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Leer Nexum (Novela) Capítulo 87 online gratis en español

Las risas del jardín quedaron atrás. Aleksei y Kael caminaban por uno de los senderos elevados de Arcadia mientras el atardecer artificial teñía las nubes de tonos dorados. Por primera vez en bastante tiempo no parecía estar trabajando. Ni analizando datos. Ni haciendo bromas. Ni rodeado de sus chicas. Simplemente caminaba. Y eso llamó la atención de Kael. —¿Qué sucede? preguntó. Aleksei tardó unos segundos en responder. —Quiero contarte algo. —Eso suena serio. —Lo es. Kael dejó de bromear inmediatamente. Porque conocía suficiente a Aleksei para saber cuándo hablaba en serio. Y ese era uno de esos momentos. Continuaron caminando. El viento movía suavemente los árboles de los jardines suspendidos. Por debajo de ellos se extendía el inmenso vacío entre Arcadia y el mundo. —Esto no lo cuento normalmente. dijo Aleksei. —Entonces no tienes que hacerlo. —Quiero hacerlo. Silencio. —Te servirá como usuario IBN. continuó. —Y también porque creo que debes entender ciertas cosas. Kael asintió. Aleksei observó el horizonte. Y durante unos segundos pareció mucho más viejo. No físicamente. Sino emocionalmente. Como alguien que había vivido demasiadas cosas. —Tuve una esposa. Kael lo miró. Sorprendido. Nunca lo había escuchado hablar de ella. —La amaba. continuó Aleksei. —Más que a nadie. El silencio se hizo más pesado. —¿Qué ocurrió? preguntó Kael. Aleksei bajó la mirada. —El IBN evolucionó. Kael sintió un escalofrío. Porque ya conocía la naturaleza del implante. Sabía que no era una simple herramienta. Sabía que a veces parecía tener voluntad propia. —¿Y? Aleksei soltó una pequeña risa amarga. —Y decidió que ella era un obstáculo. Kael no respondió. —Me dio una elección. continuó. —Ella o yo. El viento pareció detenerse. —No... murmuró Kael. —Sí. respondió Aleksei. —Exactamente eso. Pasaron varios segundos antes de que continuara. —Si la protegía... —... —Yo moría. Silencio. —Si quería vivir... Aleksei cerró los ojos. —Debía matarla. Kael sintió que algo se hundía en su pecho. Porque por primera vez entendía que el hombre que tenía delante no era solamente un científico brillante. Ni un usuario IBN Legendario. Ni el dueño de Arcadia. Era alguien que había perdido algo irremplazable. —¿Lo hiciste? preguntó finalmente. La respuesta llegó de inmediato. —Sí. No hubo justificaciones. No hubo excusas. No hubo intentos de suavizarlo. Solo la verdad. —Lo hice. Aleksei continuó caminando. —Y sobreviví. —... —Ella no. Por primera vez Kael no encontró ninguna palabra. —Después de eso... continuó Aleksei. —Pasé años destruyéndome por dentro. Su voz era tranquila. Demasiado tranquila. Como alguien que había repetido aquella historia tantas veces en su mente que las lágrimas ya no salían. —Trabajaba hasta agotarme. —Dormía poco. —Comía poco. —Solo estudiaba. Kael escuchaba en silencio. —Quería entender el IBN. —Quería saber qué era realmente. —Por qué hacía esas cosas. —Por qué exigía tanto. Miró sus propias manos. —Y cuanto más estudiaba...Más descubrí. Aleksei sonrió débilmente. —Entre otras cosas descubrí que los usuarios IBN viven mucho más tiempo de lo normal. Kael ya lo sospechaba. Pero escucharlo de Aleksei era diferente. —Mucho más. repitió. Los dos continuaron caminando. —Luego llegaron las Grandes Guerras. El trabajo. Las investigaciones. Arcadia. Aleksei observó a la distancia los edificios brillantes. —Y finalmente ellas. Las chicas. Kael entendió inmediatamente. —¿Por qué formaste un harén? preguntó. Aleksei soltó una pequeña risa. —Porque no quería volver a estar solo. La sinceridad de aquella respuesta sorprendió a Kael más que cualquier otra cosa. —No quería perder a una sola persona y volver a caer. continuó. —Pensé que sería más fácil así. Pensé que podría llenar ese vacío. Silencio. —¿Funcionó? preguntó Kael. Aleksei tardó mucho en responder. Demasiado. Finalmente negó con la cabeza. —No completamente. El viento volvió a recorrer los jardines. —Las quiero. dijo. —Las respeto. Me importan. Miró hacia el cielo. —Pero hay una parte de mi corazón que sigue vacía. Kael comprendió inmediatamente. Porque algunas pérdidas nunca desaparecen. Simplemente aprendemos a convivir con ellas. —No la has olvidado. Aleksei sonrió. Una sonrisa triste. —Nunca lo haré. Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio. Finalmente Aleksei volvió a hablar. —Por eso te digo algo, Kael. Lo observó directamente. —Nunca permitas que el IBN decida quién eres. Aquellas palabras tenían un peso enorme. —Úsalo. Aprende de él. Hazte más fuerte. Luego añadió: —Pero recuerda siempre qué cosas estás dispuesto a sacrificar. Y cuáles no. Kael pensó inmediatamente en Mara. En Elena. En los Retornados. Y comprendió exactamente lo que Aleksei estaba intentando enseñarle. No era una lección sobre tecnología. Ni sobre ciencia. Ni siquiera sobre el IBN. Era una lección sobre humanidad. Porque el hombre que caminaba a su lado había alcanzado poder, conocimiento y longevidad que la mayoría jamás imaginaría. Había construido ciudades. Había sobrevivido guerras. Había cambiado el mundo. Y aun así... La herida más profunda de toda su vida seguía teniendo el nombre de una sola persona. La mujer que amó. Y que jamás pudo olvidar. Los dos continuaron caminando por uno de los senderos elevados de Arcadia. El silencio se prolongó varios minutos después de la confesión de Aleksei. Abajo podían verse las luces de Asterión. Arriba, las estructuras suspendidas de Arcadia brillaban como pequeñas estrellas artificiales. Finalmente Kael habló. —Creo que lo entiendo. Aleksei lo observó de reojo. —¿Sí? —No completamente. —Porque nadie puede entender algo así sin vivirlo. —Pero creo que entiendo por qué lo hiciste. Aleksei permaneció en silencio. —Eras importante incluso entonces. continuó Kael. —Quizás no tanto como ahora. Pero ya eras una pieza clave. Aleksei soltó una pequeña risa. —Una pieza. Sí. —Y si morías... —... —Muchísimas personas también podían morir después. El científico no respondió. —Tus investigaciones. Las guerras. La tecnología. Los usuarios IBN. Todo lo que vino después. Kael bajó la mirada. —No creo que fuera una elección entre una persona y otra persona. Aleksei se detuvo. —¿Entonces? —Creo que fue una elección entre una persona... Kael tragó saliva. —Y millones. El viento atravesó el jardín. —Eso no lo hace más fácil. dijo Aleksei. —Lo sé. —Tampoco lo hace correcto. —También lo sé. Silencio. Aleksei observó el horizonte. Durante varios segundos no habló. —Mucha gente me ha llamado monstruo. —¿Y tú qué piensas? preguntó Kael. La respuesta tardó en llegar. —Creo que ambos tienen razón. Kael frunció el ceño. —¿Ambos? —Los que me llaman monstruo. Y los que dicen que salvé vidas. Sonrió sin alegría. —Porque probablemente hice ambas cosas. Los dos continuaron caminando. —Después de aquello... dijo Kael. —Cambiaste. —Mucho. —Se nota. Aleksei soltó una pequeña risa. —¿Tan evidente es? —Sí. —Explícate. Kael pensó unos segundos. —Tú sientes cosas. —Eso espero. —Pero no dependes de ellas. Aleksei permaneció en silencio. —No reaccionas como los demás. continuó Kael. —No tomas decisiones por miedo. Ni por tristeza. Ni por apego. Miró al científico. —Las tomas por deber. Aquello hizo que Aleksei se detuviera. Por primera vez desde que comenzó la conversación pareció sorprendido. —Interesante. —¿Qué? —Esa es exactamente la conclusión a la que llegué hace décadas. Volvió a caminar. —Cuando ocurrió...Cuando la perdí... Su voz se volvió más baja. —Comprendí que los sentimientos podían destruirme. —... —Así que dejé de depender de ellos. Kael guardó silencio. —No significa que desaparecieran. aclaró Aleksei. —Simplemente dejaron de gobernarme. —¿Y funcionó? —Sí. La respuesta fue inmediata. —Me permitió sobrevivir. Me permitió seguir trabajando. Me permitió seguir avanzando. Observó las luces de Arcadia. —Me permitió construir todo esto. Kael entendía perfectamente lo que quería decir. Pero también percibía algo más. —Y aun así no eres feliz. Aleksei soltó una carcajada inesperada. —Directo al objetivo. —Es verdad. —Sí. Admitió Aleksei. Por primera vez no intentó ocultarlo. —No soy infeliz. Pero tampoco estoy completo. Miró hacia los jardines donde sus chicas seguían conversando a la distancia. —Ellas me ayudan. Las quiero sinceramente. Aleksei sonrió. —Pero algunas heridas no se llenan. El silencio regresó. Finalmente el científico se volvió hacia Kael. —Por eso te conté esta historia. —¿Para advertirme? —Para prepararte. Kael lo observó. —El IBN te hará más fuerte. Más rápido. Más inteligente. Aleksei hizo una pausa. —Y algún día te obligará a decidir qué estás dispuesto a perder. El viento movió suavemente las ramas de los árboles. —Cuando llegue ese momento... continuó. —No habrá una respuesta correcta. —... —Solo una decisión. Kael pensó inmediatamente en Mara. En Elena. En los Retornados. Y sintió un escalofrío. Aleksei notó la expresión. —Ya entendiste. —Sí. murmuró Kael. El científico asintió lentamente. —Bien. Por unos segundos ninguno habló. Luego Aleksei sonrió con una pizca de ironía. —Aunque si algún día decides formar un harén para afrontar el problema de otra manera... —No. —Ni siquiera terminé la frase. —No. —Tu respuesta fue demasiado rápida. —Porque ya conozco la pregunta. Aleksei soltó una carcajada. Por primera vez en toda la conversación una carcajada auténtica. Y mientras ambos seguían caminando por los senderos de Arcadia, Kael comprendió algo importante. Aleksei no se había vuelto fuerte porque dejó de sentir. Se había vuelto fuerte porque siguió adelante a pesar de seguir sintiendo. Y quizás esa diferencia era mucho más importante de lo que parecía. Los dos continuaron caminando. El aire era tranquilo. Las luces de Arcadia brillaban a la distancia. Y durante varios minutos ninguno dijo nada. Las palabras de Aleksei seguían resonando en la mente de Kael. "Algún día te obligará a decidir qué estás dispuesto a perder." Finalmente Kael habló. —Tengo una duda. —Adelante. —Si sabías lo que podía hacer el IBN... —... —¿Por qué no fuiste a Nexum? Aleksei lo miró. —¿A Nexum? —Sí. —Podías olvidar. Si la olvidabas, el IBN habría cambiado de parecer. Por primera vez Aleksei sonrió. Una sonrisa pequeña. Triste. —Olvidar no significa dejar de sentir. Kael enseguida lo recordó por su madre. La olvidó al entrar a Nexum pero no dejó de sentir su amor. —Si hubiera ido. Continuó Aleksei. —Habría significado que elegía morir. Kael lo entendió inmediatamente. Nexum no era una solución. Era una renuncia. —Porque ella viviría. murmuró. —Sí. respondió Aleksei. —Y yo no. El silencio volvió. Por primera vez Kael observó aquel viejo dolor desde otro ángulo. Porque hasta entonces solo había visto la decisión. No el precio. Aleksei había elegido vivir. Pero también había elegido cargar con aquella culpa durante décadas. Y entonces un pensamiento horrible apareció en la mente de Kael. Mara. Su estómago se contrajo. Mara sonriendo. Mara entrenando. Mara enfadándose con él. Mara preocupándose por él. Mara. Y de repente comprendió perfectamente el miedo que Aleksei había intentado explicarle. —No. murmuró. Aleksei lo miró. —¿Qué ocurre? Kael bajó la mirada. —Si algún día me pidiera algo así... Su voz sonó más baja. —No podría hacerlo. No hacía falta explicar de quién hablaba. Aleksei entendió inmediatamente. —Lo sé. —No podría. repitió Kael. —No importa lo que gane. No importa lo que me ofrezca. No importa cuánto evolucione. Apretó los puños. —No podría quitarle la vida a alguien que amo. El viento recorrió los jardines. Aleksei no respondió. Simplemente escuchó. Porque recordaba perfectamente haber pronunciado palabras parecidas muchos años atrás. —Entonces morirás. dijo finalmente. —Quizás. —¿Lo aceptarías? Kael permaneció en silencio unos segundos. —No. Aleksei levantó una ceja. —¿No? —No voy a morir. Aquella respuesta fue tan inmediata que incluso sorprendió al científico. —Explícate. Kael levantó la vista. Y por primera vez había algo distinto en sus ojos. Determinación. —Pelearía. —¿Contra el IBN? —Sí. Aleksei soltó una pequeña risa. —Otros lo han intentado. —Yo no soy otros. —Eso es exactamente lo que dirían. —Conmigo va a ser diferente. La respuesta hizo que Aleksei sonriera. —Continúa. Kael respiró profundamente. —He pasado toda mi vida escapando de cosas imposibles. Corriendo donde otros no irían. Metiéndome en problemas absurdos. Sobreviviendo a situaciones que no debía sobrevivir. Luego sonrió. Esa sonrisa tan característica. La misma que aparecía antes de hacer algo extremadamente peligroso. —Si el IBN cree que voy a aceptar algo así... —... —Entonces tendrá que pelear conmigo. Aleksei guardó silencio. —No pienso darle ese gusto. continuó Kael. —No pienso entregarle a la persona que amo. No pienso convertirme en alguien capaz de hacerlo. Sus ojos permanecían firmes. —Buscaré otra solución. La encontraré. Aunque tenga que romper todas las reglas. Aleksei lo observó. Y durante unos segundos... No vio al joven impulsivo. No vio al corredor. No vio al piloto novato. Vio algo más. Una voluntad. Una obstinación casi absurda. La clase de determinación que había cambiado el curso de guerras enteras. Por un instante. Solo un instante. Una parte de Aleksei se preguntó si era posible. Si aquel muchacho podía lograr algo que él y otros usuarios IBN jamás había conseguido. Si podía encontrar una tercera opción donde aparentemente solo existían dos. La idea era irracional. Improbable. Quizás imposible. Y aun así... Por una fracción de segundo... Kael consiguió que lo creyera. Aleksei sonrió. Una sonrisa auténtica. —Ahora entiendo por qué sigues vivo. —¿Solo ahora? —Tenía sospechas. Kael soltó una pequeña risa. Y ambos continuaron caminando por los jardines de Arcadia. Uno cargando el peso de una decisión que había tomado décadas atrás. El otro negándose siquiera a aceptar que algún día tendría que tomarla. Quizás Kael estaba siendo ingenuo. Quizás estaba siendo arrogante. Quizás estaba desafiando algo mucho más grande que él. Pero mientras observaba aquel joven avanzar con la misma terquedad con la que siempre corría hacia el peligro, Aleksei pensó algo que jamás habría admitido en voz alta. Quizás la humanidad había avanzado precisamente gracias a personas así. Personas que miraban una elección imposible y respondían: "No. Buscaré otra salida." Aleksei permaneció en silencio después de escuchar la respuesta de Kael. Los dos caminaban lentamente por los senderos de Arcadia. La conversación había tomado un rumbo mucho más serio de lo habitual. Entonces Kael recordó algo. Algo que ambos sabían perfectamente. —Quizás mi habilidad pueda servirme. Aleksei cruzó los brazos. —¿Potenciar Armas? —No necesariamente esa parte. —Kael... El científico negó con la cabeza. —Potenciar Armas no va a ayudarte a combatir al IBN. —Lo sé. —De hecho probablemente sea una de las habilidades más compatibles con él. —También lo sé. Kael guardó silencio unos segundos. —Pero sigo pensando que hay algo más. Aleksei lo observó. —¿Algo más? —No sé. Kael se encogió de hombros. —Tengo la sensación de que mi habilidad todavía no está completa. El científico iba a responder algo. Pero se detuvo. Completamente. Sus ojos se entrecerraron. —Un momento. Ahora era Aleksei quien parecía estar pensando. Muy seriamente. —¿Aleksei? El científico ya no parecía estar escuchándolo. —No... murmuró. —¿Qué sucede? —Eso sería absurdo. —¿Qué sería absurdo? —Pero encajaría. —¿Qué encajaría? Aleksei se quedó inmóvil. Por primera vez en toda la conversación parecía genuinamente sorprendido. —No. —Aleksei. —No puede ser. —¿Qué no puede ser? Entonces los ojos del científico se iluminaron. Literalmente. La expresión típica de alguien que acababa de tener una idea peligrosa. Kael conocía perfectamente esa mirada. —No pongas esa cara. —Tengo que comprobar algo. —¿Qué cosa? —Tengo que revisar registros. —¿Qué registros? —Datos antiguos. —¿Cuáles datos? —Todos. —Eso no responde nada. —Lo sé. Y de repente... Aleksei comenzó a alejarse. —¿Aleksei? —Tengo que ir al laboratorio. —¿Ahora? —Ahora. —¿Y la conversación? —Después. —¿Después cuándo? —Cuando descubra si estoy loco. —Eso tampoco responde nada. —Lo sé. Y siguió caminando. —¡ALEKSEI! El científico se giró apenas un segundo. —Por cierto. —¿Qué? Aleksei señaló hacia el jardín. Las chicas. Todas observando la escena. Todas escuchando. Todas presentes. Lo cual significaba problemas. —Te las encargo y haz lo que quieras con ellas. No te vayas a ir. Silencio. —¿Qué? preguntó Kael. —No me importa. —¿QUÉ? —Estaré ocupado. —¡ESO NO ES UNA RESPUESTA NORMAL! —Lo sé. —¡Y NO PUEDES DECIR ESO E IRTE! —Acabo de hacerlo. Y antes de que Kael pudiera protestar nuevamente... Aleksei salió prácticamente corriendo. Corriendo. Aleksei. Lo cual era tan raro que durante unos segundos Kael olvidó indignarse. —¿Acaba de abandonarme? —Sí. respondieron varias chicas al mismo tiempo. —¿Y les dijo que hiciera lo que quisiera con nosotras? —Sí. —¿Y nadie piensa que eso es preocupante? —No particularmente. —¡YO SÍ! Las chicas comenzaron a reír. Una de ellas se acercó. —Si sirve de consuelo... —No servirá. —...es la primera vez que lo vemos abandonar una conversación tan rápido. Otra asintió. —Definitivamente encontró algo interesante. —Genial. Kael señaló en dirección al laboratorio. —Entonces él está emocionado por un descubrimiento misterioso. —Correcto. —Y yo me quedé aquí. —Correcto. —Solo. Las chicas sonrieron. —No exactamente solo. Kael miró alrededor. Demasiadas sonrisas. Demasiadas. —Aleksei es un traidor. —Lo escuchamos. dijo una de ellas. —Perfecto. Que lo escuche. Las risas llenaron nuevamente el jardín. Mientras tanto, en algún lugar de Arcadia, Aleksei probablemente ya estaba revisando miles de registros científicos con una obsesión absolutamente enfermiza. Y por primera vez en mucho tiempo, Kael tuvo la sensación de que aquella idea improvisada que había mencionado podría haber tocado algo mucho más importante de lo que ambos imaginaban. Lo cual era emocionante. Lamentablemente, primero tenía que sobrevivir a las siguientes horas atrapado en un jardín lleno de mujeres curiosas mientras el único responsable escapaba hacia un laboratorio. Una cobardía estratégica digna de estudio científico. Kael se quedó mirando la dirección por donde había desaparecido Aleksei. Luego miró a las chicas. Luego volvió a mirar la dirección del laboratorio. —Increíble. —¿Qué ocurre? preguntó una de ellas. —Me abandonó. —Sí. —Ni siquiera intentó disimularlo. —También es cierto. Kael suspiró. La realidad era sencilla. No tenía nada que hacer. No conocía qué demonios estaba investigando Aleksei. Y entrar en sus laboratorios sin permiso era una excelente manera de provocar una conferencia científica de seis horas sobre por qué no debía entrar en laboratorios ajenos. Así que terminó quedándose. Y para su propia sorpresa... No fue tan terrible. Un rato después estaban sentado en el suelo del jardín jugando cartas. —Te toca. —Lo sé —dijo Kael. —Llevas veinte segundos pensando. —Porque ustedes son sospechosas. —Eso suena a excusa. —No es una excusa. Es una acusación. Las chicas soltaron risas. Kael observó sus cartas. Observó las de una de ellas. Observó la expresión de otra. Observó los movimientos de una tercera. Las funciones cognitivas y neuronales del IBN trabajaban a toda velocidad. —Ajá. —¿Qué significa ese "ajá"? preguntó una. —Que tienes una carta alta. —No la tengo. —La tienes. —No. —Sí. —No. —Sí. La chica sonrió. —La tengo. —Lo sabía. —Tramposo. —Técnicamente no es trampa. —Usar procesamiento neuronal avanzado contra otros es trampa. —Objeción. —Denegada. Sin embargo el problema apareció pocos minutos después. Porque varias de las chicas también poseían implantes con funciones cognitivas. Y entonces el juego se convirtió en una auténtica guerra. —Espera. Kael entrecerró los ojos. —Acabas de contar cartas. —No lo hice. —Lo hiciste. —No puedes probarlo. —Porque borraste la evidencia. —Exactamente. —¡ESO NO AYUDA A TU DEFENSA! Las carcajadas llenaron el jardín. Pasaron horas así. Jugando. Conversando. Bromeando. Y en algún momento Kael tuvo un pensamiento aterrador. "Si Mara viera esto..." Se imaginó la escena. Mara cruzándose de brazos. Mirándolo. Sin decir absolutamente nada. Lo cual era mucho peor. "Estoy muerto." Luego imaginó a Elena. —¿Pasaste toda la tarde con un harén? —No es lo que parece. —Claro que sí. "Estoy doblemente muerto." Kael decidió que ciertos detalles de Arcadia podían permanecer clasificados. Por el bien de su supervivencia. El sol artificial comenzaba a descender cuando una voz familiar apareció detrás de ellos. —Veo que sobreviviste. Kael levantó la vista. —¡Aleksei! El científico acababa de regresar. —¿Encontraste lo que buscabas? —Tal vez. —¿Tal vez? —Necesito más datos. —Eso significa sí. —Probablemente. Aleksei observó la mesa. Las cartas. Las fichas. Las expresiones competitivas. Y sonrió. —Curioso. Kael ya conocía ese tono. —No. —Pensé que estarías haciendo otra cosa. Silencio. Varias chicas comenzaron a reír inmediatamente. —No. dijo Kael. —Ni siquiera terminé la frase. —No. —Quizás te adaptaste rápido a Arcadia. —No. —Quizás descubriste nuevos intereses. —NO. Las risas ya eran imparables. Aleksei tomó una carta de la mesa. —Debo admitir que estoy algo decepcionado. —¿Decepcionado? —Sí. —¿Por qué? —La eficiencia genética fue nula. Kael dejó caer la cabeza. —Otra vez no. —Es una preocupación legítima. —No te voy a dar mi genética. —Podrías donar una pequeña cantidad. —¡NO DE ESE MODO! El jardín explotó en risas. Incluso algunas de las chicas tuvieron que secarse lágrimas de los ojos. Aleksei parecía completamente satisfecho consigo mismo. Lo cual era una señal inequívoca de que estaba siendo insoportable a propósito. —Deja de insistir. —Lo consideraré. —Eso significa que no lo harás. —Correcto. Kael señaló a Aleksei. —Eres imposible. —Y sin embargo sigues visitándome. —Porque eres mi amigo. Las palabras salieron tan rápido que ninguno de los dos las esperaba. Hubo un pequeño silencio. Aleksei levantó una ceja. Kael también. Porque acababa de darse cuenta de lo que había dicho. Finalmente Aleksei sonrió. Una sonrisa pequeña. Sincera. —Supongo que sí. Y por una vez no hizo ninguna broma. Lo cual resultó mucho más extraño que todas las bromas anteriores juntas. Porque hay cosas que incluso los científicos obsesionados, los usuarios IBN legendarios y los dueños de ciudades flotantes tardan años en admitir. Y una de ellas es que, a veces, simplemente aprecian tener a alguien con quien compartir una partida de cartas, una discusión absurda y una tarde tranquila. Kael observó las cartas. Luego a las chicas. Luego a Aleksei. Y finalmente volvió a mirar a las chicas. —Necesito salir de aquí. Las risas aparecieron inmediatamente. —¿Tan mal la pasaste? preguntó una de ellas. —No. —Entonces no entendemos el problema. Kael se masajeó la frente. —Nunca había pasado tantas horas rodeado de tantas mujeres. Silencio. —¿En toda tu vida? —En toda mi vida. Las chicas intercambiaron miradas. —Eso explica muchas cosas. —¿Qué cosas? —Muchas cosas. —Eso tampoco explica nada. Aleksei soltó una pequeña carcajada. —Es una petición razonable. —Gracias. —Además creo que las has sobrevivido suficiente por un día. —¡Oye! protestaron varias. —Estoy intentando salvarlo. respondió Aleksei. —No necesita ser salvado. —Él claramente cree lo contrario. Kael señaló al científico. —Por fin dices algo inteligente. —Anotaré la fecha. —No lo hagas. —Ya lo hice mentalmente. Las chicas comenzaron a levantarse. La despedida fue inmediata. Y mucho más emotiva de lo que Kael esperaba. —Nos alegra que hayas venido. —La pasamos muy bien. —Tienes que regresar. —No tardes tanto la próxima vez. —Te vamos a extrañar. Kael sonrió. Un poco incómodo. Pero sinceramente. —Yo también me divertí. Las sonrisas se multiplicaron. Error. Grave error. Porque las chicas interpretaron aquello como una victoria absoluta. Ya no era aquel Kael serio, frío e indiferente. Y segundos después comenzaron a arrancar flores del jardín. —¿Qué hacen? —Regalos. —¿Por qué? —Porque sí. —No hace falta. —Demasiado tarde. Antes de que pudiera reaccionar ya tenía flores en los brazos. Y luego más flores. Y después todavía más flores. —Esto es excesivo. —No lo es. —Lo es. —No lo es. —Parezco una floristería ambulante. Las risas resonaron por todo el jardín. Una de las chicas colocó una pequeña flor azul entre las demás. —Para que recuerdes Arcadia y a nosotras. Otra añadió una flor blanca. —Y para que vuelvas. Kael observó el montón de flores. —Es la primera vez que me regalan tantas flores. Silencio. Luego varias sonrieron. —Eso es adorable. —No era el objetivo de la frase. —Demasiado tarde. —Otra vez. Aleksei observaba la escena con evidente diversión. —No puedes caminar por Arcadia así. comentó. —Gracias por notar lo obvio. —Pareces una ceremonia de inauguración. —Gracias por ayudar. —Estoy ayudando. —¿Cómo? —Riéndome. —Eso no cuenta. Finalmente Kael consiguió reducir el número de flores a algo mínimamente transportable. Aunque seguía siendo ridículo. —Volverás, ¿verdad? preguntó una de ellas. —Probablemente. —¿Probablemente? —Si Aleksei me arrastra otra vez. —Nos encargaremos de eso. Todas miraron al científico. Aleksei suspiró. —Ya estoy preocupado. —Funcionará. —Definitivamente funcionará. —Tenemos un plan. —Eso me preocupa todavía más. dijo Kael. Las chicas comenzaron a reír nuevamente. Porque la realidad era simple. A partir de ahora tendrían mucho trabajo. Sus investigaciones. Sus responsabilidades. Sus propios proyectos dentro de Arcadia. Pero aun así... Esperaban volver a verlo. Cuando finalmente llegó el momento de partir, varias se acercaron para despedirse. —Cuídate, Kael. —Ustedes también. —Y no te estrelles. —Intentaré no hacerlo. —Eso no sonó muy convincente. —Porque conocen a Aleksei. —Buen punto. Las últimas risas acompañaron la despedida. Y finalmente Kael y Aleksei abandonaron los jardines. Mientras caminaban por los senderos de Arcadia, Kael observó las flores que todavía llevaba consigo. —Esto sigue siendo ridículo. —A ellas les gustó. respondió Aleksei. —Lo noté. —Te tomaron cariño. Kael permaneció unos segundos en silencio. —Son buenas chicas. Aleksei sonrió. —Lo sé. Por detrás, las chicas seguían observándolos alejarse. Algunas saludando. Otras sonriendo. Otras ya hablando de cuándo volvería. Y aunque ninguna lo dijo en voz alta, todas compartían el mismo pensamiento. Arcadia se había vuelto un lugar un poco más divertido desde que aquel muchacho testarudo, piloto novato y usuario IBN incapaz de aceptar una propuesta genética razonable había aparecido en sus vidas. Y estaban decididas a asegurarse de que regresara algún día. Aunque tuvieran que convencer a Aleksei por agotamiento psicológico. Una estrategia que, siendo honestos, tenía bastantes posibilidades de éxito.
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Estás leyendo el capítulo 87 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 5 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.