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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 24 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Bajo la tenue luz de la noche, las grandes montañas se alzaban unas junto a otras. La nieve inmaculada cubría el bosque; aves extrañas describían círculos a poca altura y, de vez en cuando, se oían los gritos de las bestias de montaña cercanas. Qin Ming dejó que los fríos copos se posaran en su cabello, con el corazón lleno de satisfacción. Aunque su incursión de aquel día había sido sumamente peligrosa, lo obtenido superaba con creces sus expectativas. Ya contaba con suficientes «provisiones» para su segundo renacimiento. Eso significaba que su fuerza experimentaría un gran aumento. Inmóvil entre el viento y la nieve, Qin Ming contempló el suelo del bosque teñido de sangre roja oscura. No había querido llegar a aquello, pero su adversario no le había dejado otra opción. Ya que le había obsequiado un regalo tan generoso, debía darle una buena sepultura. Que el difunto descansara en paz; ahora que estaba muerto, ya no tenía por qué seguir llevando aquella gélida armadura. Le quitó la armadura de oro negro y, de paso, lo registró de pies a cabeza. Después llevó el cadáver a lo más profundo del bosque, donde las bestias de montaña se encargarían de sus exequias. —¡Qué buena espada! Qin Ming acarició la hoja larga, semejante a una límpida corriente de agua. La blandió suavemente en la noche y un fulgor deslumbrante cruzó el aire como una ancha banda de seda. Sin embargo, no podía sacarla de las montañas, lo cual lamentaba mucho. Aquella espada era muy superior al sable largo de Fu Entao. Tras abatir a la serpiente de sangre, el sable había quedado lleno de mellas; en cambio, después de que el hombre de rostro oscuro y cetrino matara a otra serpiente de sangre con aquella espada, su filo seguía intacto y su superficie, lisa como un espejo. Qin Ming limpió rápidamente el campo de batalla: lo que debía acabar en un estómago acabó allí, y lo que debía enterrarse quedó bajo tierra. Aquellos hombres procedían de la Ciudad del Resplandor Escarlata; no podía dejar ningún rastro. Tanto la espada larga como la armadura negra de su dueño eran las mejores armas y protecciones que había tenido a su alcance hasta entonces. Aun así, no le quedaba más remedio que dejarlas en las montañas. —Las desenterraré cuando las necesite. Estaba claro que ya podía retirar las armas que habían dejado Fu Entao, Feng Yi'an y los demás: habían sufrido graves daños durante la lucha contra las serpientes de sangre. Todos aquellos hombres llevaban plata nocturna encima, y el más fuerte también tenía trece monedas de oro diurno. —Es verdad eso de que nadie se hace rico sin una fortuna inesperada, como ningún caballo engorda sin pastar de noche —suspiró Qin Ming. Pero aquel oro diurno estaba manchado de sangre, y no deseaba pasar más veces por experiencias semejantes. Por desgracia, no había rastro de lo que más le interesaba: técnicas de meditación o el Arte de la Intención y la Energía. Pensándolo bien, resultaba comprensible. ¿Quién llevaría consigo escrituras y manuales secretos al aventurarse en las montañas? Qin Ming emprendió el regreso. Por el camino cazó un enorme bovino salvaje y, tras extraerle las vísceras, metió dentro las serpientes de sangre y volvió a coserle el vientre. No hubo más contratiempos y llegó a casa sin dificultades. «Fu Entao, Feng Yi'an y los demás llevan dos días muertos. ¿Cómo es que aún no se ha descubierto?» Qin Ming calculó que no tardaría mucho. Después de todo, los patrulleros de montaña que habían ido a enfrentarse a las serpientes de sangre habían enviado a alguien a espiar el puesto de Fu Entao y descubierto que las cabañas de madera habían desaparecido. En realidad, al día siguiente de la desaparición de Fu Entao, Feng Yi'an y los demás, alguien ya había notado que algo andaba mal. El líquido catalizador necesario para las lunas negras plantadas en los manantiales de fuego estaba preparado, pero, llegada la hora, el responsable de aquella patrulla de montaña no había ido a recogerlo. Cuando pasaron dos días sin que apareciera Fu Entao, y Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás tampoco fueron al pueblo de la Enredadera Plateada a divertirse, las personas relacionadas con ellos comprendieron que podía haber ocurrido algo. Después de almorzar, Qin Ming se puso a practicar seriamente con el sable. De pie en el patio, blandía el martillo de oro negro de mango largo y, poco a poco, levantó la nieve de todo el recinto. Sus movimientos provocaban una ventisca de grandes copos; al surcar el aire, el enorme martillo producía incluso un rumor apenas perceptible de viento y trueno. No se detuvo hasta que su cuerpo estuvo abrasador y descargó su golpe de sable más poderoso con el martillo, haciendo estallar el remolino de nieve que llenaba el aire. Entonces recogió el arma y se quedó de pie en el patio, empapado en sudor y con una profunda sensación de desahogo. Había alcanzado una nueva comprensión de las formas de combate descritas en el manual de sable. Permaneció largo rato inmóvil, reteniendo aquellas sensaciones y reflexionando sobre ellas con toda su atención. Después volvió a estudiar «Atenuar la luz, fundirse con el polvo». Visualizó la quietud y el vacío, ocultó su vitalidad y apagó el resplandor de su espíritu. Cuanto más se adentraba en la práctica, mejor la comprendía. Cuando la noche tenue estaba a punto de terminar, Xu Yueping regresó con el semblante sumamente grave y convocó a todos los renacidos de la aldea. —¡Ha ocurrido algo muy serio! Aquellas pocas palabras bastaron para ponerlos a todos en tensión. —¿Qué ha pasado? —preguntó alguien. —Es muy posible que a Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás… un monstruo de montaña los haya liquidado a todos de una vez. ¡Puf! Al llegar al final, Xu Yueping no pudo mantener la seriedad y se le escapó una risita. Se contuvo enseguida. Después de todo, no convenía mostrar tanta alegría por un asunto así; si llegaba a saberse, podía ocasionarles problemas. Sin embargo, su expresión se había distendido, e incluso sus movimientos al preparar el té de hormigas negras se habían vuelto más ligeros. —¿Es verdad? —Yang Yongqing se levantó de un salto. Aquello sí que era una noticia de peso. Xu Yueping asintió. —Llevan dos días desaparecidos. Me temo que sus posibilidades de seguir vivos son escasas. El viejo Liu ya era mayor y no se preocupaba por esas cosas, de modo que lo dijo sin rodeos: —¡Vaya, qué aterradoras son las montañas! ¿Así que Feng Yi'an, Shao Chengfeng y esa panda de malnacidos han muerto? ¡Ese monstruo de montaña está a un paso de convertirse en un dios de la montaña! —¿Cómo lo has sabido, tío Xu? —preguntó Qin Ming. Como protagonista de los hechos, no podía mostrarse demasiado tranquilo; además, de verdad quería conocer las últimas novedades. —Hace un rato, varias decenas de patrulleros de montaña irrumpieron en tropel en la aldea de la Morera Verde, buscando a Xu Kong, ese pariente lejano de Er Bingzi —respondió Xu Yueping. —¿Por qué lo buscan a él? —Porque esta vez solo la aldea de la Morera Verde no había plantado lunas negras. Además, el día anterior a su desaparición, Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás habían ido allí a ver a Xu Kong. Al oírlo, Qin Ming se quedó un tanto absorto. En la aldea de la Morera Verde, Xu Kong estaba atónito. ¿Qué demonios era todo aquello? ¿Cómo había acabado convertido, sin motivo alguno, en uno de los sospechosos? Aquel día, Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás lo habían visitado con enorme cortesía. Ni con el doble de valor se habrían atrevido a amenazarlo. Era imposible que hubiera entre ellos una enemistad mortal, pues ni siquiera estaban al mismo nivel. Sin embargo, ahora la patrulla de montaña había movilizado un gran contingente: todos llevaban armaduras y armas afiladas, con las flechas de hierro listas en las cuerdas. Incluso habían acudido en persona varios grandes expertos, al frente de sesenta o setenta patrulleros de montaña que rodearon el lugar. Al mismo tiempo, también habían puesto bajo sospecha a la patrulla de montaña que atacó el bosque de Bambú Sangriento. Su jefe, Liu Huaishan, se encontraba cercado por varios jefes de su mismo nivel. —Señores, ¿qué pretenden hacer? Aunque no soportara a Fu Entao y a los demás, jamás los habría exterminado así, condenándome yo mismo a muerte —se apresuró a decir Liu Huaishan. Uno de ellos habló con voz sombría: —Entonces explícanos por qué tu grupo ha perdido a varios hombres, por qué últimamente has retirado doce armaduras adicionales y por qué has comprado una gran cantidad de veneno. ¿Todavía te niegas a reconocerlo? —Yo… ¡Esto es una injusticia tremenda! —Liu Huaishan sudaba de angustia—. Retiramos las armaduras y compramos los polvos medicinales para ir al bosque de Bambú Sangriento a cazar criaturas dotadas de esencia espiritual. Un anciano lo increpó: —¡Eso encaja! El bosque de Bambú Sangriento está en el territorio a cargo de Fu Entao. Su grupo llevaba tiempo queriendo cazar serpientes de sangre, y ustedes, al cruzar los límites, sin duda tuvieron un enfrentamiento sangriento con ellos. También existe una posibilidad aún más vil: que los atacaran por sorpresa y acabaran con ellos cuando tanto sus hombres como las serpientes de sangre ya estaban malheridos. ¿Es así o no? —Yo… Liu Huaishan estuvo a punto de vomitar sangre. Hasta a él, al escucharlo, le parecía que todas las piezas encajaban y que la acusación tenía bastante sentido. —¡¿Te has quedado sin palabras?! Liu Huaishan negó apresuradamente con la cabeza y alzó la voz para explicarse: —¡Señor, no me ataque! ¡Compañeros, escúchenme! Nosotros no cometimos esa matanza. Pero creo que sé quién pudo hacerlo. Vimos a un hombre de rostro oscuro y cetrino que, solo y armado con una espada larga, mató a una serpiente de sangre. Calculo que, durante estos dos días, en aquella zona solo él habría tenido semejante fuerza… Después añadió con expresión grave: —Y lo más importante es que percibimos con toda claridad una profunda hostilidad hacia nosotros, los patrulleros de montaña. ¡Se acercó espada en mano, con intención de matarnos! —¡Llévenselos a todos y sométanlos a un interrogatorio minucioso! —ordenó un anciano, con el rostro sombrío. Los poderosos expertos de la generación mayor tenían mala cara. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que ocurría algo tan grave? Habían aniquilado a una patrulla de montaña entera. Si aquello era obra de alguien, sin duda se trataba de un caso de enorme importancia. Todas las patrullas de montaña de la región se movilizaron y se repartieron las tareas. Una de ellas llegó a la aldea de los Dos Árboles. No solo convocaron a Xu Yueping, Qin Ming y los demás renacidos para interrogarlos, sino que también detuvieron a varios holgazanes de la aldea. —¿Hay alguien aquí que tenga algún conflicto con la patrulla de montaña? Por ejemplo, ¿alguno de los renacidos de su aldea ha tenido un enfrentamiento con Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás? Un patrullero de montaña interrogaba con severidad a los holgazanes. Entre ellos estaban Ma Yang, Wang Youping y Hu Yong, los tres que habían intentado arrebatarle a Qin Ming sus presas a las afueras de la aldea, poco después de que se recuperara de su grave enfermedad. —¿Qué miran ustedes? ¡Les estoy hablando! ¡Respondan con sinceridad! El patrullero de montaña no les tenía ninguna paciencia. —El tío Xu siempre ha sido muy amable, y al viejo Liu ya le flaquean las piernas… —respondió Ma Yang. A cierta distancia, el viejo Liu oyó aquello y se enfureció tanto que hasta se le erizó el bigote. Sintió deseos de arremangarse y acercarse a darle una paliza. —En cuanto a Qin Ming, el joven Qin nos ha dado una paliza, sí, pero tampoco puedo calumniarlo sin motivo. Él es el menos sospechoso de todos. Hace poco que pasó por el renacimiento y es una persona muy bondadosa y pacífica. Ha repartido entre los aldeanos buena parte de las presas que trae de las montañas; incluso dejó atrás lo ocurrido y nos dio carne a nosotros. Ma Yang, Wang Youping y Hu Yong respondieron uno tras otro. Dijeron que todos los renacidos de la aldea eran buenas personas y que jamás habían tenido disputas ni enfrentamientos con nadie. Los patrulleros de montaña dieron media vuelta y se marcharon sin quedarse mucho tiempo. Su grupo solo cumplía con un trámite rutinario y aún tenía que dirigirse a la siguiente aldea. Aquella noche, Liu Huaishan y los pocos subordinados que habían sobrevivido, aunque carecían de talento para el dibujo, no tuvieron más remedio que ponerse a trazar bocetos. Corrigieron una y otra vez hasta que por fin lograron plasmar la gallarda figura de Wang Nianzhu, espada en mano, matando a la serpiente de sangre. Enseguida enviaron un montón de retratos de Wang Nianzhu, que se distribuyeron rápidamente por todos los pueblos. … Por la noche, Qin Ming y Xu Yueping bebían tranquilamente con el viejo Liu una jarra de vino añejo que este había sacado de debajo de la cama. Los tres saboreaban sus copas, de excelente humor. —¡Je! La otra vez el pequeño Qin los maldijo con tantos «y si…», ¡y resulta que sus palabras se han cumplido! ¡De verdad se los ha llevado un monstruo de montaña! Xu Yueping estaba de un humor espléndido. No era el vino lo que lo embriagaba, sino su propia alegría: apenas había tomado unas copas y ya se sentía mareado. —Ya lo dije: ni el Cielo podía seguir soportándolos. Tarde o temprano tenía que pasarles algo —afirmó Qin Ming, sin ruborizarse ni perder la calma, refiriéndose a sí mismo al hablar del Cielo. Su ánimo era inmejorable, pues estaba a punto de prepararse para el segundo renacimiento. Ahora incluso le parecía que aquel vino añejo tenía buen sabor. El viejo Liu se lamentó, dolido: —Ay, este vino llevaba diez años guardado. Solo tenía esta jarra. Después de esto, no quedará ni una gota de vino en casa. —Abuelo Liu, no te apenes. Más adelante te traeré diez jarras. Hablemos del segundo renacimiento. Últimamente he vuelto a sentir algo; me parece que el cuerpo se me está calentando. —¡Pero qué…! ¡¿Acaso eres un monstruo?! … Durante la noche profunda, Qin Ming sacó en su casa todas las serpientes de sangre. Las heridas de la segunda serpiente eran muy profundas. Qin Ming dedujo que, además de poseer una espada extraordinariamente afilada, el hombre de rostro oscuro y cetrino debía de ser muy poderoso. Era muy posible que su fuerza superase la suya. Si a eso añadía su mayor velocidad, en caso de haberse encontrado cara a cara y luchado hasta el final, él bien podría haber corrido un peligro mortal. Una sombra de inquietud surgió en el corazón de Qin Ming. En las montañas empezaban a aparecer toda clase de personajes siniestros; de verdad se estaban volviendo cada vez más peligrosas. Sin embargo, al recordar que el hombre de rostro oscuro y cetrino ya había pasado por el segundo renacimiento, recuperó la serenidad. Ahora poseía una fuerza de quinientos kilos en ambos brazos; después de su segundo renacimiento, podría alzar un caldero de mil kilos, superando con creces los récords de aquellos talentos extraordinarios de la Ciudad del Resplandor Escarlata. Al menos durante los últimos cientos de años, en la Ciudad del Resplandor Escarlata no se había registrado nada tan asombroso. «Todo está preparado. También ha llegado el momento de mi segundo renacimiento…»
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Noche sin límites (Novela) Capítulo 24

Estás leyendo el capítulo 24 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.