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Leer Nexum (Novela) Capítulo 74 online gratis en español

El comunicador se apagó. El holograma de Aleksei desapareció y el almacén quedó en silencio. Esta vez nadie hizo bromas. Ni Elena. Ni Mara. Kael seguía mirando el punto donde había estado la llamada. Por primera vez desde que llegó a Los Retornados, la amenaza no parecía una bestia mecánica, ni una expedición peligrosa, ni una misión imposible. Era algo peor. Era una organización. Una enorme. Pacientes. Con recursos. Con tiempo. Y ahora con un motivo. Kael apoyó los codos sobre las rodillas. —Creo que tendré que irme. Las palabras salieron tan tranquilas que resultaron más dolorosas. Elena fue la primera en reaccionar. —No. Kael ni siquiera levantó la vista. —Elena... —No. —Escúchame. —No quiero escucharte. Mara permanecía inmóvil, pero su expresión se había endurecido. Eso era mala señal. Muy mala. Era la expresión que tenía cuando intentaba contener algo. —Si ese hombre me encuentra aquí... —Todavía no sabe quién eres —dijo Mara. —Todavía. Kael levantó la mirada. —¿Y cuando lo descubra? Ninguna respondió. —¿Qué pasará cuando la organización criminal más poderosa de Asterion descubra dónde vivo? Volvió a mirar alrededor. Las paredes metálicas. Las cajas. Los talleres. La gente que caminaba por la base. Personas que le habían dado comida cuando llegó. Personas que habían entrenado con él. Personas que habían confiado en él. —No voy a convertir esto en un objetivo. Su voz sonó firme. —Ni a ustedes. Elena apretó los puños. —Siempre haces eso. —¿Hacer qué? —Decidir solo. Kael abrió la boca. La cerró. Porque era cierto. Mara habló entonces. —Ya estás pensando en marcharte. No era una pregunta. Era una acusación. Kael bajó la vista. —Estoy pensando en opciones. —Mentira. Silencio. —Ya tomaste la decisión. Otra vez silencio. Mara lo conocía demasiado bien. Cuando Kael empezaba a usar frases como "estoy pensando" o "es una posibilidad" normalmente significaba que ya había decidido algo. Solo estaba buscando la manera de decirlo. —No voy a permitir que les pase algo por mi culpa. Elena se levantó de golpe. —¿Y crees que eso no nos va a afectar? Kael la miró. —Es diferente. —No. —Sí. —No. Sus ojos comenzaban a humedecerse de rabia. —¿Qué crees que va a pasar si desapareces? Kael no respondió. —¿Que vamos a sonreír y seguir con nuestras vidas? —Elena... —¿Que diremos "qué noble fue Kael"? Cada palabra golpeaba más fuerte. —¿Eso piensas? Mara permanecía en silencio. Y eso era incluso peor. Porque Elena gritaba cuando estaba molesta. Mara se callaba cuando estaba herida. Finalmente ella habló. —¿Recuerdas lo que dijiste cuando regresaste de La Ciudad? Kael la observó. —Dijiste que Los Retornados eran tu hogar. Que eramos tu equipo y que nos llevarías contigo. La frase cayó como una piedra. —Lo recuerdo. —Entonces deja de actuar como si fueras una bomba que debe alejarse de todos. —Mara... —Todos aquí corren riesgos. Sus ojos no se apartaban de él. —Tú. Nosotras. Elías. Todos Los Retornados. Eso fue cierto antes de que llegaras y seguirá siendo cierto después. Kael sintió un nudo en el pecho. Porque ella tenía razón. Y aun así... —No es lo mismo. —No. No lo es. Mara dio un paso adelante. —Porque ahora eres uno de nosotros. El silencio volvió. Uno pesado. Difícil. Kael bajó la cabeza. Elena lloraba secándose las lágrimas con los dedos. Por primera vez desde la llamada parecía cansado. Realmente cansado. —Tengo miedo. La confesión tomó por sorpresa a las dos. —No por mí. Miró a Elena. Luego a Mara. —Por ustedes. Ninguna respondió. —Casi las pierdo a ustedes cuando enfrentamos a Rainer. De no ser por Mira…—hizo una pausa dolorosa—. No pienso pasar por eso otra vez. Elena sintió que se le apretaba el pecho. Porque entendió algo. Kael no estaba intentando abandonarlas. Estaba intentando protegerlas. Ya estaba más calmada. Y eso lo hacía aún más triste. Mara suspiró. —Entonces nos parecemos más de lo que crees. Kael levantó una ceja. —¿Qué? —Porque yo también tengo miedo. Él se quedó inmóvil. No era una frase que Mara dijera con facilidad. —Y Elena también. —Muchísimo —confirmó Elena. —Pero seguimos aquí. Mara cruzó los brazos. —Así que no tomes una decisión solo. Porque esta vez no se trata únicamente de ti. Kael observó a ambas durante varios segundos. Luego miró la vieja arma de Rainer apoyada junto a él. Horas antes se preguntaba si la merecía. Ahora la pregunta era otra. Si merecía quedarse. Y por primera vez no estaba seguro de cuál respuesta le daba más miedo. El silencio permaneció varios segundos después de las palabras de Mara. Kael observó el suelo. Luego soltó una pequeña risa. No porque estuviera feliz. Era una de esas risas que aparecen cuando alguien intenta evitar que una conversación se vuelva demasiado dolorosa. —Ustedes dos realmente son un problema. —Tú empezaste —respondió Elena. —Probablemente. Kael se levantó de la caja metálica y tomó el arma de Rainer. La colocó sobre su hombro. —Pero sigo pensando lo mismo. Mara lo observó. —No me voy porque quiera alejarme de ustedes. —Entonces no te vayas. —No puedo. La respuesta fue inmediata. Sin dudas. Sin vacilaciones. —Tengo que seguir avanzando por mí y por ustedes, por Los Retornados Los ojos de Mara se endurecieron. —Siempre dices eso. —Porque es verdad. Kael levantó una mano. —Miren a su alrededor. Señaló la base. Los talleres. Las nuevas instalaciones. Los entrenamientos. La actividad que poco a poco estaba creciendo. —Los Retornados ya no son los mismos. Elena bajó un poco la mirada. Porque también era verdad. —Tienen los nuevos IBT. Tienen acceso a La Ciudad. Ya no los llaman infectados. Ya no los persiguen como antes. Kael sonrió levemente. —Y eso es solo el principio. Las dos lo escuchaban. —Todavía puedo hacer mucho más por todos ustedes. —¿Desde lejos? —preguntó Mara. —A veces desde lejos se puede hacer más. Esa respuesta no pareció convencerla. Ni un poco. Kael suspiró. —Si me quedo aquí todo el tiempo, me convierto en un objetivo. Si me muevo, crezco. Si crezco, puedo proteger más gente. Es así de simple. Elena cruzó los brazos. —Suena muy heroico. —No lo es. —Suena heroico. —Es estrategia. —Heroica. —Molesta. —Heroica. Kael terminó rindiéndose. —Un poco heroica. Eso le arrancó una sonrisa a Elena. Pequeña. Pero real. Luego Kael se volvió hacia ambas. Y por primera vez la determinación en sus ojos era absoluta. —Escuchen. Voy a hacerme más fuerte. Mucho más fuerte. Y donde tengo que ir... no puedo llevarlas. La frase cayó pesada. —Todavía no. Corrigió. Porque eso importaba. Todavía no. No nunca. Todavía no. —Voy a entrar en lugares donde apenas puedo sobrevivir yo mismo. Voy a enfrentar cosas para las que ni siquiera tengo nombre todavía. Voy a aprender cómo funciona realmente este mundo. Mara entendió inmediatamente. No estaba hablando solo de fuerza. Estaba hablando de respuestas. Del IBN. De Nexum. De su pasado. De todo. Kael sonrió entonces. Una sonrisa más parecida a las de antes. —Además. Cuando me vuelva Legendario... Elena levantó una ceja. —Ya empezó. —Voy a regresar. Voy a levantar a los Retornados hasta el cielo. Voy a construir una base tan grande que Elías necesitará un mapa para encontrar el baño. Una risa escapó de Elena. Incluso Mara tuvo que apartar la vista para ocultar una pequeña sonrisa. —Y volveré por ustedes dos. Elena negó con la cabeza. —Eso sonó como algo que diría un héroe antes de desaparecer durante veinte capítulos. —Exactamente. —No era un cumplido. —Lo tomo como uno. Kael señaló a ambas. —Mientras tanto...Háganse fuertes. Entrenen. Aprendan. Consigan implantes si lo desean. Consigan mejoras. Hagan que me arrepienta de haberlas dejado solas. —Eso será fácil —dijo Mara. —Lo sé. —Y no te hemos dejado ir todavía. —También lo sé. Hubo una pausa. Una larga. Porque todos entendían que aquella conversación era importante. Finalmente Kael miró sus propias manos. Las placas metálicas de la NSR aparecieron brevemente sobre su piel antes de desaparecer. —La verdad... Bajó la vista. —Si no hubiera despertado el IBN... Negó lentamente. —Mi camino habría sido completamente diferente. Quizás seguiría aquí, con ustedes. Quizás nunca habría salido de los Retornados. Quizás habría sido feliz así. Elena lo observó en silencio. Mara también. —Pero lo desperté. Sus ojos volvieron a alzarse. —Y desde ese momento ya no puedo fingir que soy alguien normal. El almacén quedó completamente quieto. Porque no había arrogancia en sus palabras. Ni orgullo. Solo aceptación. La aceptación de alguien que entendía que ciertas puertas, una vez abiertas, no podían cerrarse. —El IBN me eligió. O yo lo elegí a él. Todavía no lo sé. Pero voy a llegar hasta el final. Mara sostuvo su mirada durante varios segundos. Luego asintió lentamente. No porque estuviera de acuerdo. Sino porque entendía. Y quizás eso era peor. Porque cuando entiendes a alguien, resulta mucho más difícil convencerlo de quedarse. Mientras tanto, Elena observó a ambos y suspiró. —Detesto cuando se ponen tan profundos. —Yo también —dijo Kael. —Mientes. —Sí. —Mucho. Y durante unos instantes los tres permanecieron allí. Juntos. Sabiendo que el futuro probablemente los llevaría por caminos distintos. Pero también sabiendo algo que ninguno dijo en voz alta. Que, pasara el tiempo que pasara, Los Retornados ya no eran simplemente una base para Kael. Eran el lugar al que pensaba regresar. Y para alguien que había perdido todos sus recuerdos, eso era lo más parecido a tener un hogar. La llamada fue corta. Tan corta que casi parecía un trámite. Kael activó el comunicador. Aleksei apareció al instante. —¿Ya decidiste? —Sí. —¿Seguro? —Sí. —Mira dice que aún estás a tiempo de entrar en razón. Desde algún lugar fuera de cámara se escuchó la voz de Mira. —Nunca dije eso. —Lo pensaste. —Eso sí. Kael sonrió. —Estoy listo. Aleksei lo observó durante unos segundos. Esta vez no había bromas. —Bien. Pasaré por ti al amanecer. —Entendido. —No traigas demasiado equipaje. —No tengo demasiado equipaje. —Eso es deprimente. —Lo sé. —Nos vemos mañana, Kael. —Mañana. La comunicación terminó. Y de pronto el tiempo empezó a sentirse diferente. Porque ya no era una posibilidad. Ya no era una idea. Ya no era un "algún día". Era mañana. Mañana. Una palabra pequeña capaz de pesar toneladas. Kael guardó el comunicador lentamente. Luego se quedó quieto. Mara y Elena seguían allí. No hizo ningún comentario. No intentó fingir que nada ocurría. Simplemente habló. —Tengo que despedirme de todos. Las dos asintieron. Era lógico. Elías. Los Corredores. Varek. Los mecánicos. Los exploradores. Los guardias de la puerta. La cocinera y Dren que siempre insistían en servirle más comida. Toda aquella gente que había terminado convirtiéndose en algo parecido a una familia. Aunque ninguno de ellos usara esa palabra. La noticia se extendió por la base antes del anochecer. Como siempre ocurría. Los secretos sobrevivían poco entre Los Retornados. Kael pasó horas recorriendo los distintos sectores. Algunos reaccionaron con sorpresa. Otros con orgullo. Algunos fingieron que no les afectaba. Y unos cuantos no fingieron nada. Los Corredores fueron especialmente ruidosos. —¡No te mueras! —¡Trae algo caro cuando vuelvas! —¡Y una nave! —¡Y comida! —¡Y tecnología! —¡Y mujeres! —¡Eso último sobra! —gritó otro. Kael terminó riéndose. Porque era mejor reír que pensar. Varek fue distinto. Mucho más simple. Mucho más difícil. El veterano permaneció sentado en silencio mientras escuchaba. Cuando Kael terminó de hablar, Varek solo asintió. —Sabía que este día llegaría. —¿Tan obvio era? —Desde el primer día. Kael soltó una pequeña risa. —Genial. —No. Varek negó. —Era inevitable. Después apoyó una mano pesada sobre su hombro. —Vuelve. Solo eso. Ni discursos. Ni consejos. Ni dramatismo. Porque algunas personas entienden que las despedidas son suficientemente dolorosas por sí solas. La conversación con Elías fue aún más larga. Y más privada. Cuando salió de la oficina, la noche ya había caído sobre la base. Las luces industriales iluminaban los pasillos metálicos. Los generadores vibraban en la distancia. Y por primera vez en mucho tiempo Kael sintió que observaba todo como si fuera la última vez. Las puertas. Las murallas. Las torres. Los talleres. Los caminos de tierra. Todo. Su hogar. O al menos lo más parecido a uno. Cuando finalmente terminó, se comunicó con ellas por el identificador y lo estaban esperando en el techo del edificio de los dormitorios de ellas. Las dos estaban sentadas mirando las estrellas. Bueno. Las pocas estrellas visibles entre las luces y la contaminación del horizonte. Kael se sentó junto a ellas. Nadie habló durante un rato. No hacía falta. Elena fue la primera en romper el silencio. —¿Dormirás algo? —No. —Mala idea. —Lo sé. —Entonces la harás igual. —Correcto. —También lo sabía. Mara negó con la cabeza. —Eres imposible. —He oído eso antes. —Porque es cierto. Kael apoyó los brazos detrás de sí. Miró el cielo. —No quiero dormir. Las dos lo miraron. —Si cierro los ojos... Sonrió un poco. —Cuando los abra será mañana. Ninguna respondió. Porque entendían perfectamente. A veces una noche vale más que una semana. A veces uno intenta estirar las horas porque sabe que no volverán. Y aquella era una de esas noches. Así que se quedaron allí. Hablando de tonterías. Recordando misiones. Discutiendo quién había cometido más errores. Elena defendiendo teorías absurdas. Mara corrigiéndolas. Kael empeorándolas deliberadamente. Las horas fueron pasando. Lentas. Silenciosas. Preciosas. Y mientras la oscuridad avanzaba hacia el amanecer, Kael permaneció junto a ellas. Sin dormir. Sin marcharse. Sin pensar demasiado en el mañana. Porque el mañana llegaría de todos modos. Costumbre irritante de no poder detener el tiempo cuando más se necesita. Así que, por una última noche, simplemente estuvo allí. Con Mara. Con Elena. Con las personas que habían logrado convertir un refugio perdido en algo que valía la pena recordar.
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Nexum (Novela) Capítulo 74

Estás leyendo el capítulo 74 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 28 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.