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Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 13 online gratis en español

🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Xu Yueping no dijo una palabra hasta que dejaron atrás el pueblo de la Enredadera Plateada. Entonces se internó a toda prisa en la espesura sombría y descargó un puñetazo contra un gran árbol. La nieve cayó de las ramas en una cascada de copos. —¡Si no tuviera esposa, hijos y mayores a mi cargo, o si tuviera veinte años menos, hoy me habría llevado a Feng Yi'an aunque me costara la vida! —Jadeaba con fuerza, abrumado por la opresión que sentía en el pecho. Hasta los brazos le temblaban ligeramente. Lo habían humillado en aquel reservado. Aún llevaba la marca de unos dedos en la cara; como hombre, no podía tragarse semejante agravio. Pero tenía una familia y ya no era joven. Las cargas y las obligaciones que pesaban sobre él lo habían obligado a soportarlo. Cerró los puños y murmuró: —La vida ha ido apagando todo el ardor que llevaba en la sangre. Qin Ming no sabía cómo consolarlo. Incluso él sentía que lo arrastraba aquel torbellino de emociones. —Tío Xu, no dejes que la rabia te haga daño. Con las maldades que cometen, tarde o temprano recibirán su castigo. Mucho después, Xu Yueping soltó un largo suspiro. —Volvamos. Todavía caían pequeños copos del cielo nocturno. Durante el camino hablaron poco, aunque Qin Ming procuró sacar algún tema para aliviar aquel ambiente tan sombrío. —¿Por qué no empieza todavía el barrido de montaña? —Los de arriba deben de seguir negociando con las misteriosas criaturas de las montañas —respondió Xu Yueping. Luego, con muy mala cara, le contó otra cosa. La patrulla de montaña estaba preparando un líquido catalizador que llevarían a la aldea de los Dos Árboles dentro de tres días para verterlo en el manantial de fuego. No hacía falta pensarlo mucho: aquel líquido, beneficioso para la germinación de la luna negra, perjudicaría a los campos de fuego. —¿Las demás aldeas han aceptado? —preguntó Qin Ming. Xu Yueping suspiró. —En tres hubo dificultades. Como el rendimiento de los campos de fuego ha seguido bajando estos últimos años, también sospechaban que el problema estaba en las semillas, pero al final cedieron a la presión. Solo queda la vecina aldea de la Morera Verde. La patrulla de montaña recela de la persona que enseñó aquel arte avanzado a Er Bingzi y no se ha atrevido a presionarlos demasiado. —Ya casi estamos a mediados de mes —dijo Qin Ming, mirando el cielo oscuro. Ya sabía que los miembros de la patrulla de montaña solo se reunían todos en las montañas a mediados y a finales de mes. En aquel momento apareció un enorme toro de pelaje rojo en una bifurcación del camino que tenían enfrente. Era imposible no fijarse en él. El lomo se alzaba bastante por encima de un hombre adulto. Su pelo largo y espeso brillaba con destellos rojizos. Además de los dos cuernos curvos normales, tenía otro en el centro de la frente, recto y afilado como una espada. Era, sin duda, una criatura mutada. Pero quien más llamaba la atención era el hombre que lo montaba. De una estatura extraordinaria, debía de superar los tres metros cuando estaba de pie. Llevaba el cabello negro por debajo de los hombros y sus ojos, afilados como cuchillas, dirigieron una mirada a los dos. El gigantesco toro mutado, rojo como el fuego, pisoteó la nieve y corrió a gran velocidad hacia el pueblo de la Enredadera Plateada. —No sabía que pudiera haber alguien tan alto —dijo Qin Ming, asombrado. —Él sigue otro camino —respondió Xu Yueping, contemplando la figura que se alejaba. —¿Su cuerpo se desarrolló antes de tiempo por experimentar el renacimiento demasiado pronto? —preguntó Qin Ming. Según la experiencia acumulada por sus predecesores, la mejor edad para el renacimiento corporal era entre los quince y los dieciséis años. Así podían asentarse unos cimientos innatos dorados. Si se producía demasiado pronto, era muy fácil que surgieran desequilibrios. A esa edad el cuerpo ya estaba en una fase de rápido crecimiento; si, además, el «renacimiento» lo estimulaba, las hormonas del crecimiento podían alterarse y acabar convirtiéndolo a uno en un gigante. Lo más importante era que la mayoría de aquellos gigantes morían prematuramente. Tras una transformación tan drástica, sus cuerpos solían descontrolarse. —Solo los grandes linajes cuentan con la experiencia de sus antepasados y pueden volcar enormes recursos en personas así para que lleguen a desarrollarse —explicó Xu Yueping. Unos pocos gigantes conseguían sobrevivir y, una vez que alcanzaban su apogeo, eran extraordinariamente poderosos. Su fuerza bruta podía imponerse a cualquier destreza. —Esas personas siguen la senda del Dios del Espíritu Gigante —añadió Xu Yueping, recalcando que una familia corriente ni siquiera podía permitirse formar a alguien así. Sospechaba que aquel jinete y su montura procedían de la Ciudad del Resplandor Escarlata. Aprovechando que hablaban del renacimiento corporal, Qin Ming mencionó a Fu Entao, el jefe de la patrulla de montaña. Xu Yueping volvió la cabeza para mirarlo. —Pequeño Qin, no estarás pensando en ir a buscarlos, ¿verdad? Ni se te ocurra hacer algo así. Qin Ming negó con la cabeza. —Te preocupas demasiado, tío Xu. Acabo de empezar. ¿Con qué capacidades ni con qué fuerza iba a enfrentarme a alguien que ha pasado por un segundo renacimiento? Xu Yueping respiró aliviado. De veras temía que Qin Ming se dejara llevar por un impulso y acabara perdiendo la vida. —Aunque el primer renacimiento abarca todos los aspectos del cuerpo, en realidad favorece sobre todo la fuerza. El segundo renacimiento, en cambio, tiende un poco más a mejorar la flexibilidad y la velocidad. Siguieron conversando durante el camino. Poco a poco, Qin Ming fue trazándose una idea de los puntos fuertes de Fu Entao y del nivel de su poder. En el regreso se internaron varias veces en la espesura. No querían volver con las manos vacías: esperaban llevar algunas presas para las familias a las que escaseaba la comida. —Por poco. Hasta yo, que soy un renacido, he estado a punto de resultar herido. Las criaturas salvajes se agitan cada dos por tres; de verdad hace falta un barrido de montaña —dijo Xu Yueping, todavía estremecido. Un «leopardo espinoso» mutado acababa de atacarlo por la espalda, veloz como un relámpago negro e imposible de prevenir. De no haber intervenido Qin Ming, lo habría derribado. —Hace poco apareció una planta alterada en esta zona. Es bastante peligrosa; no conviene quedarse. Sin demorarse, reanudaron la marcha arrastrando al leopardo espinoso mutado. Pesaba doscientos veinticinco kilos y tenía el cuerpo cubierto, desde el vientre hasta la cabeza, de púas negras de diecisiete centímetros de largo. En cuanto regresaron a la aldea, Qin Ming percibió una atmósfera opresiva y apagada. Había incluso menos niños correteando por la nieve, algo que tanto solían disfrutar. Xu Yueping repartió la carne del leopardo espinoso entre las familias y solo entonces se dirigió a su casa. Estaba exhausto, sobre todo de ánimo. Qin Ming se quedó junto al luminoso manantial de fuego, mirando hacia las tierras salvajes. A lo lejos, las siluetas oscuras de las montañas apenas se distinguían. —Dentro de tres días traerán el líquido catalizador y lo verterán en el manantial de fuego. Nos acorraláis sin dejarnos siquiera tiempo… —murmuró. Se encaminó hacia las afueras, dispuesto a entrar en las montañas. «Primero reconoceré el camino». Todavía era noche tenue; no iba a hacer nada drástico. Y, más importante aún, faltaban dos días para mediados de mes. —¿De verdad tienen que llevar a la gente a un callejón sin salida? No les importa la hambruna del año que viene ni si los demás viven o mueren. Qin Ming se adentró a grandes pasos en el bosque de montaña. Esta vez no llevaba la horquilla de caza. Después de su renacimiento corporal completo, ya no la necesitaba. Solo había traído el arco, las flechas y un machete. Conocía la ubicación de la base de la patrulla de montaña y avanzó con paso firme en aquella dirección. El viento soplaba con fuerza y seguía nevando. Aquel tiempo en las montañas le favorecía, pues borraría los rastros que dejara. Cada patrulla de montaña se ocupaba de una zona que abarcaba entre seis y ocho aldeas. El lugar donde Fu Entao, Feng Yi'an y los demás descansaban estaba más adelante; no hacía falta internarse demasiado en las montañas. Cuando encontraba fieras mutadas por el camino, Qin Ming procuraba evitarlas para no meterse en problemas innecesarios. Atravesó una amplia extensión de bosque y cruzó varias montañas antes de acercarse a su destino. De una de las cumbres emanaban pequeños puntos de luz roja. Allí había un manantial de fuego diminuto que apenas rozaba el primer grado. Ni siquiera era tan luminoso como el de la aldea de los Dos Árboles, pero las condiciones eran más que suficientes para una base de la patrulla de montaña. Antes lo había ocupado una criatura mutada bastante poderosa. Hacía unos años, Fu Entao había dirigido a un grupo que la cercó y le dio muerte. En las profundidades de la cordillera había manantiales de fuego de grado superior, con un entorno excelente. Las misteriosas criaturas que habitaban allí desdeñaban los tenues manantiales de fuego de las zonas exteriores. Qin Ming observó desde una cumbre vecina. Enfrente fluían resplandores de fuego, y en un terreno llano se alzaban varias cabañas de madera entre las que se movían algunas figuras. Por lo común, como mucho había dos o tres patrulleros de montaña por los alrededores. Solo actuaban juntos para buscar plantas alteradas y criaturas dotadas de inteligencia, entre otras cosas, con la intención de alcanzar un segundo renacimiento. «Tienen una criatura mutada con un olfato muy fino». Qin Ming frunció el ceño. Allí había un mastín dorado de gran tamaño, tan corpulento como un tigre. Luego se le ensombreció el rostro: había descubierto un simio de las nieves de pelaje reluciente. Era evidente que lo criaban allí, y en ese momento estaba sumergido en el manantial de fuego. Algunos aldeanos habían sufrido ataques de un simio de las nieves. A unos les había roto las costillas; a otros casi les había arrancado un brazo. Qin Ming contempló aquella cumbre en silencio durante largo rato. Finalmente desapareció sin ruido en la noche. Salió del bosque y dirigió la mirada hacia la aldea de los Dos Árboles. Bajo el manto nocturno, los resplandores del manantial de fuego ondulaban a la entrada de la aldea. Las casas cercanas, de contornos difusos, parecían ribeteadas de oro. De algunas ascendían volutas de humo de las cocinas. Debía de haber sido una estampa apacible y hermosa. Sin embargo, cuando Qin Ming entró en la aldea, oyó llantos. —El tío Qian no ha resistido. Acaba de morir. Ay… Varios aldeanos se habían congregado ante la casa de la familia Qian. Algunos no podían contener los suspiros. —El viejo Qian ya tenía sus años. Aquel simio de las nieves casi le arrancó la cabeza. Bastante ha aguantado hasta ahora. Qin Ming escuchó en silencio, sin decir nada. Ya era la tercera persona que moría a causa de aquel incidente. También llegaron Xu Yueping y el viejo Liu, ambos con el semblante sombrío. Conocían la verdad y sentían un odio profundo por Feng Yi'an y los demás. Al día siguiente, cuando salió el cortejo fúnebre del tío Qian, los miembros de la patrulla de montaña aparecieron a la entrada de la aldea. Feng Yi'an se acercó suspirando y entregó un ciervo de agua a la familia Qian. Al verlo fingir y ofrecer consuelo a los mayores y a los pequeños de la familia Qian, hasta el viejo Liu, el de más edad, sintió tal repugnancia que volvió la cara. La familia Qian ignoraba la verdad e incluso le estaba agradecida. Qin Ming cerró los puños en silencio. ¿Un ciervo de agua a cambio de una vida humana? La verdad que se escondía detrás estaba empapada de sangre. ¡Qué poco valía la vida del tío Qian! Un hombre alto, vestido con una armadura, tomó la palabra: —Ya hemos matado tanto al oso de sangre como al simio de las nieves que causaron aquellos ataques. Todos pueden volver a cazar en las montañas con tranquilidad. Qin Ming lo conocía. Se llamaba Shao Chengfeng. En una ocasión, él y Yang Yongqing se habían cruzado con aquel hombre de camino a las montañas. Por entonces había pensado que Shao Chengfeng era muy responsable y trabajaba muy duro por patrullar durante la noche profunda. Ahora mentía con todo descaro y, después de cometer aquellas maldades, todavía se atribuía el mérito de haberlas resuelto. Era despreciable. Después, varios miembros de la patrulla de montaña fueron a buscar a Xu Yueping. No habían venido a consolar a los aldeanos, sino a comprobar con sus propios ojos que se hubieran enterrado las semillas de luna negra. —Hermano Xu, gracias por tu esfuerzo. Esta vez Feng Yi'an estaba muy satisfecho y le dio unas palmadas en el hombro a Xu Yueping. Qin Ming también se encontraba junto al manantial de fuego. Aunque lo veía sonreír, no percibía en él la menor buena intención. Xu Yueping permaneció impasible. Al recordar la humillación sufrida en el pueblo de la Enredadera Plateada, sintió punzadas tanto en el rostro como en el corazón. Shao Chengfeng dijo sonriendo: —La otra vez me equivoqué contigo. No esperaba que el joven hermano Qin fuera un renacido que ha asentado unos cimientos innatos dorados. Cuando empiece la operación de barrido de montaña, seguramente lucharemos hombro con hombro. ¿Por qué no te unes directamente a nuestra patrulla de montaña? Así serás uno de los nuestros desde ahora. Qin Ming rechazó la invitación de inmediato, con cortesía. Aunque la sonrisa del otro fue apagándose, fingió no darse cuenta. Poco después, los miembros de la patrulla de montaña se marcharon. —Ni falta hace ponerlo a prueba para saber que ese mocoso nos tiene ganas. Cuando empiece el barrido de montaña, buscaremos una ocasión para quitárnoslo de en medio. —No lo desperdiciemos. El manantial de fuego del bosque de Bambú Sangriento está a punto de extinguirse. Podemos aprovecharlo para que vaya a reconocer el terreno. Conversaban con despreocupación mientras desaparecían entre los parajes salvajes. Aquel día, Qin Ming afiló concienzudamente su machete en el patio.
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Estás leyendo el capítulo 13 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 24 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.