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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 30 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Bajo la tenue oscuridad de la noche, las siluetas de las montañas se superponían en la distancia. Qin Ming ya se había puesto en camino. Avanzaba a toda prisa sobre la nieve, entre los densos bosques que flanqueaban el sendero. El pueblo de la Enredadera Plateada apareció a lo lejos. Bajo la niebla ligera fluía una luz suave, y las siluetas de sus distintos edificios podían distinguirse desde muy lejos. El pueblo bullía de actividad. A ambos lados de las calles se alineaban tiendas de toda clase, con los estantes repletos de mercancías que deslumbraban la vista. La gente iba y venía entre las voces de compradores y vendedores, que se sucedían sin cesar. Últimamente habían llegado muchos visitantes de la Ciudad del Resplandor Escarlata: nobles, exploradores e incluso renacidos de identidad desconocida se habían instalado en los distintos pueblos, animando todavía más sus calles. A Qin Ming le bastó preguntar un poco para encontrar la residencia del anciano noble, situada en la zona oriental del pueblo de la Enredadera Plateada. Su imponente portón bermellón estaba adornado con multitud de clavos de bronce. A ambos lados de la entrada había una pareja de bestias auspiciosas, guardianas de la paz del hogar. —¡Qin Ming! Aquel día habían llegado bastantes jóvenes de las distintas aldeas, y uno de ellos lo llamó por su nombre. Qin Ming respondió enseguida con una sonrisa y se acercó a la mansión junto a varios renacidos que acababan de llegar. Ya había alguien esperándolos en la entrada, dispuesto a guiarlos. La residencia era muy grande y tenía varios patios interiores, distribuidos con armonía y adornados con rocallas de formas singulares y pabellones. En los parterres solo quedaban unas pocas plantas perennes. En aquel invierno de escasez, la vida del anciano noble no parecía haberse visto afectada. Era evidente que poseía una fortuna considerable y sabía disfrutarla. El salón de la mansión era amplio y luminoso. Aunque su decoración no podía calificarse de extremadamente lujosa, superaba con creces la de cualquier familia acomodada corriente. Sus enormes columnas estaban cubiertas de delicados motivos tallados; todos los muebles eran de maderas rojas de primera calidad, y de las paredes colgaban pinturas y caligrafías de gran fuerza evocadora. El viejo mayordomo recibía a los jóvenes, que llegaban en sucesivos grupos, con una corrección impecable. La sonrisa no desaparecía de su rostro, como si aquella expresión hubiera quedado fijada en él. En todo momento se mostraba cortés y mesurado. —Qin Ming. —Er… Zhou Wubing. Al reconocer a Er Bingzi, Qin Ming cambió de tratamiento en cuanto abrió la boca. Había cambiado mucho desde su renacimiento: ahora superaba en media cabeza a una persona corriente y era un muchacho de porte gallardo. Además, con tanta gente alrededor, ya no parecía apropiado llamarlo como antes. —Dentro de un tiempo iré a la Ciudad del Resplandor Escarlata. ¿Tú qué planes tienes? ¿También piensas salir de aquí? El cabello de Zhou Wubing, antes amarillento y reseco, se había vuelto negro y brillante. En sus ojos resplandecía ahora una luz viva. —A mí también me atraen esas ciudades luminosas y lejanas. Ya veré llegado el momento —respondió Qin Ming. Había muchos jóvenes en el salón. Al principio se mostraban cohibidos: comparada con sus casas de ladrillos azulados y tejas grises, aquella residencia, con sus vigas talladas y pintadas, resultaba espléndida. Las porcelanas, pinturas, caligrafías y demás antigüedades que la adornaban parecían de gran valor, y ellos no estaban acostumbrados a semejante entorno. Sin embargo, con el paso del tiempo se relajaron y empezaron a comer las frutas y los dulces que el mayordomo había hecho traer. Qin Ming se desenvolvía con bastante soltura. Puesto que incluso en aquel invierno de nevadas podían ofrecerles bayas frescas y rojas, no pensaba andarse con remilgos. Al fin y al cabo, había venido precisamente para comer y beber de balde. —Hoy no voy a competir contigo. Ese pariente mío dice que va a llevarme… —Er Bingzi bajó la voz, pero de pronto se interrumpió. Había visto a un anciano de cabello plateado y a una mujer envuelta en una capa negra de piel cruzar el patio en dirección a un salón algo más pequeño. —Esa es la señorita de la familia Xie. Aunque no se le ve el rostro, parece tener una figura extraordinaria. Eh, ¿por qué tiene un cuervo? —comentó Zhou Wubing, mucho más locuaz que un momento antes. —No parece que le cueste encontrar marido —murmuró Qin Ming en voz muy baja. Ya la había visto de lejos el día anterior, cuando los altos mandos de la Ciudad del Resplandor Escarlata negociaban con los seres de las montañas. Ella también había estado cerca de aquella zona. Era evidente que, aun hablando tan bajo, la mujer de negro lo había oído: volvió la cabeza y le lanzó una mirada fulminante. La capucha de la capa de piel le caía muy baja, y unos mechones oscuros cubrían un lado de su mejilla, de una blancura luminosa. Qin Ming solo alcanzó a ver parte de su rostro ovalado y unos labios rojos que parecían de un color muy vivo. —Je, je, je… ¡El cuervo posado sobre su hombro se estaba riendo! Su voz no se diferenciaba de la humana. A Qin Ming le resultó extraño. No obstante, desde que había entrado en la residencia estaba empleando «Atenuar la luz, fundirse con el polvo» para ocultar la extraordinaria y abundante vitalidad de su cuerpo. —Debe de ser un miná —dijo Er Bingzi. También él recibió una mirada airada, aunque en su caso fue del cuervo. —¿Por qué se viste así en su propia casa? —preguntó Zhou Wubing, desconcertado—. Ah, ya entiendo. Dentro de poco tendrá que recibirnos. Las señoritas nobles son muy ceremoniosas; seguro que no quiere mostrar el rostro en un primer encuentro. Esta vez la mujer les lanzó una mirada fulminante a los dos. —Ya que se te da tan bien hablar, sigue un poco más —susurró Qin Ming, con el menor hilo de voz posible. Quería comprobar si la mujer sería capaz de oír una conversación tan tenue como el zumbido de un mosquito. No solo reaccionó ella: hasta el cuervo lo hizo. Esta vez se echó a reír con sonoros graznidos. Qin Ming cerró la boca de inmediato y no volvió a decir nada. Aquella mujer parecía estar muy lejos de ser alguien corriente. Ni siquiera la holgada capa negra de piel conseguía ocultar su hermosa figura. ¿Cómo podía alguien así tener dificultades para casarse? Los demás jóvenes también comentaban lo que habían visto. Ya habían confirmado que el anciano de cabello plateado era el noble y que su hija parecía una mujer excepcional. —Me da la impresión de que está muy por encima de nosotros. No tenemos ninguna posibilidad —suspiró alguien en el salón. Aunque había venido albergando ciertas esperanzas, ahora había recuperado la lucidez. Todos los presentes eran renacidos y poseían una percepción muy superior a la de las personas corrientes. Podían advertir que aquella señorita noble albergaba un poder extraordinario. Hasta su cuervo entendía el habla humana: no tenía nada de común. Poco después llegó el anciano noble en persona. Se llamaba Xie Jingrui. Cada hebra de su cabello plateado parecía cristalina; tenía el rostro sonrosado y vestía ropas de brocado. Al ver que los jóvenes se levantaban, algo azorados, sonrió con afabilidad. —Son todos buenos muchachos. Basta mirarlos para saber que tienen buen corazón. Son mucho más sencillos que esos jóvenes entregados a la cetrería y a la caza con perros que he conocido. Xie Jingrui optó por la franqueza. Desde el primer momento les explicó sin rodeos que, si bien era cierto que deseaba casar a su hija, también quería pedirles un favor. Sabía que aquel grupo de jóvenes renacidos se internaría en las montañas. Las grandes familias de la Ciudad del Resplandor Escarlata ya los habían elegido tiempo atrás para que les sirvieran de guías. —Si descubren que en alguno de los nodos de las montañas ha surgido un recurso raro, les agradecería que ayudaran a este anciano. Tranquilos, no se pongan nerviosos. No les pido que vayan a disputárselo a nadie, sino únicamente que me hagan llegar la noticia. El anciano noble Xie Jingrui les explicó con franqueza que tenía trato con los nobles de la Ciudad del Resplandor Escarlata. Solo quería hacer negocios con ellos y comprar cuanto antes cierto recurso especial que necesitaba, pues temía que se lo vendieran a otro antes de que él se enterara. Esta vez habían llegado muchas organizaciones y facciones, y todas habían anunciado de antemano que pagarían precios elevados por los recursos raros gestados en los nodos de las montañas. A continuación, dio unas palmadas e hizo traer sables, espadas y otras armas de filos relucientes, todas ellas indudablemente valiosas. Invitó a cada joven a escoger una, como muestra de agradecimiento por haber acudido. —Mi hija me trae de cabeza. De verdad quiero casarla cuanto antes. ¡Qué preocupación! Y, cuando busco yerno, no me importa en absoluto su origen. Xie Jingrui suspiró. Declaró sin ambages que le bastaba con que su hija y el pretendiente se gustaran mutuamente. De buena gana habría celebrado la boda al día siguiente: deseaba que la familia Xie se extendiera y tuviera una descendencia numerosa. Al final de su explicación llegó incluso a mostrarse melancólico, y no parecía estar fingiendo. ¿Acaso la señorita de la familia Xie tenía de verdad problemas para casarse? Muchos empezaron a preguntárselo. —Jóvenes, he oído hablar de ustedes dos. Ambos poseen cimientos innatos dorados. Nada mal. ¿Han pensado en cambiar de senda? Xie Jingrui se acercó a Qin Ming y Zhou Wubing con expresión afable y tomó la iniciativa de hablarles. Poco después, el viejo mayordomo llevó a Er Bingzi al patio trasero para que conociera a la señorita noble. Sin embargo, regresó enseguida. —¿Era la mujer de negro? ¿Qué tal? —le preguntó Qin Ming en voz baja. —Toda de negro, de porte gallardo y bellísima. Pero, en fin, no somos compatibles. Podrías considerarlo tú. Tras decir aquello, Er Bingzi se marchó a toda prisa. Qin Ming no había acudido en absoluto para buscar pareja. Sin embargo, el anciano noble le había regalado expresamente un arco de gran tensión y, además, había insistido en que fuera al patio trasero a conocer a su hija. Por cortesía, no le parecía apropiado marcharse antes de tiempo. Supuso que aquella misteriosa mujer de negro no le tendría demasiado aprecio, después de haberlo fulminado dos veces con la mirada. Seguramente le ocurriría lo mismo que a Er Bingzi: se verían un momento para cumplir con las formas y asunto terminado. Poco después, alguien guio a Qin Ming hacia la parte posterior de la residencia. En el patio trasero, una mujer vestida de negro practicaba con la espada entre destellos de un frío intenso. Su porte era, en efecto, gallardo y marcial. Qin Ming se quedó atónito. No es que fuera fea; todo lo contrario, era muy hermosa. En lugar de la delicadeza de otras mujeres, poseía una gallardía poco común, una belleza de un carácter completamente distinto. Pero tenía una cara enorme, casi tan grande como una palangana. Su figura esbelta rozaba los cinco metros de altura, y la gran espada que empuñaba medía más de tres metros de largo. Er Bingzi no parecía haber mentido. Había dicho la verdad; tan solo se había olvidado de mencionar la altura y el peso. La mujer se llamaba Xie Lingxi. La gran espada que sostenía era más larga que la estatura de Cao Long. Qin Ming comprendió entonces a qué se refería el anciano noble cuando había dicho que podía ayudarlo a cambiar de senda. ¿Quería hacerlo seguir el camino del Dios del Espíritu Gigante? —¿Tú también crees que parezco un monstruo? —preguntó Xie Lingxi. Qin Ming negó enseguida con la cabeza. —No. Sigues el camino para convertirte en una deidad, una gran senda hacia la inmortalidad. Además, cuando tu cuerpo del Dios del Espíritu Gigante alcance la plenitud, podrás recuperar tu apariencia original. —¿Convertirme en una deidad? Si de verdad existieran los dioses, ¿por qué no alzan el sol y lo hacen salir de nuevo? —La mujer soltó una risa desdeñosa y volvió a practicar con la espada. Qin Ming se dio la vuelta, dispuesto a marcharse. —Te vi hace dos años. Veníamos de la Ciudad de la Luz Fluyente; pasamos por la Ciudad de la Luna Poniente y después por la Ciudad del Resplandor Escarlata. Los encontramos por el camino. Entonces estabas a punto de morir —dijo de pronto Xie Lingxi, con su figura alta y esbelta de casi cinco metros. El cuerpo de Qin Ming se puso rígido al instante. Luego se volvió lentamente.
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Estás leyendo el capítulo 30 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.