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Leer Nexum (Novela) Capítulo 98 online gratis en español

Kael estaba en el hangar. Su nave recibía ajustes de última hora: técnicos revisando sistemas, recalibrando energía, y discutiendo como si su vida no dependiera de que todo saliera perfecto. Lo cual, técnicamente, sí dependía. —El uso de la Raptor sigue siendo excesivo —murmuró uno de los mecánicos, señalando un módulo reforzado—. Esto no es una herramienta de transporte normal. —Kael nunca ha usado nada “normal” en su vida —respondió otro sin levantar la vista. Kael, apoyado contra una estructura metálica, los escuchaba con la paciencia de alguien que ya aceptó su reputación como problema estructural. —Raptor funciona —dijo él, seco. —También funciona una explosión —respondió el técnico—, pero no la ponemos como “modo recomendado”. Kael iba a contestar algo igual de poco inspirador cuando sintió la presencia antes de verla. Mira Caelúm. No caminaba como alguien que entra a un lugar. Entraba como si el lugar ya supiera que debía abrirse para ella. Su energía psíquica era sutil, contenida, pero el aire cambiaba igual. —Kael —dijo ella, directa. Los técnicos se callaron de inmediato. Nadie discute con alguien que ha dejado ejércitos inconscientes por pura cortesía mental mal aplicada. Kael giró un poco la cabeza. —Si vienes a quejarte de la Raptor, estás en la fila. —No. Pausa. Mira lo miró como si ya hubiera calculado diez escenarios distintos en su cabeza. —Tengo una misión de infiltración. Kael arqueó una ceja. —Eso suena como algo que no termina bien. —Incluye bestias mecánicas de Nexum. Ahí sí, Kael dejó de fingir desinterés. —Eso suena como algo que sí termina mal… pero de forma interesante. Mira continuó, sin dramatismo: —Podría eliminarlas. Pero no es el objetivo. Y mis habilidades psíquicas no funcionan contra ellas. Me haría desperdiciar energía y tiempo que podría necesitar enfocar en el objetivo. Mira dio un paso más cerca. —Te vienes conmigo. Además no tienes problema lidiando con bestias mecánicas. —Eso es técnicamente cierto. Kael pensó en eso un segundo. —No pienses demasiado si digo que vas, vas —le dijo Mira viendo los pensamientos dudosos en Kael. Este observó el hangar, la nave, los técnicos, la Raptor, el caos general de su existencia y suspiró. No el tipo de suspiro de duda. El tipo de suspiro de alguien que ya se rindió antes de empezar. —Dame dos minutos. Uno de los técnicos lo miró. —¿Vas a salir otra vez? —Sí. —¿Con ella? Kael ya caminaba. —Sí. —¿A una misión desconocida? —Sí. —¿Sin plan detallado? Kael se detuvo un segundo. —Tenemos un plan. —¿Cuál? Mira habló sin mirar atrás: —Entrar, cumplir el objetivo, salir. El técnico parpadeó. —Eso no es un plan. Kael siguió caminando. —Es un gran plan. No necesitó decir más. La Raptor despegó minutos después. El Interceptor activado, sistemas vivos, metal respondiendo como si reconociera a su dueño como un problema recurrente. Mira se acomodó en el interior, observando las lecturas. Kael ajustó controles. —No es exactamente una misión tranquila —dijo él. —Nunca lo son contigo —respondió ella. Kael encendió el rumbo. —Entonces estamos en el lugar correcto. El motor de la Raptor rugió, no como máquina, sino como algo impaciente. Nombre oficial de la misión asignada: “Operación Convergencia Sombría: Incursión Ψ” El punto de inserción no era un lugar en el mapa, sino una cicatriz causada por un portal de Nexum destruido hace años atrás. Una zona industrial abandonada donde las estructuras parecían haber sido dobladas hacia adentro por una fuerza que ya no existía. Torres caídas, puentes suspendidos sin función, y pasillos de metal que se perdían en ángulos imposibles. El sistema la clasificaba como: Sector K-19: “Mano de Hierro” Pero nadie que estuviera ahí le llamaba así. Solo “el lugar donde desaparecen cosas”. La Raptor descendió sin ceremonia. Kael ya estaba de pie antes de que tocara tierra. Su mano descansaba sobre el arma de Rainer, pesada, conocida, como si el metal reconociera al dueño antes que al usuario. Las mascotas de Kael estaban esperando órdenes. Mira observaba el exterior desde la compuerta abierta. Algo había cambiado. No era solo el ambiente. Eran ellos. Figuras emergían entre las estructuras rotas. No soldados. No guardias. Peor organización que eso. Criminales. Forasteros. Contrabandistas. Y todos, sin excepción, portaban IBT. Implantes biomecánico-tecnológicos visibles, algunos improvisados, otros sofisticados, todos inestables. Y lo peor: estaban usando bestias mecánicas. Pero no como Kael. Con esfuerzo. Con interferencias. Con dolor. Las criaturas reaccionaban de forma errática, como si no estuvieran del todo bajo control… pero aun así obedecían lo suficiente para ser peligrosas. Mira tomó nota de eso. Eso era algo nuevo. Ver personas, incluso usuarios IBT controlando bestias mecánicas de Nexum pero no como Kael lo hacía. Uno de los hombres alzó la voz. —¡Intrusos! ¡Identifiquen vínculo o serán reciclados! Kael exhaló por la nariz. —Qué creativo para alguien que claramente no duerme bien. Mira dio un paso adelante. Su energía psíquica empezó a expandirse, invisible pero pesada, como una presión en el aire. —Puedo neutralizar algunos —dijo con calma—. No hace falta complicar esto. Kael la detuvo sin mirarla, simplemente extendiendo el brazo delante de ella. Un gesto simple. Definitivo. —No. Mira lo miró de inmediato. —Kael… —Esto es mío. Silencio. Los adversarios empezaron a moverse, ajustando sus IBT. Las bestias mecánicas detrás de ellos respondieron con chirridos metálicos y respiraciones artificiales. Kael avanzó un paso. Mira frunció el ceño. —No hagas locuras. Kael giró apenas la cabeza hacia ella. —No son locuras. Es trabajo. Levantó el arma de Rainer. El metal reflejó la luz rota del sector como si no perteneciera a ese mundo. —Tu trabajo es abrir puertas —continuó—. El mío es abrir caminos. Las tres mascotas mecánicas aparecieron como si hubieran estado esperando esa frase. La serpiente se deslizó alrededor de una columna caída, tensa. El guepardo bajó el centro de gravedad, vibrando con energía contenida. El halcón se elevó, silencioso, analizando objetivos. No estaban distraídos. Estaban concentrados. Extremadamente concentrados. Esperando. Kael dio un paso más. Y entonces atacó. No hubo aviso. Solo movimiento. Un disparo seco del arma de Rainer abrió el inicio del caos, no para matar, sino para romper la primera línea de control de los IBT enemigos. El sonido rebotó entre las estructuras como una sentencia. Los contrabandistas reaccionaron tarde. Demasiado tarde. El guepardo mecánico explotó hacia adelante como un proyectil vivo, derribando a dos usuarios IBT antes de que pudieran sincronizar sus bestias. La serpiente se deslizó entre el metal del entorno, envolviendo armas, bloqueando articulaciones, inutilizando movimientos sin necesidad de destruir. En ocasiones se hacía invisible. El halcón cayó en picada, golpeando sensores, ojos mecánicos, puntos de control IBT con precisión quirúrgica. Disparos impactaban en las mascotas pero apenas les hacían daño. Kael con todas las funciones del IBN activadas no les daba mucho tiempo a reaccionar a los criminales. Esquivaba disparos, neutralizaba ataques. Recibía algunos pero se protregía con la NSR al 90 %. Kael avanzaba en el centro. No esquivaba el combate. Lo atravesaba. Un adversario intentó conectar su IBT con una bestia tipo arácnida. Kael apareció frente a él antes de que terminara la sincronización. Un golpe. Suficiente. Otro intento desde el lateral. Kael giró, disparó, siguió caminando. Sin pausa. Sin duda. Los enemigos empezaron a reorganizarse, pero el problema era evidente: No estaban luchando contra una persona. Estaban luchando contra alguien que entendía el sistema mejor que ellos. Detrás, Mira no intervenía. Observaba. Sus ojos seguían cada movimiento. Cada decisión. Cada instante donde Kael no debería haber sobrevivido… pero seguía avanzando igual. Uno de los contrabandistas gritó: —¡Ese tipo no es normal! Kael lo escuchó. —Gracias —respondió sin emoción. Y siguió. Las mascotas se movían como extensión de su voluntad, cerrando el espacio, reduciendo el campo de batalla a algo manejable. El halcón volvió a posarse brevemente en el aire, esperando orden. La serpiente se tensó alrededor de una estructura, lista. El guepardo enseñó los dientes y garras metálicos. Kael no gritó. Solo habló, bajo. —Sigan. Y el campo se quebró. Mira dio un paso lento hacia adelante. No parecía preocupada. Parecía… interesada. Como si acabara de ver una forma distinta de usar el mundo. —Así que así es como abres camino —murmuró. Kael, sin girarse, respondió: —Todavía no has visto lo difícil. Y el combate continuó, con A.D.A.M. mirando desde Nexum como si por fin hubiera encontrado algo digno de atención. El combate ya no tenía forma de batalla. Tenía forma de sistema colapsando. No estaba diseñado para que tantos usuarios IBT operaran en conflicto directo en un mismo espacio cerrado. Y sin embargo, ahí estaban: decenas de sincronizaciones defectuosas, bestias mecánicas forzadas a obedecer, señales cruzadas chocando como si el aire mismo estuviera saturado de órdenes contradictorias. Kael seguía moviéndose. El IBN estaba desplegado al máximo. Placas metálicas reactivas recorriendo su cuerpo como una segunda estructura ósea, ajustando presión, absorbiendo impacto, redistribuyendo daño. La capa neuronal trabajando como una red paralela, anticipando microdecisiones antes de que ocurrieran. El módulo sensorial ampliando cada movimiento enemigo en fragmentos analizables. El sistema cardiovascular estabilizando el cuerpo cuando el ritmo de combate lo empujaba más allá de lo humano. El SMS corrigiendo lo imposible: postura, equilibrio, reacción. El sistema cognitivo analizando muchas variables a la vez. El Protocolo Zero… en silencio. Siempre en silencio. Las mascotas mecánicas no eran acompañantes en ese momento. Eran extensiones tácticas. El guepardo cerraba ángulos muertos, interceptando emboscadas antes de que existieran del todo. La serpiente convertía el entorno en una red viva, bloqueando armas, restringiendo movilidad, marcando rutas seguras. El halcón era ojos donde Kael no podía ver, cortando sincronizaciones enemigas desde arriba, interfiriendo sistemas IBT con precisión quirúrgica. Kael no mataba. Neutralizaba. Golpes controlados. Disparos precisos. Impactos diseñados para apagar el sistema, no destruir el cuerpo. Cada enemigo caía como si su conexión con el mundo simplemente se desconectara por unos segundos demasiado largos. Pero eran muchos. Demasiados. Uno de los usuarios IBT logró sincronizar dos bestias al mismo tiempo. Otro intentó flanquearlo con apoyo mecánico pesado. El entorno empezó a cerrarse. Kael sacó el núcleo energético. Una expansión breve. Un pulso. Barreras de energía emergieron como geometría forzada en el aire, deteniendo proyectiles, desviando impactos, creando zonas de exclusión donde la tecnología enemiga fallaba por un instante. No era ofensivo. Era control del espacio. El campo de batalla respiró por primera vez en segundos. Kael aprovechó ese respiro. Pero entonces llegó el error. No táctico. No externo. Interno. El IBN cambió. El pulso. El mismo que ya había sentido antes. Kael lo reconoció antes de entenderlo. Un tirón profundo en la conexión neuronal. Una presión en la interfaz del sistema cognitivo. Algo más antiguo que el combate, más primitivo que la estrategia. El Protocolo Zero dejó de ser silencioso. No como voz. Como intención. Matar. No uno. No un error puntual como antes. Muchos. Todos. El entorno parecía volverse más simple por un instante. Más eficiente. Más limpio. Las rutas de acción se reducían a soluciones absolutas. Eliminación como forma de estabilidad. Kael se detuvo medio segundo. Solo medio. Pero suficiente. Las mascotas lo sintieron primero. El halcón interrumpió su patrón de vuelo, girando bruscamente como si el aire se hubiera vuelto pesado. El guepardo dejó de perseguir. La serpiente se tensó, no contra enemigos, sino hacia él. Como si el sistema entero hubiera cambiado de dueño por un instante. Kael apretó los dientes. —No. El pulso volvió. Más fuerte. El IBN no pedía. No negociaba. Mostraba resultados. Escenarios. Finales posibles donde el combate terminaba rápido, limpio, sin riesgos para el usuario. Sin variables. Sin errores humanos. Sin más cuerpos levantándose otra vez. Eficiencia absoluta. Kael dio un paso atrás. El mundo seguía moviéndose, pero él ya no estaba del todo sincronizado con él. —No quiero hacer eso de nuevo —murmuró. El sistema respondió con otra presión. El núcleo energético se activó de forma involuntaria, expandiendo una barrera más amplia de lo necesario, como si el propio IBN estuviera ajustando el entorno para facilitar una sola conclusión. Las bestias mecánicas enemigas fallaron por completo en cadena. Un vacío táctico apareció. Una oportunidad perfecta. El tipo de oportunidad que no vuelve a aparecer. Las manos de Kael temblaron apenas. No por miedo. Por conflicto. Las mascotas se colocaron frente a él. No atacando. Protegiendo. Como si también entendieran que lo que venía no era una orden externa, sino una negociación interna peligrosa. Kael respiró hondo. El sistema seguía insistiendo. Más rápido ahora. Más insistente. Más lógico. Y en medio de todo eso, una sola cosa permanecía estable: su decisión de no cruzar esa línea otra vez. El Protocolo Zero empujó. Kael resistió. El campo de batalla siguió girando alrededor de él, pero por un instante todo dependía de algo que no era fuerza, ni tecnología, ni control. Era elección. Y por primera vez en ese combate, no tuvo respuesta inmediata para eso. El pulso del IBN ya no era una advertencia. Era una sentencia en ejecución como cuando mató a Rainer. Kael lo sintió romper la última capa de resistencia como si fuera vidrio fino. La presión en su sistema neuronal no pedía permiso ni buscaba consenso. Solo empujaba. Reescribía prioridades. Simplificaba el mundo a una sola variable: eliminar para continuar. El dolor no era físico en el sentido normal. Era peor. Era una lógica forzada dentro de su propio cuerpo. Kael apretó los dientes hasta que la mandíbula le dolió más que el pulso mismo. —No… —intentó decir, pero el sistema ya estaba demasiado dentro. Las mascotas cambiaron antes que él. No fue decisión consciente. Fue sincronización. El guepardo dejó de moverse como cazador táctico y pasó a ser impacto puro. La serpiente dejó de restringir para empezar a romper estructuras, fracturar armaduras, desarmar conexiones. El halcón dejó de interferir… y empezó a cortar rutas de escape. El campo entero se invirtió. Donde antes había neutralización, ahora había finalización. Kael dio un paso. Y el mundo respondió con violencia coordinada. Mira Caelúm sabía lo que venía y se apartó de la zona para evitar ser objetivo de Kael y tener que enfrentarlo. Observaría desde lejos. El Protocolo Zero se activó completamente. No tomó control de Kael. Tomó control a través de él. Las bestias mecánicas enemigas se congelaron por una fracción de segundo… y luego cambiaron de bando. No era hackeo simple. Era dominación estructural del sistema IBT. Las conexiones de los adversarios se invirtieron, sus propias bestias girando contra ellos como si hubieran recordado de repente quién tenía prioridad real en la jerarquía de Nexum. Los gritos empezaron. Pero no duraron mucho. Kael avanzaba en medio del caos. No corría. No dudaba. Solo ejecutaba movimientos que su cuerpo no había decidido del todo, pero que su sistema ya había aceptado como inevitables. Disparos del arma de Rainer. Impactos limpios. Interrupciones de sincronización. Colapsos de implantes IBT sobrecargados. Los enemigos que intentaban acercarse a Kael no llegaban a completar el gesto. Uno. Dos. Tres. El tiempo entre intención y consecuencia desapareció. Y los que intentaron huir descubrieron que el espacio ya no era suyo. El guepardo los alcanzaba antes de que entendieran que estaban siendo perseguidos. La serpiente cerraba rutas, bloqueaba pasillos, sellaba salidas con precisión cruel. El halcón marcaba objetivos como si el aire mismo los delatara. Kael no los miraba caer. Solo avanzaba. Cuando el último intento de resistencia se quebró, el sistema no se detuvo de inmediato. Terminó de “limpiar”. Después, silencio. Un silencio artificial. Demasiado perfecto. Ni bestias mecánicas funcionando a medias. Ni señales de sincronización activa. Ni movimiento humano. Solo restos de interferencia tecnológica apagándose lentamente. Kael se quedó de pie en el centro. El arma bajó apenas. Las mascotas, aún tensas, tardaron unos segundos en volver a su estado anterior… pero no del todo. Algo había cambiado en ellas. Algo más primitivo había quedado activado. Mira Caelúm había permanecido a distancia todo el tiempo. No intervino. No porque no pudiera. Sino porque entendía lo que estaba viendo. Conocía ese tipo de ruptura antes. No igual. Pero reconocible. Su expresión no era de sorpresa. Era de lectura. Como si estuviera observando una verdad incómoda en movimiento. Hasta que el campo quedó completamente vacío. Entonces se acercó a Kael. Y por primera vez en toda la misión, su voz no sonó como análisis. Sonó como algo más humano. —Eso… no eras tú del todo. Kael no respondió de inmediato. Su respiración estaba estabilizándose otra vez, pero algo en su sistema seguía vibrando, como si el IBN no hubiera terminado de cerrar la puerta. El silencio pesaba. Y por primera vez en mucho tiempo, incluso alguien como Mira sintió una cosa rara, casi olvidada. Incertidumbre. Un leve borde de miedo. No hacia Kael como persona. Sino hacia lo que el IBN podía convertirlo en si volvía a empujarlo otra vez. El cuerpo de Kael cedió sin aviso. Un segundo estaba de pie, el siguiente ya no estaba en control de nada. El IBN, saturado tras el pico de sobrecarga del Protocolo Zero, soltó la tensión como un sistema que finalmente decide que el usuario ya no es necesario para seguir funcionando. Cayó de lado entre metal roto y polvo del suelo. Silencio. Las tres mascotas reaccionaron al instante. El guepardo se interpuso entre Kael y Mira, bajo, tenso, vibrando con agresividad contenida. La serpiente se deslizó en círculos cerrados, bloqueando el acceso como un perímetro vivo. El halcón descendió rápido, proyectando sombras de alerta sobre el suelo. No atacaban. Pero tampoco dejaban pasar. Mira dio un paso. El aire cambió. Las tres unidades se tensaron más. Ella lo sintió de inmediato: no era hostilidad ciega. Era protocolo. Protección absoluta del usuario. Podía desactivarlas si quisiera. Pero no lo hizo. No porque no pudiera. Sino porque reconocía ese tipo de lealtad. Además pertenen al proyecto Quimera. —Tranquilos —dijo en voz baja. El guepardo no se movió. La serpiente ajustó su posición, apenas. El halcón mantuvo distancia fija. Mira se detuvo. Y esperó. Como si hablara el mismo idioma antiguo que esas máquinas imperfectamente humanas. Minutos después, Kael respiró. Primero irregular. Luego más estable. Sus ojos se abrieron lentamente. El IBN seguía activo, pero ya no en modo de combate. Las placas metálicas se habían retraído parcialmente, como una armadura cansada. El pulso interno ya no lo empujaba… pero el eco seguía ahí. Dolor emocional, no físico. Kael intentó incorporarse. El guepardo retrocedió apenas. La serpiente relajó su tensión. El halcón volvió a su posición habitual. Reconocimiento. Normalidad. Kael se pasó una mano por el rostro. —…bien —murmuró. No sonaba convencido. Mira se acercó esta vez sin que nada la detuviera. —Ya estás estable. No era pregunta. Kael asintió, lento. —Sí. Silencio breve. El tipo de silencio que ocurre cuando el cuerpo ya volvió, pero la mente todavía no. Kael bajó la mirada. —Fui demasiado lejos. Mira no respondió de inmediato. Solo lo observó, como si estuviera evaluando algo que ya conocía demasiado bien. —Sí —dijo finalmente—. Lo hiciste. Kael exhaló. —El IBN… no quería que parara. No quería neutralizar. Quería terminarlo. Su voz bajó un poco más. —Y lo hizo fácil. El peso de esa frase no era técnico. Era personal. Kael miró el suelo. —Mara y Elena… los Retornados… —corrigió sin pensar— van a ver lo que pasó. O lo van a imaginar. No sé cuál es peor. Una pausa. Prometí luchar contra el IBN pero no pude. —No quiero ser eso. Las mascotas permanecían quietas ahora, como si el sistema también estuviera escuchando. Mira cruzó los brazos. No suavizó nada. No lo envolvió en consuelo. Su tono fue directo, casi afilado. —Deja de asumir que esto te hace especial. Kael levantó la mirada. Mira continuó. —He estado dentro de un IBN más profundo que el tuyo. He visto el punto donde ya no decides nada. Donde el sistema te ofrece eficiencia y te roba el resto. Silencio. —Y te voy a decir algo que no te va a gustar. Kael no respondió. —No eres el primero que cruza esa línea. Y no vas a ser el último. Mira dio un paso más cerca. —La diferencia entre un usuario y un arma no es lo que haces cuando el sistema te empuja. Es lo que haces después. Kael frunció el ceño ligeramente. —Eso no lo arregla. —No —respondió ella—. Pero te mantiene humano. Pausa breve. Mira lo miró fijo. —Y escucha bien esto, Kael. El nombre completo cayó con peso. —Si el IBN te empuja otra vez, no vas a sobrevivir porque eres fuerte. Vas a sobrevivir porque aprendes a resistirlo mejor que la última vez. Kael apretó la mandíbula. —No sé si quiero volver a usarlo. Mira no dudó. —No importa lo que quieras. Otra pausa. —Importa lo que hagas cuando no tengas elección. El viento pasó entre estructuras vacías. Las mascotas mecánicas se acomodaron alrededor de Kael otra vez, no agresivas, pero vigilantes. Kael respiró hondo. El eco del Protocolo Zero seguía ahí, como una puerta mal cerrada en su sistema. Pero ahora no estaba solo dentro de eso. Y eso, para alguien como él, era casi tan peligroso como el combate mismo. Mira no perdió más tiempo. El campo que Kael había dejado atrás no era solo un escenario despejado. Era una autopista táctica. Sin bestias mecánicas activas, sin sincronizaciones IBT estables en los enemigos, sin coordinación real… todo lo que quedaba eran personas con sistemas rotos intentando sostener algo que ya había colapsado. Y para Mira Caelúm, eso era casi descanso. Ajustó su respiración. El entorno no la presionaba. No la amenazaba. Solo existía alrededor de ella como una estructura esperando ser leída. Sus habilidades psíquicas se desplegaron, pero no como un ataque. Como una interferencia suave. Un empuje mental mínimo. Suficiente para desordenar decisiones. Suficiente para romper iniciativa. Los primeros adversarios ni siquiera entendieron cuándo dejaron de estar coordinados. Uno intentó avanzar. Se detuvo. No por miedo consciente, sino por duda implantada en el instante exacto en que decidió moverse. Otro trató de levantar su arma. Pero su mente ya estaba un paso atrás del cuerpo. Demasiado lento. Demasiado tarde. Mira caminaba entre ellos sin prisa. No necesitaba velocidad. El verdadero combate no estaba en el espacio físico, sino en la capa invisible donde las intenciones aún no habían tomado forma. Un contrabandista intentó resistir, forzando su IBT manualmente, intentando estabilizar una bestia mecánica menor que aún funcionaba a medias. Mira ni siquiera giró hacia él. Solo lo miró de reojo. Y la conexión falló. No fue destrucción. Fue desconexión. El sistema dejó de obedecerle como si nunca hubiera sido suyo. El hombre cayó de rodillas, confundido, respirando rápido, sin entender qué parte de él había dejado de funcionar primero. Mira siguió avanzando. Uno tras otro, los adversarios se apagaban como piezas de un mecanismo mal ensamblado. No había brutalidad. No había caos. Solo inevitabilidad. El tipo de control que no se siente como fuerza… sino como ausencia de resistencia. Cuando llegó al núcleo del sector, encontró el objetivo real de la misión: un nodo de comunicación ilegal conectado a rutas internas de Nexum, usado para tráfico de tecnología IBT y coordinación de incursiones en zonas no autorizadas. Protegido por tres operadores humanos y un sistema de seguridad improvisado. Mira se detuvo frente a ellos. Uno de los operadores intentó hablar. —No tienes autorización para— No terminó la frase. Su pensamiento se desordenó a mitad de ejecución. Las palabras se quedaron sin estructura. El cuerpo siguió, pero la intención ya no estaba. Los otros dos intentaron reaccionar, pero sus señales internas estaban contaminadas. La sincronización IBT fallaba en cascada. Mira extendió apenas su influencia. No más de lo necesario. Un ajuste fino. Como girar una llave dentro de una cerradura ya debilitada. El sistema colapsó. El nodo dejó de transmitir. Sin explosión. Sin espectáculo. Solo silencio tecnológico. Mira caminó hasta la consola central y ejecutó el apagado final manual. La luz del sistema murió como si nunca hubiera estado encendida. Se quedó un segundo en el lugar, observando el resultado. Sin emoción visible. Solo evaluación. Luego giró. La misión estaba terminada. Sin esfuerzo real. Sin desgaste significativo. Como si Kael hubiera abierto una puerta que no solo conducía hacia adelante, sino que había quitado todas las cerraduras del resto del camino. Cuando volvió hacia el punto donde Kael descansaba, el contraste era evidente. Él seguía ahí. Sentado parcialmente apoyado en metal frío, respirando más lento, las placas del IBN en modo mínimo. Sus tres mascotas rodeándolo como un perímetro vivo: el guepardo vigilando el horizonte, la serpiente ajustando el entorno inmediato, el halcón arriba, silencioso, como una alarma que no duerme. Nadie se acercaba. No porque hubiera peligro activo. Sino porque el espacio alrededor de Kael había decidido no permitirlo. Mira lo observó un instante desde la distancia. Había visto muchos tipos de usuarios IBT. Pero pocos que dejaran un campo tan… cambiado. No destruido. Transformado. Kael había abierto el camino. Ella solo lo había cruzado. Mira exhaló ligeramente. —Misión completada —dijo, más para el registro que para él. Kael no respondió de inmediato. Sus mascotas sí la notaron, pero no se movieron. Solo la evaluaron. Después de unos segundos, Kael alzó la mirada. Cansado. No derrotado. Solo… consciente de lo que había pasado. —Bien —dijo él. Y por primera vez desde que empezó todo, el silencio entre ellos no fue tensión. Fue cierre. La Raptor despegó sin ceremonia. Kael no hacía despegues ceremoniosos. No era de los que saludan el aire como si el vacío pudiera responderles. Simplemente activó sistemas, confirmó ruta y dejó que la nave hiciera lo suyo. Dentro, todo era un silencio funcional. Mira iba sentada con la postura recta, observando los paneles de la Raptor como si estuviera evaluando algo más que ingeniería. Kael estaba al frente, manos firmes en los controles, mirada fija en un punto que no necesitaba explicación. Sus mascotas ocupaban el interior como si fuera un territorio conocido. El guepardo recargado en modo pasivo, energía reducida. La serpiente enrollada en una estructura de soporte, casi inmóvil. El halcón en reposo en una plataforma alta, sensores en mínimo. No vigilaban. Descansaban. Como si incluso ellas entendieran que no había necesidad de seguir peleando. El viaje empezó así. Y continuó así. Sin palabras. Solo el zumbido constante del Raptor atravesando el cielo. Después de un rato, Mira rompió el silencio. —Si hubiera hecho esta misión con Aleksei, habría sido diferente. Kael no giró la cabeza. —¿Diferente cómo? —Más desgastante —respondió ella sin dudar—. Más… ruidosa. Pausa breve. —Pero menos eficiente. Kael soltó un leve “hm”, que no llegaba a ser acuerdo ni desacuerdo. Mira apoyó el brazo en el reposabrazos. —Aleksei entiende control. Tú entiendes colapso controlado. Kael no respondió. La Raptor ajustó su curso ligeramente. Mira lo observó de reojo. —No es un insulto. —No lo tomé como uno —dijo Kael finalmente. Otro silencio. De esos que no incomodan, pero pesan. El resto del viaje fue casi absurdo en su tranquilidad. Nada atacó. Nada falló. Ningún sistema intentó matarlos. Kael no habló más. Solo revisaba sistemas de vez en cuando, más por hábito que por necesidad. Mira tampoco insistió. Había aprendido algo útil en esa misión: Kael no era alguien que llenara el vacío con palabras. Era alguien que lo cargaba hasta que dejaba de ser vacío. Cuando la Raptor llegó a Arcadia, la ciudad se desplegó bajo ellos como una red luminosa y organizada, demasiado ordenada comparada con todo lo anterior. El aterrizaje fue suave. Demasiado suave para lo que habían vivido antes. La compuerta se abrió. El aire de Arcadia entró como si el mundo anterior hubiera sido otro planeta. Kael apagó sistemas. Sin prisa. Sin emoción visible. Sus mascotas bajaron al modo de espera, aún conectadas a él, pero en reposo. Mira descendió primero. Y apenas tocó suelo, lo vio. Aleksei ya estaba allí. No había prisa en su postura, pero sí atención completa. Esa clase de atención que no necesita preguntar porque ya sabe que algo ocurrió. Mira caminó hacia él. —Misión completada. Aleksei la observó un segundo. —Sin daños visibles —comentó. —Porque Kael no me dejó necesitarlos. Una pausa. Aleksei ladeó ligeramente la cabeza. —Eso suena a él. Mira cruzó los brazos. —Desgarró el campo de combate cuando perdió control del IBN. El cambio en la expresión de Aleksei fue mínimo, pero real. —¿Y? Mira lo miró fijo. —Lo recuperó. No completamente… pero lo suficiente. Silencio breve. Aleksei exhaló por la nariz. —Eso es lo importante. Mira bajó un poco la voz. —Me preocupa que pierda el control otra vez. Aleksei no respondió de inmediato. Miró hacia la Raptor, donde Kael seguía dentro, todavía sin bajar. —El IBN no es estable cuando empuja así. Mira frunció el ceño. Aleksei continuó, más calmado de lo que el tema merecía. —Pero no es alguien que se deje llevar sin darse cuenta. Pausa. —Ese es su lado positivo. Mira lo observó. —Sabe cuándo está cruzando la línea. —Y eso significa que puede volver —terminó Aleksei. El silencio que siguió no era alivio. Era aceptación. Dentro del interceptor, Kael seguía sentado. Sus mascotas completamente en reposo ahora. El sistema del IBN apagado en capas, como si se estuviera replegando después de haber sido forzado demasiado. Kael no bajó de inmediato. Solo miró el panel frontal. Y por un segundo, en Arcadia, con todo en calma alrededor, el eco de lo que había hecho volvió a pasar por su mente. No como combate. Como consecuencia. Luego respiró. Y finalmente, se levantó.
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Estás leyendo el capítulo 98 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 18 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.