Leer Nexum (Novela) Capítulo 99 online gratis en español
El transporte del Gobierno Mundial descendió lentamente sobre la antigua ciudad minera de Kharos, en el norte de Nareth.
Desde la ventanilla, Kael observaba las enormes estructuras abandonadas.
Torres oxidadas.
Puentes suspendidos.
Complejos industriales cubiertos por nieve.
Parecía una ciudad congelada en el tiempo.
—¿Siempre mandan equipos aquí? —preguntó Kael.
El comandante de la misión negó con la cabeza.
—No.
—Hace seis años que Kharos fue evacuada.
Kael miró las calles vacías.
—Entonces, ¿por qué volver ahora?
El comandante activó una pantalla.
Aparecieron imágenes de señales humanas.
—Porque hace tres días recibimos una transmisión de emergencia.
Kael frunció el ceño.
—¿Alguien sigue vivo?
—Cuarenta y dos personas.
Silencio.
Kael observó otra vez la ciudad.
—Entonces vamos a sacarlos.
El comandante asintió.
—Esa es la misión.
El equipo avanzó por las calles congeladas.
Kael caminaba al frente junto a varios soldados.
Su IBN analizaba constantemente el entorno.
No había señales de vida.
No había movimiento.
Demasiado tranquilo.
Finalmente llegaron al complejo subterráneo donde estaban refugiados los supervivientes.
Cuando abrieron las puertas, varias personas salieron desesperadas.
—¡¿Son del Gobierno?!
—¡Pensamos que nadie vendría!
Kael ayudó a una mujer mayor a levantarse.
—Tranquila. Vamos a sacarlos de aquí.
Pero entonces...
Algo golpeó la superficie.
\*\*BOOM.\*\*
Todos quedaron inmóviles.
Otro golpe.
Más fuerte.
Los sensores comenzaron a sonar.
Un soldado miró su pantalla.
—Tenemos contactos.
Kael levantó la vista.
A través de las ventanas rotas pudo ver figuras moviéndose entre los edificios.
Bestias mecánicas.
Decenas.
Pero no atacaban.
Solo rodeaban la zona.
El comandante frunció el ceño.
—Esto no estaba en los informes.
Kael observó las criaturas.
La serpiente mecánica que lo acompañaba levantó la cabeza.
El guepardo también reaccionó.
Kael murmuró:
—No parecen estar cazándonos.
El equipo preparó la evacuación.
Pero cada ruta estaba bloqueada.
Las criaturas se posicionaban justo donde intentaban avanzar.
Un soldado disparó al suelo frente a una de ellas.
La bestia retrocedió.
Pero volvió a colocarse en la misma posición.
Kael observaba.
Analizaba.
Entonces activó el Protocolo Zero.
Una luz azul recorrió sus brazos.
Su visión cambió.
Cientos de líneas de información aparecieron frente a él.
—Puedo hacerlo.
El comandante lo miró.
—¿Qué?
Kael señaló las criaturas.
—Puedo modificar sus protocolos.
—¿Controlarlas?
—No exactamente. Puedo cambiar su comportamiento.
El comandante dudó.
—¿Es seguro?
Kael miró las bestias.
Después a los civiles.
—Sí.
O eso creía.
Una de las pequeñas mentiras que la confianza suele contar antes de que algo explote.
Kael extendió la mano.
El Protocolo Zero se conectó.
Las bestias comenzaron a detenerse.
Una por una.
Sus luces cambiaron.
Los soldados quedaron sorprendidos.
—Está funcionando.
Kael sonrió.
—Lo sabía.
Las criaturas comenzaron a apartarse.
La ruta quedó libre.
Los civiles empezaron a avanzar.
Entonces...
El suelo tembló.
No como un ataque.
Como una advertencia.
La serpiente mecánica de Kael se detuvo.
Su sensor giró hacia abajo.
Kael sintió algo extraño.
—Esperen.
Demasiado tarde.
El suelo de la calle se abrió.
Una enorme criatura mecánica salió desde las profundidades.
No era como las otras.
Era mucho más grande.
Su cuerpo estaba cubierto de placas gruesas.
No parecía un depredador.
Parecía un guardián.
Las pequeñas bestias comenzaron a moverse alrededor de ella.
El comandante levantó su arma.
—¿Qué demonios es eso?
Kael no respondió.
Porque acababa de comprender algo.
Las criaturas no estaban bloqueando la salida.
Estaban formando una barrera.
Protegiendo algo.
O protegiéndolos.
La criatura gigante lanzó un rugido mecánico.
Desde las montañas comenzaron a aparecer más señales.
Más bestias.
Mucho más agresivas.
El comandante miró las pantallas.
—¿Cuántas son?
El operador palideció.
—Demasiadas.
Kael apretó los dientes.
Había cometido un error.
Había cambiado un sistema que no comprendía.
—Tengo que corregirlo.
Activó nuevamente el Protocolo Zero.
Pero esta vez era diferente.
Había demasiadas señales.
Demasiados protocolos.
Demasiadas criaturas.
Su mente comenzó a saturarse.
—No...
Su visión se distorsionó.
El IBN empezó a sobrecargarse.
Una alarma apareció en la interfaz de su traje.
“SOBRECARGA NEURONAL”
Kael cayó de una rodilla.
—Kael.
Un soldado intentó ayudarlo.
Él levantó la mano.
—Estoy bien.
Mentira.
La batalla comenzó.
Los soldados lucharon contra las nuevas criaturas.
Kael volvió a levantarse.
No podía controlar todo.
Así que hizo lo único que podía.
Pelear.
Usó el arma de Rainer.
Sus mascotas mecánicas atacaron junto a él.
La serpiente inmovilizó enemigos.
El guepardo protegió a los civiles.
El halcón detectó amenazas desde el aire.
Finalmente lograron abrir una ruta de evacuación.
Pero no fue perfecto.
Una sección del refugio colapsó.
Varios civiles resultaron heridos, otros murieron, incluso compañeros.
Cuando abandonaron Kharos, Kael permaneció en silencio mirando la ciudad.
Horas después, en la sede del Gobierno Mundial.
El informe apareció en pantalla.
“OPERACIÓN LÍMITE GRIS”
“Resultado: Éxito parcial.”
Kael leyó la palabra.
Parcial.
No le gustó.
Mira estaba frente a él.
—Estás molesto.
—Podría haberlo hecho mejor.
—Sí.
Kael levantó la vista.
No esperaba esa respuesta.
Mira continuó:
—Pero no por la razón que crees.
—¿Cuál?
—Porque intentaste controlar algo que no entendías.
Kael bajó la mirada.
—Pensé que podía ayudar.
—Lo sé.
—Ese es precisamente el problema.
Silencio.
—Tu poder responde rápido.
—Pero el mundo no siempre funciona como una máquina.
Más tarde, Aleksei revisó los datos del IBN de Kael.
—Tu habilidad sigue siendo impresionante.
Kael no parecía convencido.
—Pero esta vez no funcionó.
Aleksei negó.
—Funcionó perfectamente. Ese es el peligro.
Kael lo miró.
—¿Qué quieres decir?
Aleksei señaló los datos.
—El Protocolo Zero hizo exactamente lo que le pediste. El problema es que tú no sabías qué pedir.
Kael guardó silencio.
Por primera vez entendió algo importante.
Su poder no era peligroso porque pudiera fallar.
Era peligroso porque podía tener éxito.
Y a veces una solución equivocada ejecutada perfectamente era mucho más peligrosa que un fracaso.
Kael comprendió que su habilidad no es tan sencilla como parece. No es simplemente controlar bestias mecánicas y cambiar sus protocolos.
Después de la Operación Límite Gris
Kael continuó aceptando misiones.
No se detuvo.
Aunque el informe decía:
“Éxito parcial”
Aunque algunos oficiales dudaban.
Aunque él mismo dudaba.
Volvió a salir.
Una misión de escolta.
Una misión de recuperación.
Una misión contra usuarios IBT.
Una mission contra bestias mecánicas.
Seguía avanzando.
Pero algo había cambiado.
Antes entraba a una misión con curiosidad.
Ahora entraba buscando errores.
Antes observaba el mundo.
Ahora buscaba qué podía salir mal.
En una misión de rescate en una zona industrial, un compañero le preguntó:
—¿Estás bien?
Kael ajustó el arma de Rainer en su mano.
—Sí.
—No pareces.
—Estoy concentrado.
El soldado sonrió ligeramente.
—Antes parecías disfrutar esto.
Kael no respondió.
Porque era verdad.
Antes, cada misión era una oportunidad de descubrir algo nuevo.
Ahora era una prueba.
Una prueba que sentía que podía reprobar.
Sus resultados comenzaron a bajar.
No porque fuera más débil.
De hecho, su control del IBN mejoraba.
Pero dudaba.
Un segundo.
Dos segundos.
A veces esos segundos eran la diferencia.
El Gobierno comenzó a notarlo.
No como una amenaza.
Como preocupación.
Mira lo notó primero.
Después Aleksei.
Pero Kael no quería hablar.
Entonces llegó la mission, la gota que rebosó el vaso.
La que realmente lo quebró.
No era una misión imposible.
Ese fue el problema.
Era una operación que debería haber podido completar.
El objetivo era evacuar civiles de una colonia atacada por usuarios IBT y bestias mecánicas.
Kael tenía información.
Tenía equipo.
Tenía un IBN.
Tenía apoyo.
Pero el enemigo cambió su estrategia.
Y Kael tomó una decisión equivocada.
Pensó que podía detener el ataque principal.
Pensó que podía resolverlo solo.
Porque antes había funcionado.
Pero esta vez no.
Cuando logró detener la amenaza...
Ya era tarde.
Había personas y compañeros que no pudo salvar.
Después de la misión, Kael permaneció sentado en la sala médica.
No tenía heridas graves.
Eso lo hacía peor.
Porque su cuerpo estaba bien.
Pero su mente no.
Miraba sus manos.
Las mismas manos que podían alterar tecnología.
Las mismas manos que habían controlado bestias de Nexum.
Y aun así...
No habían sido suficientes.
Mira entró.
No dijo nada al principio.
Solo se sentó junto a él.
Kael habló primero.
—Cuando estaba con los Retornados...
Ella lo miró.
—Siempre había alguien que dependía de mí.
Pausa.
—Pero era diferente.
—¿Por qué?
Kael bajó la mirada.
—Porque allí no esperaban que yo fuera especial. Solo era Kael.
Respiró lentamente.
—Aquí tengo un IBN. —Todos esperan algo de mí. El Gobierno. Tú. Aleksei. Todos creen que puedo hacer cosas que otros no pueden.
Su voz bajó.
—¿Y si están equivocados?
Mira permaneció en silencio.
Kael continuó.
—Quizás solo estoy desperdiciando recursos. Quizás deberían enviar a alguien más. Alguien que no falle.
Después de esa conversación, Kael comenzó a pensar seriamente en tomarse un tiempo.
No porque odiara luchar. Hacer misiones, ayudar.
Sino porque tenía miedo de convertirse en una promesa que decepcionara a todos. Porque le estaba gustando aquello.
Un usuario IBN era un recurso único.
Un arma estratégica.
Una esperanza para muchos.
Y él sentía que estaba demostrando que esa esperanza estaba mal colocada.
Mira simplemente no le dijo nada. Solo le escucharía y lo dejaría solo. Siendo una psíquica excepcional ella sabría perfectamente cuando hablar y cuando escuchar.
Aleksei tendría una conversación diferente con él.
Porque Aleksei no intentaría consolarlo.
Sería más directo.
—¿Sabes qué me preocupa de ti?
Kael no respondió.
—Que piensas que fallar significa que no sirves.
Silencio.
—Yo soy científico.
He pasado años creando cosas que fallan.
—¿Y qué haces?
—Aprendo por qué fallaron.
Kael negó.
—Las personas no son experimentos.
Aleksei sonrió ligeramente.
—Exacto. Por eso duele más.
Pausa.
—Pero también significa que no puedes esperar funcionar perfectamente desde el primer día.
La habitación de Kael llevaba varios días cerrada.
No era algo extraño que quisiera estar solo después de una misión en la que perdiera civiles y compañeros.
Pero esta vez era diferente.
No entrenaba.
No revisaba información.
No aceptaba misiones.
Ni siquiera había vuelto a visitar el hangar donde estaba la Raptor.
Simplemente permanecía sentado frente a la ventana de la Torre Aurum observando la ciudad.
El mismo lugar que antes le parecía increíble.
El mismo lugar donde había llegado lleno de curiosidad.
Ahora solo veía una enorme estructura llena de personas que esperaban algo de él.
Un golpe en la puerta interrumpió el silencio.
Kael no respondió.
Otro golpe.
Más firme.
—Kael.
Reconoció la voz de Mira.
Después escuchó otra.
—Si estás fingiendo que no estás ahí, es una estrategia terrible. La puerta sigue siendo bastante obvia.
Kael cerró los ojos.
Finalmente abrió.
Mira y Aleksei entraron.
Ninguno sonreía.
Eso le llamó la atención.
Esperaba que intentaran animarlo.
Decirle que no pasaba nada.
Que había hecho lo mejor que podía.
Pero no hicieron eso.
Mira se quedó de pie frente a él.
—Ha pasado una semana..
Kael desvió la mirada.
—Lo sé.
—Una semana sin aceptar ninguna misión.
—También lo sé.
Aleksei cruzó los brazos.
—Entonces supongo que sabes por qué estamos aquí.
Kael permaneció callado.
Finalmente habló.
—Porque estoy desperdiciando recursos.
Mira no respondió inmediatamente.
—Continúa.
Kael apretó los puños.
—Tengo un IBN. Soy una excepción. El Gobierno invirtió mucho en mí. Todos esperan que pueda hacer cosas que otros no pueden.
Su voz bajó.
—Pero sigo fallando.
Aleksei negó lentamente.
—No.
Kael levantó la vista.
—¿No?
—Estás confundiendo dos cosas.
—¿Cuáles?
—Fallar una misión. Y ser un fracaso.
Silencio.
Mira tomó asiento frente a él.
—¿Crees que nosotros nunca fallamos?
Kael la miró.
—Ustedes son diferentes.
Aleksei soltó una pequeña risa.
—Esa frase es exactamente el problema. Nos ves ahora. No ves todo lo que ocurrió antes.
Aleksei se apoyó contra la pared.
—Cuando desarrollé mi Dominio Evolutivo, hubo una época donde mi cuerpo no podía soportar los cambios.
Kael escuchaba.
—Cada adaptación tenía consecuencias. Intenté evolucionar demasiado rápido. Mi propia habilidad casi destruyó mi sistema nervioso.
Kael abrió ligeramente los ojos.
Nunca había escuchado eso.
Aleksei continuó.
—Perdí años de investigación. Mis compañeros pensaron que nunca funcionaría. Incluso yo lo pensé.
Pausa.
—Pero seguí.
Mira tomó la palabra.
—En mi caso fue diferente.
Su mirada se volvió más seria.
—Mi habilidad no funcionaba como ahora. Al principio no podía controlar lo que percibía de otras personas.
Kael la observó.
—¿Tu propia habilidad te afectaba?
Ella asintió.
—Sentía emociones, pensamientos fragmentados, recuerdos. No sabía separar lo mío de lo de los demás. Hubo momentos donde pensé que sería más seguro no usarla nunca.
Silencio.
—Pero aprendí. No porque dejara de fallar. Porque acepté que fallar era parte del proceso.
Kael miró al suelo.
—Pero si fallo en una misión...
Mira lo interrumpió.
—Entonces fallaste en una misión.
La respuesta fue directa.
Demasiado directa.
Kael levantó la mirada.
Mira continuó.
—No eres la primera persona que pierde una batalla. No eres la primera persona que no logra salvar a todos. Y tampoco serás la última.
Aleksei añadió:
—La diferencia está en lo que haces después.
Kael permaneció en silencio.
Mira se acercó un poco.
—Dices que tienes miedo de no proteger a los Retornados cuando llegue el momento.
Kael asintió.
—Sí.
—Entonces dime algo.
—¿Ellos te abandonarían porque cometiste un error?
Kael no respondió.
Porque sabía la respuesta.
No.
Los Retornados nunca habían sido así.
Mara.
Elena.
Elías.
Todos ellos habían visto sus errores.
Y aun así habían confiado en él.
Aleksei suspiró.
—Kael. Los que realmente fracasan no son quienes caen. Todos caemos. Los que fracasan son quienes deciden quedarse en el suelo.
Mira asintió.
—El miedo no desaparece porque te conviertas en alguien fuerte. Aprendes a avanzar aunque esté presente. Estoy segura de que lo sabes.
Kael miró sus manos.
El mismo poder que antes le parecía una oportunidad.
Ahora parecía una responsabilidad imposible.
Pero quizás siempre había sido ambas cosas.
Aleksei caminó hacia la puerta.
—No uses el miedo como excusa para convencerte de que no puedes.
Mira fue la última en salir.
—Kael.
Él la miró
—El día que dejes de preocuparte por fallar...Ese será el día en que realmente tendrás un problema. Porque significará que dejaste de importarles las personas que intentas proteger.
La puerta se cerró.
Kael volvió a mirar la ciudad.
Por primera vez en días no sintió que tenía que demostrar algo.
No tenía que ser perfecto.
No tenía que ser una leyenda.
Solo tenía que seguir avanzando.
Como cuando era un Retornado.
Como cuando entró en Nexum sin saber qué encontraría.
Con miedo.
Con dudas.
Pero avanzando.

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Nexum (Novela) Capítulo 99
Estás leyendo el capítulo 99 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 19 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.