Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 20 online gratis en español
🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
En la noche tenue, Qin Ming se internó a toda velocidad en el bosque, con el martillo de oro negro de mango largo a la espalda y la espada corta consigo. Corría como llevado por el viento, casi a punto de despegar del suelo.
Lo apremiaba una sensación de urgencia. Los nobles de Ciudad del Resplandor Escarlata habían llegado; en cuanto pisaran las montañas, sin duda se dedicarían a reunir toda clase de sustancias de esencia espiritual.
No quería que nadie se le adelantara en el bosque de Bambú Sangriento: de aquel lugar dependía su segundo renacimiento.
La niebla nocturna se había disipado. El bosque seguía algo oscuro, pero su vista le permitía distinguir con claridad cuanto había a lo lejos.
«No será tan fácil entrar en el bosque de Bambú Sangriento. Seguro que aún hay peligros».
De lo contrario, Feng Yi'an y Shao Chengfeng habrían actuado mucho antes, sin tener que morir con aquel pesar.
«Me estoy dejando llevar por la impaciencia».
Los fríos copos de nieve caían sobre él; algunos incluso se le colaban por el cuello. Aquel frío fue serenándolo poco a poco.
Su apresuramiento de hacía unos instantes no se diferenciaba en nada del que había mostrado el viejo Liu la noche anterior: habría deseado que le brotaran alas de los costados para volar hasta el bosque de Bambú Sangriento y recoger las serpientes de sangre entumecidas por el frío.
—Calma —se dijo Qin Ming, y aminoró el paso mientras regulaba la respiración entre los árboles.
Al fin y al cabo, ¿no se trataba tan solo del segundo renacimiento? Incluso sin conseguir sustancias de esencia espiritual, sus propias condiciones le permitirían alcanzarlo sin dificultades.
«Con el ánimo inquieto, es fácil cometer errores». Qin Ming avanzó sobre la espesa nieve sin apresurarse ni demorarse, cada vez más sereno y dueño de sí.
El bosque de Bambú Sangriento debía de ser sumamente peligroso. Si la patrulla de montaña, aun contando con un renacido por segunda vez como Fu Entao, llevaba tanto tiempo sin atreverse a actuar, por algo sería.
Atravesó el bosque en silencio hasta llegar al lugar donde había enterrado el manual de sable y lo desenterró. Las viejas páginas de cuero tenían los bordes enrollados y estaban muy gastadas: alguien las había consultado con frecuencia en otros tiempos.
El volumen no era grueso, y el paso de los años se advertía en sus manchas. No sabía de dónde lo habría sacado Fu Entao.
—Leeré el fruto del esfuerzo de mis predecesores para aquietar mi corazón —murmuró Qin Ming, y se sentó entre los árboles.
Al poco rato, la lectura lo había cautivado por completo, y se entregó a ella en cuerpo y alma.
Sin darse cuenta, se levantó de la nieve. Sostenía el libro de cuero en una mano y empuñaba con la otra el martillo de oro negro de mango largo, que comenzó a blandir como si fuera un sable largo.
Era un arma pesada, pero en sus manos parecía un ligero martillo de madera. La movía a su antojo, y poco a poco sus movimientos adquirieron una belleza espontánea y natural.
Para alcanzar el renacimiento era necesario practicar los textos de cultivo correspondientes, como la Técnica de Meditación de la Noche Oscura o el Arte de la Intención y la Energía, que mejoraban la fuerza, la flexibilidad, la velocidad y las demás cualidades físicas.
Los distintos métodos de combate, en cambio, pertenecían al terreno de la técnica: aprovechaban la fuerza, la velocidad y las otras facultades del cuerpo para atacar con eficacia.
Las cualidades físicas de Qin Ming eran extraordinarias y superaban incluso las de los cimientos innatos dorados. Sin embargo, nunca había recibido una formación sistemática en combate; la mayor parte de lo que sabía consistía en movimientos sueltos de utilidad práctica.
Algunos procedían del método de renacimiento sin escuela que llevaba años practicando: había adaptado sus peculiares movimientos. Otros los había aprendido de los viejos cazadores de la aldea.
Su capacidad para luchar era formidable, forjada en las montañas.
El bosque nocturno era peligroso. Cazar en aquel entorno obligaba a hacer frente a los ataques de toda clase de aves feroces y fieras; reaccionar un instante tarde podía costar la vida.
Aunque casi todo lo que practicaba eran movimientos sueltos, hasta el punto de poder calificarlos de métodos sin escuela, su poder letal era enorme. En un combate a muerte contra una fiera no había pautas que respetar: todo dependía de la fuerza, la velocidad y la capacidad de adaptarse sobre la marcha.
Por eso Fu Entao había encontrado tantas dificultades al enfrentarse a él: en sus ataques no había «formas fijas» reconocibles ni rastro alguno que permitiera anticiparse.
Ahora, mientras leía el manual de sable y lo relacionaba con la experiencia adquirida luchando contra fieras y con cuanto había comprendido entre la vida y la muerte, Qin Ming quedó fascinado. Sin darse cuenta, sostenía el libro en una mano y el martillo en la otra, variando sin cesar las «formas de sable» al hilo de lo que iba comprendiendo.
A medida que asimilaba el esfuerzo que sus predecesores habían volcado en el manual, se entregaba más al ejercicio y aumentaba la fuerza de sus movimientos. No había destellos de hoja, pero sí una intención de sable que se extendía a su alrededor y levantaba la nieve del suelo. El martillo de oro negro de mango largo se transformó en un relámpago que desgarraba la quietud del bosque.
Descargó un «tajo» contra un gran árbol, cuyo grueso tronco estalló al instante. Aquel «corte» era de una violencia tremenda. Varias criaturas extrañas que llevaban tiempo acechándolo desde las sombras huyeron aterradas, con el rabo entre las patas.
Entre ellas había un tigre negro mutado de más de cuatro metros de largo, que ahora dio media vuelta y escapó.
—¿Todavía te atreves a espiarme? ¿No piensas marcharte? —dijo Qin Ming al ver un buitre de rostro humano mucho mayor que sus congéneres. El ave seguía dando vueltas a la altura de las copas, a unos veinte metros del suelo, sin decidirse a irse.
Acababa de comprender la «forma del sable arrojadizo» al leer el libro, y la puso en práctica de inmediato. La pesada «arma de martillo y sable» desapareció entre las sombras y salió disparada hacia lo alto.
¡Paf!
La sangre salpicó el aire y las plumas revolotearon por todas partes.
El buitre de rostro humano mutado medía varios metros con las alas extendidas y era una criatura feroz. Sin embargo, ante la «forma del sable arrojadizo» de Qin Ming resultó tan frágil como la porcelana y estalló bajo el golpe.
Sus brazos poseían una fuerza de quinientos kilos: con semejante ataque, el desenlace no ofrecía duda alguna. El martillo de oro negro de mango largo destrozó a la enorme ave rapaz hasta dejarla irreconocible. Una lluvia de jirones de carne ensangrentada y plumas dispersas cayó al suelo.
Las criaturas extrañas que presenciaron la escena desde lejos huyeron a la carrera. Aquella bestia humana de dos patas era demasiado sanguinaria; debían alejarse de ella. Ya no podían permanecer en aquel paraje.
—¡Qué magnífico arte del sable! —exclamó Qin Ming con admiración, y volvió a practicar con el martillo de oro negro de mango largo.
Para él, aquel manual era como una lámpara en la niebla nocturna: iluminaba el camino, unificaba toda su experiencia de combate con aquellos métodos de lucha cercanos a los métodos sin escuela y los elevaba con rapidez a un nivel superior.
La lectura lo tenía absorto. Al final, casi se olvidó de sí mismo, completamente sumido en el libro e incapaz de apartarse de él.
Practicó todas las formas de sable de principio a fin. No podía decir que hubiera alcanzado una comprensión total, pero sus habilidades de combate sí habían mejorado, y su poder había aumentado de manera notable.
Aquel manual merecía un estudio profundo. ¡Le había permitido comprender muchas cosas y su valor era extraordinario!
—Si Fu Entao hubiera dominado por completo este manual de sable, habría sido un verdadero problema —murmuró Qin Ming. Aunque, de haber llegado a comprender todo el libro, Fu Entao tampoco se habría quedado en el segundo renacimiento.
No era solo un manual de sable: también contenía reflexiones sobre los métodos de renacimiento que le resultaban muy esclarecedoras.
Por ejemplo, mencionaba la «luz celestial». Esta se manifestaba por primera vez durante el tercer renacimiento, pero acompañaba todo el ámbito del renacimiento; incluso después de completarlo, seguía siendo necesario profundizar en su estudio.
En aquella era en la que el sol había desaparecido, la luz celestial encarnaba los anhelos más hermosos de la gente y albergaba esperanzas sin fin.
Naturalmente, la luz celestial del libro no era el resplandor del cielo que todos añoraban, sino una luz del interior del cuerpo a la que habían otorgado aquel hermoso nombre.
Después del tercer renacimiento, una persona comenzaba a manifestar esa «luz celestial». Nacía en su cuerpo como expresión de que su vida había alcanzado un nivel superior.
A partir de entonces, la fuerza del renacido aumentaba considerablemente y le permitía combatir con las manos desnudas contra toda clase de criaturas extrañas y peligrosas. Todo ello se lo debía, por supuesto, a la «luz celestial».
En cuanto nacía en el cuerpo, aparecía la «fuerza de luz celestial»: una fuerza especial con una formidable capacidad para penetrar y desgarrar.
De lo contrario, ¿cómo podría un renacido, con un cuerpo tan pequeño y delicado en comparación con el de una bestia gigantesca, hacer frente a semejante coloso?
La aparición de la fuerza de luz celestial permitía a los renacidos desgarrar la armadura de escamas de las bestias gigantescas mutadas. Aquella fuerza podía atravesar su carne tenaz y robusta.
No obstante, dentro del ámbito del renacimiento, la fuerza de luz celestial solo podía extenderse por la superficie del cuerpo y un poco más allá de los puños y los pies; todavía no era posible transmitirla a las armas.
En realidad, fuerza de luz celestial era solo una denominación general que, examinada en detalle, abarcaba muchas variedades. El libro debía de haber pasado por bastantes manos: en sus páginas había reflexiones, notas y anotaciones escritas por personas diferentes.
Una de ellas ensalzaba una variedad en particular de fuerza de luz celestial y había dejado este lamento: «¡Cómo quisiera poder desarrollar la fuerza del Tathagata!».
Para un renacido de formación ajena a toda escuela como Qin Ming, cuanto relataba y describía el libro despertaba un profundo anhelo.
Por desgracia, aunque el manual mencionaba los nombres de algunas fuerzas de luz celestial extraordinarias y poderosas, no explicaba en absoluto cómo desarrollarlas.
Qin Ming se quedó abstraído y reflexionó durante largo rato.
Lo que venía después en el manual aún no era adecuado para él: todavía no había alcanzado aquel nivel.
Sin embargo, entre las reflexiones de sus predecesores descubrió un método secreto muy práctico llamado «Atenuar la luz, fundirse con el polvo», que podía ayudarlo a preservar su seguridad.
Después de estudiarlo con detenimiento, lo cubrió un sudor frío. A la vez, se alegró de haber encontrado aquella anotación.
Según explicaban sus predecesores, la mirada de los seres superiores era aterradora: les bastaba un vistazo para percibir la intensidad de la vitalidad de los demás seres. Incluso en la noche profunda podían «ver» sus campos biológicos, fueran débiles o poderosos.
Aquello era terrible. Los seres inferiores no tenían secretos ante los superiores.
Y, sobre todo, una vez que nacía la luz celestial en el cuerpo de un renacido o de una criatura extraña, para los seres superiores era como contemplar una hoguera tras otra en plena oscuridad.
—¡Tengo que dominarlo cuanto antes! —Qin Ming se enjugó el sudor frío. De pronto, sintió lo peligroso que era andar por las montañas.
Por fortuna, Atenuar la luz, fundirse con el polvo era solo un método secreto de utilidad práctica, no un texto profundo, oscuro y difícil de dominar.
«Contemplar el vacío y la quietud; que el cuerpo sea como madera seca y el corazón, como cenizas frías. Ocultar la vitalidad y debilitarla poco a poco; así también podrá oscurecerse el vigor espiritual». Fue comprendiéndolo lentamente, hasta dar sus primeros pasos en la práctica.
Qin Ming permaneció allí sentado largo rato, asimilando y examinando en silencio lo aprendido. Poco a poco descubrió más de sus claves: Atenuar la luz, fundirse con el polvo permitía ocultar una parte de su vitalidad para confundirse entre la gente corriente.
Además, podía regular el grado de ocultamiento. Una vez que alcanzara cierto dominio, incluso después de que el tercer renacimiento hiciera nacer la luz celestial en su cuerpo, podría esconderla cuando lo necesitara.
Solo entonces dejó escapar un largo suspiro de alivio.
Pero, al pensarlo mejor, no pudo evitar reír en silencio. Quizá vivía demasiado pendiente del peligro. Aunque un ser superior pasara por allí y viera de un vistazo la intensidad de su vitalidad, lo más probable era que ni le prestara atención, ¿no? Al fin y al cabo, solo había pasado por un renacimiento. Para aquellas criaturas extrañas no era más que uno entre la multitud de seres de las montañas.
Luego pensó en los altos cargos de Ciudad del Resplandor Escarlata. Si podían negociar con los misteriosos seres de las montañas y enfrentarse a ellos, debían de poseer capacidades equivalentes.
—Quien mucho abarca, poco asimila. Por hoy ya he aprendido bastante. ¡Ahora debo consolidarlo, perfeccionarlo y dominarlo todo a fondo! —Qin Ming se levantó, buscó un lugar oculto y volvió a enterrar el manual de sable.
No cabía duda de que aquella jornada le había deparado grandes frutos. Tras estudiar con detenimiento las formas de sable e incorporar sus propias percepciones, su poder había mejorado de manera muy notable.
—Si ahora volviera a encontrarme con gente como Fu Entao o Feng Yi'an y tuviera que combatir contra ellos, creo que me resultaría mucho más fácil —murmuró.
Lo más importante era que el libro había ampliado sus conocimientos y le había permitido conocer muchas cosas que antes estaban fuera de su alcance.
—En realidad, Fu Entao no era tan mala persona. Me regaló un buen libro.
Después de salir de aquel bosque, se encaminó hacia el bosque de Bambú Sangriento.

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Noche sin límites (Novela) Capítulo 20
Estás leyendo el capítulo 20 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 24 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.