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Leer Nexum (Novela) Capítulo 97 online gratis en español

El día empezó como empiezan casi todos en la base de los Retornados: con alguien diciendo que “algo raro viene”, y con el resto fingiendo que eso no es básicamente la definición del lugar. Elías fue el primero en verlo. La nave de carga del gobierno apareció sobre la zona de aterrizaje como si hubiera caído por error en el mapa. Grande, pulcra, demasiado limpia para estar cerca de gente que vive entre chatarra, pólvora y decisiones moralmente flexibles. —Eso no es nuestro —dijo uno de los Corredores. —Obvio que no es nuestro —respondió otro—. Si fuera nuestro ya estaría oxidado o robado. Elías entrecerró los ojos mientras la nave descendía. —No lo acepten. Esto puede ser rastreo. O propaganda. O peor, cortesía. Silencio general. La cortesía siempre era sospechosa. La compuerta se abrió. Un técnico del gobierno apareció primero, leyendo una lista demasiado larga para alguien que claramente no quería estar ahí. —Entrega de almacenamiento pagado. Destinatario: base de los Retornados. Remitente: Kael. El nombre cayó como una piedra en agua quieta. Elías dio un paso adelante. —Repite. —Kael —confirmó el técnico, como si eso explicara todo, lo cual en cierto modo sí lo hacía. Elías soltó una risa breve, incrédula. —Claro. Tenía que ser él. Los Corredores empezaron a murmurar. —¿El Kael ese que desaparece tres días y vuelve con piezas que no deberían existir? —El mismo. —El que pelea con máquinas como si fueran problemas personales. —Sí, ese. Elías levantó la mano. —Descarguen. —¿Qué? —preguntó alguien. —Que descarguen antes de que cambie de opinión el universo. —¿Cómo está Kael? —preguntó Varek. Antes de que el hombre respondiera, Elena dio un paso al frente. —¿Está bien? Mara no habló. Pero su mirada permanecía fija sobre el técnico. El hombre sonrió. —Está muy bien. Los tres respiraron con alivio. —Aunque... sigue siendo bastante impredecible y a veces irresponsable. Silas soltó una pequeña risa. —Eso significa que sigue siendo Kael. —Hace poco domesticó tres bestias mecánicas de Nexum. Durante unos segundos nadie reaccionó. —...¿Qué dijo? —preguntó Dren. —Un halcón, un guepardo y una serpiente. Los científicos todavía intentan entender cómo consiguió que lo aceptaran. Silas dejó escapar un silbido. —Ese muchacho cada día está más loco. Elías sonrió con orgullo. —O cada día entiende mejor a Nexum. El técnico continuó. —Después convenció al Gobierno Mundial para mejorar tecnológicamente a las tres criaturas. —Eso sí suena exactamente a Kael —murmuró Elena entre risas. —Y luego casi se desmaya cuando recibió la factura. Las carcajadas resonaron por toda la plataforma. Incluso Mara dejó escapar una discreta sonrisa. Entonces el hombre añadió: —También pilota su propia nave. El silencio volvió de golpe. —¿Una nave? —preguntó Elena. —Un interceptor militar. Lo utiliza para viajar entre las ciudades y cumplir misiones. Mara bajó la mirada unos segundos. Recordó perfectamente al Kael que apenas sabía leer algunos mapas antiguos y que nunca había visto una nave de cerca. Ahora... Pilotaba una. Elena por un momento pensó en aquella nave que pasó encima de ellos. Silas sonrió. —Hace unos meses ese chico apenas tenía un cuchillo decente. —Y ahora vuela un interceptor del Gobierno Mundial —añadió Dren. Elías cruzó los brazos. Una expresión de satisfacción apareció en su rostro. —Ha crecido mucho. El técnico asintió. —Muchísimo. Miró a todos los presentes. —La gente habla de él con bastante respeto. Aquellas palabras hicieron que Elena sonriera. —Me alegra... Observó los enormes contenedores llenos de suministros. —Siempre pensé que podía llegar muy lejos. Mara permanecía en silencio. Pero por primera vez desde la partida de Kael sintió que la distancia no significaba que estuvieran siguiendo caminos separados. Él seguía avanzando. Y ellos también lo harían. Elías pareció leer el pensamiento de todos. —¿Lo entienden? Los Corredores lo miraron. —Kael no se quedó esperando a que el mundo cambiara por él. Miró los suministros. —Salió ahí fuera y encontró una forma de hacerse más fuerte. Después señaló la base. —Nosotros seguiremos haciendo lo mismo. Silas sonrió. —Entonces será mejor empezar a entrenar más duro. —Y explorar más lejos —añadió otro Corredor. Dren levantó una caja de provisiones. —Primero comeremos mejor. Después ya veremos cómo salvamos el mundo. Las risas volvieron a llenar la plataforma. Incluso Mara sonrió con un poco más de claridad. Porque imaginó a Kael pilotando una nave entre las nubes, acompañado por tres criaturas de Nexum. Era una imagen difícil de creer. Y, sin embargo... Le hizo sentir orgullo. No porque Kael hubiera cambiado. Sino porque seguía siendo el mismo muchacho que, cuando veía algo imposible, decidía intentarlo de todos modos. Aquella noticia no solo alegró a los Retornados. Les recordó que ellos también podían seguir creciendo. Y que, algún día, volverían a encontrarse. No como personas que se habían quedado atrás... Sino como compañeros que habían seguido avanzando, cada uno por su propio camino. Ya habían bajado contenedores: valijas, cajas reforzadas, módulos sellados, paquetes médicos, piezas tecnológicas, alimentos y una cantidad sospechosa de cosas etiquetadas como “emergencia” en distintos idiomas. Pero no terminó ahí. Había cajas más pequeñas. Con nombres. El técnico leyó en voz alta sin entender el problema que estaba causando: —Para Elías… para los Corredores… para Varek… para Mara… para Elena… El silencio se volvió más pesado. —Nos mandó regalos —dijo alguien finalmente. —Eso es nuevo —respondió otro. Elías cruzó los brazos. —Esto no es un regalo. Esto es un “no mueran mientras no estoy mirando”. Cuando abrieron la primera caja para Elías, había herramientas de campo mejoradas, piezas de reparación rápida y un módulo de energía compacto. Uno de los Corredores silbó. —Eso vale más que nuestra reputación entera. —Nuestra reputación ya no vale nada —dijo otro—. Esto es mejor. Elías no lo admitió en voz alta, pero su expresión cambió un poco. —Tch… el idiota. Luego vino la caja de los Corredores. Medicinas, filtros de agua portátiles, munición modificada, y algo que parecía un sistema de comunicación improvisado pero mucho más avanzado. —Nos está insultando —dijo uno. —¿Cómo? —Nos está diciendo que somos peligrosos e incompetentes al mismo tiempo. —…me gusta. Varek recibió su paquete sin ceremonia. Lo abrió, miró el contenido, y soltó una risa seca. —Claro. Tenía que ser él. Dentro había piezas mecánicas de alta precisión y componentes de mejora para armas y sistemas de defensa. —Esto no es ayuda —murmuró Varek—. Es una apuesta. —¿Apuesta a qué? —preguntó alguien. Varek cerró la caja. —A que seguimos vivos. Luego llegaron las cajas de Mara y Elena. Ahí el ambiente cambió. Mara abrió la suya primero. Silencio inmediato. Había herramientas médicas avanzadas, módulos de diagnóstico portátil, y suministros que no deberían existir fuera de instalaciones de alto nivel. —Esto… —Mara se quedó sin palabras un segundo— esto podría salvar a todos los de la base en una semana mala. Elena abrió la suya después. No dijo nada al principio. Solo miró el contenido: componentes de soporte, materiales de reparación, y un pequeño módulo de asistencia táctica personalizado. Luego soltó una risa suave. —No sé si me está cuidando o regañando desde lejos. Mara la miró. —Las dos cosas. Elías se acercó a las cajas abiertas, cruzando los brazos otra vez. —Está mal acostumbrándolos. —¿A sobrevivir mejor? —dijo un Corredor. —Sí. —Entonces que siga. El técnico del gobierno seguía ahí, claramente queriendo irse pero atrapado por la dinámica emocional improvisada de gente armada. —Debo confirmar recepción —dijo. Elías lo miró. —Confirma. El técnico dudó. —¿Algún mensaje de respuesta? Silencio. Uno de los Corredores levantó la mano. —Dile que… gracias. Y que si vuelve a mandar cosas así, vamos a fingir que no lo queremos. —Eso suena como mentira —dijo otro. —Exacto —respondió el primero. Elías exhaló. —Dile que llegó. El técnico asintió rápido, como si eso fuera lo único razonable en toda la conversación. Cuando la nave empezó a despegar otra vez, el campamento ya estaba revisando, probando, riéndose, discutiendo quién tenía derecho a qué pieza. Mara miró una vez más su caja. —No es normal que alguien haga esto. Elena se encogió de hombros. —Normal es una palabra que se usa antes de que algo te persiga. Elías, desde atrás, cerró la última caja. —Kael no hace cosas normales —dijo—. Solo hace cosas que funcionan. Y por primera vez en mucho tiempo, la base de los Retornados no sonó como supervivencia. Sonó como gente que, por un día, sabía que alguien afuera seguía contando cuántos estaban vivos. La plataforma de aterrizaje de la Torre Aurum recibió aquella mañana una pequeña aeronave de carga procedente de la base de los Retornados. No transportaba minerales. Ni tecnología. Ni informes. Solo una caja de madera cuidadosamente cerrada. El mensajero sonrió al entregársela. —Dicen que es un agradecimiento por todo lo que les has enviado. Kael arqueó una ceja. —¿Un agradecimiento? —Sí. Insistieron en que no la abriéramos durante el trayecto. El mensajero se marchó. Kael llevó la caja hasta su habitación y retiró lentamente la tapa. Lo primero que encontró fue una carta. La letra era de Elías. "Kael. Recibimos los suministros. Hace tiempo que no veíamos la despensa tan llena. Dren lleva dos días diciendo que por fin podrá cocinar algo que no parezca una apuesta perdida. No hacía falta enviarnos tanto, pero ya que eres tan terco como siempre, nosotros también decidimos serlo. Todos quisieron mandarte algo. No esperes grandes lujos. Somos los Retornados. Lo único caro que tenemos eres tú. Cuídate. Elías." Kael sonrió sin darse cuenta. Apartó la carta y encontró una botella gruesa de cristal oscuro. Una pequeña etiqueta escrita a mano decía: "Para que no olvides el verdadero sabor de casa." Kael soltó una carcajada. —No... Desenroscó el tapón. El olor golpeó la habitación como una explosión química. Retrocedió un paso. —Ya extrañaba esto. Se empinó de la botella como lo haría en los viejos tiempos. —Por ustedes... Un segundo después...casi tose un pulmón Las lágrimas comenzaron a salirle de los ojos. Sentía que alguien acababa de prenderle fuego a la garganta. —¡Estoy convencido de que esto podría mover la Raptor! Aun con la garganta ardiendo... Sonrió. Era exactamente la bebida que los Corredores preparaban después de regresar de las expediciones. Era horrible. Y la echaba de menos. Debajo de la botella encontró un pequeño paquete envuelto en tela. Dentro había una brújula vieja. El metal estaba desgastado y la aguja apenas funcionaba. Junto a ella había una nota. "Como sabes, nunca apunta al norte. Pero siempre la llevamos encima. Trajo suerte a demasiados Corredores para dejarla guardada. Ahora te toca a ti. Silas y los Corredores." Kael sostuvo la brújula entre los dedos. No tenía ningún valor económico. Pero probablemente era uno de los objetos más importantes que podía recibir. La guardó inmediatamente en uno de los bolsillos interiores de su chaqueta. Continuó revisando la caja. Encontró un pequeño cuaderno. Dentro había varias recetas escritas con una letra desordenada. En la primera página podía leerse: "Para que dejes de alimentarte como un salvaje. Dren." Kael soltó una risa. —Lo intentaré... Aunque ambos sabían que probablemente terminaría comiendo cualquier cosa durante las misiones. Más abajo apareció un pequeño estuche. Dentro descansaba un destornillador de precisión con el mango completamente desgastado. La nota decía: "No sirve para mucho aquí. Pero a ti seguramente te dará más uso. Y no desmontes nada importante sin leer el manual. Sabemos cómo eres. Varek." Kael negó con la cabeza riéndose. —Ni siquiera estoy aquí y ya desconfías de mí. Debajo encontró un pequeño sobre perfectamente doblado. Reconoció la letra antes incluso de abrirlo. Era de Elena. "Hola, Kael. Espero que estés comiendo bien. No olvides dormir cuando puedas. Te preparé unas bolsitas con las hierbas medicinales que cultivamos aquí. No curan milagros, pero ayudan cuando el cuerpo está agotado. Y... gracias. La base vuelve a sentirse viva. Todos hablan de ti casi todos los días. Te extrañamos. Elena." Kael permaneció varios segundos contemplando aquellas palabras. Dentro del sobre había varias bolsitas de tela con las hierbas cuidadosamente etiquetadas. Las dejó a un lado con cuidado. Solo quedaba un último paquete. Era el más pequeño. No tenía remitente. Kael sonrió. Sabía perfectamente de quién era. Lo abrió despacio. Dentro encontró una sencilla pulsera trenzada con un fino hilo azul y otro negro. Nada más. Solo una pequeña nota. "No la pierdas. M." Kael soltó una risa baja. —Eso es muy propio de ti... Se quedó observando la pulsera durante unos instantes. Después se la colocó en la muñeca sin pensarlo dos veces. No era un objeto caro. Ni sofisticado. Pero sintió que pesaba más que cualquier arma que hubiera recibido del Gobierno Mundial. Miró nuevamente el contenido de la caja. La botella imposible de beber. La vieja brújula. Las recetas. Las herramientas. Las hierbas. La pulsera. Objetos sencillos. Sin apenas valor económico. Pero cada uno llevaba consigo un pedazo de la base que había sido su hogar. Kael apoyó una mano sobre la caja y sonrió con una mezcla de nostalgia y gratitud. En Arcadia tenía una habitación enorme. Una nave. Créditos. Tecnología que parecía magia. Pero por primera vez desde que había llegado... Aquella habitación dejó de sentirse vacía. Porque los Retornados acababan de recordarle algo que ningún Gobierno podía comprar. Que, pasara lo que pasara, seguía teniendo un lugar al que regresar.
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Nexum (Novela) Capítulo 97

Estás leyendo el capítulo 97 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 10 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.