Leer Nexum (Novela) Capítulo 85 online gratis en español
Una hora después encontró al instructor Stern revisando informes en uno de los hangares.
—Necesito algo.
Stern levantó la vista.
—Eso suele significar trabajo para mí.
—Quiero entrenar con el Interceptor.
—No.
—Ni siquiera terminé la frase.
—La respuesta sigue siendo no.
—Solo quiero verlo.
Stern lo observó unos segundos.
—Eso sí.
—Perfecto.
—Por ahora.
—Aceptable.
Minutos después ambos caminaban por el Hangar 42-C.
El Interceptor ES-7 descansaba donde siempre.
Elegante.
Amenazante.
Impresionante.
Kael seguía pensando que parecía una criatura esperando despertar.
Las luces del hangar se reflejaban sobre el fuselaje azul.
La nave parecía incluso más hermosa que la primera vez que la vio.
—Todavía me gusta.
—Eso es bueno.
—¿Por qué?
—Porque vas a pasar muchas horas dentro de ella.
—También es cierto.
Stern rodeó lentamente la nave.
Luego se volvió hacia él.
—Ahora viene la parte aburrida.
—Siempre dices eso antes de intentar destruir mi felicidad.
—Experiencia profesional.
Kael suspiró.
—Adelante.
El instructor señaló la nave.
—¿Quieres pilotarla?
—Sí.
—¿De verdad?
—Sí.
—Entonces todavía no estás listo.
—Sabía que venía algo así.
Stern activó varios documentos holográficos.
Cientos de páginas aparecieron frente a Kael.
—¿Qué es eso?
—El manual.
—Parece una biblioteca.
—Correcto.
—¿Tengo que leerlo entero?
—Varias veces.
—Te odio.
—Eso también es normal.
Kael observó la montaña de información.
Sistemas energéticos.
Reactor.
Armamento.
Propulsión.
Navegación.
Mantenimiento.
Protocolos de emergencia.
Diagnósticos.
Procedimientos.
Sistemas auxiliares.
—¿No basta con saber pilotarla?
preguntó.
Stern casi pareció ofendido.
—¿Sabes qué ocurre cuando una nave de combate presenta una falla en vuelo?
—Problemas.
—Muerte.
—Eso también.
—Por eso conocerás cada sistema primero.
—Entendido.
Pero aquello no era todo.
Stern activó otra pantalla.
Esta vez aparecieron datos fisiológicos.
Presión sanguínea.
Aceleración.
Fuerzas gravitacionales.
Tolerancia humana.
Kael ya sabía que no le iba a gustar.
—Este es tu siguiente entrenamiento.
—Eso sonó amenazante.
—Porque lo es.
Stern señaló una gráfica.
—Las naves de combate no son transportes civiles.
—Lo sé.
—No vuelan despacio.
—Lo sé.
—No hacen maniobras suaves.
—Lo sé.
—Y les importa muy poco la comodidad del piloto.
—Eso también lo imaginaba.
El instructor asintió.
—Durante ciertas maniobras puedes experimentar fuerzas gravitacionales suficientes para dejar inconsciente a una persona sin entrenamiento.
Kael observó los números.
—Eso parece desagradable.
—Lo es.
—Perfecto.
Stern continuó.
—Tu IBN puede ayudarte.
—Lo sé.
—Pero quiero que aprendas a soportarlo sin depender completamente de él.
Kael asintió.
Porque aquello tenía sentido.
Demasiado sentido.
Y normalmente las cosas con sentido terminaban siendo difíciles.
Durante los días siguientes comenzó un nuevo entrenamiento.
Cámaras de aceleración.
Simuladores gravitacionales.
Pruebas de resistencia.
Control respiratorio.
Control muscular.
Control mental.
Kael descubrió rápidamente que existían formas científicas de convertir la existencia humana en una experiencia miserable.
Los especialistas parecían conocerlas todas.
Un día salió tambaleándose de una de las cámaras.
—Estoy empezando a sospechar que intentan matarme.
—Si intentáramos matarte seríamos más eficientes.
—Eso no me tranquiliza.
—No era el objetivo.
Aun así progresaba.
Cada semana soportaba más.
Más aceleración.
Más tiempo.
Más exigencia.
Su cuerpo se adaptaba.
Su mente también.
Y el IBN ayudaba, aunque cada vez dependía menos de él.
Porque quería poder reaccionar incluso si algún día debía enfrentarse a una emergencia sin apoyo tecnológico.
Una tarde, después de otra sesión especialmente brutal, Kael regresó al hangar.
Se quedó observando el Interceptor.
Las luces estaban apagadas.
Silencioso.
Esperando.
Todavía no podía volarlo.
No realmente.
Todavía quedaban pruebas.
Horas de estudio.
Entrenamiento físico.
Más simulaciones.
Más procedimientos.
Más sufrimiento educativo patrocinado por Stern.
Pero cada día estaba un poco más cerca.
Y mientras observaba aquella nave comprendió algo.
No estaba entrenando para tener una máquina impresionante.
Estaba entrenando para ser digno de ella.
Porque un Interceptor como ese no perdonaba errores.
Y el cielo tampoco.
Mucho menos el espacio.
Lugares hermosos, inmensos y extraordinariamente indiferentes a que un piloto se sintiera preparado o no. Por desgracia para Kael, el universo jamás ha aceptado como excusa la frase: "creí que ya sabía suficiente".
El día finalmente llegó.
Después de varias semanas de teoría.
Simuladores.
Exámenes.
Manuales interminables.
Pruebas gravitacionales que parecían diseñadas por personas con problemas personales contra los pilotos.
Kael estaba nuevamente frente al Interceptor.
El Interceptor Raptor.
Sería la primera vez que iba a pilotarlo.
El hangar estaba más silencioso de lo habitual.
Stern sostenía una tableta de permisos mientras revisaba los últimos detalles.
—Autorización de vuelo confirmada.
—Suena bien.
—No te emociones demasiado.
—Es tarde para eso.
—Lo imaginaba.
El instructor guardó la tableta.
—Ven.
Subieron juntos por la rampa.
Por primera vez Kael no estaba allí como visitante.
No estaba estudiando diagramas.
No estaba leyendo manuales.
No estaba observando sistemas apagados.
Estaba entrando para volar.
La sensación era completamente distinta.
Los sistemas de la nave cobraron vida.
Luces.
Pantallas.
Indicadores.
La voz de la IA apareció inmediatamente.
—Bienvenido, usuarios autorizados.
Kael sonrió.
Pero comenzaba a sentirla familiar.
Como si ya fuera una compañera de viaje.
Stern ocupó el asiento principal.
Kael tomó el secundario.
La cabina era amplia.
Las pantallas envolvían prácticamente todo el campo visual.
Datos.
Mapas.
Lecturas energéticas.
Estado del reactor y núcleo energético.
Información de tráfico.
Todo aparecía organizado de forma impecable.
—Observa.
—Lo haré.
—Y no toques nada.
—Eso me ofende.
—La seguridad aérea es más importante que tus sentimientos.
—Justo.
Los motores comenzaron a activarse.
Un zumbido grave recorrió toda la estructura.
No era un sonido agresivo.
Era algo más profundo.
Más poderoso.
Como si una enorme bestia estuviera despertando lentamente.
Kael sintió una sonrisa aparecer en su rostro.
—Eso sí que suena bien.
—Es un reactor correctamente mantenido.
—Sigue sonando bien.
Entonces ocurrió.
El despegue.
La nave se elevó suavemente.
Sin sacudidas.
Sin violencia.
Sin esfuerzo aparente.
El enorme hangar comenzó a quedar atrás.
Y segundos después atravesaban los corredores aéreos de la Ciudad.
Kael observó por la cabina.
Y se quedó completamente absorto.
La Sede del Gobierno Mundial era gigantesca desde tierra.
Desde el aire era otra cosa.
Torres que parecían interminables.
Puentes suspendidos entre estructuras imposibles.
Miles de vehículos cruzando el cielo.
Líneas de trenes magnéticos brillando entre las nubes artificiales.
Plataformas flotantes.
Centros de investigación.
Puertos aéreos.
Kilómetros y kilómetros de arquitectura futurista.
Parecía una civilización construida para desafiar el sentido común.
Y, siendo sinceros, probablemente lo era.
Mientras Stern realizaba maniobras y explicaba sistemas, Kael apenas podía apartar la vista del exterior.
—Observa el comportamiento del reactor durante los cambios de potencia.
—Sí.
—Y la gestión de energía durante maniobras verticales.
—Sí.
—Y la distribución de cargas estructurales.
—Sí.
Stern lo observó de reojo.
—No me estás escuchando.
—Estoy escuchando.
—Estás mirando por la ventana.
—También.
El instructor resopló.
—Pareces un niño.
—Porque esto es increíble.
—Eso es razonable.
La nave siguió ascendiendo.
Más arriba.
Más arriba.
Y entonces Kael miró hacia el cielo.
Más allá de las nubes artificiales.
Más allá de los corredores de tráfico.
Más allá de las torres.
Y la vio.
Arcadia.
Suspendida en las alturas.
Como una ciudad celestial.
Brillante.
Majestuosa.
Lejana.
Una enorme estructura flotante que parecía desafiar la gravedad.
Desde aquella distancia se veía casi irreal.
—Así que ahí está...
murmuró.
Stern siguió la dirección de su mirada.
—Arcadia.
—Es más grande de lo que imaginaba.
—Mucho más.
Kael sonrió.
—Aleksei debe estar ahí arriba.
—Probablemente.
—Trabajando en su laboratorio.
—Quizás.
—O con sus concubinas —pensó Kael.
Era la conclusión más probable.
Kael apoyó una mano sobre la consola.
Observando la inmensidad de la Ciudad debajo.
Arcadia sobre ellos.
Y el horizonte extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista.
Por un momento recordó al joven que había despertado sin memoria en Nexum.
Confundido.
Perdido.
Asustado.
Si pudiera verlo ahora...
No lo creería.
Ni de lejos.
El Interceptor avanzaba suavemente por el cielo.
Los motores emitían aquel sonido grave y constante.
La cabina vibraba apenas.
Todo funcionaba perfectamente.
Y mientras observaba aquel mundo desde las alturas, Kael sintió algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo.
Orgullo.
No arrogancia.
No satisfacción.
Orgullo.
Porque cada hora de entrenamiento.
Cada manual.
Cada simulación absurda.
Cada prueba gravitacional.
Cada esfuerzo.
Lo habían llevado hasta allí.
Aquel vuelo no era el final.
Ni siquiera era el comienzo verdadero.
Pero sí era una prueba de que estaba avanzando.
Y mientras contemplaba la inmensa ciudad bajo sus pies, Kael sonrió para sí mismo.
Porque por primera vez no estaba corriendo para sobrevivir.
Estaba aprendiendo a volar para llegar más lejos. Y esa era una diferencia enorme. Aunque, por supuesto, una pequeña parte de él seguía pensando en lo espectacular que sería aterrizar algún día frente a los Retornados con aquella nave. Algunas motivaciones son nobles. Otras son simplemente demasiado divertidas como para ignorarlas.
El Interceptor continuó ascendiendo.
La Ciudad había quedado muy abajo.
Las torres gigantescas parecían ahora maquetas iluminadas.
Los trenes magnéticos eran simples líneas de luz.
Y Arcadia se veía cada vez más cerca.
Kael seguía mirando por la cabina como si fuera la primera vez que veía el mundo.
Lo cual, siendo honestos, era bastante parecido a la realidad.
Stern seguía pilotando.
Explicando.
Mostrando sistemas.
Indicando lecturas.
Y siendo ignorado con una eficiencia admirable.
—Observa el comportamiento de los motores durante la transición.
—Ajá.
—La distribución energética del núcleo.
—Ajá.
—Kael.
—Ajá.
—No me estás escuchando.
—Estoy escuchando perfectamente.
—Acabas de responder "ajá" tres veces seguidas.
—Porque estoy concentrado.
—En las nubes.
—Son unas nubes muy interesantes.
Entonces Stern realizó una serie de comandos.
Las pantallas cambiaron.
Los indicadores energéticos aumentaron.
El reactor incrementó potencia.
Y la voz de la IA anunció:
—Preparando transición a modo de hiper velocidad.
Kael apartó la vista de la ventana.
—Espera.
—Ahora presta atención.
—¿Qué vas a hacer?
—Mostrarte por qué esta nave no es un juguete.
El rugido de los motores cambió.
Ya no era el sonido grave que había escuchado durante el despegue.
Ahora era algo mucho más profundo.
Más poderoso.
Una vibración que podía sentirse en el pecho.
En los huesos.
En toda la estructura de la nave.
Kael sintió una sonrisa involuntaria.
—Eso...
El Interceptor aceleró.
Y aceleró.
Y siguió acelerando.
La Ciudad desapareció debajo de ellos a una velocidad absurda.
—Eso es increíble.
—Ahora sí me estás escuchando.
—Porque esto es increíble.
—Lo sé.
La nave apuntó hacia arriba.
Más.
Más.
Más.
Hasta que finalmente alcanzaron el borde superior de la atmósfera.
El cielo azul comenzó a mezclarse con el negro del espacio.
La curvatura del mundo se hizo visible.
Y durante unos segundos Kael simplemente observó.
Sin hablar.
Sin bromear.
Sin pensar en nada más.
Porque aquello era demasiado hermoso.
—Bonita vista.
comentó Stern.
—No existe palabra suficiente para describirla.
—Esa respuesta es aceptable.
—Voy a recordar este momento para siempre.
—Eso también es aceptable.
Después el Interceptor redujo velocidad.
La transición fue suave.
Controlada.
Y comenzaron a desplazarse cerca de Arcadia.
Ahora podía apreciarse toda su magnitud.
La ciudad flotante parecía una nación entera suspendida en el cielo.
Plataformas.
Torres.
Jardines elevados.
Laboratorios.
Centros de investigación.
Puertos espaciales.
Era impresionante.
Kael observó la inmensa estructura en la que ya había estado anteriormente lo que no había tenido esta vista de ella.
Hubo silencio unos segundos.
Luego otros.
Y otros más.
Finalmente Stern suspiró.
—Bien.
—¿Qué?
—Ya fue suficiente turismo.
—¿Turismo?
—Llevas una hora disfrutando del paisaje mientras yo hago todo el trabajo.
—Eso es técnicamente correcto.
—Y ya me cansé.
Kael levantó una ceja.
—¿Perdón?
El instructor comenzó a levantarse del asiento principal.
—Tu turno.
—¿Qué?
—Tu turno.
—¿Ahora?
—Ahora.
—¿Aquí arriba?
—Aquí arriba.
—¿En mi primer vuelo?
—Precisamente.
—Pensé que observaría más tiempo.
—Pensaste mal.
Kael comenzó a sonreír.
Porque entendía exactamente lo que estaba pasando.
Stern había sido paciente.
Sorprendentemente paciente.
Pero ya había llegado el momento de tomar los controles de Raptor por primera vez.
Los asientos intercambiaron posiciones mediante los sistemas internos.
Kael se sentó frente a los controles principales.
Por primera vez.
De verdad.
No simuladores.
No hologramas.
No entrenamiento virtual.
La nave real.
El Interceptor real.
Volando de verdad.
Las pantallas reaccionaron inmediatamente.
La IA reconoció el cambio.
—Control principal transferido al usuario Kael.
El corazón le dio un pequeño salto.
La sensación era completamente distinta.
Ahora el peso de la responsabilidad estaba frente a él.
Literalmente.
Stern cruzó los brazos.
—Bien.
—Bien.
—Nada de piloto automático.
—Perfecto.
—Nada de ayudas innecesarias.
—Perfecto.
—Nada de confiarte.
—Lo sé.
—Y nada de intentar impresionar a nadie.
Kael sonrió.
—Ni siquiera están aquí.
—Conociéndote podrías intentar impresionar a personas que ni siquiera están presentes.
—Eso es una acusación muy específica.
—Porque es correcta.
Kael apoyó las manos sobre los controles.
Respiró profundamente.
Observó los indicadores.
Los motores.
Las lecturas.
La posición de Arcadia.
La ruta asignada.
Todo estaba exactamente donde debía estar.
Todo era familiar.
Había estudiado aquello durante meses.
Ahora solo tenía que hacerlo.
Por primera vez Raptor respondió directamente a sus órdenes.
Y mientras la nave obedecía con una suavidad perfecta, Kael sintió una emoción difícil de describir.
Porque durante mucho tiempo había soñado con correr.
Luego aprendió a luchar.
Después aprendió a sobrevivir.
Y ahora...
Ahora estaba volando una nave.
De verdad. Y por una vez no había explosiones, incendios, reactores desintegrándose ni una nave cayendo hacia una muerte segura. Lo cual, para los estándares educativos de Stern, probablemente significaba que algo sospechoso estaba ocurriendo.
Kael mantenía ambas manos sobre los controles.
Por primera vez estaba pilotando el Interceptor real.
Y para su enorme satisfacción...
No se estaba estrellando.
Un comienzo prometedor para cualquier piloto.
Stern estaba ahora reclinado en el asiento secundario.
Observando por la cabina.
Disfrutando del paisaje.
Por fin los papeles se habían invertido.
—¿Cómo se siente?
preguntó.
—Mucho mejor que el simulador.
—Eso suele pasar cuando la nave no está explotando.
—Lo sabía.
—¿Qué?
—Empiezo a pensar que te diviertes destruyendo naves virtuales.
—Jamás admitiría algo así.
—Entonces es cierto.
El Interceptor avanzaba suavemente cerca de Arcadia.
La ciudad flotante ocupaba gran parte del horizonte.
Kael la observó unos segundos.
Luego una idea apareció en su cabeza.
Lo cual normalmente significaba una idea interesante.
Activó la navegación.
Consultó los mapas.
Calculó distancias.
Coordenadas.
Corredores.
Permisos.
Entonces habló.
—Tengo una pregunta.
—Eso nunca termina bien.
—¿Podemos hacer un pequeño desvío?
Stern levantó una ceja.
—¿Cuánto de pequeño?
—Relativamente pequeño.
—Esa palabra me preocupa.
—La nave puede darle la vuelta a Asterión varias veces antes de la cena ¿Verdad?.
—Técnicamente sí.
—Entonces...
Stern observó los cálculos.
Las rutas.
Las autorizaciones.
Finalmente se encogió de hombros.
—Mientras respetes los protocolos.
—Siempre respeto los protocolos.
—Eso sonó sospechoso.
—Porque me conoces demasiado.
Kael introdujo nuevas coordenadas.
La IA comenzó a procesarlas.
Durante unos segundos aparecieron cálculos complejos.
Distancias.
Consumo energético.
Rutas seguras.
Tiempo estimado.
Y finalmente:
RUTA ESTABLECIDA
Kael sonrió.
Stern observó la pantalla.
—¿A dónde vamos?
—A ningún sitio importante.
—Eso también suena sospechoso.
—Solo quiero pasar por un lugar.
—¿Qué lugar?
Kael tardó unos segundos en responder.
—La base de Los Retornados.
Silencio.
Stern lo observó.
Luego observó la ruta.
Y finalmente asintió.
—Entiendo.
No añadió nada más.
No hacía falta.
Kael redujo altitud.
La nave comenzó el descenso.
Las capas superiores de la atmósfera aparecieron frente a ellos.
Los indicadores mostraban temperaturas crecientes.
Compensaciones energéticas.
Protecciones térmicas.
Estabilidad estructural.
Todo lo que había estudiado durante meses.
Y ahora debía aplicarlo.
De verdad.
—Muy bien.
murmuró.
—Procedimiento de reentrada.
Stern permaneció en silencio.
Observando.
Evaluando.
Kael ajustó el ángulo.
Controló potencia.
Gestionó temperatura.
Supervisó el flujo energético.
La nave atravesó las capas superiores de la atmósfera exactamente como estaba diseñado.
Sin vibraciones excesivas.
Sin estrés estructural.
Sin alarmas.
Todo limpio.
Todo correcto.
Stern asintió.
—Bien.
—¿Solo bien?
—No abuses.
—Costumbre.
—Me dejaste la parte más difícil. Reentrar a la atmósfera.
—Era el objetivo.
Una vez estabilizados.
Kael volvió a aumentar potencia.
—Preparando transición.
Anunció la IA.
Los motores comenzaron a rugir.
Otra vez.
Ese sonido.
Aquel sonido magnífico.
Profundo.
Potente.
Vivo.
Kael sonrió.
—Nunca me voy a cansar de eso.
—Nadie se cansa de eso.
—Es espectacular.
—Lo es.
Entonces activó el modo de hiper velocidad.
La nave se convirtió prácticamente en una flecha negra atravesando el cielo.
Montañas.
Océanos.
Continentes.
Todo comenzó a desaparecer detrás de ellos.
Asterión se extendía bajo el Interceptor como un mundo inmenso.
Y aun así aquella nave parecía empeñada en demostrar que las distancias eran simples sugerencias.
Mientras el paisaje pasaba a velocidades absurdas, Kael pensó en los Retornados.
En Elias.
En Varek.
En Elena.
Y en Mara.
Especialmente en Mara.
Se preguntó qué estarían haciendo.
Si seguían entrenando.
Si Elena seguía metiéndose donde no la llamaban.
Si Mara seguía fingiendo que no le importaban ciertas cosas.
La IA emitió una notificación al cabo de un tiempo.
—Destino aproximándose.
Kael observó la pantalla.
Ya estaban cerca.
Mucho más cerca de lo que parecía posible.
Quería aterrizar.
No debía hacerlo.
Pero eso no significaba que no pudiera pasar cerca.
Muy cerca.
Lo suficiente para verlos.
Lo suficiente para recordar.
Lo suficiente para que aquella distancia entre dos etapas de su vida pareciera un poco menor.
Kael mantuvo el control mientras el Interceptor descendía gradualmente.
La base de los Retornados comenzaba a aparecer en los sensores.
Todavía lejana.
Todavía pequeña.
Pero ahí estaba.
El lugar que había sido su hogar.
El lugar donde había encontrado una familia cuando ni siquiera recordaba quién era.
Y por primera vez desde que partió, Kael sintió algo parecido a la emoción nerviosa.
Algo que ni los exámenes.
Ni los simuladores.
Ni las pruebas gravitacionales habían conseguido provocar.
Porque una cosa era aprender a pilotar una nave de combate.
Y otra muy distinta era regresar, aunque fuera por unos segundos, al lugar donde había comenzado realmente su historia. Mientras el Interceptor atravesaba los cielos de Asterión, Kael no pudo evitar sonreír. Había imaginado muchas veces volver convertido en piloto. Resultaba que la realidad era incluso mejor de lo que había imaginado. Y todavía no lo habían visto llegar. Eso era lo más divertido de todo.
Ya no viajaban a velocidades absurdas. Estaba en modo crucero.
Ya no atravesaban continentes en minutos.
Ahora Kael reducía potencia con cuidado.
Siguiendo procedimientos.
Manteniendo la estabilidad.
Pero la realidad era que apenas prestaba atención a los instrumentos.
Porque frente a él estaba algo mucho más importante.
Los sensores comenzaron a identificar referencias conocidas.
Montañas.
Ruinas.
Corredores antiguos.
Sectores abandonados.
Y finalmente...
La Franja.
Kael sintió un nudo en el pecho.
Allí estaba.
Vista desde las alturas parecía más pequeña de lo que recordaba.
Más vulnerable.
Más solitaria.
Y aun así seguía siendo el primer lugar donde aprendió a luchar y conocer el mundo.
Después apareció.
La Ciudad.
La inmensa estructura que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Hierro.
Hormigón.
Plataformas.
Torres.
Niveles superpuestos.
Kilómetros y kilómetros de construcciones conocidas.
Desde arriba parecía todavía más gigantesca.
Como si fuera una cicatriz cubriendo el mundo.
Y entonces...
La vio.
La Base de Los Retornados.
Kael guardó silencio.
El instructor también.
Por una vez Stern entendió perfectamente que no era momento para comentarios.
La base era apenas un punto comparada con las enormes instalaciones del Gobierno Mundial.
Un lugar modesto.
Pequeño.
Lleno de reparaciones improvisadas.
Sin lujos.
Sin tecnología avanzada.
Sin privilegios.
Y sin embargo...
Kael habría reconocido aquel lugar entre millones.
Sus manos permanecieron firmes sobre los controles.
Pero durante unos segundos deseó algo con todas sus fuerzas.
Bajar.
Aterrizar.
Caminar hasta la puerta principal.
Escuchar a Elena gritar su nombre.
Ver la expresión de Mara.
Molestar a Varek.
Hablar con Elias.
Simplemente estar allí.
Aunque fuera un día.
Pero no podía.
Había hecho una promesa.
Y Kael tomaba las promesas muy en serio.
Además...
La Faxxion Umbral seguía buscándolo.
Su presencia podía atraer problemas.
Problemas que no estaba dispuesto a llevar hasta los Retornados.
Así que se limitó a observar.
Desde lejos.
Las cámaras externas del Interceptor registraban todo automáticamente.
Fotografías.
Videos.
Lecturas.
Imágenes panorámicas.
La IA archivaba cada dato.
Pero Kael sabía que ninguna grabación sería capaz de capturar lo que estaba sintiendo.
La nostalgia golpeó con fuerza.
Más fuerte de lo que esperaba.
Porque durante meses había estado ocupado.
Entrenando.
Estudiando.
Aprendiendo.
Avanzando.
Y eso había mantenido ciertos sentimientos bajo control.
Ahora todos regresaban de golpe.
Finalmente respiró hondo.
Y continuó la ruta.
Sin detenerse.
Sin aterrizar.
Solo observando.
Abajo.
En la Base de los Retornados.
Todo parecía normal.
Hasta que un sonido comenzó a extenderse por el cielo.
Un rugido distante.
Profundo.
Potente.
Varios Retornados levantaron la vista.
—¿Escucharon eso?
—Sí.
—¿Qué demonios es?
Un instante después la vieron.
Una nave.
Azul brillante.
Aerodinámica.
Hermosa.
Desplazándose por encima de ellos.
Algunos se quedaron inmóviles.
Otros activaron sistemas defensivos por reflejo.
Algunos Corredores comenzaron a señalarla.
—¿Es del Gobierno?
—No lo sé.
—¿Nos están observando?
—¿Es una nave militar?
—¿Debemos preocuparnos?
La nave pasó sobre ellos.
Sin atacar.
Sin descender.
Sin comunicarse.
Simplemente avanzando.
Durante apenas unos segundos.
Y luego...
Desapareció.
El estruendo llegó después.
Una explosión sónica sacudió el aire.
Las ventanas vibraron.
Algunas personas se agacharon por reflejo.
Y el Interceptor desapareció en el horizonte.
Silencio.
—Bueno...
murmuró uno de los Retornados.
—Eso fue raro.
—Muy raro.
—¿Creen que volverá?
—Espero que no sea una amenaza.
—¿Y si estaban vigilándonos?
—¿Y si era una misión del Gobierno?
—¿Y si era un usuario IBN?
Las teorías comenzaron inmediatamente.
Como ocurre siempre que un grupo de personas tiene información insuficiente y demasiado tiempo libre.
Incluso Elena había salido al exterior.
Mirando hacia el horizonte donde la nave había desaparecido.
—Qué nave tan bonita...
murmuró.
Por alguna razón sintió algo extraño.
Una sensación difícil de explicar.
Como si aquella aparición hubiera significado algo.
Mara también observó el cielo.
Más silenciosa.
Más pensativa.
No sabía por qué.
Pero durante unos segundos tuvo la absurda impresión de que aquella nave no era una simple visitante.
Muy lejos de allí.
En la cabina del Interceptor.
Kael observaba cómo la base desaparecía lentamente de las pantallas.
Y aunque había sido apenas un sobrevuelo.
Apenas unos segundos.
Sintió que había regresado a casa.
Solo un instante.
Lo suficiente para recordar por qué estaba esforzándose tanto.
Lo suficiente para recordar por quiénes seguía avanzando.
Después volvió a concentrarse en la ruta.
Porque todavía tenía mucho camino por recorrer.
Y algún día, cuando llegara el momento adecuado, no pasaría por encima de la base como una sombra en el cielo.
Aterrizaría frente a ellos.
Y entonces no tendría que conformarse con mirar desde lejos.

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Nexum (Novela)
Capítulo 86
Nexum (Novela) Capítulo 85
Estás leyendo el capítulo 85 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 4 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.