Leer Noche sin límites (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
🏴 Grupo: DusterCrazy✍️ Traducción: DusterCrazy
Feng Yi'an era bastante alto; cada pelo de su barba se erizaba como una aguja de acero. Tenía los ojos muy vivos y hablaba con firmeza, dando la impresión de ser un hombre franco.
Sin embargo, después de conocer la verdad, Qin Ming sintió por él una aversión extrema.
—Esta vez les hemos fallado de veras. Mataremos a ese oso de sangre lo antes posible para reparar nuestro error —dijo Feng Yi'an con una expresión de lo más sincera.
El viejo Liu suspiró y les pidió que custodiaran bien los bosques y no permitieran que las criaturas mutadas volvieran a causar estragos.
A sus muchos años, hasta él estaba indignado. ¡Habían matado a la gente y ahora venían a disculparse! ¿Para quién era aquella representación?
Presentarse en persona con semejante sinceridad fingida equivalía a echar sal en las heridas de las familias de los muertos. No les importaban en absoluto, ni temían que reaccionaran de forma extrema.
—Ay, el problema es que algunos de nuestros hermanos están heridos. Nos faltaba gente para patrullar la montaña y por eso ocurrió este accidente —explicó Feng Yi'an.
Volvió sobre el asunto anterior y le pidió a Xu Yueping que plantara las lunas negras cuanto antes. Los patrulleros de montaña las necesitaban para curarse; solo así podrían proteger mejor aquellas montañas.
La ira ardía en el corazón de Xu Yueping, pero no tuvo más remedio que contenerla.
—Nos pondremos en marcha de inmediato y no saldremos de las montañas hasta haber matado al oso de sangre. Hermano Xu, te agradecería que fueras en nuestro nombre a consolar a las familias de los muertos y los heridos —dijo Feng Yi'an.
A Qin Ming aquella máscara de hipocresía le parecía repugnante.
Xu Yueping le rozó el brazo con disimulo y luego se levantó para despedir a los patrulleros de montaña.
Era evidente que temía que Qin Ming, llevado por el ímpetu de su juventud, cometiera alguna imprudencia.
Qin Ming sabía que, aunque pudiera matar allí mismo a aquellos patrulleros de montaña, aquello desencadenaría una represalia sangrienta. Al fin y al cabo, quedaban los demás miembros, y también otras patrullas.
Si a esos hombres les ocurría algo allí, toda la aldea de los Dos Árboles acabaría pagando las consecuencias.
Por supuesto, no hizo ni dijo nada precipitado. Se levantó también y acompañó a Xu Yueping, Yang Yongqing y los demás a despedirlos.
Cuando aquellos hombres desaparecieron en la penumbra de los campos, Yang Yongqing exclamó indignado:
—¡Me revienta tener que aguantarme así!
—¿No podemos denunciarlo ante sus superiores? —preguntó Qin Ming.
—¿Qué falta podrías señalarles? Según las normas, debemos proporcionar entre cuatro y ocho lunas negras, y esta vez la patrulla de montaña solo ha pedido el mínimo: cuatro. Dices que las semillas están mutadas, pero ¿cómo lo demostramos ahora? Tienen exactamente el mismo aspecto. Lo hemos deducido por la mala cosecha de los campos de fuego del año pasado, y por el carácter y la conducta habitual de Feng Yi'an y los demás: esta vez han conseguido cultivar con pleno éxito esas semillas mutadas.
El viejo Liu añadió:
—Y hay otro motivo muy importante. Si se atreven a actuar así, ¿cómo no van a tener bien arregladas sus relaciones con los de arriba?
—Los favores que dejó pendientes un patrullero de montaña respetado y prestigioso bastan para que sus descendientes, de la generación de sus hijos y nietos, los derrochen durante diez años —dijo Xu Yueping.
En definitiva, Feng Yi'an y los demás habían acudido con aquella falsa cordialidad solo para seguir presionando a Xu Yueping a cultivar las plantas medicinales.
No habían proferido amenazas directas; se habían mostrado corteses y afables. Pero, en aquellas circunstancias, su comportamiento resultaba incluso más abusivo que una intimidación abierta.
Qin Ming soltó una bocanada de aire viciado.
—¡Han ido demasiado lejos!
Después preguntó si la luna negra era una planta medicinal tan importante.
Xu Yueping asintió con gravedad.
—Una vez mutada, su valor es altísimo. Consumirla durante mucho tiempo ofrece una pequeña posibilidad de experimentar un segundo renacimiento.
—Como patrulleros de montaña, se pasan el año recorriendo las profundidades de las montañas. Seguramente han visto seres superiores. ¿Quién no querría dar un paso más? Hasta este viejo que tienes delante desearía recobrar la vitalidad una vez más. Un segundo renacimiento permite alargar la vida y recuperar algo del vigor de la juventud. ¿Quién no lo ansía? —dijo el viejo Liu.
Tras explicar las razones y los motivos por los que parte de la patrulla de montaña había caído tan bajo, añadió:
—¡Pero una persona debe tener límites! ¿Cómo pueden llamarse patrulleros de montaña si hacen semejantes cosas? ¡Son más dañinos que los monstruos de montaña!
«Un segundo renacimiento…» Qin Ming se quedó abstraído.
Xu Yueping le dio unas palmadas en el hombro.
—Tú sin duda podrás lograrlo. Según los registros de esta zona, entre los renacidos que establecieron unos cimientos innatos dorados, el más rápido experimentó su segundo renacimiento en menos de dos meses.
…
Todos los aldeanos que habían entrado aquel día en la montaña habían regresado ensangrentados. Varios estaban gravemente heridos y aún no se sabía si sobrevivirían. De muchas casas salían sollozos.
Xu Yueping fue de casa en casa para visitarlos y ayudar a tratar sus heridas. Se esforzaba por contener la ira, pero el pecho le subía y bajaba violentamente.
Wang Qinglin, un hombre de mediana edad, yacía inconsciente en el lecho de ladrillo calentado. Aunque era un renacido, su estado era el más grave de todos.
Después de volver a colocarle los huesos, el viejo Liu se limpió la sangre de las manos y dijo:
—Los huesos rotos le han perforado los órganos. Si la gente como nosotros no tuviera una vitalidad tan vigorosa, esta herida sería mortal sin remedio.
Qin Ming lo observó con atención y pensó que aquello también debía de ser obra de alguien cubierto con una piel de oso de sangre.
La tristeza pesaba sobre todas las familias. Algunos niños se secaban las lágrimas en silencio; la satisfacción y la alegría por las presas que los adultos habían traído de la caza en los dos últimos días se habían desvanecido por completo.
Otros aldeanos se habían encontrado con un simio de las nieves mutado. Las desgarraduras que les cruzaban el cuerpo resultaban espantosas.
—Hace dos años, la patrulla de montaña parece que criaba uno —murmuró Yang Yongqing.
Xu Yueping tenía el rostro sombrío, mientras el viejo Liu no dejaba de suspirar.
Qin Ming volvió hacia su casa con una opresión en el pecho. Quería hacer algo.
La única buena noticia era que Lu Ze había despertado. Dada su constitución física, probablemente no le quedarían secuelas.
Qin Ming no le contó la verdad oculta, por temor a que se alterara demasiado y eso perjudicara su recuperación.
—Hermano Lu, ¿cuántos miembros tiene una patrulla de montaña? —preguntó Qin Ming, que también quería averiguar qué fuerza tenían sus integrantes.
—Entre ocho y doce —le informó Lu Ze. La patrulla que vigilaba su zona tenía en ese momento nueve miembros. Solo el jefe era un renacido por segunda vez, y era muy fuerte.
Aquel jefe se llamaba Fu Entao y rara vez se dejaba ver.
Lu Ze suspiró.
—Para muchos, alcanzar el final del camino tras darlo todo solo significa conseguir un renacimiento. En cuanto al segundo, ni siquiera se atreven a soñarlo. Es una barrera imposible de franquear.
—Entonces ese jefe puede imponerse por completo a los demás miembros —dijo Qin Ming.
Lu Ze asintió.
—Durante el primer renacimiento, la mejora de la constitución física es muy evidente. Y el segundo la duplica, tomando como base lo que ya se ha conseguido.
—En esta zona, el límite para alguien que ha experimentado su primer renacimiento es levantar doscientos cincuenta kilos. ¿Cómo era entonces ese jefe de apellido Fu? —preguntó Qin Ming, tratando de hacerse una idea precisa.
Lu Ze reflexionó con cuidado.
—En aquellos tiempos, a Fu Entao todavía le faltaba bastante para alcanzar ese límite.
Lo miró y añadió:
—Tú has renacido en plena edad dorada y, además, tus cimientos innatos rebasan ese límite. Tu segundo renacimiento será extraordinariamente intenso, sin duda.
Qin Ming ya tenía una idea clara: si se comparaba únicamente la constitución física, Fu Entao, incluso después de su segundo renacimiento, seguía siendo inferior a él tras el primero.
Se levantó para despedirse y le pidió a Lu Ze que se concentrara en curarse, sin preocuparse por nada más: él estaba allí.
De regreso al patio de su casa, empezó a practicar varias técnicas de combate a muerte. Como se ganaba la vida en unas montañas peligrosas, era natural que conociera muchas.
Antes del renacimiento ya podía partir un ladrillo gris azulado con la mano; ahora, por supuesto, su fuerza era mucho mayor.
Lanzó una patada de látigo y, con un golpe seco, quebró un tocón tan grueso como un muslo.
Al recurrir a los «métodos sin escuela» que llevaba años practicando, su concentración se agudizó al máximo. Entre la carne le surgieron ondulaciones semejantes a motas de oro y, con un ligero choque de su cuerpo, hizo que un tocón se deshiciera.
Después de cenar, Qin Ming fue a casa de Xu Yueping.
—Tío Xu, ¿sigues consumiéndote de rabia?
—Han ido demasiado lejos —respondió Xu Yueping, con el corazón oprimido.
—A ver si consigues hacer entrar en razón a tu tío. Ni siquiera ha cenado —dijo la esposa de Xu Yueping con gesto preocupado.
—Tía, déjamelo a mí —respondió Qin Ming antes de entrar y sentarse.
Después de practicar a fondo sus técnicas de combate en casa, ya había recuperado la calma. Se puso a hablar con Xu Yueping de lo que debían hacer a continuación.
—¿Me estás diciendo que acepte lo que piden? —Xu Yueping alzó la cabeza de golpe.
Estaba furioso, y su expresión se enfrió ligeramente.
—¿Sabes qué consecuencias tendría? ¡El año que viene, la producción de los campos de fuego se desplomará y habrá hambruna!
—Tío, escucha primero todo lo que tengo que decir —se apresuró a responder Qin Ming, temiendo de veras hacerlo enfurecer aún más.
—¡Habla!
—Todavía falta bastante para el comienzo de la primavera. ¿Qué perdemos con aceptar de momento? En ese tiempo podría ocurrirles algún accidente. Por ejemplo, que murieran todos durante una operación de barrido de montaña. O que el Cielo no pudiera tolerarlos más y unos monstruos de montaña acabaran con todos esta misma noche. O que el campo magnético de las montañas sufriera una fluctuación violenta y toda la patrulla de montaña se volviera loca…
Al verlo lanzar aquellas maldiciones con una seriedad absoluta, Xu Yueping lo miró de un modo extraño.
Según Qin Ming, si a aquellos hombres les sucedía algo y sus superiores venían a investigar, podían sospechar de cualquiera que hubiera tenido conflictos con la patrulla de montaña. Si no se desmarcaban de antemano, quizá terminaran envueltos en problemas.
Xu Yueping se disgustó.
—¿Cómo van a producirse todas esas casualidades? Estás imaginando demasiado.
Qin Ming se puso serio.
—Tío Xu, lo que quiero decir es que aceptemos por ahora y esperemos a que cambien las circunstancias.
Explicó que podían echar primero las semillas al manantial de fuego y recuperarlas en cuanto se marcharan los miembros de la patrulla de montaña. Otra posibilidad era recubrirlas después con una goma mineral transparente propia de aquellas montañas, para aislarlas del manantial de fuego.
—Ahora mismo, a todas las familias les faltan alimentos. Primero debemos garantizar que los aldeanos puedan cazar con seguridad en las montañas —añadió Qin Ming.
Xu Yueping suspiró. Pensaba que tenía cierta razón: si no lograban salir adelante ahora, ¿de qué servía hablar de la hambruna del año siguiente?
—Podemos ganar algo de tiempo, pero ¿qué haremos después? —El asunto seguía dándole dolor de cabeza. Feng Yi'an y los demás eran despiadados y, cuando lo descubrieran, sin duda tomarían represalias terribles.
Con una mirada resuelta, Qin Ming respondió:
—Tío, quizá dentro de un tiempo experimente mi segundo renacimiento. Entonces podré hablar con ellos.
—Seguramente hay alguien más detrás de ellos —dijo Xu Yueping, frotándose las sienes.
De pronto, pareció recordar algo.
—Pequeño Qin, tras tu primer renacimiento, ¿puedes alcanzar el límite de trescientos kilos si empleas toda la fuerza de ambos brazos?
—Sí.
Xu Yueping se puso en pie de un salto.
—¡Ese resultado llamaría la atención incluso en la lejana Ciudad del Resplandor Escarlata!
Poco a poco, una sonrisa se extendió por su rostro.
—Mañana vendrás conmigo al pueblo de la Enredadera Plateada.
Qin Ming se sintió incómodo bajo su mirada.
—Tío Xu, resolvamos primero el problema que tenemos delante.
—Feng Yi'an me dijo que, si cambiaba de opinión, podía ir a buscarlo al pueblo. Además, puede que en el pueblo de la Enredadera Plateada te esté esperando un buen enlace matrimonial.
—¿Qué? —Qin Ming se quedó atónito.
Xu Yueping le explicó que un viejo y misterioso aristócrata se había trasladado desde una región lejana y vivía retirado en el pueblo. Tenía una hija muy hermosa que había llegado a la edad de casarse.
Qin Ming negó de inmediato con la cabeza.
—Tío Xu, no vayamos a exponernos a una humillación.
Antes, Xu Yueping jamás se habría atrevido a presentarse en aquella casa. Sin embargo, el propio aristócrata había hecho saber que, al escoger un yerno, no le importaban ni la familia ni los antecedentes, sino la persona.
Los cimientos innatos dorados de Qin Ming eran asombrosamente sólidos. Incluso en aquella luminosa ciudad lejana se lo consideraría alguien de un talento excepcional, y eso le daba confianza a Xu Yueping.
—Si este enlace llegara a buen puerto, podríamos librarnos de la amenaza de la patrulla de montaña —dijo en voz baja.
Qin Ming se opuso, pero Xu Yueping lo retuvo a la fuerza y lo hizo beber con él durante toda la velada.
Al día siguiente, antes de que se hubiera disipado del todo la niebla nocturna, Xu Yueping ya había ido a buscar a Qin Ming para ponerse en camino.
—Tío Xu, ¿hace falta salir tan temprano?
—Sé que todavía puedes sentir cierto rechazo, pero no pasa nada. Cuando lleguemos no tendrás que presentarte enseguida. Primero iré yo a casa del viejo aristócrata para tantear el terreno.
Xu Yueping pensaba que, si el asunto prosperaba, tanto mejor; si no, tampoco pasaría nada. Ir allí a probar suerte era preferible a quedarse de brazos cruzados.
Era noche tenue, aunque el cielo seguía sumido en una profunda penumbra. A ambos lados del camino se alzaban bosques frondosos, negros y opresivos. De vez en cuando llegaban de lejos los gritos de las fieras y de aves extrañas.
Qin Ming y Xu Yueping avanzaban por la gruesa capa de nieve rumbo al pueblo de la Enredadera Plateada, situado a algo más de cinco kilómetros.
Cuando llevaban la mitad del trayecto, se detuvieron de golpe. ¡En el bosque de una montaña lejana acababa de estallar un resplandor rojo y deslumbrante, que atravesó la niebla nocturna e iluminó los alrededores!
Aparecieron innumerables «mariposas escarlatas». Revoloteaban con gracia, tiñendo de rojo el manto de la noche. Cubrían el cielo entero y volaban en todas direcciones.

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Noche sin límites (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de Noche sin límites (Novela), un novela. _Aquel día el sol se puso y nunca volvió a salir…_ Este capítulo tiene publicado el 23 de octubre de 2026, Traducido por el grupo DusterCrazy. Noche sin límites (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.