Leer Nexum (Novela) Capítulo 76 online gratis en español
La noche continuó avanzando.
Elena se despertó sobresaltada.
Durante unos segundos observó el techo de su habitación sin entender dónde estaba.
Luego recordó.
La despedida.
La nave.
El amanecer.
Kael.
Se incorporó de golpe.
—¡Kael!
Salió disparada de la habitación.
Y pocos minutos después llegó al techo donde habían estado.
Allí estaban.
Mara sentada junto al borde.
Kael a su lado.
Los dos observando el horizonte.
Y los dos demasiado tranquilos para el gusto de Elena.
Ambos giraron la cabeza.
Elena apareció despeinada, envuelta en una manta y con cara de indignación.
—¡Traidores!
Kael parpadeó.
—¿Qué?
—¡Me abandonaron!
—Te estabas congelando.
—Eso no es lo importante.
—¿Qué es lo importante?
—Que me desperté y ustedes dos habían desaparecido.
Kael suspiró.
—Te dejé una nota.
—No la vi.
—Estaba sobre tu mesa.
—No miré la mesa.
—Entonces es tu culpa.
—Detalles.
—Además, estaba teniendo un sueño excelente.
—¿Sobre qué?
—No me acuerdo.
—Entonces no era tan excelente.
—Buen argumento.
Elena entrecerró los ojos.
Luego sonrió lentamente.
Esa sonrisa era peligrosa.
Muy peligrosa.
—Interesante.
Kael suspiró inmediatamente.
—No.
—Todavía no he dicho nada.
—No hace falta.
Elena se acercó.
—Solo quiero saber una cosa.
Mara ya parecía arrepentirse de haber permanecido allí.
—Elena...
—¿Sí?
—No.
—¿No qué?
—Lo que sea que estés pensando.
Elena ignoró completamente la advertencia.
Como siempre.
—Entonces...
Se sentó entre ellos.
—¿Finalmente se besaron?
Silencio.
Kael la miró.
Mara la miró.
Elena los miró a ambos.
Y entonces comenzó a sonreír más.
—Oh. OH. No se besaron.
—Elena.
—¡No se besaron!
Kael se llevó una mano a la cara.
—Increíble.
—¿Qué es increíble?
—Que logres ser más molesta cada día.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo tomo como uno.
Mara cruzó los brazos.
—¿Por qué asumes que tenía que pasar algo?
Elena abrió los ojos exageradamente.
—Porque llevo meses observándolos.
—Eso es preocupante.
—Y porque son terribles ocultándolo.
—Ocultando qué.
—Eso.
Señaló alternativamente a ambos.
—Eso que hacen.
—No hacemos nada.
—Exacto.
—...
—...
—Eso es precisamente el problema.
Kael terminó riéndose.
—No tengo idea de qué estás hablando.
—Mentira.
—Pruebas.
—Mara casi te mata cada vez que te arriesgas demasiado.
—Eso es normal.
—Tú eres la única persona capaz de hacerla sonreír sin que ella quiera admitirlo.
Mara apartó la vista.
—Y ambos se buscan constantemente.
—Eso también es normal.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Está bien.
—Gracias.
—Pero sigues exagerando.
Elena soltó una risa.
—Son imposibles.
—Lo sabemos.
—No, no lo saben.
Elena observó el cielo.
—Si yo estuviera en su situación ya habría hecho algo.
—Eso es porque eres tú —respondió Mara.
—Correcto.
—Y porque tienes menos paciencia que una criatura de Nexum.
—También correcto.
Durante un rato los tres simplemente conversaron.
La tensión de la despedida seguía allí, pero ya no ocupaba toda la noche.
Hablaron de entrenamientos.
De expediciones.
De errores.
De anécdotas absurdas.
Y eventualmente la conversación terminó llegando al arma.
Elena señaló el arma apoyada junto a Kael.
—Sigo sin entender cómo la obtuviste exactamente.
Kael se quedó callado unos segundos.
Mara entrecerró los ojos.
—Esa cara significa que ocultaste algo.
—No oculté nada.
—Mentira.
—Quizás un poco.
Elena sonrió.
—Habla.
Kael se frotó la nuca.
—Bueno...
—Empieza mal.
—Cuando luché contra Rainer...
—Sí.
—El IBN estaba fallando.
—Sí.
—Estaba débil. El tipo me estaba dando una paliza.
—Sí.
—Y me estaba quedando sin opciones.
Mara ya parecía sospechar algo.
—Kael...
—Entonces...
—Kael.
—Le di una patada en los testículos.
El silencio fue absoluto.
Dos segundos.
Tres.
Y después Elena explotó en risas.
—¡¿QUÉ?!
Kael se encogió de hombros.
—Funcionó.
—¡Derrotaste a uno de los criminales más peligrosos que habías enfrentado con una patada en los testículos!
—Técnicamente no.
—¿No?
—Después le quité el arma y le disparé.
—Eso no mejora la historia.
Mara tenía una mano cubriéndole la cara.
—No puedo creerlo.
—Estaba desesperado.
—Tu gran estrategia fue atacar la zona más vulnerable de la anatomía masculina.
—Una estrategia clásica.
—Eres un imbécil.
—Un imbécil vivo.
Eso hizo que incluso Mara terminara soltando una risa.
Elena apenas podía respirar.
—Pobre Rainer. ¡Qué vergüenza! Todo este tiempo pensé que había sido una batalla épica.
—Lo fue.
—No.
—Sí.
—No.
—Había explosiones.
—Y una patada en los testículos.
—Los detalles importan.
Mara negó con la cabeza.
—Si algún día te conviertes en una leyenda, espero que esa parte de la historia jamás salga a la luz.
—Ahora quiero que salga a la luz.
—Elena...
—Imagínalo.
Ella se levantó dramáticamente.
—"Y entonces el gran Kael derrotó al terrible Rainer mediante una técnica ancestral transmitida por generaciones."
Kael ya estaba riéndose.
—Detente.
—"El Destructor de Linajes."
—Por favor detente.
—"La Patada del Fin de la Sangre."
Incluso Mara terminó riéndose.
Una risa auténtica.
Libre.
Algo poco común en ella.
Y por varios minutos los tres estuvieron así.
Riéndose.
Bromeando.
Como si no hubiera despedidas.
Como si el amanecer no estuviera acercándose.
Como si el mundo pudiera esperar unas horas más.
Pero no podía.
Poco a poco el horizonte comenzó a cambiar.
Las sombras se hicieron más cortas.
El cielo negro pasó a azul oscuro.
Luego a gris.
Y finalmente aparecieron los primeros tonos dorados.
Ninguno dijo nada al principio.
Simplemente observaron.
Porque los tres entendían lo que significaba.
La noche había terminado.
El día había llegado.
Y con él, la hora de partir.
Kael contempló el amanecer junto a ellas.
Pensando que había pasado meses buscando recuerdos perdidos de un pasado que ya no existía.
Y sin darse cuenta, había construido otros nuevos.
Allí.
En aquel techo.
Con Mara.
Con Elena.
Con los Retornados.
Quizás por eso la despedida dolía tanto.
Porque por primera vez desde que despertó sin memoria, había encontrado algo que realmente no quería dejar atrás.
La nave de Aleksei ya esperaba afuera.
Los Retornados aún estaban despertando.
Algunos desayunaban.
Otros preparaban entrenamientos.
Todo parecía normal.
Y quizás eso era precisamente lo que Kael quería recordar.
Caminó por los pasillos metálicos hasta llegar a la vieja pista de entrenamiento.
La original.
La que habían construido años atrás con chatarra, vigas recicladas, contenedores oxidados y plataformas improvisadas.
Nada de tecnología avanzada.
Nada de implantes.
Solo obstáculos.
Saltos.
Caídas.
Y voluntad.
Encontró a Elías observando el recorrido con una taza de café en la mano.
Como si hubiera sabido exactamente dónde encontrarlo.
—Sabía que vendrías.
Kael sonrió.
—¿Tan predecible soy?
—Muchísimo.
—Eso es ofensivo.
—Y cierto.
Kael observó la pista.
Las barras metálicas.
Los muros.
Las plataformas.
Los túneles.
Todo seguía exactamente igual.
Por un instante sintió algo extraño.
Nostalgia.
Una emoción rara para alguien que apenas recordaba su propia vida.
Elías notó la expresión.
—¿Pensando?
—Un poco.
—Mala costumbre.
—Lo sé.
Elías terminó el café.
—¿Qué quieres hacer?
Kael señaló el recorrido.
—Una última carrera.
—¿Con implantes?
—No.
Elías sonrió.
Ahora entendía.
—A lo natural.
—A lo natural.
—Como antes.
—Como antes.
Elías dejó la taza a un lado.
—Me parece justo.
Ambos se colocaron en la línea de salida.
Los pocos Retornados que los vieron comenzaron a reunirse.
La noticia se propagó rápidamente.
Porque en toda base humana existe una ley universal:
Si dos personas van a competir, aparecerán espectadores de la nada.
Era inevitable.
Mara y Elena habían seguido a Kael.
Todavía medio dormidas.
—¿Qué hacen?
—Compitiendo.
—¿Por qué?
—Porque son hombres —respondió Mara.
—Buen argumento.
Elías observó el recorrido.
Luego a Kael que como siempre parecía emocionado por el parkour.
—No voy a contenerme.
—Eso espero.
—Ya no eres el novato que llegó aquí.
—Y tú ya no eres tan joven.
—Te arrepentirás de eso.
—Probablemente.
—Listo.
—Listo.
—Tres.
—Dos.
—Uno.
Salieron disparados.
Sin implantes.
Sin asistencia.
Solo músculo.
Experiencia.
Instinto.
Kael saltó la primera barrera.
Elías pasó por debajo de una estructura metálica.
Ambos avanzaban prácticamente empatados.
Los espectadores comenzaron a gritar inmediatamente.
Porque los humanos son incapaces de ver una competencia sin elegir bandos.
—¡Vamos Elías!
—¡Vamos Kael!
—¡Apuesto cinco créditos!
—¡Diez!
—¡Veinte!
—¡¿Cuándo empezaron las apuestas?!
Kael sonrió mientras corría.
El viento golpeaba su rostro.
El cuerpo dolía.
Los músculos trabajaban.
Y por primera vez en mucho tiempo no estaba pensando en enemigos.
Ni en el IBT
Ni en el IBN.
Ni en el Gobierno.
Solo en correr.
Como cuando todo era más simple.
Saltó entre dos plataformas.
Giró sobre una barra.
Aterrizó.
Siguió avanzando.
Elías seguía justo detrás.
O justo delante.
Era difícil saberlo.
La diferencia cambiaba constantemente.
La última sección apareció frente a ellos.
La más difícil.
Una pared casi vertical.
La misma pared que había derrotado a Kael varias veces cuando practicaba.
La misma.
Kael la reconoció inmediatamente.
Y sonrió.
—Vieja amiga.
Impulsó el cuerpo.
Corrió.
Subió.
Falló el primer agarre.
Corrigió.
Volvió a impulsarse.
Y alcanzó el borde.
Justo cuando otra mano apareció a su lado.
Elías.
Los dos se miraron.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Ambos hicieron el último esfuerzo.
Y cruzaron juntos.
Silencio.
Luego aplausos.
Gritos.
Risas.
Protestas sobre quién había ganado.
Discusiones.
Apuestas anuladas.
Caos absoluto.
Como siempre.
Kael permaneció sentado sobre el borde de la estructura.
Respirando con dificultad.
Elías se sentó a su lado.
También agotado.
Durante varios minutos ninguno habló.
Simplemente observaron la base despertar.
Finalmente Elías rompió el silencio.
—Ganaste.
Kael negó.
—No.
—Sí.
—Empatamos.
—Estoy siendo amable.
—Y yo también.
Elías soltó una carcajada.
Una rara.
Genuina.
Luego observó el horizonte.
—Has llegado lejos.
Kael siguió su mirada.
—Todavía me falta mucho.
—Eso también es cierto.
La base comenzaba a llenarse de actividad.
La nave seguía esperando.
El momento se acercaba.
Elías apoyó una mano sobre el hombro de Kael.
—Cuando regreses...
Kael lo miró.
—¿Sí?
—No olvides dónde aprendiste a correr.
Por primera vez aquella mañana, Kael no respondió con una broma.
Solo observó la pista.
Los obstáculos.
Las vigas.
Los muros.
El lugar donde realmente había comenzado todo.
Y finalmente sonrió.
—No lo haré.
Sin saber que, mucho tiempo después, aquellas palabras resultarían más difíciles de cumplir de lo que cualquiera de los dos podía imaginar.
Kael caminó hacia la nave con el arma de Rainer sobre el hombro.
Nada más.
Sin maletas.
Sin equipaje.
Sin posesiones.
Lo cual era una representación bastante deprimente de toda su riqueza material.
A sus espaldas venían Mara, Elena, Elías, Varek, los Corredores y prácticamente media base.
Porque los Retornados no eran especialmente buenos ocultando afecto.
Simplemente fingían que era una reunión casual de cien personas mirando a un mismo tipo.
Una coincidencia totalmente normal.
Elías fue el primero en acercarse a Kael.
Le dio un fuerte apretón de manos.
Luego un abrazo.
—No olvides todo lo que aprendiste aquí.
Kael sonrió.
—¿Y si aprendo cosas mejores?
—Entonces regresas y me las enseñas.
—Trato hecho.
Después vinieron los demás.
Silas le dio un golpe amistoso en el hombro.
Dren le entregó una pequeña bolsa.
—Comida para el viaje.
Kael la abrió.
—¿Otra vez carne seca?
—No te quejes. La preparé especialmente para ti.
—Entonces me la comeré igual.
—También una botella de combustible industrial.
—¿En serio? —dijo Kael revisando la bolsa sabiendo que era la bebida predilecta de él—. Se nota que me conocen bien.
Las risas ayudaron a aliviar un poco la tensión.
Kael observó la nave.
Frunció el ceño.
—¿Dónde está Aleksei?
Silencio.
Miró alrededor.
—¿Mira?
Nada.
—¿Hola?
Nadie respondió.
La puerta de la nave permanecía abierta.
Vacía.
Kael se volvió lentamente hacia los demás.
—¿Soy yo o esto parece una trampa?
—Parece una trampa —confirmó Elena.
—Definitivamente una trampa —añadió un Corredor.
—Una trampa muy elegante —comentó otro.
Kael sacó el comunicador.
—Voy a llamar.
Activó el canal.
La imagen holográfica de Aleksei apareció unos segundos después.
Detrás de él se veían alarmas, técnicos corriendo y pantallas encendidas.
Parecía ocupado.
Muy ocupado.
—Kael.
—Aleksei.
—¿Todo bien?
—Tengo una pregunta.
—Adelante.
Kael señaló la nave detrás de él.
—¿Por qué mi transporte parece abandonado?
Aleksei parpadeó.
—Porque lo está.
—...
—...
—Aleksei.
—¿Sí?
—¿Dónde estás?
—Trabajando.
—¿Dónde está Mira?
—Trabajando.
—¿Y quién pilota esta cosa?
—Nadie.
Kael permaneció inmóvil.
—¿Nadie?
—Es autónoma.
—¿Completamente autónoma?
—Sí.
—¿Eso es seguro?
—Probablemente.
Kael cerró los ojos.
—Probablemente.
—Sí.
—Esa palabra me preocupa.
—No debería.
—Me preocupa muchísimo.
Aleksei parecía genuinamente confundido.
—¿Por qué?
—Porque las personas seguras dicen "sí".
—Las personas inseguras dicen "probablemente".
Detrás de Aleksei apareció Mira.
—Tiene un punto.
—Gracias.
—No lo ayudes.
—Te estoy ayudando a ti.
Aleksei suspiró.
—Escucha, todo estará bien.
—¿Cuántas veces ha fallado esta nave?
—No muchas.
—ALEKSEI.
—Dos.
—¿DOS?
—Técnicamente una y media.
—¿Qué significa una falla y media?
—La segunda aterrizó correctamente.
—¿Y la primera?
—No aterrizó.
Kael se quedó mirando el comunicador.
Luego miró la nave.
Luego volvió a mirar el comunicador.
—Empiezo a extrañar a los criminales.
Las risas estallaron entre los Retornados.
Incluso Elías tuvo que ocultar una sonrisa.
Mara se llevó una mano a la frente.
Elena directamente estaba doblada de la risa.
—¿Y si me secuestran?
—La nave está programada para llevarte a mí.
—Eso no respondió nada.
—Porque no fue la pregunta correcta.
—¿Cuál era la pregunta correcta?
—¿Qué tan rápido puede secuestrarte?
—¡ALEKSEI!
Hasta Mira terminó riéndose.
Finalmente Aleksei levantó una mano.
—Relájate.
—Llegarás sin problemas. Te lo garantizo.
—¿Garantizas que llegaré vivo?
—Sí.
—¿Garantizas que llegaré entero?
Aleksei hizo una pausa.
—...
—ALEKSEI.
—Mayormente entero.
—¡ALEKSEI!
La comunicación se cortó antes de que pudiera seguir protestando.
Probablemente a propósito.
Lo cual era aún peor.
Kael observó el comunicador apagado.
—Voy a matarlo cuando llegue.
—Eso significa que confías en llegar —dijo Elena.
—Maldita lógica.
Guardó el dispositivo.
La nave se encendió sola. Los motores gravitacionales vibraban con un sonido sordo.
Y entonces el humor desapareció lentamente.
Porque ya no quedaban más excusas.
La nave estaba allí.
El amanecer estaba allí.
El momento había llegado.
Kael miró a todos los presentes.
A Elías.
A Varek.
A los Corredores.
A los mecánicos.
A los exploradores.
A cada uno de los Retornados.
Y finalmente a Mara y Elena.
El grupo que había encontrado cuando no recordaba quién era.
El grupo que se había convertido en su familia.
Por un instante nadie dijo nada.
Solo el viento de la mañana moviéndose entre ellos.
Y el suave zumbido de la nave esperando.
Esperando a Kael.
Esperando el siguiente paso de su viaje.
Esperando el momento en que aquel chico que había llegado perdido y sin recuerdos decidiera cruzar otra vez hacia lo desconocido.
La puerta de la nave seguía abierta.
Esperando.
Como si el universo estuviera perdiendo la paciencia.
Algo bastante típico del universo.
Kael permanecía frente a todos los Retornados mientras el viento de la mañana agitaba ligeramente su ropa.
El arma de Rainer descansaba sobre su hombro.
La misma arma que casi lo mata.
La misma arma que ahora se llevaba consigo.
Una ironía que parecía apropiada para su vida.
—Bueno...
Miró a la multitud.
—Creo que esta es la segunda despedida.
—La quinta —gritó uno de los Corredores.
—La séptima —corrigió otro.
—Todavía puedo hacer dos más.
Las risas recorrieron al grupo.
Incluso Elías sonrió.
—No abuses.
—Jamás.
—Mentira.
—Probablemente.
Elena fue la primera en acercarse.
Lo abrazó con fuerza.
—Cuídate mucho.
La voz sonó más seria de lo habitual.
Más vulnerable.
Kael sonrió.
—Lo intentaré.
—No lo intentes. Hazlo.
—Eso suena difícil.
—Pues hazlo igual.
Cuando se separaron. Kael dio un paso hacia un lado.
Mirando discretamente a Mara.
Ella permanecía inmóvil.
Con las manos detrás de la espalda.
Como siempre hacía cuando estaba nerviosa.
Los demás esperaban.
Sin decir nada.
Kael caminó hasta quedar frente a ella.
Durante un instante...
El mundo pareció quedarse en silencio.
Ambos recordaron exactamente el mismo momento.
La noche anterior.
El jardín.
El beso.
La promesa.
Ninguno dijo nada.
Mara rompió el silencio.
—Tienes mal el cuello de la chaqueta.
Kael bajó la mirada.
—¿Sí?
—Sí.
Ella levantó lentamente las manos.
Acomodó el cuello de su uniforme.
Alisó una pequeña arruga sobre el pecho.
Sacudió un poco el polvo del hombro.
Desde lejos...
Parecía un gesto completamente normal.
Elena sonrió para sí.
"Muy propio de Mara."
Pero cuando terminó...
Mara dejó la mano apenas un segundo más sobre el pecho de Kael.
Lo suficiente para que solo él lo notara.
Kael cubrió esa mano con la suya.
Apenas unos segundos.
Sin llamar la atención.
Sin abrazos.
Sin besos.
Solo ese pequeño contacto.
Mara levantó la vista.
—No hagas tonterías.
Dijo con la serenidad de siempre.
Kael sonrió.
—Intentaré hacer pocas.
Ella negó con la cabeza.
—Sabes que no te creo.
—Yo tampoco.
Los dos soltaron una pequeña risa.
Entonces Kael se inclinó apenas unos centímetros.
Como si fuera a decirle algo relacionado con el viaje.
Solo Mara pudo escucharlo.
—Voy a cumplir mi promesa.
Ella sintió un ligero nudo en el pecho.
Pero no permitió que se notara.
Respondió con la misma calma.
—Más te vale.
Sus miradas permanecieron un segundo más.
Uno solo.
Pero fue suficiente.
Kael soltó lentamente la mano de Mara.
Y dio un paso atrás.
Para cualquiera de los presentes...
Había sido una despedida normal.
Pero Elena frunció ligeramente el ceño.
Había visto algo.
No sabía exactamente qué.
Solo sintió que entre ellos acababa de ocurrir una conversación completa...
Sin que prácticamente nadie hubiera escuchado una sola palabra importante.
Luego las observó a ambas.
—Cuídense.
Elena cruzó los brazos.
—Tú cuídate.
—También.
—No hagas estupideces.
—Intentaré.
—Eso no fue una promesa.
—Porque sería una promesa imposible.
—Justo lo que temía.
Mara se acercó un paso.
—Hablo en serio, Kael.
Él asintió.
—Lo sé.
—No arriesgues la vida innecesariamente.
—Lo intentaré.
—Kael.
—Lo intentaré de verdad.
Ella lo observó unos segundos.
Como evaluando cuánto de aquello era sinceridad y cuánto era Kael siendo Kael.
Probablemente mitad y mitad.
Entonces Kael bajó un poco la voz.
Solo para ellas.
—Además, si me encuentro en problemas ya tengo dos técnicas ancestrales.
Las dos sospecharon inmediatamente.
Elena cerró los ojos.
Mara se cubrió la cara.
—No puedo creer que estés orgulloso de eso.
—Salvó mi vida y la de Elena.
—Eso es lo peor.
—Ahora me preocupa que otras técnicas ascentrales se te van a ocurrir en el futuro.
—Eso es una incertidumbre aunque no imposible.
—KAEL.
—Lo sé. Lo sé.
—Solo intenta no morir con tus locuras.
Elena terminó riéndose.
Y Mara también.
Aunque intentó ocultarlo.
Sin éxito.
Mara terminó cubriéndose la cara.
—No puedo creer que vaya a extrañarte.
—Y sin embargo aquí estamos.
Por primera vez desde el amanecer, las tres risas sonaron juntas.
Una última vez.
Y eso hizo que la despedida doliera más.
Porque los buenos momentos siempre lo hacen.
Finalmente Kael se volvió hacia el resto.
Hacia los Retornados.
Su hogar.
El lugar donde había despertado perdido.
El lugar donde había aprendido a vivir otra vez.
Respiró profundamente.
—Cuando vuelva...
Todos guardaron silencio.
—Será mejor que esto.
Algunos sonrieron.
Otros bajaron la mirada.
—Seremos más fuertes. Tendremos más respuestas. Y más problemas seguramente.
Varias risas aparecieron.
—Pero estaremos aquí.
Miró a Elías.
A Varek.
A los Corredores.
A todos.
—Eso esperamos.
—Entonces más te vale cumplir.
—Lo haré.
Kael levantó una mano.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Pienso volver con historias increíbles.
—Y problemas increíbles —gritó alguien.
—También.
—¡Y deudas increíbles! —añadió otro.
—Probablemente.
Más risas.
Luego señaló hacia el cielo.
—No voy a poder comunicarme con ustedes durante un tiempo por razones obvias.
—Razones preocupantes —corrigió Elena.
—También.
Kael se encogió de hombros.
—Así que si quieren saber de mí...
Hizo una pausa dramática.
—Búsquenme en las noticias.
—Eso no tranquiliza a nadie.
—Nunca dije que fuera a tranquilizarlos.
—¡IDIOTA! —gritaron varios Corredores al mismo tiempo.
Kael sonrió.
Porque necesitaba recordar esas voces.
Necesitaba recordar ese lugar.
Necesitaba recordar aquel momento.
Finalmente respiró hondo.
Y asintió.
Era hora.
Subió la rampa.
Una vez.
Sin mirar atrás.
Luego volvió a girarse.
—¡Ahora sí es la última despedida!
—¡SUBE A LA NAVE!
—¡YA!
—¡LÁRGATE!
—¡VUELVE VIVO!
Kael soltó una carcajada.
Y por fin entró.
La compuerta comenzó a cerrarse lentamente.
Durante los últimos segundos sus ojos encontraron a Mara con una sonrisa.
Luego a Elena.
Y ambas entendieron lo mismo.
Aquello no era un adiós.
Era un hasta luego.
Y durante unos segundos nadie dijo nada.
Porque a veces las palabras ya no alcanzan.
A veces solo queda ese instante.
Ese último momento antes de partir.
Elena dio un paso adelante.
Mara permaneció inmóvil.
Elías observó en silencio.
Todos los Retornados hicieron lo mismo.
Los motores emitieron un zumbido grave.
El aire alrededor de la nave comenzó a vibrar.
Polvo y pequeñas piedras se elevaron del suelo.
Y entonces despegó.
Primero lentamente.
Dio media vuelta.
Después partió más rápido.
Más alto.
Más lejos.
Rompió la barrera del sonido escuchándose el estruendo en el cielo.
Hasta convertirse en un punto oscuro atravesando el cielo dorado de la mañana.
Y finalmente desapareció.
El silencio que quedó después fue extraño.
Pesado.
Vacío.
Como si algo importante hubiera sido arrancado de la base.
Nadie habló durante varios segundos.
Porque todos seguían mirando el lugar donde había estado.
Como si existiera la posibilidad de que regresara inmediatamente diciendo que había olvidado algo.
Algo que, siendo Kael, no era completamente imposible.
Pero no ocurrió.
La nave ya se había ido.
Y con ella comenzó una nueva etapa.
Elena fue la primera en bajar la vista.
Mara la segunda.
Elías observó a los Retornados.
—Volvamos al trabajo.
Porque así era la vida.
Las personas partían.
Los caminos se separaban.
Y aun así el mundo seguía avanzando.
Los Retornados regresaron poco a poco a sus tareas.
Los talleres volvieron a encenderse.
Los entrenamientos continuaron.
Las puertas siguieron vigiladas.
La vida siguió avanzando.
Porque siempre lo hace.
Pero algo había cambiado.
Elena lo sintió.
Mara también.
Todos los Retornados.
La base seguía siendo la misma.
Y al mismo tiempo ya no lo era.
Porque alguien importante acababa de marcharse.
Pero algo había cambiado.
El asiento vacío en las comidas.
La ausencia de una broma inoportuna.
La falta de alguien corriendo hacia peligros que nadie más consideraba razonables.
Desde aquel día, la base no volvió a sentirse exactamente igual.
Y sin embargo, ninguno de ellos perdió la esperanza.
Porque el futuro era enorme.
Porque Kael seguía vivo.
Y porque en algún lugar del mundo, probablemente se metería en problemas tan absurdos como peligrosos.
Mientras tanto, Mara, Elena y los Retornados siguieron adelante.
Haciéndose más fuertes.
Esperando.
Porque todos sabían algo.
Los caminos se habían separado.
Pero no para siempre.
Ninguno de ellos pensó que fuera un adiós definitivo.
Solo era otra separación más en un mundo enorme.
Un Mundo y una Ciudad Infinita que todavía tenía respuestas esperando.
Batallas esperando.
Reencuentros esperando.
Tarde o temprano, el futuro volvería a reunirlos. Y cuando ese día llegara, ninguno sería la misma persona que había visto partir aquella nave al amanecer.
Y en algún lugar del cielo, viajando hacia lo desconocido, Kael avanzaba hacia su destino.
Mientras detrás de él quedaba un hogar.
Y delante, un futuro que tarde o temprano volvería a reunirlos.
Fin del Primer Arco Los Retornados

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Nexum (Novela)
Capítulo 77
Nexum (Novela) Capítulo 76
Estás leyendo el capítulo 76 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 28 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.