Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 21 online gratis en español
🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Las montañas se alzaban bajo la tenue luz de la noche, cubiertas por extensiones de alerces, avellanos, abedules y otros árboles. Aunque eran de distintas especies, la mayoría había perdido ya las hojas y solo sus ramas desnudas sostenían la nieve blanca.
Qin Ming avanzaba pisando la nieve acumulada. Tras cruzar varias montañas, se aproximó al bosque de Bambú Sangriento.
Nunca había puesto los pies en aquella zona, que ya no formaba parte de la periferia de las montañas.
Por el camino había visto numerosas bestias de montaña y oído sin cesar los gritos de aves extrañas. Sin embargo, al llegar allí, todos los sonidos desaparecieron salvo el silbido del viento helado.
Qin Ming comprendió lo peligroso que era el bosque de Bambú Sangriento. Las criaturas de las montañas lo rodeaban para evitarlo y rara vez se acercaban.
Y eso que aún estaban en un invierno de frío extremo y nieves inmaculadas. Cuando llegara el período de actividad de los manantiales de fuego, todas las cosas revivieran y las serpientes de sangre salieran a cazar, los alrededores seguramente estarían aún más silenciosos.
—El paisaje, al menos, es hermoso —dijo Qin Ming, detenido a la entrada de un valle, mientras miraba hacia su interior.
El bosque de Bambú Sangriento se encontraba dentro. Aunque la luz era escasa, todavía distinguía con claridad aquellas extensiones de bambú erguidas bajo el viento y la nieve: un rojo ardiente cubierto de blanco, de una belleza indescriptible.
El valle estaba lleno de bambúes sangrientos. Eran hermosos; desde los tallos hasta las hojas, toda la planta relucía con un rojo cristalino, como si en la nieve hubiera crecido un denso bosque de coral rojo.
—Este lugar es realmente magnífico —exclamó Qin Ming, admirado.
En circunstancias normales, nadie se atrevía a acudir a contemplar el paisaje. La fama aterradora de las serpientes de sangre se extendía por todas partes y hasta los patrulleros de montaña las temían profundamente.
En el valle no se veía elevarse el resplandor del manantial de fuego. Parecía haberse extinguido de verdad.
Sin embargo, Qin Ming no dio un solo paso hacia su interior. Consideraba que bajo la tierra congelada aún debía de quedar alguna «brasa» y que el manantial de fuego no necesariamente se había apagado por completo.
Rodeó el lugar para examinar el terreno, subió a una pendiente y observó desde arriba. En efecto, en el centro del valle aún quedaba un «rubor rojizo» extremadamente tenue.
Después de pensarlo, Qin Ming abandonó aquel lugar silencioso y se dirigió a una zona con más aves extrañas y bestias de montaña, donde atrapó un conejo en la nieve.
—Lo siento —dijo. Con el robusto conejo de las nieves en la mano, regresó a las inmediaciones del bosque de Bambú Sangriento. Desde lo alto de la pendiente lo arrojó con todas sus fuerzas hacia el «rubor rojizo» del centro del valle.
El gran conejo cayó con un golpe sordo en la gruesa capa de nieve, levantando una lluvia de copos, no muy lejos de las brasas del manantial de fuego.
Casi al mismo tiempo, una línea roja salió disparada, cruzó la nieve a una velocidad asombrosa y se lanzó hacia el conejo, penetrando en su cuerpo en un instante.
Qin Ming concentró toda su atención. En la superficie de su cuerpo aparecieron ondulaciones de destellos dorados y sus ojos se clavaron en el centro del valle, a no demasiada distancia.
No cabía duda: era una serpiente de sangre. Apenas medía algo más de un metro y, tal como decían los rumores, tenía el cuerpo tan duro como el hierro refinado. Podía lanzarse por el aire durante un breve trecho y atravesar a su objetivo como una flecha de hierro.
—Desde luego, es una criatura difícil de tratar. Y esta es relativamente pequeña. Si apareciera una de varios metros, sería complicado enfrentarse a ella —murmuró Qin Ming, frunciendo el ceño.
Lo más preocupante era que, en una estación tan fría, las serpientes de sangre seguían activas y podían moverse por el hielo y la nieve durante un breve tiempo. Eso complicaba mucho las cosas.
Después vio salir varias líneas rojas más de aquel «rubor rojizo». Todas medían alrededor de un metro. Esta vez no salieron disparadas como flechas de hierro, sino que reptaron por la nieve hasta el conejo y hundieron sus duras cabezas en su cuerpo.
No se podía juzgar por el sentido común a aquellas serpientes dotadas de espiritualidad. No temían tanto como había imaginado aquel mundo de hielo y nieve, ni quedaban entumecidas por el frío en tan poco tiempo.
—¿Así que les he traído un reconstituyente para el invierno? ¿Una comida extra inesperada? —Qin Ming observó el bosque de Bambú Sangriento. Era evidente que aquellas serpientes estaban succionando la sangre caliente del conejo de las nieves.
El nombre de estas serpientes también estaba relacionado con su forma de alimentarse: no engullían enteras a sus presas como las serpientes comunes.
Comían muy deprisa, quizá porque tampoco querían permanecer mucho tiempo sobre la nieve. Pronto reptaron hacia el manantial de fuego casi extinguido.
—¿Eh? —Qin Ming descubrió que dos de ellas no regresaban de inmediato al nido, sino que recorrían velozmente el bosque de Bambú Sangriento, como si buscaran algo.
Al mismo tiempo, advirtió que del «rubor rojizo» asomaba una cabeza de serpiente bastante más grande. Sacaba sin cesar su lengua escarlata, como si intentara percibir algo.
—Van a ser difíciles de manejar. —Qin Ming comprendió que aquellas letales criaturas dotadas de espiritualidad no solo eran muy poderosas, sino también sumamente alertas. Resultarían mucho más difíciles de combatir que otras criaturas mutadas.
Se preguntó si podría combatir veneno con veneno y ofrecerles alguna presa envenenada. Pero la serpiente grande no parecía haber comido en absoluto y, entre las pequeñas, una se había adelantado a probar primero. No creía que aquel método tuviera muchas posibilidades.
Qin Ming advirtió que, después de recorrer velozmente un amplio circuito por el bosque de Bambú Sangriento, las dos serpientes pequeñas, de entre uno y un metro y medio de largo, habían reducido visiblemente la velocidad. Dieron por terminada la inspección de su territorio y se internaron en el «rubor rojizo» donde se refugiaban.
—El frío sigue afectándolas bastante. Eso sí es una buena noticia. —Bajó de la pendiente y emprendió el regreso por el mismo camino.
Pensaba trasladar hasta allí las distintas armas. Cuando se adentrara en el bosque de Bambú Sangriento, tendría que ponerse tres o cuatro capas de las armaduras de la patrulla de montaña. No quería sufrir una emboscada de las serpientes de sangre: en cuanto una cabeza dura como el hierro refinado perforara su piel, ni siquiera un renacido podría sobrevivir.
No tardó demasiado en desenterrar aquellas lanzas de hierro, armaduras y demás pertrechos, llevarlos hasta allí y esconderlos cerca del bosque de Bambú Sangriento.
—En realidad, para enfrentarme a las serpientes de sangre, este afilado sable largo de Fu Entao será más útil que el martillo de oro negro de mango largo.
Las armas pesadas eran sumamente destructivas contra criaturas anómalas de gran tamaño y podían destrozarles la cabeza de un martillazo. Pero, para golpear serpientes delgadas, eran mucho menos prácticas que un sable largo.
Qin Ming se preguntaba cuándo se apagaría del todo el manantial de fuego del bosque de Bambú Sangriento. Cuanto más tiempo pasara, más se debilitarían las serpientes de sangre. Sin embargo, tampoco le quedaba mucho tiempo: la última negociación entre los altos mandos y las criaturas anómalas más poderosas de las montañas concluiría en los próximos días.
—Hoy las he puesto sobre aviso. Volveré mañana. —Qin Ming se retiró. Aunque andaba algo justo de tiempo, podía permitirse esperar un día.
—Debería poder acabar con este nido de serpientes de sangre, ¿no? —reflexionó por el camino. Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás habían querido hacerse con lo que había en el bosque de Bambú Sangriento, y él había aniquilado a todo aquel grupo.
Aun así, consideraba que no debía confiarse. Tenía que actuar con muchísimo cuidado.
Durante el regreso descubrió tres grandes aves de presa que corrían a toda velocidad por el bosque. ¡Llevaban personas sobre el lomo! Atravesaron la espesura por delante de él.
—¿Gente de la cresta del Gallo Dorado? —Qin Ming se ocultó detrás de un gran árbol y, al presenciar la escena, dedujo su identidad.
Eran tres gallinas corredoras mutadas, todas más altas que una persona y extraordinariamente robustas. Podían transportar a un jinete y correr velozmente por el bosque de montaña. En toda aquella región, solo en la cresta del Gallo Dorado sabían criarlas.
Qin Ming había oído hablar de la cresta del Gallo Dorado. Allí había un manantial de fuego cercano al segundo nivel. Al principio la había ocupado una banda de grandes bandidos, pero al final estos habían aceptado someterse a las autoridades.
Las gallinas corredoras mutadas que criaban eran tan útiles que, en ocasiones, incluso los patrulleros de montaña necesitaban recurrir a sus jinetes dorados para explorar la situación en las montañas.
—La cresta del Gallo Dorado está muy lejos de aquí. ¿Qué hace su gente en este lugar? —Observó cómo se alejaban las tres gallinas corredoras. Uno de los jinetes llevaba una armadura de excelente calidad. No parecía de la zona y vestía de una manera completamente distinta a los otros dos hombres de la cresta del Gallo Dorado.
—¿Vendrá de la Ciudad del Resplandor Escarlata? —Qin Ming advirtió que el diseño de su armadura negra era distinto del de las familias Cao, Wei y Mu. Debía de pertenecer a otra gran familia.
Al comprobar que no se dirigían hacia el bosque de Bambú Sangriento, Qin Ming continuó su camino de regreso.
Cuando arrastraba una presa y estaba a punto de salir de las montañas, vio a otros cuatro renacidos fuera de lo común.
Dos de ellos no llevaban armadura, pero su atuendo era claramente extraordinario: unas túnicas negras tejidas con hilos metálicos les cubrían todo el cuerpo, incluido el rostro.
Qin Ming se sorprendió y receló. La operación de barrido de montaña aún no había empezado y las montañas ya comenzaban a llenarse de gente. ¿Quiénes serían estos ahora?
Los otros dos renacidos debían de ser de la zona y tenían poco más de treinta años. Uno de ellos lo saludó con una sonrisa:
—Muchacho, ¿sabes si por aquí cerca hay una grieta en la tierra de la que sale luz plateada?
Qin Ming comprendió que buscaban un nodo especial. Al parecer, los dos hombres de túnica negra también debían de venir de la Ciudad del Resplandor Escarlata.
—¡Por allí! ¡Sigan recto un kilómetro y medio y llegarán! —Qin Ming les indicó la dirección. Aquel lugar no era ningún secreto; ya lo conocía mucha gente.
—Muchacho, guíanos. Después te daremos una moneda de plata nocturna —dijo sonriendo el hombre que había preguntado.
Qin Ming retrocedió dos pasos.
—Ese lugar me da miedo. La grieta es muy peligrosa. Además, tengo prisa por volver. Llevo muchos días sin cazar nada y mi madre casi se está muriendo de hambre.
—Vámonos —dijo uno de los hombres de túnica negra. Por su voz parecía aún muy joven.
Al oírlo, Qin Ming también se dispuso a marcharse.
Sin embargo, las siguientes palabras de aquel hombre lo dejaron helado.
—Desháganse de él. No conviene que demasiada gente sepa que hemos estado aquí. —Con aquella frase indiferente, el hombre de túnica negra decidió sin más el destino de un «joven cazador».
Qin Ming quedó atónito. ¿De dónde habían salido aquellos monstruos? Bastaba una palabra suya para decidir sobre la vida o la muerte de alguien. Su desprecio por la vida de la gente corriente era excesivo.
Había conocido a Cao Long, Wei Zhirou, Mu Qing y los demás. También venían de la Ciudad del Resplandor Escarlata, pero eran afables. Tanto si solo pretendían mantener la cortesía y los buenos modales propios de la nobleza como si no, al menos en apariencia resultaban correctos y no despertaban rechazo.
En cambio, este hombre de túnica negra llevaba demasiado lejos aquello de «matar sin vacilar». Sin la menor alteración, había ordenado a los dos renacidos locales que les servían de guías que mataran a alguien.
—Hermanos, todos somos de la zona. No pueden hacer esto —dijo Qin Ming.
Uno de ellos sonrió.
—Lo siento, hermano. Tenemos órdenes de acompañar a estos dos distinguidos invitados a las montañas y obedecer todos sus mandatos.
—Ustedes son... —preguntó Qin Ming.
—Somos de la secta de los Tres Ojos. —Los dos hombres locales avanzaron juntos hacia él.
Al instante siguiente, Qin Ming se lanzó hacia ellos como un ágil leopardo de caza, dejando una imagen residual en el lugar donde había estado. La espada corta de su mano izquierda les abrió la garganta a ambos en un destello.
Los dos hombres de la secta de los Tres Ojos quedaron estupefactos, aterrados, incapaces de creerlo. Habían pensado que se trataba de un cazador corriente, pues la presa de Qin Ming no era grande: apenas un carnero de roca. Y, de pronto, les habían cortado el cuello sin que entendieran cómo. ¡Su adversario era demasiado rápido!
Cuando los dos hombres de túnica negra vieron que Qin Ming se precipitaba hacia ellos y advirtieron el extraordinario peso del martillo de oro negro de mango largo que sacaba de su espalda, se les demudó el rostro.
Qin Ming descargó el martillo de oro negro de su mano derecha contra la cabeza de uno, mientras lanzaba la espada corta de la izquierda contra el otro hombre de túnica negra.
Puesto que ya habían decidido matarlo para que nadie conociera sus movimientos, nada de lo que dijera serviría de algo. Solo podía emplearse a fondo y matarlos antes de que lo mataran a él.
En un instante, entre los tres estallaron los estridentes choques de las armas metálicas.
Bastó aquel breve intercambio para que Qin Ming midiera sus fuerzas. Uno era un renacido por segunda vez. El otro no era motivo de preocupación: su cuerpo solo había experimentado un renacimiento.
Se lanzó con todas sus fuerzas contra el renacido por segunda vez. Solo aquel hombre representaba una amenaza.
Antes quizá habría tenido que librar una larga lucha contra él. Sin embargo, haber estudiado aquel mismo día el manual de sable lo había ayudado enormemente. No era como si de pronto hubiera alcanzado la iluminación, pero sus técnicas de combate habían mejorado de forma considerable.
¡Clang!
Después de varios choques, el martillo de oro negro hizo saltar muy alto el sable largo del hombre de túnica negra más poderoso. Hasta el brazo se le había entumecido.
Al mismo tiempo, sus pupilas se contrajeron: el martillo de oro negro de mango largo venía como un relámpago hacia su pecho. Su adversario lo blandía como si no pesara nada, a una velocidad que él era incapaz de igualar.
Ya era demasiado tarde para esquivarlo. El golpe le hundió el pecho y le hizo vomitar grandes bocanadas de sangre. Era evidente que no sobreviviría.
—¿Pretendías medirte conmigo en el manejo del sable? —Qin Ming aferraba el martillo de oro negro de mango largo, pero lo utilizaba con movimientos de sable. Sin dedicarle siquiera una mirada, se volvió y avanzó hacia el otro hombre de túnica negra.
El otro estaba horrorizado. Apenas acababa de verse obligado a retroceder por el impacto cuando su compañero ya había perdido la vida. ¡Había sido demasiado rápido! ¿Cómo podía ser tan aterrador aquel muchacho con aspecto de cazador?
Sabía que no tenía la menor posibilidad de vencerlo. Se dio la vuelta y corrió hacia la espesura, tratando de escapar.
—¡forma del sable arrojadizo! —pronunció Qin Ming. Con un estruendo, el martillo de oro negro de mango largo salió volando. A poca distancia, la cabeza del hombre de túnica negra se hizo pedazos como una sandía podrida.
Sin vacilar, Qin Ming limpió rápidamente el escenario de la lucha. Luego quitó con nieve la sangre del martillo de oro negro de mango largo y emprendió el regreso arrastrando su presa.
Sin embargo, ahora estaba algo intranquilo. Había tanta gente entrando en las montañas, y de procedencias tan diversas, que no podía alejarse demasiado tiempo del bosque de Bambú Sangriento.
Después de comer, regresó discretamente a las montañas.
—Por cada día que pase, el manantial de fuego se debilitará mucho más. Eso me favorece, pero también debo impedir que otros lleguen a disputarme los recursos espirituales —murmuró Qin Ming. Por el momento, no le quedaba más remedio que quedarse allí de guardia.
Solo se marchó cuando ya se aproximaba la noche profunda. Nadie elegiría actuar a esas horas: la oscuridad apenas afectaba a las serpientes, pero sí limitaría a los renacidos.
Al día siguiente entró en las montañas temprano y descubrió que, en efecto, el «rubor rojizo» del centro del valle se había debilitado mucho.
Tras comprobarlo, decidió esperar un poco más. Actuaría, a más tardar, antes de que terminara la noche tenue de aquel día.
Dos horas después, toda la zona montañosa se iluminó de pronto con un resplandor espléndido. Se elevó un «resplandor terrestre» inagotable, apareció una lluvia de luz que llenaba el cielo y los alrededores quedaron bañados de claridad.
El resplandor terrestre ascendía entre fulgores cambiantes. Qin Ming quedó absorto ante aquella maravilla, que era realmente hermosa.
Y en aquel lugar lo era aún más. El bosque de bambú rojo ardiente contrastaba con la nieve inmaculada: una belleza fresca, deslumbrante, de una magnificencia distinta de todo lo habitual.
—¿Eh? —Fue entonces cuando Qin Ming descubrió a un grupo de personas que se aproximaba a lo lejos.
No se impacientó. Por el contrario, se retiró con gran calma a las sombras. También estaba bien así: si aquella gente venía por los recursos espirituales del bosque de Bambú Sangriento, dejaría que exploraran primero el camino.

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Estás leyendo el capítulo 21 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.