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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Qin Ming subió a una ladera elevada, cerca del lugar donde había enterrado las armas y las armaduras, y se ocultó detrás de un árbol cuyo tronco solo podían abarcar varias personas juntas. Tal como esperaba, aquel grupo se dirigía al bosque de Bambú Sangriento. Eran once hombres de movimientos ágiles; avanzaban como el viento y, en un abrir y cerrar de ojos, llegaron a las afueras del valle. Aprovechando el ascenso del resplandor terrestre, Qin Ming pudo distinguir con claridad sus rostros. Todos eran hombres jóvenes o en la plenitud de sus fuerzas. Llevaban armaduras relucientes y largos sables de filos que despedían destellos helados. Su coordinación era impecable. Avanzaban deprisa al unísono y, al llegar a la entrada del valle, hasta la postura con que empuñaban los sables, en guardia, era casi idéntica. «¡Patrulleros de montaña!». Qin Ming comprendió de dónde venían. Las armaduras reglamentarias que llevaban eran exactamente iguales a las de Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás. La diferencia era que todos habían venido armados con sables. Debían de haberlos elegido a propósito. Para enfrentarse a serpientes, los sables largos resultaban más adecuados; cuando menos, eran mejores que las lanzas de hierro reglamentarias que solía usar la patrulla de montaña. El resplandor terrestre ya se había desvanecido. En la penumbra de la entrada del valle, los hombres se quitaron los fardos que llevaban. Dentro había frascos y tarros de todo tipo, y empezaron a preparar alguna mezcla. Qin Ming pensó que, en efecto, eran veteranos con una enorme experiencia. Quizá de verdad pudieran acabar con aquella nidada de serpientes de sangre. Poco después, otra figura llegó corriendo por el bosque y se presentó rápidamente ante la entrada del valle. Todos se volvieron a mirarla. El recién llegado dijo entre jadeos: —Ni Fu Entao ni Feng Yi'an ni los demás están en su puesto. Y hay algo muy raro: han desaparecido las cabañas de madera de la montaña. Al oírlo, todos mostraron extrañeza. —¿No estaban a punto de atacar el bosque de Bambú Sangriento? ¿Adónde se habrán ido de juerga ahora? No les habrá caído encima un monstruo de montaña y acabado con todos, ¿verdad? —Últimamente han venido nobles y organizaciones famosas de la Ciudad del Resplandor Escarlata. Algunos ya han entrado en las montañas. ¿Y si Fu Entao y los suyos se han metido con quien no debían? El jefe del grupo gozaba de gran autoridad. En cuanto habló, los demás guardaron silencio. —Ahora no se preocupen por eso. Al principio me inquietaba un poco entrar a escondidas en el territorio de Fu Entao para matar a las serpientes de sangre. Temía que nos descubrieran y se empeñaran en luchar contra nosotros hasta el final. Mejor si nos quitamos ese peligro de encima. —¡Hasta el cielo nos ayuda! —exclamó un patrullero de montaña. Su jefe, Liu Huaishan, era un hombre fortísimo, semejante a un oso pardo. Dijo con voz grave: —Lo repetiré una vez más: si la situación se tuerce, huid de inmediato. Que cada uno escape como pueda, sin vacilar ni un instante. Los demás habían venido para lograr su propio segundo renacimiento; Liu Huaishan, para que su hijo mayor alcanzara el renacimiento. De no ser por eso, ninguno habría arriesgado la vida. El grupo entró en el valle sin hacer ruido y se detuvo. Según lo acordado de antemano, Liu Huaishan, el más poderoso de todos, siguió adelante solo. Era un renacido por segunda vez y asumió su responsabilidad sin titubear. Avanzó cargado de frascos y tarros. Todavía a una gran distancia, prendió las sustancias que contenían algunos de los tarros. Estos desprendieron un denso humo amarillo, y los arrojó todos hacia el manantial de fuego. Los demás recipientes contenían polvos y líquidos medicinales. También los lanzó con precisión y fueron a caer dentro del tenue «halo rojizo». En cuanto terminó, retrocedió a toda velocidad hasta ponerse a suficiente distancia. Los otros miembros de la patrulla de montaña no pudieron evitar ponerse nerviosos al verlo y también retrocedieron, casi hasta la entrada del valle. Una espesa humareda se alzó sobre el manantial de fuego, de donde surgió un gran alboroto. Primero salieron más de diez pequeñas serpientes de alrededor de un metro de largo. Reptaron velozmente por los alrededores, como si estuvieran explorando el terreno. Después saltaron dos serpientes enormes, de más de cuatro metros, cuyos cuerpos irradiaban una luz roja. Al rozarse entre sí, emitieron un sonido metálico, como el choque de espadas y sables. Sus escamas parecían forjadas en oro rojizo y relucían intensamente. Se lanzaron a toda velocidad hacia la entrada del valle. Durante la acometida llegaron a elevarse del suelo, como dos largas lanzas de sangre que surcaran el aire, mientras soltaban siseos aterradores. Las dos serpientes estaban furiosas. Los patrulleros de montaña sintieron ganas de maldecir. ¿Cómo podía haber DOS serpientes enormes? Aquello superaba por completo sus previsiones. Liu Huaishan gritó: —¡Huid! ¡El preparado contra serpientes y el humo irritante no les hacen nada a estas serpientes de sangre! En realidad no necesitaban que se lo recordara. Aquellos patrulleros de montaña, que recorrían las montañas durante todo el año, tenían experiencia de sobra. Comprendieron que no podían hacer nada y huyeron sin titubear. Por ser un renacido por segunda vez, Liu Huaishan era el más rápido. Aunque había partido desde la retaguardia, en cuanto sus piernas fuertes y poderosas se pusieron en marcha, no tardó en adelantar a varios hombres. Una de las enormes serpientes ya se había acercado mucho. Su cuerpo se detuvo un instante sobre una gran roca azulada, fuera de la entrada del valle; luego saltó bruscamente y salió disparado como un asombroso fulgor escarlata. La fuerza de aquella acometida era aterradora y parecía acompañada por un leve estruendo de viento y trueno. ¡Crac! El patrullero de montaña que cerraba la marcha fue alcanzado como por una lanza de sangre de más de cuatro metros. Las dos capas de armadura que llevaba se rompieron: la cabeza de la serpiente, dura como el hierro refinado, las atravesó y las placas saltaron hechas pedazos. Aquel patrullero era un veterano y se había preparado a conciencia. Incluso llevaba una gruesa placa de hierro protegiéndole la espalda a la altura del corazón. Esta detuvo a la serpiente de sangre en el momento decisivo; de lo contrario, sin duda le habría atravesado el cuerpo. Pero aquello no cambió su destino. La placa de hierro se deformó ligeramente con el golpe, y él no pudo mantenerse en pie ante semejante impacto. Cayó en la nieve. La serpiente de sangre, de más de cuatro metros, se movió como un relámpago y se enroscó de inmediato alrededor de su cuerpo. Si se hubiera tratado de otra especie, no habría podido sujetar a un renacido, aunque fuese mucho más larga y gruesa. Sin embargo, aquel patrullero de montaña estaba gritando de dolor. La serpiente de sangre se contrajo con violencia alrededor de él. Sus escamas de oro rojizo resonaron con un estrépito metálico y la armadura del patrullero estalló en pedazos al instante. A continuación se le rompieron numerosos huesos. La serpiente le mordió el rostro, y la carne de aquella zona se disolvió directamente. ¡El patrullero de montaña murió en el acto! En aquel breve lapso habían quedado patentes todos los aspectos aterradores de las serpientes de sangre: un cuerpo duro como el hierro, una fuerza asombrosa, saltos con los que podían surcar el aire como flechas de hierro y un veneno sumamente difícil de neutralizar. Cada uno de esos rasgos era letal. La otra gran serpiente también había salido disparada del valle y se había internado en el bosque. Alcanzó a un segundo patrullero de montaña, y desde allí llegó un grito desgarrador. La serpiente que estaba junto a la entrada del valle abandonó el cadáver y se adentró en el bosque para continuar la matanza. Cuando una serpiente de sangre se enroscó alrededor de un cuarto patrullero de montaña, el jefe Liu Huaishan apareció de improviso. Empuñando el afilado sable largo con ambas manos, descargó un feroz tajo contra el cuerpo del reptil. Era un golpe lanzado con toda la fuerza de un renacido por segunda vez. El filo relumbrante trazó una línea en el aire, y algunas escamas de aquel cuerpo semejante al oro rojizo se quebraron. El terrible tajo las abrió y dejó una herida no demasiado profunda, de la que empezó a manar sangre roja. Aquello resultaba inquietante. Si hubiera sido otra criatura que hubiera mutado por segunda vez, o un humano que hubiera alcanzado el segundo renacimiento, semejante golpe feroz le habría partido el cuerpo en dos. Con ambas manos en la empuñadura, Liu Huaishan lanzó un tajo tras otro. Por desgracia, no consiguió alcanzar de nuevo el mismo punto: la serpiente de sangre lo esquivó y solo recibió nuevas heridas en otras partes del cuerpo. Al sentir el dolor, la serpiente soltó de inmediato al patrullero, al que ya apenas le quedaba esperanza de sobrevivir, y atacó con furia a Liu Huaishan. Al mismo tiempo, sus siseos atrajeron a la otra gran serpiente, que estaba cerca. La silueta escarlata acudió a toda velocidad. Liu Huaishan suspiró para sus adentros, abandonó a la serpiente herida y se internó en el bosque sin volver la cabeza. Había aprovechado la mejor oportunidad posible y aun así no había conseguido matar a una sola serpiente de sangre. No le quedaba más remedio que renunciar sin vacilar. Las dos grandes serpientes no desistieron y salieron juntas en su persecución. Sin embargo, la herida fue perdiendo velocidad. Una vez abierto su cuerpo por las heridas, ya no soportaba bien aquel entorno de hielo y nieve. Se detuvo, siseó varias veces y finalmente regresó al valle reptando por el mismo camino. Qin Ming llevaba cuatro capas de armadura y esta vez también se había cubierto el rostro con un paño negro, dejando al descubierto únicamente los ojos. Esperaba en silencio en la ladera, junto a la entrada del valle. Frente a él había varias lanzas de hierro clavadas en la nieve y un sable largo. El martillo de oro negro de mango largo lo llevaba a la espalda. Al poco rato oyó un ruido y vio regresar a una serpiente de sangre de más de cuatro metros. Estaba herida y había perdido las escamas en tres zonas del cuerpo. Aunque seguía despidiendo un tenue brillo rojizo, estaba visiblemente decaída y ya no era tan rápida como antes. Cuando estaba a punto de llegar al valle, Qin Ming arrancó una de las lanzas de hierro del suelo, aspiró hondo y, con un brusco estallido de fuerza, la arrojó contra la serpiente de sangre. Acto seguido arrancó rápidamente una segunda lanza de hierro de la nieve… La serpiente de sangre montó en cólera. Varias lanzas de hierro volaron hacia ella a una velocidad aterradora. Dos volvieron a romperle las escamas y le abrieron heridas aún más graves que los anteriores tajos de sable. El reptil trepó a un árbol de más de veinte metros y luego se lanzó hacia abajo a toda velocidad. Como un deslumbrante fulgor escarlata, desgarró la noche en un instante y descendió en picado para atravesar el cuerpo de su objetivo. Qin Ming había pensado desenvainar el sable, pero de pronto cambió de idea. Aferró el martillo de oro negro de mango largo y descargó un violento golpe contra la cabeza de la serpiente. La serpiente de sangre salió disparada como un arcoíris que atravesara el sol. Pero, en vez de penetrar un cuerpo de carne y hueso, chocó contra el pesado martillo de oro negro. ¡Clang! En el aire resonó un estridente choque de metales y saltaron chispas. La serpiente de sangre de más de cuatro metros cayó al suelo al instante. Su cuerpo, que había estado completamente recto, se curvó y azotó con violencia la nieve. De haberse tratado de otras serpientes pequeñas, Qin Ming no habría usado el martillo de oro negro de mango largo: eran demasiado escurridizas para aplastarlas a golpes. Pero, si aquella enorme serpiente se lanzaba por su propia voluntad contra él con una fuerza tan extraordinaria, no podía pedir nada mejor. La gran serpiente de sangre había sufrido un golpe devastador. La cabeza se le había hundido y los huesos estaban fracturados, aunque todavía no había muerto. Qin Ming arrancó de inmediato el sable largo clavado en la nieve. Hizo estallar la nieve acumulada bajo sus pies, se abalanzó sobre ella y descargó varios tajos consecutivos con toda su fuerza. Entre choques metálicos, las escamas rojas se desprendieron. ¡La cabeza de la serpiente cayó cercenada! «Este es el “sustento” que puede ayudarme a alcanzar rápidamente el segundo renacimiento». Qin Ming no pudo evitar emocionarse un poco. Así, sin más, había dado caza a una criatura dotada de esencia espiritual. —¡Sss, sss! Junto a la entrada del valle había varias serpientes de sangre más pequeñas, de entre uno y algo más de dos metros de largo. Todas empezaron a reptar hacia él; algunas incluso saltaron y salieron disparadas como flechas de hierro. Qin Ming blandió una y otra vez el afilado sable largo. Atacando con toda su fuerza, las partió una tras otra, de un solo tajo cada una. Seis cadáveres más de serpiente quedaron en el suelo. Sacó un saco de piel y empezó a recoger su botín. De repente, una señal de alarma se encendió en su interior. Se desplazó velozmente hacia un lado para esquivar el peligro. Una flecha de hierro llegó a una velocidad aterradora y se hundió hasta desaparecer en el lugar donde acababa de estar. Otras dos flechas de hierro le rozaron la armadura, arrancando chispas, y se clavaron en un gran árbol cercano, penetrando profundamente en el tronco. Qin Ming permaneció en pie, sable en mano, mirando a varias personas que estaban a poca distancia. —Está claro que no todos somos iguales. Todos aguardábamos aquí al acecho, pero yo solo esperaba para matar serpientes. Ustedes, en cambio, quieren matar personas.
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Estás leyendo el capítulo 22 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.