Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 15 online gratis en español
🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
El viento de la montaña soplaba con fuerza. Su ulular parecía el llanto de fantasmas y monstruos; quebraba numerosas ramas y levantaba la nieve del bosque, mezclándola con los grandes copos que caían del cielo nocturno hasta sumir cielo y tierra en una blancura sin límites.
Qin Ming avanzó solo entre el viento y la nieve hasta llegar al pie de la montaña donde se alojaba la patrulla de montaña.
Había decidido emplear el arco y las flechas que había capturado. Aunque a sus ojos seguía siendo un «arco blando», un arma de renacidos era bastante mejor que el arco de armazón de hierro que usaba antes.
La violenta ventisca le azotaba el rostro sin descanso y lo obligaba a entrecerrar los ojos. Se quitó las gruesas prendas de abrigo, se puso la armadura y la cubrió con una prenda exterior ligera.
Enterró en una cavidad de la nieve el arco, las flechas y el hatillo que había traído, los aseguró bajo una piedra pesada y comenzó a subir con las cuatro lanzas de hierro de los patrulleros de montaña.
Se acercó sin hacer ruido. Poco a poco alcanzó la cumbre, hasta quedar a apenas unas decenas de metros de aquella explanada.
De no haber soplado tanto viento ni caído tanta nieve, aquel mastín dorado, tan corpulento como un tigre, seguramente habría olfateado ya al desconocido.
Aun así, pareció percibir algo y levantó las orejas, cubiertas de dibujos dorados.
En una de las cabañas más grandes ondulaba el fulgor rojizo del fuego. Las siluetas de varias personas se recortaban en la ventana. En medio de aquel frío glacial, estaban bebiendo y comiendo carne de yak, humeante y fragante, de una olla de cobre colocada sobre las brasas.
—El manantial de fuego del bosque de Bambú Sangriento está a punto de apagarse. Es el mejor momento para atacar a esa criatura dotada de inteligencia. Tenemos que prepararlo de antemano…
El viento llevó aquellas palabras hasta Qin Ming. Habría querido seguir escuchando: algunos miembros de la patrulla de montaña habían puesto la mira en cierta criatura dotada de inteligencia de las montañas para alcanzar su segundo renacimiento.
Por desgracia, no pudo seguir espiando. El mastín dorado ya había salido de su cobertizo y miraba en su dirección. Abrió la boca, dispuesto a rugir.
Qin Ming apuntó a la ventana y tensó el arco contra la figura más corpulenta. Una tras otra, las flechas de hierro atravesaron la noche como relámpagos y se clavaron en la cabaña entre silbidos.
Alguien soltó un gemido ahogado en el interior. Todas las siluetas se echaron al suelo de inmediato. Luego, puertas y ventanas saltaron bajo los golpes y varias figuras irrumpieron fuera, protegiéndose con mesas, tableros de puerta y otros objetos. Se refugiaron tras árboles y rocas y buscaron con miradas feroces al atacante oculto.
El mastín dorado no dejaba de ladrar. Su ímpetu era formidable: sus rugidos dispersaban los copos que tenía delante y de su enorme cuerpo brotó una fuerza asombrosa mientras corría ferozmente hacia Qin Ming.
Qin Ming no prestó atención por el momento al mastín dorado mutado. Sus flechas de hierro, densas como una lluvia, se abatían sobre una sola persona: Fu Entao.
Los demás patrulleros de montaña no le preocupaban. Solo aquel hombre que había pasado por un segundo renacimiento era verdaderamente peligroso. Herirlo sería más útil que matar primero a varios de los otros.
Por desgracia, Fu Entao solo había recibido una flecha, y su herida era leve. La armadura especial que llevaba lo había protegido bien: la punta apenas había penetrado menos de dos centímetros en su cuerpo.
Después, Fu Entao blandió su largo sable en amplios barridos y cortó la mayoría de las flechas. Avanzaba rápidamente, sirviéndose de los árboles como protección.
Por la fuerza de las flechas enemigas, había juzgado que su adversario aún no había experimentado un segundo renacimiento y que no sería difícil de afrontar.
No era que a Qin Ming le faltara fuerza, sino que el arco rígido del patrullero de montaña no podía soportar una fuerza equivalente a quinientos kilos. Al final, lo rompió a fuerza de tensarlo.
El mastín mutado, cuyo cuerpo estaba cubierto de dibujos dorados y negros, llegó ante él y saltó para abalanzarse sobre su presa. De sus enormes fauces salía vapor blanco; sus colmillos, de una blancura siniestra, eran extraordinariamente afilados. Su rugido estremeció el bosque de la montaña.
Sin embargo, su enorme cuerpo se quedó rígido en el aire y el rugido se cortó de golpe. Una lanza de hierro voló a una velocidad aterradora y le atravesó el cráneo, salpicando varias flores de sangre. El brillo feroz de sus ojos se apagó en un instante.
Sin duda, era una criatura mutada bastante poderosa, capaz de causar ciertos problemas a un renacido. Sin embargo, Qin Ming acabó con ella con un simple lanzamiento de lanza. ¡La mató al instante!
El animal cayó con un golpe sordo a cinco metros de él.
A lo lejos, Feng Yi'an vio desplomarse el cadáver del mastín dorado y gritó, desgarrado:
—¡Jinzi!
La ira se encendió en el pecho de Qin Ming. Para aquella gente, las vidas de los aldeanos que vivían fuera de las montañas valían menos que la de un perro feroz. Por él sí perdían la compostura y gritaban.
Sacudió con violencia el brazo derecho y lanzó otra lanza de hierro. Esta se abrió paso contra el viento y la nieve con un silbido estremecedor, directa hacia Feng Yi'an.
Feng Yi'an, de rostro cubierto por una espesa barba, era un patrullero de montaña con esperanzas de alcanzar el segundo renacimiento. Reaccionó con agudeza y desplazó su robusto cuerpo hacia un lado. Al mismo tiempo, en un gesto desafiante, hizo girar su largo sable y descargó un tajo contra la lanza que se le venía encima.
Sonó un estridente choque metálico y saltaron chispas. Feng Yi'an sintió que se le entumecía todo el brazo. La mano derecha, que empuñaba el sable, tembló ligeramente y estuvo a punto de soltar la empuñadura.
Quedó horrorizado. ¿Qué fuerza era aquella? La lanza pasó rozándole el cuerpo y se hundió en una cabaña, haciendo pedazos la gruesa puerta.
En ese instante, Fu Entao, que medía casi dos metros, reventaba la nieve bajo sus pisadas y levantaba grandes oleadas blancas. Su velocidad era asombrosa; ya estaba a menos de diez metros de Qin Ming.
Lo esperaba una lanza de hierro fabricada especialmente para la patrulla de montaña. Como un dragón jiao venenoso que surcara la noche, salió disparada hacia él.
Como alguien que había experimentado un segundo renacimiento, Fu Entao poseía una percepción extraordinariamente aguda y captó con claridad la trayectoria de la lanza.
No quiso desperdiciar ni una pizca de fuerza. Apenas ladeó su alto cuerpo y la esquivó con calma. Sin detenerse un solo instante, arremetió contra su adversario acompañado de una ráfaga de viento.
Había evitado la lanza de hierro que despedía destellos helados, pero detrás de él venía otro patrullero de montaña, a poco más de diez metros. Se convirtió justo en el segundo blanco.
Qin Ming lo había hecho a propósito. Si Fu Entao bloqueaba el arma, no pasaría nada más; si la esquivaba, la lanza que había arrojado seguiría hacia el hombre que lo perseguía de cerca.
El patrullero de montaña de atrás no pudo apartarse. La distancia era demasiado corta y Fu Entao acababa de taparle la vista.
—¡Aaah…!
Soltó un alarido desgarrador cuando la lanza le atravesó el pecho. Ni siquiera la armadura pudo detenerla: se quebró al instante y sus fragmentos salieron volando.
Sin embargo, aquella resistencia alteró la trayectoria de la lanza.
Tras desviarse ligeramente, el arma clavó al patrullero de montaña contra un árbol tan grueso como un cubo, con un golpe sordo. La sangre corrió por el asta y tiñó de rojo la nieve.
El hombre se retorcía entre terribles dolores. Era evidente que no sobreviviría.
A sus espaldas, Feng Yi'an y Shao Chengfeng sintieron un escalofrío recorrerles la espalda, como si fueran ellos quienes estuvieran clavados al árbol. Ambos retrocedieron varios pasos sin poder evitarlo.
Fu Entao sabía lo que había ocurrido detrás de él. Su expresión se endureció. Para él, bastaba un salto para salvar aquellos diez metros.
El viento helado le echaba hacia atrás el cabello negro y rizado, y su gran capa de pieles restallaba. Aquel hombre de dos metros empuñaba un largo sable hecho a medida, más ancho y afilado que los corrientes. Lo descargó en vertical con un arrojo feroz, como si pudiera partir una montaña.
Inmóvil, Qin Ming había sido una roca; ahora que se movía, era un trueno, veloz y violento. Se desplazó ligeramente hacia un lado para evitar aquel filo aterrador y golpeó de costado la hoja con la última lanza de hierro, que sostenía en la mano izquierda, desviando su trayectoria.
Fu Entao sintió una leve sacudida de sorpresa. Comprendió que no era alguien a quien pudiera dominar a su antojo. Debía de haber pasado ya por un segundo renacimiento.
Presionó con fuerza el sable para apartar la lanza y seguir descargando su ataque contra el enemigo, pero se encontró con una resistencia poderosa.
Qin Ming mantuvo la lanza de la mano izquierda pegada al plano del sable. Las armas chocaron y rozaron, arrancando un sinfín de chispas, mientras él retenía la hoja a un lado de su cuerpo. Al mismo tiempo, se lanzó hacia delante y dirigió el cuchillo de cortar leña que llevaba en la derecha al pecho desprotegido de su adversario.
Las pupilas de Fu Entao se contrajeron. ¡El pesado sable de su mano derecha no había logrado hacer retroceder aquella lanza! Por primera vez sintió que la situación se complicaba. Había encontrado a un adversario formidable.
Llevaba en el brazo izquierdo un brazal de oro negro grabado con la figura de un monstruo de montaña. Lo levantó velozmente para bloquear el cuchillo de cortar leña, tan límpido y brillante como un remanso de agua clara. Resonó un estridente choque de metal.
Aprovechando el impacto, Fu Entao retrocedió a toda velocidad. Como viento y trueno, levantó toda la nieve del suelo y escapó de la ligera desventaja en la que lo había dejado aquel primer intercambio.
Sacudió el brazo izquierdo, algo entumecido, y bajó la mirada. Habían aparecido grietas en el brazal; por poco lo habían partido. No se debía a que el arma enemiga fuera demasiado afilada, sino a que una fuerza excesiva lo había resquebrajado con el impacto.
Engañado por la potencia de las flechas de hierro, había pensado matar de inmediato a quien lo atacaba a traición. Pero había tropezado con resistencia desde el primer momento. Ahora empezó a examinar con atención la figura que tenía enfrente.
Qin Ming miró su cuchillo de cortar leña. El filo estaba dañado y mostraba una mella evidente. Aunque estaba forjado en hierro refinado, no podía compararse con las armas y armaduras de la patrulla de montaña.
Tenía claro que su fuerza superaba a la del adversario, pero que era algo más lento. El segundo renacimiento favorecía la flexibilidad y la velocidad. Debía aprovechar que aquel hombre lo creía un renacido de su mismo nivel para luchar cuerpo a cuerpo y limitar su ventaja de golpear y alejarse de inmediato.
—¿Quién eres? ¿Por qué nos atacas? —preguntó Fu Entao.
Al ver antes aquel rostro tan joven, lo había tomado por un muchacho impulsivo y de sangre ardiente. Había pensado dejarlo lisiado y luego interrogarlo sobre su procedencia.
Ante la formidable fuerza de su adversario, se calmó y empezó a tratarlo como a un igual. Incluso le inspiraba una profunda cautela. Después de todo, era demasiado joven. ¿Sería acaso el vástago de alguna familia noble de la Ciudad del Resplandor Escarlata? Pero su ropa no lo sugería.
Qin Ming no respondió. Apuntó hacia delante con la lanza de hierro de la mano izquierda, alzó ligeramente el cuchillo de la derecha y avanzó paso a paso. Sereno y tranquilo, irradiaba una presencia imponente a pesar de su juventud.
Fu Entao frunció el ceño, cada vez más receloso de su identidad.
Cuando Qin Ming salió de la oscuridad del bosque y se acercó a la zona del manantial de fuego, Feng Yi'an y Shao Chengfeng lo reconocieron.
Antes ya les había resultado familiar aquella silueta. Ahora, iluminado por el fulgor rojizo del fuego, su rostro se reveló con claridad y ambos quedaron estupefactos.
—Tú eres… ¿Qin Ming, de la aldea de los Dos Árboles? —exclamó Feng Yi'an, incrédulo.
Había visto varias veces a aquel muchacho. ¿Acaso no había experimentado su renacimiento hacía muy poco?
Qin Ming no respondió. Siguió acercándose con paso firme y de pronto aceleró. Su larga lanza salió disparada, como una serpiente de hielo de las llanuras nevadas que se transformara en dragón. Un aterrador silbido hendió la ventisca; los grandes copos que caían estallaron en todas direcciones y también saltó la nieve acumulada en el suelo.
—¡Rodéenlo! ¡No dejen que escape! ¡Lo quiero vivo! —ordenó a toda prisa Fu Entao mientras lanzaba un tajo.
Su mirada parecía un relámpago frío y aparentaba una confianza absoluta. Lo hacía sobre todo por temor a que Feng Yi'an, Shao Chengfeng y los demás no se atrevieran a luchar. Quería infundirles valor.
—Cerquémoslo entre todos y acabemos pronto con él —gritó un patrullero de montaña de cuerpo fornido.
Se acercó despacio con el sable en la mano. No pretendía lanzarse a matar sin pensar, sino presionar psicológicamente a Qin Ming desde las inmediaciones.
Al verlo, Feng Yi'an y Shao Chengfeng también avanzaron para cerrar el cerco. Ocuparon posiciones cruciales, listos para atacar por sorpresa en cualquier momento, e influyeron de manera invisible en el combate.
El intercambio entre los dos hombres era aterrador. La lanza de hierro dejaba imágenes residuales, como dragones y serpientes que surcaran el aire, mientras los fulgores del sable parecían relámpagos súbitos en una noche de lluvia. El campo de batalla se extendió rápidamente.
Los rostros de Feng Yi'an y Shao Chengfeng cambiaron de golpe. ¡Aquel muchacho llamado Qin Ming era increíblemente poderoso! ¿De verdad podía su jefe imponerse a él?
Qin Ming y Fu Entao volvieron a internarse en el bosque espeso mientras luchaban, alejándose del manantial de fuego. Los otros tres no tuvieron más remedio que seguirlos y mantener el cerco con cautela.
Ambos atravesaron el bosque como una exhalación. Los árboles, hasta entonces intactos, crujieron de pronto entre chasquidos. Numerosas ramas cayeron sobre la nieve e incluso se desplomaron gruesos troncos con estruendo.
De repente, una figura plateada se lanzó desde lo alto de un gran árbol en la penumbra del bosque, tratando de matar a Qin Ming por sorpresa.
Qin Ming estaba intercambiando ataques con Fu Entao y daba la espalda a aquella dirección. El simio de las nieves que criaba la patrulla de montaña atacó de improviso desde las alturas. Era una emboscada difícil de prevenir.
Era una criatura mutada cuyas garras podían despedazar fieras vivas. En aquel instante, lleno de ferocidad y brutalidad, las dirigió hacia el cuello de Qin Ming con una rapidez y una violencia tremendas.
Qin Ming ya sabía que allí había un simio de las nieves. Después de subir a la montaña, había localizado su posición a escondidas y no había dejado de vigilar todas las amenazas posibles.
Con pasos ligeros como el viento y una agilidad extraordinaria, esquivó la acometida del simio y, al mismo tiempo, descargó un tajo de revés hacia el aire. Se oyó un golpe húmedo: ¡el cuchillo de cortar leña partió al feroz simio de las nieves por la cintura!
La sangre del animal salpicó por todas partes. Aullando de dolor, las dos mitades de su cuerpo cayeron una tras otra sobre la nieve. Muy pronto dejó de moverse, completamente muerto.

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Noche sin límites (Novela) Capítulo 15
Estás leyendo el capítulo 15 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 24 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.