Leer Nexum (Novela) Capítulo 73 online gratis en español
A la mañana siguiente, Kael terminó regresando al laboratorio.
Ya era casi una costumbre.
Cada vez que entraba, encontraba a Varek rodeado de pantallas, herramientas desmontadas y una cantidad preocupante de piezas mecánicas que parecían estar a medio camino entre un experimento científico y una explosión accidental.
Varek ni siquiera levantó la vista.
—Si vienes a preguntarme por el arma, llegas tarde.
—Entonces sí vengo a preguntarte por el arma.
—Lo sabía.
Kael tomó una silla y se sentó frente a la mesa de análisis.
—¿Qué encontraron?
Varek soltó un largo suspiro.
El tipo de suspiro que daban los científicos cuando el universo se negaba a obedecer las leyes de la física.
—Nada concluyente.
—Eso no suena bien.
—Porque no lo es.
Varek activó varias imágenes holográficas.
Diagramas.
Lecturas energéticas.
Mapas estructurales.
Un montón de información que parecía extremadamente importante y completamente incomprensible para cualquiera que no fuera él.
—Los materiales no coinciden con nada de nuestra base de datos.
—¿Tecnología militar?
—Sí.
—¿Tecnología del Gobierno?
—No.
—¿Tecnología experimental?
—Quizás.
Kael parpadeó.
—Eso reduce bastante las opciones.
—Exactamente.
Varek señaló una sección ampliada del arma.
—Hay componentes cuya composición simplemente no podemos identificar.
—¿Tan malos son nuestros equipos?
—Nuestros equipos son excelentes.
—Entonces...
—Entonces el problema no son nuestros equipos.
Varek cruzó los brazos.
—El problema es el arma.
Aquello llamó inmediatamente la atención de Kael.
—Explícate.
—Mi mejor hipótesis es que algunos componentes tienen origen en Nexum.
La habitación quedó en silencio.
Kael observó la imagen flotante.
—¿Nexum?
—Es solo una teoría.
—Pero una teoría de Varek suele significar que estás bastante seguro.
—Lamentablemente sí.
Varek amplió otra sección del análisis.
—Explicaría muchas cosas.
—¿Por ejemplo?
—Por ejemplo, por qué no se desintegró.
Kael recordó el combate.
La energía.
La potencia absurda.
El castigo que había soportado aquella arma.
Cualquier rifle convencional habría terminado convertido en chatarra.
—Tiene sentido.
—También explicaría por qué nuestros sistemas no consiguen clasificar algunos materiales.
—¿Y ahora qué?
Varek se encogió de hombros.
—Ahora hablas con tus amigos importantes.
—Suena raro cuando lo dices así.
—Porque es raro.
—Buen punto.
—El Gobierno probablemente posee instalaciones capaces de analizarla mejor.
—Aleksei va a disfrutar muchísimo presumiendo cuando le pida ayuda.
—Te lo mereces.
—¿Por qué?
—Por existir cerca de mí.
—Eso parece injusto.
—La vida suele serlo.
Kael sonrió.
Aquellas conversaciones eran extrañamente reconfortantes.
Entonces Varek cambió de pantalla.
Aparecieron los IBT.
Docenas de ellos.
Los mismos que Kael había traído.
Y esta vez el científico parecía mucho más interesado.
—Ahora hablemos de algo que sí pudimos analizar.
—¿Buenas noticias?
—Sorprendentemente sí.
—Empiezo a preocuparme.
Varek ignoró el comentario.
—Estos implantes son extraordinarios.
Kael levantó una ceja.
—¿Tanto así?
—Mucho más de lo que imaginas.
Amplió varios gráficos.
—Son más estables. Más eficientes. Más seguros. Y tienen tasas de compatibilidad absurdamente altas.
—Pero son tecnología antigua.
—Precisamente.
Kael parpadeó.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
Varek parecía incluso molesto por ello.
Como si la realidad estuviera contradiciendo sus teorías favoritas.
—La mayoría de la tecnología moderna supera a la antigua.
—¿Y esta no?
—No.
Varek negó con la cabeza.
—Es como si quienes los fabricaron hubieran dominado procesos que posteriormente se perdieron.
Kael recordó la carta de su padre.
La civilización desaparecida.
Las Grandes Guerras.
La tecnología perdida.
Todo encajaba.
—¿Podremos utilizarlos?
—Sí.
—¿Sin riesgos?
—Con menos riesgos que muchos implantes actuales.
—Eso es una locura.
—Estoy de acuerdo.
Kael observó los datos durante unos segundos.
Aquellos IBT podían cambiar muchas cosas para Los Retornados.
Más supervivencia.
Más capacidad operativa.
Más posibilidades de enfrentar el futuro.
Y entonces apareció otro pensamiento.
Uno nuevo.
Uno más grande.
Más ambicioso.
Si unos pocos implantes antiguos podían marcar tanta diferencia...
¿Qué ocurriría si lograban conseguir más tecnología?
Tecnología real.
Tecnología de la Ciudad.
Tecnología del Gobierno.
Quizás incluso tecnología relacionada con Nexum.
Los Retornados llevaban años sobreviviendo con recursos limitados.
Tal vez había llegado el momento de empezar a crecer.
Varek notó aquella expresión inmediatamente.
—No me gusta esa cara.
—¿Qué cara?
—La cara que pones antes de tener una idea.
—Eso no es una cara.
—Lo es.
—No lo es.
—Lo es.
Kael sonrió.
—Tal vez estoy pensando en conseguir algunas cosas para la base.
—Eso es exactamente lo que temía.
—Confías muy poco en mí.
—La experiencia me respalda.
—Justo.
Se puso de pie.
Tomó el rifle de Rainer.
El arma seguía siendo un misterio.
Quizás incluso una pista.
Quizás una llave hacia algo mucho más grande.
—Gracias, Varek.
—Intenta no destruir nada importante.
—No puedo prometerlo.
—Entonces intenta destruir cosas poco importantes.
—Eso es más razonable.
—Lo sé.
Kael se dirigió hacia la salida.
Y mientras abandonaba el laboratorio, una idea comenzaba a tomar forma en su cabeza.
Ya no se trataba solo de sobrevivir.
Ni siquiera de encontrar respuestas.
Los Retornados habían pasado demasiado tiempo resistiendo.
Quizás había llegado el momento de empezar a construir algo más grande.
Y para eso necesitarían tecnología.
Mucha tecnología.
Una conclusión peligrosa, porque cada vez que Kael tenía una visión noble para el futuro, el universo solía responder enviándole problemas del tamaño de un edificio. En Nexum, a veces del tamaño de una ciudad entera.
La base de los Retornados estaba extrañamente tranquila aquella tarde. Un silencio raro, de esos que duran poco porque siempre aparece alguien haciendo una estupidez.
Kael estaba sentado sobre una caja metálica en uno de los almacenes exteriores. El arma de Rainer descansaba sobre sus piernas mientras la observaba con el ceño fruncido.
La giró entre sus manos.
—¿Qué demonios eres exactamente?
Silencio.
—Gran conversación.
Pasó un dedo por una de las placas oscuras del arma.
—Podría pedir ayuda al Gobierno para analizarte... pero eso significa deberles un favor.
Miró al cielo.
—Y cuando alguien poderoso dice "no te preocupes por la deuda", normalmente significa que deberías preocuparte mucho por la deuda.
Volvió a mirar el arma.
—Capaz me mandan a pelear contra una montaña que dispara láseres.
Silencio otra vez.
—No me ayudarás mucho, ¿verdad?
Suspiró.
—Además... técnicamente te robé.
El arma permaneció inmóvil.
—Bueno, "robé" después de matar a tu dueño usándote contra él.
Se quedó callado unos segundos.
—Aunque para ser justos, él intentó matarme primero. Aunque yo me lo busqué porque tenía que aceptar la misión como pago de la deuda adquirida.
Un ruido de pasos lo interrumpió.
Mara y Elena aparecieron por la entrada del almacén.
Las dos se quedaron observándolo.
Kael seguía mirando el arma.
—No sé ni por qué me eligieron para esto.
Elena levantó una ceja.
—¿Está... hablando con el arma?
Mara cruzó los brazos.
—Parece que sí.
Kael giró la cabeza.
—No es lo que parece.
—Parece exactamente lo que parece —dijo Elena acercándose—. Te encontramos teniendo una conversación profunda con un pedazo de metal.
—Era una conversación estratégica.
—¿Y quién iba ganando?
—El arma.
Elena soltó una risa.
Mara se acercó y observó el rifle.
—¿Pensando en usarla otra vez?
—No.
—¿Seguro?
—Bueno... quizás.
—Eso sonó menos convincente de lo que creías.
Kael resopló.
—Solo intento entenderla.
Elena se sentó a su lado.
—¿O intentas ponerle nombre?
Kael casi deja caer el arma.
—¿Qué?
—Todo el mundo sabe cómo empiezan estas cosas.
—No empiezan de ninguna manera.
—Primero le hablas.
—Estaba pensando.
—Luego le pones nombre.
—No le voy a poner nombre.
—Después empiezas a decir cosas como "ella me comprende".
—No voy a decir eso.
Mara observó el arma unos segundos.
—Rainer la llamaba "Verdugo".
Kael la miró.
—¿En serio?
—No.
Elena soltó una carcajada.
—¡Mara!
Por un instante incluso la propia Mara pareció satisfecha con la broma.
Kael negó con la cabeza.
—Por un segundo te creí.
—Ese fue tu error.
Elena volvió a mirar el arma.
—Aunque podrías llamarla Rainer.
—No.
—Sería raro.
—Muy raro.
—Un poco perturbador.
—Bastante perturbador.
—Entonces queda descartado.
—Gracias.
Elena sonrió.
—De nada.
Hubo un pequeño silencio.
Kael bajó la vista hacia el arma.
—La verdad... no sé si la merezco.
Las sonrisas desaparecieron.
—La obtuve porque maté a alguien.
Mara se apoyó contra una pared cercana.
—La obtuviste porque sobreviviste.
—No es tan simple.
—Nunca lo es.
Kael observó el mecanismo interno visible entre las placas metálicas.
—Rainer era un monstruo.
—Sí —respondió Mara.
—Pero si no hubiera aparecido... probablemente nunca habría despertado todo esto.
Miró sus manos.
—Nunca habría llegado tan lejos.
Elena habló con suavidad.
—No tienes que agradecerle por eso.
—No lo hago.
Kael negó lentamente.
—Solo reconozco que me obligó a crecer.
Mara asintió.
—Las personas pueden dejar algo importante incluso cuando son horribles.
—Exacto.
—Eso no las convierte en buenas personas.
—Lo sé.
El silencio regresó.
Finalmente Elena señaló el arma.
—Entonces ya que estamos de acuerdo en que no se llamará Rainer...
—No se llamará Rainer.
—¿Cómo se llamará?
Kael la miró fijamente.
—No va a tener nombre.
—Eso dicen todos.
—No.
—En dos semanas tendrá nombre.
—No.
—En un mes le estarás hablando otra vez.
—Ya le estoy hablando.
—Buen punto.
Mara negó con la cabeza.
—Los dos son unos idiotas.
—Gracias —respondieron Kael y Elena al mismo tiempo.
Por primera vez en varios minutos, Kael sonrió de verdad.
Y aunque no lo admitió, por un instante sintió que el peso del arma era un poco menor cuando ellas estaban allí. Porque cargar con recuerdos, culpas y decisiones imposibles era mucho más sencillo cuando había alguien dispuesto a burlarse de ti mientras lo hacías. Algo que, para desgracia de Kael, Mara y Elena hacían extraordinariamente bien.
Seguían en el almacén cuando Kael activó su comunicador holográfico.
Mara y Elena aún estaban cerca.
—Voy a llamar a Aleksei.
—¿Por qué? —preguntó Elena.
—Necesito una misión.
—Acabas de regresar.
—Precisamente. Si me quedo quieto demasiado tiempo empiezo a tener ideas.
—Eso es preocupante.
—Lo sé.
La imagen holográfica de Aleksei apareció segundos después.
—¡Kael! Justo estaba pensando en ti.
—Eso suele traer problemas.
—Correcto.
—Lo suponía.
Aleksei sonrió.
—¿Qué necesitas?
—Trabajo.
—Directo al asunto.
—Necesito ganar algo antes de empezar a pedir favores al Gobierno.
Aleksei apoyó el mentón sobre una mano.
—Mala noticia.
—Ya empezamos.
—Las únicas operaciones disponibles ahora mismo son de nivel alto.
—¿Qué tan alto?
—Mira me rompería varios huesos si te llevo.
—Eso no responde nada.
—Responde bastante.
El rostro de Kael se tensó.
—Entonces no hay nada.
—No exactamente.
Aleksei pareció recordar algo.
—Aunque algún día podrías acompañarnos en una misión.
Los ojos de Kael brillaron un poco.
—¿Como observador?
—Como observador.
—Acepto.
—Ni siquiera sabes qué es.
—Acepto igual.
Mara se llevó una mano a la frente.
Elena soltó un suspiro.
La humanidad había sobrevivido miles de años para producir individuos como Kael. Un logro científico difícil de justificar.
Aleksei soltó una carcajada.
—Sabía que dirías eso.
—¿Cuándo es?
—No te emociones no es para hacerla pronto aún. Primero necesitarías evaluación y mucho entrenamiento. Es una misión que tenemos pendiente hace un tiempo.
—¿Evaluación?
—La zona de operación tiene niveles enormes de energía residual y ondas vibratorias.
Kael parpadeó.
—¿Y?
—Y que podrías terminar inconsciente.
—Eso ha pasado antes.
—Durante horas.
—También.
—Con daño neurológico temporal.
—Eso ya no suena tan divertido.
—Porque no lo es.
Mira apareció detrás de Aleksei.
—Dile la parte importante.
—Iba a hacerlo.
—No parecía.
—Tenía un plan.
—Tu plan era olvidarlo.
—También.
Kael sintió un mal presentimiento.
—¿Qué parte importante?
Por primera vez Aleksei perdió la sonrisa.
—Tenemos otro asunto.
El almacén quedó en silencio.
—¿Qué asunto?
—El territorio que controlaba Rainer.
Kael sintió una punzada en el estómago.
—¿Qué pasa con él?
—La Faxxion Umbral perdió ese territorio.
—Claro.
—Y el líder de Umbral está bastante molesto.
Mara levantó la mirada.
Elena también.
—¿Molesto cuánto? —preguntó Kael.
—Perdió recursos.
—Bien.
—Perdió dinero.
—Mejor.
—Perdió influencia.
—Excelente.
—Y ahora quiere encontrar al responsable.
La sonrisa de Kael desapareció.
—Menos excelente.
Aleksei asintió.
—Mucho menos excelente.
—¿Sabe quién soy?
—No.
—Perfecto.
—Todavía no.
—...Perfecto se fue.
Mira cruzó los brazos.
—Los rumores se mueven rápido en Asterion.
—¿Y qué tan grave es?
Aleksei intercambió una mirada con ella.
Eso no tranquilizó a nadie.
—Kael.
—¿Sí?
—La organización de Rainer no era una banda común.
—Ya me había dado cuenta.
—Era una rama menor.
—¿Menor?
—Muy menor.
El silencio se volvió incómodo.
—¿Quién dirige la Faxxion?
Aleksei tardó unos segundos en responder.
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Nadie conoce su identidad real.
—¿Nada?
—Solo una cosa.
Kael esperó.
Mara también.
Elena parecía contener la respiración.
Finalmente Aleksei habló.
—Es uno de los seis usuarios IBN registrados.
La expresión de Kael se endureció.
—...
—Uno extremadamente poderoso.
—...
—Y dirige a Umbral, la red criminal más grande de Asterion.
—Pero si es usuario IBN registrado ¿Cómo no conocen su identidad?
—Que sea registrado no significa que se conozca su identidad. Hace un tiempo lo supimos porque cuando fue usado ese IBN, detectamos su pulso pero no dimos con él luego, hasta ahora, gracias a ti.
Durante varios segundos nadie dijo nada.
Ni siquiera Elena tuvo una broma preparada.
Lo cual era una señal alarmante.
Finalmente Kael soltó aire por la nariz.
—Entonces el jefe criminal más peligroso del mundo está buscando al hombre que mató a uno de sus líderes.
—Correcto.
—Y ese hombre soy yo.
—Correcto.
Kael asintió lentamente.
—Bien.
—¿Bien?
—Sí.
—¿Por qué bien?
Una sonrisa apareció en el rostro de Kael.
Una de esas sonrisas que preocupaban a Mara.
—Porque significa que estoy empezando a ser relevante.
Mara cerró los ojos.
—No puedo creer que esa haya sido tu conclusión.
—Yo sí —dijo Elena.
Mira soltó una carcajada.
Aleksei negó con la cabeza.
—Kael...
—¿Sí?
—Cuando conozcas a alguien que quiera matarte y que además tenga un IBN, procura no emocionarte.
—No prometo nada.
—Eso también era la respuesta que esperaba.
Y mientras la comunicación se cortaba, una idea incómoda quedó flotando en la mente de todos.
Rainer había sido peligroso.
Pero quizás nunca había sido el verdadero enemigo.
Quizás solo había sido uno de los subordinados de alguien mucho más grande.
Y por primera vez desde que llegó a Asterion, Kael tuvo la sensación de que una sombra enorme acababa de fijarse en él desde algún lugar del mundo.

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Nexum (Novela)
Capítulo 74
Nexum (Novela) Capítulo 73
Estás leyendo el capítulo 73 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 28 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.