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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 16 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
El simio de las nieves quedó partido en dos de un tajo. La escena heló la sangre de Shao Chengfeng y Feng Yi'an, que retrocedieron instintivamente. Una vez más se preguntaron si su jefe de verdad podría enfrentarse a él. La expresión de Fu Entao cambió ligeramente, pero su ataque no perdió ni un ápice de ímpetu. Aprovechando la abertura que Qin Ming había dejado al apartarse del simio de las nieves, su larga hoja reluciente hendió la ventisca y barrió hacia su cintura con una fuerza descomunal. Como si lo hubiera previsto, Qin Ming interpuso a su espalda la lanza que sostenía con la mano izquierda. Sin volverse hacia su adversario, saltó y aprovechó el tremendo impacto del sable de Fu Entao contra el asta de hierro para impulsarse aún más deprisa hacia delante. Cualquiera habría temido intentarlo: aunque no muriera en el acto bajo aquel tajo, la violencia del impacto le provocaría lesiones internas e incluso lo haría vomitar sangre a bocanadas. Qin Ming salió indemne. De un salto se plantó ante su objetivo. Al corpulento patrullero de montaña se le erizó el vello. ¡Venía a por él! Tan feroz como una enorme bestia de las montañas, Qin Ming apenas tocó tierra cuando su hoja relampagueante trazó un arco hacia él. El hombre blandió de inmediato su sable para contraatacar, dispuesto a intercambiar golpes, pero al instante sintió que estaba a punto de perder la empuñadura. La fuerza de su adversario era excesiva. Tras dos choques breves y fulminantes, la carne entre sus dedos se desgarró. La sangre corrió y tiñó de rojo la empuñadura; ya no tenía fuerzas para sostener el arma. ¡Chas! A la luz del manantial de fuego destelló una hoja brillante. La cabeza del hombre salió despedida y su cuerpo se desplomó con un golpe sordo. Qin Ming giró de golpe. Detuvo con la lanza de hierro el sable de Fu Entao y dirigió una mirada cargada de intención asesina a Feng Yi'an y Shao Chengfeng. Los dos hombres que estaban detrás sintieron pánico. En circunstancias normales, ellos también eran tipos despiadados, de naturaleza semejante a la de chacales y lobos, taimados, crueles y llenos de recursos. Pero aquel muchacho era demasiado feroz: había llegado y se había puesto a matar sin decir palabra. Los tenía aterrados. Una sombra de inquietud también se instaló en el corazón de Fu Entao. Aquel joven que había pasado por un segundo renacimiento ejercía una presión enorme sobre él. Cada lanzada, cada sablazo, le dejaba los brazos ligeramente entumecidos. En aquel momento deseaba marcharse sin más, huir hacia las oscuras profundidades del bosque. Pero temía que, si perdía el valor y daba la espalda a su adversario, este encadenara una serie de ataques mortales. Qin Ming habló: —En el puesto de la montaña había siete cabezas que cortar. Ya han caído cuatro. Solo quedan ustedes tres. Fu Entao se quedó desconcertado, y luego su rostro se ensombreció. ¿Aquel muchacho contaba al mastín dorado y al simio de las nieves junto con ellos cinco? ¿Los equiparaba a esos dos animales? Shao Chengfeng y Feng Yi'an apretaron sus respectivas armas, una lanza de hierro y un largo sable. En cualquier otra ocasión, quien se hubiera atrevido a menospreciarlos así habría demostrado no saber lo que era la muerte. Qin Ming quería precisamente enfurecerlos. Había notado que los tres estaban perdiendo las ganas de luchar y probablemente pensaban en escapar. Temía no poder alcanzar a Fu Entao, que había pasado por un segundo renacimiento. Tal como esperaba, la provocación disipó la sombra que acababa de surgir en el corazón de Fu Entao. En toda aquella zona, ni siquiera los veteranos jefes de otras patrullas de montaña se atrevían a humillarlo de semejante manera. Después de tantos años de acumular fuerzas, Fu Entao tenía posibilidades de dar un paso más: estaba a punto de alcanzar el umbral. —¿Es el Qin Ming de la aldea de los Dos Árboles? —preguntó a los dos hombres que tenía detrás. Antes, cuando habían hablado del bosque de Bambú Sangriento, tanto Feng Yi'an como Shao Chengfeng habían mencionado a Qin Ming. Querían utilizar a aquel muchacho de cimientos innatos dorados para explorar el camino y aprovechar la ocasión para eliminarlo. —Es él —asintió el barbudo Feng Yi'an. Fu Entao asintió a su vez y habló con frialdad: —Muy bien. Después bañaremos en sangre la aldea de los Dos Árboles. No dejaremos vivo a nadie, ni hombres, ni mujeres, ni viejos, ni niños. Estamos en un período especial. Una vez iniciada la operación de barrido de montaña, será perfectamente normal que alguna «bestia notable» más poderosa de lo previsto salga por casualidad de las montañas profundas y masacre una aldea. Su sonrisa era gélida, como impregnada de olor a sangre, mientras alzaba lentamente el sable. Qin Ming no se enfureció. Lo que buscaba era agitar las emociones de su adversario para impedir que, al menos durante un tiempo, perdiera el valor de combatir y huyera. Añadió más leña al fuego: —¿Acaso me equivocaba al hablar de ustedes? Desde la Ciudad del Resplandor Escarlata les pagan generosamente. Los aldeanos también los respetan; incluso aceptan reducir la cosecha de sus campos de fuego para ayudar a la patrulla de montaña a cultivar luna negra. ¿Y cómo les corresponden? Agotan hasta la última gota, los exprimen hasta la médula. Querrían devorar de un bocado toda la esencia espiritual del manantial de fuego, sin importarles cuántos morirán de hambre cuando llegue la hambruna del año próximo. Hasta matan a aldeanos inocentes a su antojo para amenazar y amedrentar a los demás. Para ustedes, esas vidas valen menos que un ciervo de agua, muchísimo menos que su mastín dorado. ¿Les queda algo de humanidad? ¿Me equivoco al ponerlos junto a un perro feroz y un simio de las nieves? Son mucho más dañinos que ellos. Piensen en el difunto jefe de su patrulla y en los patrulleros de montaña responsables de los otros grupos. Ni siquiera son dignos de que los mencionen junto a ellos. Qin Ming hablaba con serenidad, sin exaltación ni ira, sin siquiera alzar la voz. Sin embargo, las venas se marcaron en la mano con que Fu Entao aferraba el sable. Sin decir palabra, avanzó para presionarlo. Incluso Feng Yi'an y Shao Chengfeng se llenaron de intención asesina. Deseaban acabar al instante con aquel muchacho que, con su voz tranquila, les clavaba cada palabra en lo más profundo. Qin Ming atacó primero. Aun sujetando con una sola mano la pesada lanza de hierro, la manejaba como si fuera una prolongación de su brazo. La afilada punta salió disparada y dejó una sucesión de imágenes fugaces, agitando los enormes copos de nieve que llenaban el aire. Fu Entao ladeó la cabeza para esquivarla y la punta atravesó un alerce, de tronco tan grueso como la boca de un cuenco, que había a su espalda. Qin Ming hizo oscilar el asta con un poco de fuerza y el tronco se partió con un crujido. Acto seguido, encadenó un tajo con el machete de leñador que llevaba en la otra mano. En un instante, los destellos de sus hojas se entrecruzaron sin cesar. Aquel intercambio era de un peligro extremo. Por donde pasaban, numerosos árboles caían abatidos; su poder destructivo era asombroso. Cuando la lucha los llevó cerca del manantial de fuego, una gran cabaña de madera estalló con estruendo, destrozada entre los destellos de sus armas. Con sus casi dos metros de altura, Fu Entao había resultado imponente, pero ahora jadeaba con fuerza. Un vapor blanco se elevaba entre sus largos cabellos, rizados de forma natural. El temor lo invadió: estaba agotado y los impactos le habían entumecido los brazos, mientras que su adversario seguía combatiendo con el mismo arrojo. De no haber sido lo bastante rápido, ya habría caído derrotado y muerto. Había advertido algo: la velocidad de su contrincante parecía tener alguna limitación. Comprendió cuál era su propia ventaja. Y en ese momento llegó la oportunidad que esperaba. Aprovechando que Qin Ming lanzaba una estocada y a la vez blandía el machete, Feng Yi'an y Shao Chengfeng desataron toda su fuerza y atacaron de improviso. ¡Clang! Estalló un estridente choque de armas. Qin Ming bloqueó la lanza de hierro de Shao Chengfeng con el machete de leñador y enseguida apartó con el lomo de la hoja el sable de Feng Yi'an. En ese instante, Fu Entao parecía un tigre o un lobo con forma humana, de una ferocidad incomparable. Su cabello ondeaba en la ventisca y su mirada se volvió extremadamente acerada. Aferró el sable con ambas manos y descargó un tajo tras otro, empleando hasta la última de sus fuerzas. Notó que Qin Ming ya no imprimía la misma fuerza que antes a la lanza de hierro que sujetaba con una sola mano. Parecía estar a punto de ceder ante su presión. —¡Rodeadlo y matadlo con todas vuestras fuerzas! —rugió. Qin Ming mantenía a raya a los otros dos con el machete de leñador, mientras los repetidos sablazos de Fu Entao dominaban la lanza de su mano izquierda. Su situación parecía desesperada. Incluso, en varios de aquellos peligrosos intercambios, optó por una forma de luchar que los heriría a ambos: dejó que el sable de Fu Entao se abatiera sobre él y mantuvo la punta de su lanza dirigida hacia delante, obligando al enemigo a retirarse. Fu Entao sonrió con crueldad. ¿Desde cuándo había temido a nadie en una pugna de ferocidad? De pronto saltó hacia delante. Solo se preocupó de apartar los puntos vitales de la parte superior del cuerpo mientras alzaba su reluciente sable y descargaba un tajo vertical sobre Qin Ming. Al mismo tiempo, Feng Yi'an y Shao Chengfeng esbozaron sonrisas siniestras. En perfecta coordinación, cerraron todas las vías de retirada de Qin Ming. Atacaron a la vez con el sable y la lanza de hierro, obligándolo a emplear su machete únicamente para detenerlos. Qin Ming no podía retroceder ni tenía tiempo de esquivar el sable que Fu Entao le lanzaba de frente. Sin vacilar, aceleró hacia delante. Ya no llegaba a alzar la lanza: su punta mantuvo la trayectoria y se hundió con un chasquido en el muslo de Fu Entao, atravesándolo por completo. Aunque se le contrajo el rostro, Fu Entao se volvió aún más despiadado. En aquel intercambio de heridas solo sufriría una herida en una pierna, mientras que el sable que descargaba desde el aire partiría a su enemigo en dos. En el momento decisivo, Qin Ming seguía conteniendo a los otros dos con el machete de leñador de su mano derecha. Soltó la lanza de hierro y alzó el brazo izquierdo para recibir de lleno aquella afilada hoja. Fu Entao soltó una risita desdeñosa. De ese modo, le cortaría tanto el brazo como el cuerpo. Feng Yi'an y Shao Chengfeng también sonrieron. Nadie sabía mejor que ellos lo aterrador que era un tajo vertical de su jefe, un hombre de dos metros de altura. Casi podían ver ya la sangrienta escena. Sin embargo, se oyó un vibrante tañido, acompañado de un chirrido de metal extraordinariamente estridente. Lo ocurrido fue por completo distinto de lo que habían imaginado. La manga de Qin Ming se hizo jirones y dejó al descubierto la armadura exclusiva de los miembros de la patrulla de montaña. Y no llevaba una sola capa. Aunque aquellas armaduras no eran tan buenas como la del jefe Fu Entao, Qin Ming se había puesto tres. Bastaron para detener el tajo. De no haberle parecido demasiado pesado, probablemente se habría puesto las armaduras de los cuatro hombres que había matado al pie de la montaña. Fu Entao cayó al suelo con un golpe sordo y se tambaleó. La lanza de hierro seguía atravesándole el muslo, del que manaba sangre a chorros. No podía mantenerse firme. Feng Yi'an se dio la vuelta y huyó sin la menor vacilación, con una resolución absoluta. Comprendió que probablemente iban a aniquilar a toda la patrulla de montaña. Shao Chengfeng también comprendió que la aparente debilidad del muchacho no había sido sino un engaño deliberado. Él también huyó de inmediato. Qin Ming recogió una lanza de hierro del suelo, saltó y lo arrojó con fuerza desde el aire. A tan corta distancia, era imposible fallar. La lanza voló a una velocidad vertiginosa y atravesó de arriba abajo la espalda de Feng Yi'an, ¡clavándolo contra el suelo! —¡Aaah…! —gritó de dolor. No murió en el acto, pero no lograba soltarse de allí. En cuanto tocó tierra, Qin Ming salió en persecución del otro. Su velocidad era algo inferior a la de Fu Entao, pero alcanzar a Shao Chengfeng le resultaba demasiado fácil. Shao Chengfeng no iba a esperar la muerte sin defenderse. Se volvió y blandió la lanza de hierro, oponiendo una feroz resistencia. Fue inútil: de un tajo, Qin Ming le cercenó el brazo derecho. La lanza de hierro cayó al suelo con él. Qin Ming la recogió y, sin piedad alguna, también clavó a Shao Chengfeng contra el suelo. Al instante, la sangre salpicó aquel lugar. Qin Ming se detuvo en medio del campo de batalla y habló: —Si ninguno hubiera intentado huir y se hubieran quedado aquí a luchar a muerte, creo que ya habría acabado con todos. Durante el combate no he podido concentrarme por completo, por miedo a que alguno escapara. Si se me hubiera escapado uno solo, mi acción habría sido un fracaso. —Tú… —Fu Entao se apoyaba en el sable, clavado en el suelo. Se enfureció tanto que estuvo a punto de escupir sangre; consideraba aquello una fanfarronada. —Medirme con ustedes a golpe de hoja sin poder concentrarme del todo me ha costado, es cierto. Pero acabo de pasar por el renacimiento, así que es comprensible —añadió Qin Ming, repasando el combate. —¡¿Qué?! —La expresión de Fu Entao se petrificó. Hasta el corazón le temblaba. No creía que su adversario acabara de convertirse en un renacido; no podía aceptar semejante realidad. —Así que, en efecto, todavía no has pasado por un segundo renacimiento. —Feng Yi'an escupió una bocanada de espuma sanguinolenta y sonrió con amargura. Sabía que todo había terminado. Habían tenido la desgracia de encontrarse con un monstruo inconcebible.
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Noche sin límites (Novela) Capítulo 16

Estás leyendo el capítulo 16 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 24 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.