza suficiente para adentrarse en la montaña y disputar las oportunidades con los viejos monstruos. Hacerlo sería buscar la muerte. Los distintos grupos recobraron la calma. No había remedio: si se dejaban llevar por el impulso, los seres anómalos superiores de la montaña y aquellos viejos monstruos se encargarían de enfriarlos de manera sencilla y expeditiva, hasta dejar sus cuerpos completamente helados. Después de detenerse, Cao Long tomó su arco largo y se puso a buscar al gorrión parlante malhablado. ¿Cómo se atrevía a llamarlo «un montón»? —¡Encontraron un nodo especial por aquí! ¡Alguien quiere quedarse con todo! El gorrión parlante volvió a gritar. Parecía un espíritu encarnado: sabía cómo atraer desgracias e intentaba provocar que los demás grupos acudieran a matarlo. ¡Fiu, fiu, fiu! Una flecha de hierro tras otra salió disparada, en una lluvia cerrada hacia el lugar de donde venía la voz del gorrión. —¡Lo van a matar para silenciarlo! ¡Auxilio! ¡Aquí hay un nodo especial que ha producido un tesoro misterioso! El gorrión parlante mutado huyó. —Hoy no es un buen día para explorar más adentro. Será mejor que nos retiremos —dijo Mu Qing. Las montañas eran un caos; el lugar que ilumina la bruma de cinco colores había salido a la luz y allí se encontraba la mayor fortuna. Los viejos monstruos estarían matándose entre ellos, y nadie sabía qué podía ocurrir. Quizá terminaran afectando a inocentes. Cao Long y Wei Zhirou asintieron. Sus tres grupos eran bastante cautelosos: preferían volver con las manos vacías antes que cometer un error y perder la vida. —Bien, quedémonos en la periferia y familiaricémonos con el terreno. Hoy no nos adentraremos. Esperemos a que se calmen del todo las batallas entre los expertos de alto rango. En las profundidades de la montaña, estallaban rayos de luz aterradores. Aves de renombre batían las alas y rasgaban la noche; expertos humanos lanzaban aullidos espantosos. El combate en la montaña era feroz. El viejo Liu, jinete del perro, y Yang Yongqing, jinete de la cabra negra, servían de guías. Ahora podían actuar por su cuenta, pues Mu Qing, Cao Long y los demás se habían retirado a los márgenes y esperarían a que la batalla tuviera un desenlace antes de decidir qué hacer. Qin Ming estaba encantado de tener tiempo libre. Desde luego, no pensaba adentrarse en la montaña. Por muy valiosos que fueran aquellos tesoros excepcionales, primero había que estar vivo para hacerse con ellos. Deambulaba por el bosque buscando al gorrión parlante. Una vez había prometido atrapar uno para el pequeño Wenrui, pero nunca lo había encontrado. El de hoy había mutado y parecía especialmente inteligente. Por desgracia, no volvió a encontrarlo. Ese gorrión parlante mutado era demasiado astuto: después de ofender gravemente a Cao Long y a los demás, desapareció sin dejar rastro. Qin Ming se detuvo un instante. Luego se dirigió hacia la grieta del terreno que en otra ocasión le había provocado una grave enfermedad, para ver cómo estaba ahora ese nodo especial, después de los cambios drásticos en las montañas. —Se separó de Mu Qing, Cao Long y los demás. Quizá ahora podamos medir su fuerza. Alguien le dio la noticia a You Liangyun, que estaba en el bosque. —¿Ah, sí? Bien, síganlo. You Liangyun llevaba la armadura de mejor calidad y sostenía una espada larga de brillo gélido. Con sus hombres, avanzó rápidamente por el bosque. …… En las profundidades de la montaña, el combate entre los expertos era aterrador y sangriento. Una criatura gigantesca quedó gravemente herida; la sangre que brotaba de su cuello salía a borbotones como una fuente. Al desplomarse, su cadáver hizo temblar la tierra y aplastó una gran extensión de árboles. La luz violeta se agitaba por todas partes, como nubes resplandecientes que cubrieran el cielo. Una alabarda cruzó el firmamento con un brillo frío y deslumbrante. Aves extrañas despedían resplandores radiantes y surcaban el cielo y la tierra. En el centro del campo de batalla, rayos se entretejían en una multitud; nadie sabía de dónde habían llegado aquellos expertos. Todos tenían identidades misteriosas y estaban enfrascados en una lucha frenética. Ya habían muerto seres superiores. Sin embargo, los combates en algunos lugares eran algo «extraños». En el bosque, Ling Xu, vestido de blanco, estaba sentado en el suelo. Destapó una jarra de licor, se sirvió una copa y luego le arrojó la jarra entera a Wei Mo. Para este, toda la jarra apenas equivalía a una copa. Los dos bebían en silencio, pero cada uno seguía sujetando su arma: un largo sable en una mano y una lanza de batalla de más de diez metros en la otra. De ellas brotaba una deslumbrante «luz celestial», que se elevaba y palpitaba en el cielo nocturno. En otra ladera, el gato atigrado también estaba sentado con la espada en la mano. El arma irradiaba destellos escarlatas, mientras la bestia mantis, no muy lejos, golpeaba el cielo nocturno con sus patas delanteras, semejantes a hojas aserradas. …… Qin Ming frunció el ceño. Vestía ahora una túnica de pieles y parecía claramente un joven cazador de la zona. ¿Por qué volvían a tenerlo en la mira? Se detuvo, pues había dos grupos ocultos que lo habían acorralado, uno delante y otro detrás. Uno de ellos venía siguiéndolo desde atrás y se acercaba deprisa. —¿Qin Ming? —You Liangyun llegó y contempló al joven de figura esbelta y rostro apuesto. Su porte destacaba de verdad, y su expresión era bastante compleja. Porque aquel joven bien podía ser quien le cerrara el camino para seguir progresando. —¿Quién eres? ¿Qué quieres? —preguntó Qin Ming, con el martillo de oro negro de mango largo en la mano. You Liangyun lo miró inexpresivo. Guardó silencio un momento y por fin dijo: —Soy You Liangyun, de la Ciudad del Resplandor Escarlata. Alguien me pidió que midiera tu fuerza. Ataca. Qin Ming frunció el ceño. ¿Qué estaba pasando? Al mismo tiempo, miró con cautela a los otros cuatro hombres. Sus armas eran bastante pesadas, aunque no demasiado: debían de ser todos renacidos por segunda vez. —¡Vamos! You Liangyun empuñó aquella espada afilada, cuyo valor extraordinario se notaba a simple vista, y tomó la iniciativa. En el bosque oscuro trazó un destello deslumbrante. ¡Clang! Al instante siguiente, sintió un dolor punzante en la palma y se le entumeció la mano. La espada larga, cristalina como el agua otoñal, estuvo a punto de salir volando. Qin Ming no dijo nada. You Liangyun, como renacido por primera vez, tenía una fuerza bastante buena; Qin Ming calculó que podía levantar un caldero de más de trescientos kilos. No cabía duda: no había desplegado toda su fuerza y se estaba conteniendo. Sobre todo, no apartaba la mirada de los otros renacidos por segunda vez. You Liangyun volvió a atacar, pero después de que le bloquearan la espada tres veces seguidas, la mano derecha le tembló. Suspiró, abatido, y retrocedió. —Mi fuerza es inferior a la tuya, y tampoco te igualo en velocidad. No soy rival para ti —dijo, apesadumbrado. Se echó la espada a la espalda y añadió—: Dentro de poco, probablemente alguien irá a buscarte. Me voy. —Gané. ¿Eso parece haberte afectado? —preguntó Qin Ming. —Al perder contra ti, ya no tengo derecho a seguir al lado de esa persona importante. Tú ocuparás mi lugar —respondió You Liangyun. —¿Y tú qué harás? ¿Adónde irás? —preguntó Qin Ming con el ceño fruncido. —¿Qué otra cosa puedo hacer? Ya que no podré seguir esforzándome para progresar, solo me queda volver a casa y heredar el título nobiliario de mi familia. You Liangyun se marchó con sus hombres. Qin Ming había querido decir algo, pero al oír sus últimas palabras se tragó todo lo que iba a decir. —La personalidad del hermano You sí que está a la altura. Lástima que, tras perder, solo pueda regresar a la Ciudad del Resplandor Escarlata. Qi Huai'en salió del bosque. You Liangyun, que estaba a punto de irse, se detuvo y se volvió. —La persona importante también me pidió que viniera a echar un vistazo. Voy a medirlo. Qi Huai'en desenvainó un sable largo y, con una sonrisa tenue, caminó hacia Qin Ming. El metal chirrió. Qi Huai'en lanzó tres tajos seguidos y luego se detuvo. Negó con la cabeza. —Qué lástima. Sigue faltándole un poco; no está a la altura de lo que necesita la persona importante. —¿Ni siquiera así? —se sorprendió You Liangyun. —No. La persona importante busca un candidato suplente. A él todavía le falta un poco. Vámonos. Qi Huai'en se marchó junto con él. Qin Ming no entendía nada. Si no hubiera tenido en cuenta que aún había gente observando desde las sombras, ya habría luchado sin contenerse. ¿Acaso ese Qi Huai'en era tan fuerte? ¿Con qué derecho lo juzgaba así? Mientras se alejaba con You Liangyun, Qi Huai'en reflexionó en silencio. Aunque se había contenido, aun así había percibido lo extraordinario de aquel joven que solo había renacido una vez. Como mínimo, podía levantar un caldero de cuatrocientos kilos. ¡Impresionante! —¿Hm? Se oyen ruidos de combate. You Liangyun miró atrás. Qi Huai'en dijo: —Vuelvan ustedes. Ahora hay mucho caos en las montañas. Si alguien lo mata, la persona importante podría acabar sospechando de ti, y no conviene. —Voy contigo —dijo You Liangyun. Qi Huai'en negó con la cabeza. —Mi fuerza supera con mucho la de un renacido por segunda vez común. No podrán ayudarme; si hay peligro, solo acabarán perdiendo la vida en vano. Ve a ver a la persona importante. Quizá cambie de opinión cuando sepa que tu carácter está a la altura. —Está bien. You Liangyun se marchó con sus hombres. Qi Huai'en, de complexión proporcionada y más alto que la mayoría, se internó a toda velocidad entre los árboles, como un tigre o un leopardo. Pronto llegó al lugar. Miró a los hombres que tenía delante, sorprendido. —¿Todavía no han acabado con él? Qin Ming sostenía el martillo de oro negro de mango largo y se enfrentaba a otro grupo que había salido del bosque. Ahora estaba seguro de que no había nadie más oculto. Miró a Qi Huai'en. —You Liangyun no tenía intención de matarme. En cambio, ¿tú quieres eliminarme? A su alrededor había seis hombres, todos con el rostro cargado de intención asesina. Ya habían intercambiado golpes brevemente. —¿Y qué si es así? —respondió Qi Huai'en con serenidad. Qin Ming lanzó el martillo. Al instante, le reventó la cabeza al hombre que tenía delante. Le arrebató la lanza que llevaba, salió disparado a una velocidad aterradora y atravesó con ella a otro hombre. ¡Puf! La sangre salpicó por todas partes. Alzó al segundo hombre ensartado en la lanza.
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Noche sin límites (Novela) Capítulo 32

Estás leyendo el capítulo 32 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.