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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 18 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Mientras Qin Ming reflexionaba, Xu Yueping fue a buscarlo y golpeó la puerta del patio. —¡Pequeño Qin, sal enseguida! Hay algo urgente. A Qin Ming le dio un vuelco el corazón. ¿Acaso ya había salido a la luz el exterminio de la patrulla de montaña? —Partimos dentro de un shichen —le anunció Xu Yueping. Había llegado gente de la Ciudad del Resplandor Escarlata y querían conocer a los renacidos de las aldeas cercanas. Xu Yueping bajó la voz: —Dicen que todos pertenecen a las ramas principales de familias nobles. Vienen a ayudarnos con el barrido de montaña y, de paso, a curtirse. —¿Por fin va a empezar? —preguntó Qin Ming. Xu Yueping le habló con seriedad: —Esta vez tienes que dar una buena impresión. Ninguno de los que han venido es alguien corriente. Aprovecha la oportunidad para intentar entrar en la Ciudad del Resplandor Escarlata. … Un shichen después, la casa de Xu Yueping se llenó de animación. El viejo Liu rebosaba vigor. Llevaba a la espalda un gran machete de lomo grueso y se había puesto una vieja armadura de cuero y un casco de hierro refinado. Iba armado de pies a cabeza. Qin Ming se acercó a él. —Abuelo Liu, ¿qué se propone? Hoy solo vamos a conocerlos, no a adentrarnos en las montañas. —Voy acostumbrándome de antemano —respondió el viejo Liu. Yang Yongqing también daba mucha importancia a aquel encuentro. Llevaba dos sables a la espalda. —Aunque en la noche tenue no debería pasar nada, alguien tiene que quedarse a cuidar la aldea. Tío Liu, ha sufrido un desgaste de su energía vital y, a su edad… —Xu Yueping no pudo terminar: el viejo Liu lo interrumpió. —¡Hasta un viejo corcel en su establo aspira a recorrer mil li! ¡Y yo ahora estoy lleno de vigor! ¡Podría derrotarte a ti y a Yang Yongqing juntos! El viejo Liu estaba decidido a acompañarlos, dijeran lo que dijesen. No todos se atrevían a arriesgarlo todo, como demostraban los otros dos renacidos de la aldea. En cuanto al herido Wang Qinglin, él no tenía elección. El destino no quedaba lejos: un cruce de caminos a tres kilómetros y medio. Bajo la tenue oscuridad de la noche, los rodeaban densos bosques. Habían avisado a más de una decena de aldeas. Los renacidos se desplazaban con rapidez y fueron llegando uno tras otro. Las aldeas pequeñas, como la aldea de los Dos Árboles, solo habían enviado a cuatro personas; las mayores, a más de diez. En total no llegaban al centenar. Los de la Ciudad del Resplandor Escarlata habían llegado antes. Divididos en tres grupos, casi todos llevaban armaduras y un equipo excelente. Esperaban en silencio más adelante. Los renacidos de las aldeas también guardaron silencio, intimidados por las relucientes armaduras y las afiladas espadas y sables. A ello se sumaba el respeto reverencial que sentían por aquellos nobles de élite procedentes de la esplendorosa ciudad. Cada uno de los tres grupos lucía un emblema familiar distinto y contaba con más de una decena de integrantes. Los tres jefes que se encontraban al frente eran quienes más llamaban la atención. Uno de los hombres alcanzaba nada menos que tres metros de altura. Vestía una armadura de oro negro, llevaba el cabello negro más allá de los hombros y tenía una mirada tan afilada como una hoja. Su presencia resultaba tremendamente opresiva. Su montura también atraía todas las miradas: era un toro gigantesco de un rojo encendido, cuyo lomo superaba en altura a un hombre adulto. Además de los dos cuernos curvos habituales, tenía un tercero que apuntaba al frente como una espada afilada. Cuando vio llegar a los renacidos de las aldeas, el hombre de tres metros no se dio aires permaneciendo a lomos del toro. Desmontó, saludó a todos con una inclinación de cabeza y dijo: —Me llamo Cao Long. Les explicó brevemente que de la Ciudad del Resplandor Escarlata habían venido numerosos expertos. Más de una decena de familias ayudarían con el barrido de montaña, y los jóvenes de sus tres familias se encargarían de aquella zona. —Pertenezco a la familia Wei. Me llamo Wei Zhirou —dijo la mujer que había entre los tres. En vez de situarse junto al gigante Cao Long, se había colocado sobre una roca gris azulada. Llevaba un abrigo de piel de zorro de un blanco puro. El cabello oscuro le ondeaba al viento y en su rostro ovalado de piel clara brillaba una sonrisa dulce y radiante. Aquella belleza tenía un efecto devastador sobre los jóvenes de las aldeas. A los ojos de aquellos muchachos que vivían al pie de las montañas y nunca habían viajado lejos, la joven noble de la esplendorosa ciudad parecía un hada vestida de blanco, elegante y ajena al polvo del mundo. Ni siquiera muchos años después les resultaría fácil olvidarla. Wei Zhirou tenía una figura esbelta y distinguida, y era verdaderamente hermosa. Se recogió el cabello que agitaba el viento, les explicó algunos detalles del barrido de montaña y les dio una noticia. —Las grandes nevadas de este invierno han bloqueado los caminos y resulta muy difícil traer alimentos de fuera. Pero no se preocupen: la Ciudad del Resplandor Escarlata ya ha enviado carros de grano tirados por bestias gigantescas. No tardarán en llegar. Aquello provocó de inmediato un revuelo. Los rostros de los aldeanos se iluminaron de alegría. Sin embargo, algunos se preguntaban con inquietud si transportar el grano de aquella manera no haría que su precio fuera demasiado alto. —Me llamo Mu Qing —intervino la última persona de los tres jefes. Una capa negra le envolvía todo el cuerpo y le ocultaba incluso el rostro, dándole un aire muy misterioso. Ni siquiera al oír su voz se podía saber si era hombre o mujer: tenía un timbre más bien neutro. Mu Qing les dijo sin rodeos que no conocían aquellas montañas y necesitaban que los renacidos del lugar los guiaran. Ese era el motivo fundamental por el que los tres grupos habían acudido allí y querían conocer a los renacidos de las distintas aldeas. Quienes los acompañaran recibirían una generosa remuneración. Cao Long añadió que los que destacaran podrían obtener versiones de cierto valor del Arte de la Intención y la Energía, técnicas de meditación y otras recompensas. Aquello suscitó de inmediato un animado intercambio. Muchas miradas ardían de deseo, pues los «métodos de renacimiento» que circulaban por aquella zona eran de un nivel bastante bajo. —¿Qué hay que hacer para destacar? —no pudo evitar preguntar alguien. —Proporcionar información importante que nos permita evitar bajas, cazar criaturas anómalas especiales, descubrir lugares donde se formen sustancias de esencia espiritual… Comprendieron que no sería fácil conseguir aquellas recompensas. Los nobles de élite de la Ciudad del Resplandor Escarlata no solo venían a templar sus cuerpos renacidos: también querían explorar las zonas más misteriosas de las montañas. Wei Zhirou añadió: —Si descubren algún fenómeno extraño en las montañas y nos avisan de inmediato, también contará como información importante. —Conozco una grieta en la tierra de la que salían filamentos plateados. Si alguien cae dentro por accidente, le resulta muy difícil sobrevivir aunque consiga escapar. ¿Eso cuenta? Qin Ming advirtió que quien se había apresurado a hablar era un hombre de la vecina aldea de la Morera Verde. Por lo visto, también había muerto allí gente de las aldeas cercanas. El viejo Liu se dio una palmada en el muslo y miró a Qin Ming, como diciendo que se les habían adelantado y les habían arrebatado el botín. Wei Zhirou asintió. —El campo magnético de las montañas está alterado. El lugar del que hablas debe de ser un nodo de pequeñas dimensiones. Si descubres otro sitio semejante, te daré un manual secreto de nivel intermedio sobre el renacimiento. Explicó que aquellos nodos especiales probablemente perdurarían durante varios años. Los buscarían uno por uno y los plasmarían en un mapa del relieve que dejarían a los habitantes de la zona, para evitar que en el futuro alguien se internara por error en aquellos lugares peligrosos. Cao Long tomó la palabra: —Si descubren algún lugar donde se eleven brumas blancas o resplandores de cinco colores iluminen los alrededores, no se acerquen bajo ningún concepto. Esas zonas son aún más peligrosas. A quien proporcione una pista así se le concederá una gran recompensa: un volumen del Arte de la Intención y la Energía de nivel avanzado. Al oírlo, muchos comenzaron a respirar con agitación. Los manuales secretos de aquel nivel eran algo tan lejano e inalcanzable para ellos que parecían irreales. ¿Quién no los anhelaría? Algunos se dieron cuenta de que el propósito declarado de aquellos nobles de la Ciudad del Resplandor Escarlata, curtirse, no era más que una apariencia. Sin duda tenían algún otro objetivo importante. Los fenómenos extraños de las montañas encerraban secretos que los lugareños desconocían. Sin embargo, los renacidos de las aldeas se lo tomaron con serenidad. ¿Qué importaba que comprendieran que había algo oculto? Aquellos territorios peligrosos no eran lugares en los que pudieran aventurarse. Además, fueran cuales fuesen los motivos de los nobles de la Ciudad del Resplandor Escarlata, acabarían ayudándolos con el barrido de montaña y protegiéndolos de las criaturas anómalas que los amenazaban. Eso bastaba. Cao Long les informó de que los altos mandos de la Ciudad del Resplandor Escarlata aún tenían pendiente una última negociación con los misteriosos seres de las profundidades de la cordillera. Esta vez se celebraría fuera de las montañas y pronto habría un resultado. Los renacidos de las aldeas intercambiaron comentarios en voz baja. Aunque vivían en aquella región, solo habían oído leyendas de un puñado de seres superiores. Sus impresiones más hondas sobre las profundidades de las montañas eran el misterio, lo desconocido y el miedo. Todo allí estaba envuelto en una bruma que inspiraba temor reverencial. —Si negocian fuera de las montañas, ¿podremos verlos? Quien había hablado era un muchacho de uno de los tres grupos, de rostro todavía algo infantil. Como un ternero recién nacido que no teme al tigre, quería descubrir qué aspecto tenían las criaturas anómalas más poderosas de las profundidades de las montañas. Los tres grupos, hasta entonces silenciosos, se agitaron. Todos eran muy jóvenes y sentían una enorme curiosidad y un intenso deseo de explorar. Cao Long sobresalía mucho por encima de un hombre corriente y su corpulencia imponía una fuerte presión. Le bastó con pasear despreocupadamente la mirada para que callaran enseguida. No los reprendió. Asintió y respondió: —Tal vez tengan la oportunidad. De inmediato, todos se pusieron a comentar la noticia. Qin Ming tampoco pudo mantener la calma. Salvo por aquella fugaz visión accidental del «insecto lunar», no sabía absolutamente nada de las otras criaturas anómalas más poderosas. También él quería aprovechar la oportunidad de ver su verdadero aspecto. De pie sobre la roca gris azulada, la alta y esbelta Wei Zhirou, cuyo abrigo de piel de zorro de un blanco puro ondeaba al viento y acentuaba su elegancia etérea, les dio otra noticia. —La situación actual es algo delicada. Quizá no lo sepan, pero los disturbios de la cordillera no se deben únicamente a las alteraciones del campo magnético. También ha llegado de tierras lejanas otro grupo de seres superiores, con sus familias a cuestas, que pretende apoderarse de parte de los recursos de las montañas. Al oírlo, a todos les cambió la expresión. Wei Zhirou prosiguió: —Con la llegada de estos seres superiores, muchas especies peligrosas se ven obligadas por su presión a expandirse hacia el exterior de las montañas, arrebatándoles espacio para vivir a quienes habitan fuera de ellas. Xu Yueping preguntó: —¿Eso quiere decir que la zona exterior de los bosques, que apenas acababa de recuperar un poco de tranquilidad, volverá a ser muy peligrosa? —No es nada del otro mundo. ¿Quién les ha dado permiso para expandirse? Bastará con hacerlas retroceder a golpes. Precisamente para resolver ese problema vamos a realizar el barrido de montaña. Aunque la voz de Mu Qing tenía un timbre neutro, sus palabras eran autoritarias. Los renacidos de las aldeas suspiraron aliviados para sus adentros. Aquella figura envuelta por completo en una capa negra les había infundido confianza. Mu Qing alzó la voz: —Se han metido en unos territorios que no deberían pisar y han olvidado el dolor que sufrieron en el pasado. ¡Entonces las despertaremos a golpes, con toda nuestra fuerza, para que comprendan que el dominio de las bestias humanas de dos patas sobre esta región jamás ha menguado…! Al principio, todos escuchaban con el ánimo encendido y la moral por las nubes. Incluso la extraña expresión «bestias humanas de dos patas» solo les produjo una vaga sensación de extrañeza. Pero cuando, en pleno discurso apasionado de Mu Qing, vieron asomar por detrás de la capa negra una cola dorada y esponjosa, muchos perdieron la compostura. ¡¿Qué clase de criatura era aquella?! —Mu Qing —le advirtió Cao Long. —Mu Qing es humano —dijo Wei Zhirou. Los tres grupos que se encontraban detrás permanecieron tranquilos, como si ya conocieran el estado de Mu Qing. Qin Ming se quedó absorto, mirando una y otra vez hacia delante. El viejo Liu murmuró: —Tal vez haya elegido una senda de prodigios sobrenaturales. Pero si sigue siendo humano o en qué estado se encuentra ahora… no acabo de entenderlo. Después de la senda del Dios del Espíritu Gigante de Cao Long, aquella era otra elección distinta que Qin Ming veía ante sí. Cao Long dijo: —Ahora elegiremos a los acompañantes adecuados. Durante el barrido de montaña actuarán junto a nosotros y nos guiarán por las montañas. Pero pueden estar tranquilos: su seguridad estará garantizada. Recalcó que no obligaban a nadie y que quienes no quisieran participar podían marcharse en ese momento. Al mismo tiempo, Cao Long, Wei Zhirou y Mu Qing dejaron claro una vez más que las recompensas del barrido de montaña serían muy generosas, e incluirían sustancias de esencia espiritual y versiones avanzadas del Arte de la Intención y la Energía. No escatimarían en ellas. Los renacidos presentes ya habían tomado una decisión al no quedarse en sus aldeas, de modo que ninguno se marchó. Naturalmente, Qin Ming hizo lo mismo que los demás, sin destacar. Wei Zhirou sonrió a Cao Long y a Mu Qing. A ojos de todos, su sonrisa era radiante y hermosa, de una dulzura que parecía ajena al mundo. Agitó ante ambos la lista que sostenía, indicando que quería elegir primero. —Uno por turno. Empieza tú —dijo Cao Long, cediéndole la primera elección. Mu Qing tampoco puso objeciones. Wei Zhirou asintió sonriente. —Entonces no voy a hacerme de rogar. A nuestra familia Wei le interesa mucho reclutar a jóvenes con cimientos innatos dorados. —¡Y a cuál no! —replicó Mu Qing, antes de hablar en voz baja con Cao Long para acordar cuál de los dos elegiría primero. Wei Zhirou consultó la lista y frunció ligeramente sus delicadas cejas, indecisa. Al final llamó a dos personas seguidas: —¿Quién es Zhou Wubing? ¿Y quién es Qin Ming? —Solo puedes llevarte a uno por turno —le recordó Mu Qing. Wei Zhirou sonrió. —Lo sé. Solo quiero verlos. Zhou Wubing dio un paso al frente. Era media cabeza más alto que un hombre corriente y tenía un cuerpo muy robusto y fuerte. Antes no se llamaba así. Como de niño había sido débil y enfermizo, sus padres le habían cambiado el nombre por Zhou Wubing, «sin enfermedad». Sin embargo, no se había curado hasta el regreso de un pariente de tierras lejanas, que también había logrado que experimentara el renacimiento durante su edad dorada. Qin Ming se sorprendió. El aspecto de Er Bingzi había cambiado por completo. Antes tenía el rostro amarillento, estaba en los huesos y su pelo descolorido parecía hierba seca en otoño. Ahora, en cambio, lucía una espesa cabellera negra y rebosaba esencia, energía y espíritu. Qin Ming avanzó y se quedó allí de pie, tranquilo. Era un poco más alto que Er Bingzi. —Los dos tienen cimientos innatos dorados. Me gustaría invitarlos a ambos —dijo Wei Zhirou, mirándolos con una sonrisa. Er Bingzi ya no era el de antes. Aunque la luminosa sonrisa de aquella joven noble de aire etéreo lo deslumbró, enseguida recuperó la calma. En ese momento salió un joven del bosque, se acercó rápidamente a Wei Zhirou y le susurró algo al oído. Solo entonces comprendieron los presentes que las tres familias no habían enviado únicamente a aquellos tres grupos de jóvenes inexpertos: había más gente. —¿Zhou Wubing era débil y enfermizo, pero desde su renacimiento su fuerza no ha dejado de aumentar poco a poco? ¿Y lo ha instruido Xu Kong? Wei Zhirou estaba sorprendida. Después de conversar en voz baja con el joven, alzó el rostro, posó sus hermosos ojos en Er Bingzi y le hizo una seña con una sonrisa. Lo había elegido a él.
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Estás leyendo el capítulo 18 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 24 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.