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Leer Nexum (Novela) Capítulo 77 online gratis en español

Los primeros días después de la partida de Kael fueron extraños. No hubo ninguna tragedia. Ninguna alarma. Ninguna misión imposible. Y quizá por eso se sintieron tan raros. La base de los Retornados seguía funcionando exactamente igual que antes. Los entrenamientos comenzaban a la misma hora. Los Corredores seguían apostando quién se rompería una pierna primero. Varek continuaba gruñendo por cualquier cosa. Elias seguía levantándose antes que todos. Y sin embargo... Algo faltaba. Algo que ninguno quería admitir en voz alta. Aquella mañana, Mara y Elena estaban en la pista de obstáculos. El enorme recorrido metálico se elevaba sobre la base como una montaña artificial de acero y cables. Elena observó la pantalla de registros. Como siempre. Como cada día desde que Kael se había marchado. Y como siempre... Ahí estaba. 1° Kael - 04:17 2° Elias - 04:31 Elena cruzó los brazos. —Lo odio. —¿A quién? —A Kael. Mara levantó una ceja. —No lo odias. —Ya sé. —Entonces deja de decirlo. —Pero mira eso. Señaló el récord. —Ni siquiera está aquí y sigue presumiendo. Mara miró la pantalla unos segundos. Una parte de ella tuvo que contener una sonrisa. Porque podía imaginar perfectamente la expresión de Kael al descubrir que seguía primero. Probablemente habría dicho alguna estupidez. "La historia me recordará como el más guapo y veloz de los Retornados." Algo así. Algo insoportablemente Kael. Continuaron entrenando. Corrieron. Saltaron. Escalaron. Pero cada cierto tiempo la conversación terminaba regresando al mismo tema. Como un tren atrapado en un circuito cerrado. —¿Qué crees que esté haciendo ahora? —preguntó Elena mientras descansaban. —Entrenando. —Aparte de entrenar. —Entrenando más. —Mara. —¿Qué? —Sabes que no hace solo eso. —Lo sé. Elena suspiró. —Debe estar explorando algo. —Probablemente. —O metiéndose en problemas. —Eso es más probable. Pasó un momento de silencio. Entonces Elena sonrió de forma sospechosa. Una de esas sonrisas que anunciaban malas ideas. —O quizá... Mara ya sabía que no le gustaría lo que venía. —¿Qué? —Quizá esté visitando a esas mujeres de Aleksei. Mara giró lentamente la cabeza. —Elena. —Solo digo. —Elena. —Solo es una posibilidad. —No. —¿Cómo sabes? —Porque conozco a Kael. —Yo también. —Entonces sabes que no. Elena intentó mantener la expresión seria. Duró exactamente tres segundos. —Imagínalo. —No quiero. —Una docena de mujeres rodeándolo. —No. —Persiguiéndolo. —No. —Coqueteándole. —No. —Intentando secuestrarlo. Mara finalmente soltó un pequeño resoplido. —Eso último sí podría pasar. Las dos se quedaron pensando. Y cuanto más lo imaginaban... Más ridícula se volvía la escena. Porque conocían demasiado bien a Kael. Probablemente reaccionaría igual que frente a una criatura gigante. Con puro instinto de supervivencia. —Huiría. —Definitivamente huiría. —Correría. —Muy rápido. —Y después llamaría a alguien para pedir ayuda. —Seguramente a nosotras. Las dos terminaron riéndose. Una risa sincera. Una risa que duró poco. Porque detrás de la broma seguía escondida la misma realidad. Lo extrañaban. Más tarde, mientras Elena revisaba equipo en el almacén. Mara se quedó sola en una plataforma elevada de la base. Observando La Ciudad a la distancia. El viento movió algunos mechones de su cabello. Y por primera vez desde que Kael se había marchado... Recordó aquella última noche. La conversación. El beso. La promesa. El reencuentro. Mara cerró los ojos unos segundos. "Hazte más fuerte." Era lo que ambos se habían dicho. Sin decirlo. Porque ninguno era especialmente bueno hablando de sentimientos. Cuando Elena llegó, encontró a Mara observando el horizonte. —¿Pensando? —Sí. —¿En Kael? —Sí. —Yo también. Permanecieron en silencio. Luego Elena sonrió. —¿Sabes qué es lo peor? —¿Qué? —Que seguramente cuando vuelva será más fuerte. Mara soltó una pequeña risa. —Sin duda. —Y pondrá esa cara de idiota orgulloso. —También. —Y presumirá durante semanas. —Meses. —Años. —Toda la vida. Las dos volvieron a reír. Después Elena extendió una mano. —Entonces no podemos permitirlo. Mara la observó. —¿Permitir qué? —Que nos deje atrás. Los ojos de Mara se endurecieron. La nostalgia seguía allí. La ausencia seguía allí. Pero algo más comenzaba a reemplazarla. Determinación. La misma que había impulsado a Kael a marcharse. La misma que los había convertido en Retornados. Mara tomó la mano de Elena. —Tienes razón. —Entonces... —Entrenamos. —Más duro. —Más rápido. —Más fuerte. —Hasta alcanzarlo. Elena sonrió. —Y después superarlo. —Y ser más fuertes para pelear a su lado. Mara miró nuevamente el récord de Kael en la pantalla. Por ahora. Solo por ahora. Porque mientras Kael avanzaba hacia un nuevo mundo... Los Retornados también comenzaban una nueva etapa. Y cuando volvieran a encontrarse... Ninguno sería la misma persona que se había despedido aquella mañana. La ausencia de Kael no se sentía como una herida. Las heridas dolían. Esto era diferente. Era como cuando una máquina que siempre había estado funcionando dejaba de emitir un sonido que nadie notaba conscientemente. Hasta que desaparecía. Y entonces el silencio resultaba extraño. Los Corredores regresaban de una expedición menor en los túneles del Sector 23. Ya podían explorar otras zonas aparte de La Franja. Nada especialmente peligroso. Nada especialmente emocionante. Precisamente el tipo de misión que Kael habría encontrado una forma de convertir en un desastre memorable. Mientras caminaban de regreso por los corredores metálicos de la base, uno de ellos habló. —Esto fue aburridísimo. —Porque nadie activó una alarma ancestral. —Ni despertó una criatura gigante. —Ni explotó nada. —Ni cayó por un agujero. —Ni se perdió. —Ni encontró algo que no debía tocar. Todos guardaron silencio. Dren, que caminaba junto al grupo cargando provisiones, soltó una carcajada. —Extrañan a Kael. —No. —Sí. —No. —Sí. —Quizás un poco. Uno de los Corredores miró hacia atrás. —¿Creen que esté bien? —Es Kael. —Eso no responde la pregunta. —Precisamente. Las risas recorrieron el grupo. Porque era verdad. Kael tenía una habilidad casi sobrenatural para sobrevivir. No para evitar problemas. Para sobrevivirlos. Esa misma noche varios Corredores se reunieron en la cantina. No era una celebración. No era una reunión oficial. Simplemente estaban allí. Bebiendo. Hablando. Recordando. Como hacen las personas cuando extrañan a alguien y no quieren admitirlo. Una costumbre humana bastante extraña. Fingen que están hablando de otra cosa mientras hablan exactamente de esa cosa. —¿Recuerdan cuando intentó convencer a Varek de participar en aquella competencia de baile? La mesa explotó en carcajadas. —Pensé que Varek lo mataría. —Yo también. —Todavía podría hacerlo. Otro levantó su vaso. —¿Y cuando intentó cocinar? Dren, que estaba limpiando una jarra detrás de la barra, levantó la cabeza inmediatamente. —No hablen de eso. —Pero fue divertido. —NO FUE DIVERTIDO. —Un poco sí. —Incendió tres sartenes. —Técnicamente fueron dos. —Y una mesa. —La mesa estaba involucrada accidentalmente. —¿Cómo incendias una mesa cocinando? —Pregúntenle cuando vuelva. Las risas continuaron. Pero después fueron apagándose poco a poco. Porque todos estaban pensando lo mismo. El asiento de Kael seguía vacío. En otra parte de la base, Elias observaba informes en la sala de mando. Silas entró llevando varios documentos. —Sigues trabajando demasiado. —Y tú sigues entrando sin avisar. —Alguien tiene que vigilarte. Eso le recordó a Kael. Elias dejó los informes sobre la mesa. —¿Cómo está el ánimo? Silas sonrió levemente. —Mejorando. —Pero... —Lo extrañan. Elias asintió. No necesitaba preguntar quién. —Era bueno para la moral. —Era bueno para meter problemas. —También. —Era bueno para unir gente. —También. —Y era bueno peleando. —Mucho. Durante unos segundos ninguno habló. Luego Elias observó la inmensa ventana que mostraba parte de Nexum a la distancia. —Era inevitable. Silas asintió. —Lo sé. —Siempre iba a seguir avanzando. —Lo sé. —Y nosotros también. Silas sonrió. —Suena exactamente a algo que dirías. —Porque es verdad. Más tarde, en la biblioteca. Orsen organizaba varios libros antiguos. Los estantes parecían extenderse hasta el infinito como los rieles y las construcciones oxidadas de Nexum. Varek apareció inesperadamente. —Necesito un libro. Orsen levantó una ceja. —¿Tú? —No hagas comentarios. —Estoy intentando comprender este momento histórico. Varek observó alrededor. La biblioteca estaba vacía. Demasiado vacía. —El chico venía mucho aquí. Orsen sonrió. —Sí. —Hacía preguntas molestas. —Muchas. —Demasiadas. —Muchísimas. Los dos guardaron silencio. —Era un buen muchacho. Orsen asintió. —Lo era. Varek se cruzó de brazos. —Volverá. —Sí. —Más fuerte. —Sin duda. —Y más problemático. —También. Por primera vez en varios minutos, Varek sonrió. Una sonrisa pequeña. Casi invisible. A la mañana siguiente, Elias reunió a todos los Retornados en la plaza principal de la base. Corredores. Exploradores. Mecánicos. Combatientes. Todos. Muchos sabían de qué hablaría. Porque todos sentían lo mismo. Elias observó los rostros frente a él. Luego habló. —Extrañan a Kael. Nadie respondió. No hacía falta. —Yo también. Algunos sonrieron. —Pero esta base existía antes de él. Las sonrisas desaparecieron. —Y seguirá existiendo después de él. Los Retornados escuchaban en silencio. —Kael no se fue porque abandonara a los Retornados. Se fue porque debía crecer. Porque eligió avanzar. Porque eligió hacerse más fuerte. Elias observó a Mara y Elena entre la multitud. Luego a Varek. A Silas. A Darius. A Dren. A todos. —Y nosotros haremos exactamente lo mismo. Su voz resonó por toda la plaza. —No nos quedaremos aquí esperando. No contaremos los días. No miraremos el comunicador cada cinco minutos. Algunas personas evitaron mirar a Elena. Ella fingió no darse por aludida. —Entrenaremos. Exploraremos. Sobreviviremos. Creceremos. Pausa —Cuando Kael regrese... Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. —Quiero que descubra que los Retornados también siguieron avanzando. Que no nos quedamos atrás. Que seguimos siendo una familia. Y que somos más fuertes que cuando se fue. Esta vez las respuestas llegaron con fuerza. Decenas de voces. Decenas de puños alzados. Porque la nostalgia seguía allí. La ausencia seguía allí. Pero los Retornados sabían algo que Kael había aprendido desde su llegada. Algo que Nexum enseñaba mejor que nadie. Que seguir adelante no significa olvidar. Significa llevar contigo a quienes importan mientras continúas caminando. Y los Retornados llevaban a Kael consigo. Mientras él, en algún lugar lejano, probablemente estaba metiéndose en problemas de dimensiones históricas. Porque algunas cosas, por desgracia para la estabilidad del universo, jamás cambian.
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Nexum (Novela) Capítulo 77

Estás leyendo el capítulo 77 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 30 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.