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Leer Nexum (Novela) Capítulo 86 online gratis en español

El viaje de regreso transcurría con sorprendente normalidad. Algo que todavía resultaba extraño para Kael. Después de tantos meses entrenando con simulaciones donde todo explotaba cada cinco minutos, una nave funcionando correctamente parecía casi sospechosa. El Interceptor atravesaba los cielos de Asterión con suavidad. Kael mantenía la ruta establecida. Controlando velocidad. Altitud. Consumo energético. Todo exactamente como le habían enseñado. Y lo mejor de todo... Lo estaba disfrutando. Mucho. De vez en cuando miraba las grabaciones almacenadas. Las imágenes de la base. La Franja. La Ciudad. Los Retornados. Había creado una carpeta especial para ellas. No pensaba borrarlas jamás. Stern observó la pantalla. —Ya las revisaste cuatro veces. —Tres. —Cuatro. —Tres y media. —Eso no existe. —Ahora existe. Stern negó con la cabeza. —Eres peor de lo que imaginaba. —Gracias. —No era un cumplido. —Lo sé. Kael relajó un poco los hombros. Ya comenzaba a sentirse cómodo pilotando la nave. Demasiado cómodo, quizá. Porque unos segundos después, una señal apareció en el radar. Stern levantó la mirada. —Tenemos compañía. Kael observó la pantalla. —¿Una nave? —Sí. —¿Identificación? Stern revisó los datos. —Ninguna. Kael frunció el ceño. La nave se aproximaba rápidamente desde atrás. Entonces apareció otra advertencia. PROTOCOLO DE INTERCEPCIÓN HOSTIL DETECTADO. Kael dejó de sonreír. —Stern... —Lo veo. La nave desconocida modificó su trayectoria. Directamente hacia ellos. —¿Nos está apuntando? —Sí. Kael reaccionó inmediatamente. —Cambio a maniobra evasiva. La Raptor descendió bruscamente y luego se inclinó hacia un costado. La nave desconocida la siguió. Kael realizó un giro cerrado. La otra nave respondió. —Es buena —murmuró Kael. —Muy buena. Stern permanecía sorprendentemente tranquilo. —No intentes superarla en maniobras largas. —¿Entonces? —Hazla reaccionar. Oblígala a cometer un error. Kael cambió nuevamente la trayectoria. La Raptor ascendió, giró y volvió a descender. Pero la nave enemiga permanecía detrás. Cada vez más cerca. —No puedo quitármela de encima. —No te precipites. —Ya estoy bastante precipitado. —Lo noto. Kael apretó los controles. Otra maniobra. Otra. Nada. La nave seguía detrás de ellos. Entonces el sistema emitió una nueva alerta. FIJACIÓN DE ARMAMENTO COMPLETADA. Kael sintió un vacío en el estómago. —Nos tiene. Stern miró la pantalla. —Sí. La nave desconocida estaba perfectamente alineada. —Tres segundos para lanzamiento. Kael miró los controles. No había tiempo. Entonces recordó algo. Su IBN. La energía. La capacidad de Potenciar Armas. Y una idea completamente absurda apareció en su cabeza. —Stern... —No. —Todavía no dije nada. —Por tu expresión, ya sé que es una mala idea. —Necesito que confíes en mí. Stern lo miró durante un segundo. —Hazlo. Kael enlazó su IBN con los sistemas de la Raptor. Los instrumentos comenzaron a parpadear. INTERFAZ IBN DETECTADA. —Vamos... La energía comenzó a recorrer los sistemas de la nave. Kael sintió una presión brutal en la cabeza. —¡Ahora! La Raptor redujo su velocidad prácticamente de golpe. El cuerpo de Kael se fue hacia adelante. Stern se sujetó como pudo. La nave desconocida reaccionó inmediatamente. Pero demasiado tarde. Su piloto también frenó. La diferencia de velocidad, sin embargo, ya estaba decidida. La nave pasó por encima de ellos. Durante un instante quedó completamente expuesta. Kael abrió los ojos. —La tengo. La Raptor había quedado detrás. La nave desconocida estaba ahora frente a ellos. Kael movió los controles. El sistema de armamento comenzó a fijarla. —Objetivo adquirido. Pero entonces Kael sintió que todo el cuerpo le pesaba toneladas. La maniobra había sido demasiado brusca. Su visión comenzó a oscurecerse. Stern apenas consiguió mantener los ojos abiertos. —Kael... —Estoy... Kael respiró con dificultad. —...bien. —No pareces bien. —Estoy... La cabina comenzó a girar lentamente ante sus ojos. Entonces una señal de comunicación apareció. LLAMADA ENTRANTE. Kael apenas podía verla. —¿Quién...? Stern consiguió enfocar la pantalla. Y se quedó completamente inmóvil. —Contesta. Kael activó la comunicación. Una imagen apareció frente a ellos. Aleksei. Sentado tranquilamente en su nave. —Buenas tardes. Kael parpadeó. —¿Aleksei? —Exactamente. Kael miró la nave que tenían frente a ellos. Luego volvió a mirar a Aleksei. —¿Esa nave es tuya? Aleksei sonrió. —Sí. Stern cerró los ojos. —Lo sabía. Kael todavía respiraba con dificultad. —¿Entonces por qué demonios nos apuntaste? —Quería comprobar algo. —¡¿COMPROBAR QUÉ?! Aleksei miró los datos que aparecían en su pantalla. —Tu capacidad de reacción. Kael se quedó mirándolo. —Casi nos matas. —Pero no lo hice. —¡ESO NO ES UN ARGUMENTO! Aleksei sonrió. —Funcionó. Kael apoyó la cabeza contra el respaldo. —Voy a matarte. —Después de recuperar el conocimiento, preferiblemente. Stern soltó una risa cansada. —Por una vez estoy de acuerdo con Kael. Aleksei inclinó ligeramente la cabeza. —Stern. —Aleksei. —Buen trabajo. —Gracias. Stern miró a Kael. —Aunque tu alumno casi nos mata a ambos. —No fue mi intención. —Eso espero. Kael volvió a mirar la nave de Aleksei. Ahora que sabía quién estaba dentro, la tensión había desaparecido. Pero quedaba una pregunta. —¿Por qué hiciste todo esto? Aleksei sonrió. —Porque quería ver cuánto habías aprendido. Kael abrió los ojos. —¿Y? Aleksei observó los datos durante unos segundos. —Has mejorado bastante. Kael sonrió. —¿De verdad? —Sí. Pausa. —Aunque esa maniobra fue una locura. La sonrisa de Kael desapareció. —Funcionó. —Eso no la convierte en una buena maniobra. Stern asintió. —Por fin alguien sensato. Kael miró a ambos. —¿Van a seguir haciendo equipo para regañarme? —Probablemente. respondió Aleksei. —Perfecto. Kael dejó caer la cabeza contra el asiento. —Solo quería pilotar tranquilo. Stern soltó una carcajada. —Te estás acostumbrando demasiado rápido a la vida de piloto de combate. —Ahora que ya sabes pilotar, necesito que vengas a Arcadia —le dijo Aleksei. —¿Ahora? —Sí. —¿Por qué? —Lo descubrirás cuando llegues. —Eso me preocupa. —Debería. Stern suspiró. —Siempre hacen eso. —¿Qué cosa? —Hablar como villanos misteriosos. Aleksei ignoró completamente el comentario. —Te esperaré en Arcadia. —Primero debo dejar al instructor. —Obviamente. —Bien. —Bien. Durante unos segundos hubo silencio. Entonces Aleksei sonrió. Y eso casi siempre significaba problemas. —Una pregunta. —No. —Todavía no la hice. —No importa. —¿Quieres ver cuál nave es más rápida? Kael sonrió inmediatamente. Stern cerró los ojos. —No. —Sí. —No. —Sí. —No. —Sí. Aleksei ya estaba riéndose. —Solo hasta la Sede. —No. —Dentro de los límites autorizados. —No. —Siguiendo protocolos. —No. —Legalmente. —Eso es lo que más me preocupa. Kael ya estaba revisando parámetros. —Acepto. —Sabía que dirías eso. Stern observó a ambos. —Son iguales. —Eso es ofensivo. dijeron ambos al mismo tiempo. Silencio. —¿Ven? dijo Stern. —Exactamente iguales. Las dos naves comenzaron a acelerar. No era una competencia oficial. Ni una carrera absurda. Al menos no completamente. Era más bien un desafío amistoso entre pilotos, uno veterano y un novato. Dos usuarios IBN disfrutando de máquinas extraordinarias. Los motores rugieron. Las ciudades quedaron atrás. Las nubes desaparecieron. Y durante varios minutos las dos naves atravesaron el cielo como proyectiles de luz. Kael reía como un niño. Aleksei tampoco parecía particularmente serio. Lo cual probablemente explicaba muchas cosas sobre ambos. Finalmente las enormes estructuras de la Sede del Gobierno Mundial aparecieron en el horizonte. Torres. Puertos aéreos. Corredores. Miles de luces. Ambas naves redujeron velocidad. Ingresaron a los corredores autorizados. Y aterrizaron sin incidentes. Para decepción de Stern, que seguramente esperaba al menos una pequeña emergencia educativa. Cuando los motores se apagaron, Aleksei abrió nuevamente el canal. —Nos vemos arriba. Señaló el cielo. Arcadia brillaba suspendida sobre la Ciudad. Majestuosa. Imponente. Lejana. —No tardes. añadió. —Intentaré no hacerlo. —Intenta más fuerte. Y con eso su nave volvió a elevarse. Ascendiendo hacia la inmensa ciudad flotante. Kael observó cómo desaparecía entre las alturas. Luego se volvió hacia Stern. —Gracias. El instructor levantó una ceja. —¿Por qué? —Por todo. Por primera vez Stern no respondió con sarcasmo. Solo asintió. —Has trabajado duro. —Fue difícil pero valió la pena. —Y todavía te falta mucho por aprender. —Lo sé. —Bien. Cuando el instructor descendió finalmente de la nave, Kael permaneció unos segundos dentro de la cabina. Observando los controles. Las pantallas. Su Interceptor. Su nave. La misma que meses atrás parecía un sueño imposible. Luego activó nuevamente los sistemas. Los motores cobraron vida. Y el Interceptor comenzó a elevarse. Con destino. Arcadia. La ciudad en el cielo. Donde Aleksei lo esperaba. Y donde, conociendo a Aleksei, probablemente lo aguardaban nuevas responsabilidades, nuevas oportunidades... y alguna situación absurda relacionada con su harén. Porque algunas constantes del universo parecen tan inevitables como la gravedad. Y Aleksei era una de ellas. Arcadia apareció nuevamente frente al parabrisas del Interceptor. Esta vez la aproximación fue mucho más natural para Kael. Meses atrás habría estado revisando cada indicador diez veces. Ahora simplemente seguía los procedimientos con tranquilidad. Ya conocía su nave. Conocía sus respuestas. Sus límites. Sus sistemas. Y sobre todo, comenzaba a confiar en ella. Algo fundamental para cualquier piloto. Tras completar el aterrizaje y dejar la nave en su plataforma asignada, Kael descendió por la rampa. Sabía exactamente dónde buscar a Aleksei. No en el laboratorio. No al principio. Había aprendido ciertas cosas durante su estancia en Arcadia. Y una de ellas era que existía una probabilidad absurdamente alta de encontrar a Aleksei en los jardines privados. —Si no está allí, entonces está en el laboratorio. murmuró mientras caminaba. —Y si está en el laboratorio, seguramente estuvo antes en los jardines. La lógica era impecable. O preocupante. Probablemente ambas. Cuando llegó al enorme jardín suspendido, observó los senderos. Los lagos artificiales. Los árboles exóticos. Las estructuras blancas cubiertas de flores. Pero Aleksei no estaba. Kael se quedó quieto unos segundos. Miró a un lado. Luego al otro. —¿No está? Silencio. —Perfecto. Entonces se giró. Con la intención muy sensata de marcharse antes de que ocurriera algo. No llegó ni a dar tres pasos. —¡Kael! —¡Volvió! —¡Por fin! —¡Sabíamos que vendrías! —¡Te demoraste demasiado! Kael cerró los ojos. —Demasiado tarde. Cuando volvió a abrirlos ya tenía delante a varias de las chicas del harén de Aleksei. Aparecidas de quién sabe dónde. Como si Arcadia hubiera desarrollado un sistema de alerta temprana específica para detectar visitantes. —Te extrañamos. —Estábamos esperando tu visita. —¿Cómo estuvo el entrenamiento? —¿Ya pilotas tu nave? —¿Es verdad que ahora tienes licencia? Las preguntas comenzaron a llegar en todas direcciones. Kael sonrió con resignación. —Una a la vez. —No. —Debí imaginarlo. A pesar de todo mantenía cierta distancia. No porque le desagradaran. Simplemente era su forma de ser. Además, después de Mara, cualquier situación parecida le parecía peligrosamente complicada. Las chicas parecieron notarlo. Y curiosamente lo respetaban. Lo molestaban. Lo rodeaban. Le hacían preguntas incómodas. Pero respetaban los límites. Mientras conversaban, Kael comenzó a verlas de una manera diferente. La primera vez que estuvo allí se había sentido completamente fuera de lugar. Confundido. Abrumado. Prácticamente aterrorizado. Ahora podía observarlas mejor. Y comprendió algo. Eran buenas personas. Muy distintas entre sí. Algunas tranquilas. Otras enérgicas. Otras bromistas. Otras intelectuales. Pero todas parecían preocuparse genuinamente por Aleksei. Y también por él. Lo cual seguía resultándole extraño. —Aleksei habla bastante de ti. comentó una de ellas. Kael levantó una ceja. —¿Aleksei? —Sí. —¿Hablar bastante? —Muchísimo. Varias comenzaron a asentir. —Más de lo que crees. —Eso no me inspira confianza. —Es peor cuando habla de sus investigaciones. —Mucho peor. Las risas se extendieron por el jardín. Kael terminó relajándose poco a poco. Porque comenzaba a entender algo. Las chicas no solo estaban felices de verlo por él mismo. También estaban felices porque Aleksei parecía haber encontrado alguien con quien compartir parte de su vida. Alguien que no fuera un científico. Ni un subordinado. Ni un funcionario. Ni un investigador. Un amigo. Aunque ninguno de los dos usaría esa palabra fácilmente. —¿Sabes? dijo una de ellas. —¿Qué? —Nos alegra que tenga un amigo que lo visite. Kael la observó. —Pasa demasiado tiempo trabajando. continuó ella. —Lo sabemos. —A veces olvida descansar. —También lo sabemos. —Y aunque no lo admita, le hace bien tener compañía. Kael sonrió ligeramente. —No se lo diré. —Lo imaginamos. Otra de las chicas rió. —Pero sabemos que lo entiendes. Por unos segundos Kael recordó a los Retornados. A Elias. A Varek. A Mara. A Elena. Personas que también se preocupaban unas por otras sin necesidad de decirlo constantemente. Era curioso. Arcadia y la base de los Retornados eran mundos completamente distintos. Y aun así, en ambos lugares, las personas seguían siendo personas. Seguían creando lazos. Seguían cuidándose. Kael terminó sentándose junto al grupo mientras la conversación continuaba. Todavía mantenía cierta distancia prudente. Todavía evitaba quedar atrapado en preguntas demasiado personales. Pero ya no estaba incómodo. Porque había descubierto algo importante. Detrás de toda aquella energía, de las bromas y del comportamiento pegajoso, había un grupo de chicas que simplemente apreciaban a Aleksei y estaban felices de ver que, por primera vez en mucho tiempo, él tenía alguien con quien compartir parte de su mundo. Y aunque jamás lo admitiría delante de Aleksei, Kael también estaba empezando a apreciar aquel extraño rincón de Arcadia. Incluso si cada visita implicaba sobrevivir a un interrogatorio social perfectamente coordinado. Algunas amenazas no aparecen en los manuales de vuelo. El jardín de Arcadia seguía tan tranquilo como siempre. Flores extrañas. Árboles traídos de distintos rincones de Asterión. Pequeños estanques iluminados. Y en medio de todo aquello... Kael intentando retirarse educadamente. —Tengo que buscar a Aleksei. —Después. —Ahora. —Después. —Ahora. —Después. Kael empezaba a comprender por qué incluso un científico brillante a veces parecía agotado. Ninguna simulación de combate lo había preparado para aquello. Las chicas seguían conversando con él. Haciéndole preguntas a diestra y diniestra. Bromeaban con él. Y ocasionalmente intentando obtener información personal. Intentándolo. Porque obtenerla era otra historia. Fue entonces cuando una voz conocida apareció detrás de ellos. —Interesante. Kael cerró los ojos. —Ya llegó. Aleksei avanzó por el sendero observando la escena. Sus chicas rodeando a Kael. Kael claramente intentando mantener una distancia prudente. Y ninguna intención aparente de las chicas de dejarlo escapar. —Veo que encontraste el jardín primero. Comentó Aleksei. Kael se puso algo incómodo. —No es lo que parece. —Claro que lo es. —No. —Viniste a buscarme al jardín. —Porque te conozco. —Continúa. —Y suponía que estarías aquí. —Con mis chicas. —Exactamente. Aleksei sonrió. —Una deducción perfectamente razonable. —Gracias. —Además correcta. Las chicas comenzaron a reír. Kael se frotó la frente. —Lo estás haciendo sonar peor de lo que es. —No veo cómo. —Porque no vine por ellas. —Lo sé. —Bien. —Viniste por mí. —Eso tampoco sonó bien. Las risas aumentaron. Aleksei tomó asiento cerca de ellos. Observando la situación. —Aunque sinceramente no habría ningún problema. —¿Con qué? preguntó Kael con desconfianza. —Con recibir ayuda. Kael ya conocía ese tono. Y nunca traía nada bueno. —No. —Todavía no expliqué. —No importa. —Escucha primero. —Eso me preocupa más. Las chicas parecían cada vez más interesadas. Aleksei continuó con absoluta tranquilidad. —No siempre puedo atenderlas a todas. Silencio. Kael ya sabía hacia dónde iba aquello. —Aleksei... —Además. continuó el científico. —Eres usuario IBN. —Aleksei. —La preservación genética de los usuarios IBN es un asunto importante. —Aleksei. —Desde un punto de vista estadístico... —Aleksei. Varias chicas se quedaron completamente inmóviles. Luego una abrió mucho los ojos. —¿Está proponiendo lo que creo que está proponiendo? —Creo que sí. —¿En serio? —¿De verdad? El jardín entero pareció iluminarse. Kael se puso de pie inmediatamente. —¡NO! Silencio. —No. repitió. —Ni hablar. —Fue una negativa muy rápida. comentó Aleksei. —Porque la respuesta es muy simple. —Entiendo. Las chicas soltaron risitas. —Ni siquiera lo pensaste. —No había nada que pensar. —Eso fue inmediato. —Correcto. Aleksei observó a Kael unos segundos. Y para sorpresa de todos, su expresión se volvió algo más seria. —Lo digo porque confío en ti. Las risas disminuyeron. —No haría esta propuesta a cualquier persona. continuó. —Lo sé. respondió Kael. Y era verdad. Aleksei no compartía nada suyo con facilidad. Ni información. Ni proyectos. Ni responsabilidades. Ni personas importantes para él. Por eso precisamente Kael entendió que, detrás de la broma, existía una muestra de confianza genuina. Una confianza enorme. Pero aun así negó con la cabeza. —Nunca haría algo así. —¿Por qué? preguntó una de las chicas. Kael sonrió ligeramente. —Porque no soy esa clase de persona. Luego añadió algo que hizo que varias se miraran entre sí. —Y además ya estoy enamorado de una chica. El silencio fue inmediato. Aleksei simplemente asintió. Como si confirmara una hipótesis científica. —Lo imaginaba. —¿Lo imaginabas? —Era evidente. Cuando te lo había preguntado antes te quedaste pensando. Varias chicas comenzaron a asentir. —Muy evidente. —Ridículamente evidente. —Ni siquiera intenta ocultarlo. Kael sintió que todos se habían puesto de acuerdo para burlarse de él. —Gracias por el apoyo. —Para eso estamos. Respondió una de ellas entre risas. Aleksei terminó apoyándose contra el respaldo de su asiento. —Entonces asunto cerrado. —Correcto. —Aunque estadísticamente era una propuesta razonable. —No vuelvas a empezar. Las chicas volvieron a reír. Y el tema quedó atrás. Porque incluso Aleksei entendía cuándo dejar de insistir. Más o menos. Mientras el sol artificial de Arcadia iluminaba los jardines flotantes, Kael se relajó nuevamente. Pero ya no se sentía extraño allí. Aquellas chicas eran buenas personas. Y aunque a veces parecían una fuerza de la naturaleza imposible de contener, también se alegraban sinceramente de que Aleksei hubiera encontrado un amigo. Uno al que confiaba cosas que raramente confiaba a nadie. Aunque, por suerte para Kael, la preservación de la genética IBN acababa de perder a un candidato de forma absolutamente definitiva. Mara probablemente jamás sabría de aquella conversación. Y si algún día llegaba a enterarse, Kael sospechaba que preferiría enfrentarse a una tormenta orbital antes que explicarla.
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Nexum (Novela) Capítulo 86

Estás leyendo el capítulo 86 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 5 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.