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Leer Nexum (Novela) Capítulo 72 online gratis en español

Kael prácticamente salió disparado del laboratorio. —¿Ya te vas? —preguntó Varek. —Asuntos familiares. —Eso suena preocupante. —Lo es. Dejó el rifle de Rainer apoyado junto a una mesa. —Analicen esto también. Varek observó el arma. —¿Qué tiene de especial? —Sobrevivió a mis locuras. —Justo. Y antes de que pudieran hacer más preguntas, Kael desapareció por el pasillo. Su habitación estaba vacía. Silenciosa. Extrañamente tranquila después de tantos días en la Ciudad. Cerró la puerta. Se sentó sobre la cama. Y sacó el sobre. Por primera vez desde que lo encontró sintió algo parecido a nervios. No era miedo a una bestia. Ni a un criminal. Ni siquiera a Nexum. Era algo peor. Era miedo a encontrar respuestas. Abrió la carta cuidadosamente. El papel estaba envejecido pero en buen estado. No recordaba de su padre pero sentía que era de él. Aquella letra...le causaba familiaridad. Comenzó a leer. "Si estás leyendo esto, significa que encontraste el escondite." "También significa que ya eres lo bastante fuerte para conocer algunas verdades." "Quien sabe. Quizas ya estuviste en Nexum y regresaste como yo también" "Dentro del sobre encontrarás varios implantes militares experimentales." "Fueron creados durante las Grandes Guerras por una civilización que ya no existe." "La tecnología utilizada para fabricarlos se perdió hace mucho tiempo." "No son IBN." "Nada se compara a los IBN." "Pero poseen una compatibilidad excepcional y un rendimiento superior al de la mayoría de los IBT modernos." "Úsalos con inteligencia." "Podrían salvar tu vida, y la de otros" Ahora tenían sentido. No eran simples reliquias. Eran piezas de una tecnología desaparecida. Quizás incluso más antiguas que muchos de los sistemas actuales de la Ciudad. Siguió leyendo. Y entonces llegó al párrafo que hizo que se detuviera. "Hay algo más que debo contarte." "Soy Usuario IBN." Kael se quedó inmóvil. Volvió a leer la línea. Una vez. Dos veces. Tres. Como si las palabras fueran a cambiar. Pero no cambiaron. “Oculté este hecho durante toda tu infancia”. "No porque no confiara en ti." "Porque había personas observando." "Y porque mientras menos supieras, más seguro estarías" "Casi nadie sabe al respecto, ni siquiera el Gobierno Mundial" Kael sintió que el corazón le golpeaba con fuerza. Usuario IBN. Su padre. Todo aquel tiempo. Todo aquel tiempo. "Si encontraste esta carta, probablemente ya descubriste tu propia compatibilidad." "No me sorprendería." "La compatibilidad con los IBN es extraordinariamente rara, pero en ocasiones aparece dentro de ciertas líneas familiares, ya sabes como" Kael apoyó lentamente la carta sobre sus piernas. Entonces por eso. Por eso el IBN había funcionado. Por eso no había muerto durante la implantación. Por eso había logrado adaptarse. Por eso A.D.A.M. había mostrado interés. No era un accidente. Quizás nunca lo había sido. "Cuando leas esto, yo ya habré partido hacia Nexum, otra vez, por razones peligrosas pero importantes a la vez." "Si todo salió bien, seguiré allí." "Si todo salió mal..." "No importa." "No quiero que esta carta sea una despedida." "Quiero que sea una explicación." Kael tragó saliva. Aquella frase le recordó demasiado a su madre. Demasiado. "Hay cosas dentro de Nexum que el Gobierno no comprende." "Hay cosas que ni siquiera los Usuarios IBN más poderosos comprenden." "Voy porque debo hacerlo." "Y porque algunas respuestas solo existen allí." La habitación parecía más silenciosa con cada línea. Más pesada. Más pequeña. Como si las paredes se acercaran. "No sé qué clase de hombre serás cuando encuentres esta carta." "Pero espero que conserves algo que tu madre siempre admiró de ti." "Tu capacidad para proteger a otros incluso cuando tienes miedo." Kael bajó la mirada. Aquella parte dolió más que cualquier revelación. Porque sonaba exactamente como algo que dirían sus padres. "Si alguna vez decides ir a Nexum" "No me busques por obligación." "Hazlo solo si realmente deseas conocer la verdad." "Porque algunas respuestas cambian a las personas para siempre" La carta terminaba con una última línea. Una sola. "Estoy orgulloso de ti, hijo." Kael permaneció sentado durante mucho tiempo. Sin moverse. Con la carta entre las manos. Pensando. Su padre era Usuario IBN. Había entrado en Nexum voluntariamente. Conocía secretos que el Gobierno ignoraba. Y probablemente seguía vivo. Quizás. Tal vez. En algún lugar imposible dentro de aquella ciudad infinita. Kael miró su brazo. El IBN bajo su piel. Las placas metálicas ocultas de la NSR. Las capacidades que apenas comenzaba a comprender. Toda su vida había creído que era un chico normal atrapado en algo demasiado grande para él. Ahora empezaba a sospechar que aquello era mentira. Y por primera vez desde que recuperó aquella carta, una idea se instaló firmemente en su mente. No estaba siguiendo los pasos de su padre. Tal vez llevaba años caminando por el mismo camino sin saberlo. Un pensamiento bastante incómodo. Los padres ya tienen la mala costumbre de parecerse a sus hijos. Que ocurra también al revés resulta francamente injusto. La habitación estaba a oscuras. Solo la tenue iluminación del complejo se colaba por debajo de la puerta. Kael seguía sentado sobre la cama con la carta abierta a su lado. Su mente trabajaba a una velocidad absurda. Las funciones cognitivas del IBN estaban activas. Miles de conexiones. Hipótesis. Probabilidades. Patrones. Todo pasando al mismo tiempo. Era como tener varias versiones de sí mismo discutiendo dentro de su cabeza. Y por una vez no eran bromas. Eran análisis. —Bien... pensemos... Comenzó a organizar mentalmente la información. Mira Caelúm. Su IBN estaba claramente orientado hacia el análisis, la percepción mental y la obtención de información. Lectura de pensamientos. Exploración de recuerdos. Capacidades cognitivas extremas. Un IBN enfocado en conocimiento. Luego estaba él. Kael. Su capacidad parecía centrarse en algo completamente distinto. Potenciar armas. Canalizar energía. Sobrecargar sistemas. Aumentar capacidades destructivas. Un IBN orientado al combate. Después estaba Aleksei. Y ahí aparecía un enorme signo de interrogación. —Nunca lo he visto usar nada extraño... Recordó los combates. Las conversaciones. Las operaciones. Nada. Su IBN es un misterio aún. Luego estaba Izán. Desaparecido. Otro misterio. Otro vacío. Otro usuario IBN del que apenas tenían información. Kael se cruzó de brazos. —Cinco usuarios... Repasó los nombres. Mira. Aleksei. Izán. Él. Y... Su padre. ¿Era posible? La lógica indicaba que sí. Cada vez parecía más probable. Su padre había ocultado ser Usuario IBN. Había desaparecido en Nexum. Conocía secretos que nadie más parecía conocer. Encajaba demasiado bien. Sin embargo... Algo seguía molestándole. Los análisis del IBN seguían generando posibilidades. Una tras otra. Una tras otra. Una tras otra. Y una de ellas apareció. —¿Y si no es él? Se quedó inmóvil. Porque aquella posibilidad era incómoda. Si había seis usuarios registrados... Y él era el sexto. Entonces alguien estaba oculto. Alguien que nadie había identificado todavía. Alguien que seguía oculto. O perdido. O muerto. O atrapado en Nexum. Sabía que podría ser su padre. La idea no le gustó. Nada de aquello le gustaba. Porque cuanto más aprendía sobre los IBN... Más parecía que todas las piezas estaban conectadas desde mucho antes de que él naciera. Como si estuviera entrando en una historia que había comenzado décadas atrás. Y él apenas hubiera llegado al capítulo equivocado. Su mirada cayó sobre la carta. Nexum. Todo terminaba llevando a Nexum. Su padre. Los IBN. Los recuerdos perdidos. A.D.A.M. Las anomalías. Todo. Y ahí estaba el verdadero problema. Si entraba. Si cruzaba otra vez. Podría olvidar. Podría perder a los Retornados. A Mara. A Elena. A Elías. A sí mismo. Encontrar a su padre no serviría de nada si olvidaba por qué estaba buscándolo. Esa idea le produjo un escalofrío. Incluso para alguien que solía correr hacia los problemas en lugar de alejarse de ellos. —Maldita ciudad infinita... Se dejó caer hacia atrás sobre la cama. Agotado. Mentalmente agotado. Kael seguía procesando información con la función cognitiva. Buscando patrones. Construyendo teorías. Generando posibilidades. Y por primera vez en días deseó que se callara. Entonces sonó el comunicador holográfico. Bip. Kael abrió los ojos. Bip. Y soltó un suspiro de alivio. —Gracias. Bip. —Quienquiera que seas, acabas de salvarme de seguir pensando. Activó la llamada. La proyección holográfica comenzó a materializarse frente a él. Y mientras la imagen aparecía, Kael sintió algo que no había sentido en horas. Descanso. Porque a veces enfrentarse a criminales, bestias mecánicas o conspiraciones gubernamentales resulta mucho más sencillo que quedarse solo con tus propios pensamientos. Kael aceptó la llamada. Esperó ver aparecer un holograma. No apareció nada. Solo una línea de audio. Parpadeó confundido. —¿Elena? Hubo un segundo de silencio. —Hola, Kael. Era extraño. Muy extraño. La había escuchado hablar cientos de veces. Pero nunca así. Solo su voz. Sin verla. Sin expresiones. Sin gestos. Sin poder adivinar lo que estaba pensando. Por alguna razón aquello se sentía más personal. Más cercano. Más íntimo. Y aparentemente Elena sentía lo mismo. Porque su tono era mucho más formal de lo habitual. —Me alegra que hayas regresado sano y salvo. Kael levantó una ceja. —Gracias. Espero que usted también se encuentre bien, señorita Elena. Ella tardó un segundo en responder. —Me encuentro adecuadamente. —Excelente noticia. Procederé a registrarla en los archivos oficiales. —Aprecio profundamente su preocupación. —El placer es mío. Silencio. Otro silencio. Uno incómodo. Los dos se dieron cuenta al mismo tiempo. Y ambos soltaron una pequeña risa. La tensión desapareció inmediatamente. —Esto es raro —admitió Elena. —Muchísimo. —Hablamos todos los días. —Y resulta que no sabemos usar un comunicador. —Parece que no. Kael sonrió mientras se recostaba sobre la cama. Era increíble cómo algo tan simple estaba logrando distraerlo de todo el caos que tenía en la cabeza. —¿Qué estabas haciendo? —Pensando. —Eso nunca es buena señal contigo. —Lo sé. —¿Muy grave? Kael observó el techo. —Digamos que estaba intentando analizar demasiadas cosas al mismo tiempo. —¿El IBN otra vez? —El IBN otra vez. —¿Y te estaba dando dolor de cabeza? —Mi cerebro estaba tan caliente que creo que podía cocinar encima de él. Elena soltó una risa. Una auténtica. No una de esas risas suaves que a veces se le escapaban. Una sincera. —Eso suena preocupante. —Lo era. —Entonces me alegra haber llamado. Kael permaneció unos segundos en silencio. Aquella frase le provocó una sensación extraña. Agradable. Tranquila. —Yo también me alegro. Elena tardó un instante en responder. —¿De verdad? —Sí. —Pensé que estarías ocupado. —Estaba ocupado. —Entonces debería dejarte descansar. —No. La respuesta salió demasiado rápido. Los dos lo notaron. Silencio otra vez. Kael se aclaró la garganta. —Quiero decir... no me molesta. —Entiendo. Ahora era Elena quien sonaba ligeramente avergonzada. Las personas son fascinantes. Son capaces de luchar contra monstruos gigantes sin pestañear y luego entrar en pánico por una llamada telefónica. Hablaron un rato más. De cosas simples. Del viaje. De los Retornados. De algunas tonterías que habían ocurrido mientras él estaba fuera. Nada especialmente importante. Y precisamente por eso resultó agradable. Por una vez no hablaban sobre supervivencia. Ni sobre Nexum. Ni sobre muerte. Ni sobre conspiraciones. Solo hablaban. Finalmente Elena suspiró. —Deberías descansar. —Probablemente. —Y dejar de analizar el universo por una noche. —Eso también. —¿Lo prometes? —No exageremos. Ella volvió a reír. —Buenas noches, Kael. —Buenas noches, Elena. Hubo una pequeña pausa. Como si ninguno quisiera ser el primero en cortar. Luego Elena habló una última vez. —De verdad me alegra que hayas vuelto. Kael sonrió. Una sonrisa sincera. De esas que nadie veía cuando estaba solo. —A mí también. La llamada terminó. La habitación volvió a quedar en silencio. Pero ya no era un silencio pesado. Las preguntas seguían allí. Su padre. Los IBN. Nexum. Todo seguía esperando respuestas. Sin embargo, por primera vez desde que abrió aquella carta, su cabeza dejó de sentirse como una máquina funcionando al límite. Y mientras observaba el techo, pensó que quizás Elena no era consciente de ello. Pero acababa de rescatarlo de una batalla mucho más complicada que cualquiera de las que había librado en la Ciudad. La batalla contra sus propios pensamientos. Kael observó el comunicador durante varios segundos. Había peleado contra criminales armados. Había enfrentado bestias mecánicas. Había discutido con funcionarios del Gobierno. Había negociado con contrabandistas. Y sin embargo ahí estaba. Mirando un simple botón de llamada. —Esto es ridículo. Se pasó una mano por la cabeza. —Solo es Mara. Eso no ayudó. De hecho empeoró las cosas. Porque precisamente era Mara. La misma Mara con la que había compartido entrenamientos, expediciones y momentos que ninguno de los dos habría admitido que significaban algo especial. La misma Mara cuya opinión le importaba mucho más de lo que quería reconocer. Suspiró. Y llamó. En otra parte de la base. Mara estaba sentada sobre su cama. Su espada apoyada contra la pared. Pensativa. Demasiado pensativa. Lo cual ya era extraño. Más extraño aún era que estuviera mirando su propio comunicador. Pensando exactamente lo mismo. Si debía llamarlo. O no. No porque tuviera algo importante que decir. Simplemente... Porque quería hacerlo. Aquella idea le resultaba incómoda. Mucho. Entonces sonó el comunicador. Mara parpadeó. Miró la pantalla. Y sintió que su corazón daba un pequeño salto traicionero. —... Era Kael. Se quedó observando la llamada entrante durante dos segundos. Tres. Cuatro. —Contrólate. Aceptó. Solo audio. Nada de hologramas. Nada de contacto visual. Gracias al universo por los pequeños milagros. —Hola. La voz de Mara llegó primero. Calmada. Serena. Como siempre. Kael sintió un alivio inmediato. —Hola. Y acto seguido olvidó todo lo que pensaba decir. Excelente inicio. Dos genios de la comunicación moderna. —Escuché que ya hablaste con Elías. —Las noticias vuelan. —Vivimos en una base donde todos se conocen. —Buen punto. Silencio. No incómodo. Solo extraño. Como si ambos estuvieran adaptándose a hablar sin verse. —¿Cómo estás? —preguntó Mara finalmente. Kael tardó un momento en responder. —Bien. Ella guardó silencio. —Estás mintiendo. —¿Qué? —Estás pensando demasiado. —Eso no significa que esté mal. —Kael. —Está bien, estoy pensando demasiado. —Lo sabía. Él soltó una risa. —A veces me preocupa cuánto me conoces. —A mí me preocupa cuánto te cuesta ocultar cosas. —Eso fue cruel. —Fue preciso. —Más cruel todavía. Por primera vez escuchó una pequeña risa al otro lado. Y por alguna razón eso le gustó. Mucho. —¿Fue por la carta? —preguntó ella. La sonrisa desapareció un poco. —Sí. Mara no insistió. Nunca lo hacía. Era una de las cosas que más apreciaba de ella. Sabía cuándo preguntar. Y cuándo simplemente quedarse. —¿Quieres hablar de ello? —No lo sé. —Entonces no hace falta. Kael apoyó la cabeza contra la pared. Aquella respuesta le quitó un peso de encima. No tenía que explicar nada. No tenía que justificar nada. Simplemente podía estar allí. Escuchando su voz. Pasaron varios minutos hablando de cosas simples. El entrenamiento. La expedición. Los Corredores. Las locuras de Aleksei. Los comentarios de Varek. Nada importante. Y precisamente por eso era agradable. En un momento Kael comentó: —Es raro. —¿Qué cosa? —Hablar contigo así. —¿Por audio? —Sí. Mara tardó unos segundos en responder. —Lo es. —No puedo saber si me estás mirando mal. —Tal vez lo estoy haciendo. —Eso ayuda muchísimo. —Era mi intención. —Qué considerada. Otra pequeña risa. Más suave esta vez. Hubo una pausa. Una de esas pausas que normalmente serían incómodas. Pero no lo fueron. Porque ninguno sentía la necesidad de llenarla. Simplemente estaban allí. Compartiendo el silencio. Escuchando la respiración del otro a través del comunicador. Algo simple. Extrañamente tranquilo. Entonces Mara habló. Con una voz más baja. Más sincera. —Me preocupé por ti. Kael se quedó inmóvil. Ella rara vez decía esas cosas. Y cuando las decía... Las decía de verdad. —Y yo más por ti, por ambas. Lo sé. —No. No lo sabes. Mara suspiró. —Cada día que estuviste fuera imaginé veinte maneras diferentes en las que podías terminar muerto. —Solo veinte. —Las otras cuarenta eran demasiado improbables. Kael soltó una risa. —Eso es lo más cercano a una confesión emocional que he escuchado de ti. —Y ya me arrepiento. —No lo hagas. La respuesta salió demasiado rápido. Demasiado sincera. Mara guardó silencio. Él también. Por un instante ninguno dijo nada. Y en ese pequeño silencio había algo diferente. Algo que ninguno estaba listo para nombrar. Pero que ambos podían sentir. Como una puerta que comenzaba a abrirse lentamente. Sin prisa. Sin presión. Solo un poco más cada día. Finalmente Mara rompió el momento. —Deberías dormir. —¿Es una orden? —Sí. —No eres mi superior. —Podría derrotarte. —Ese no es el sistema jerárquico habitual. —Funciona para mí. —Justo. Ella volvió a reír. Y Kael pensó que le gustaba escuchar esa risa mucho más de lo que debería. —Buenas noches, Kael. —Buenas noches, Mara. Hubo una pequeña pausa. Una última. Y entonces ella dijo: —Me alegra que hayas vuelto con vida. Kael cerró los ojos. Recordando todo lo que había ocurrido. La Ciudad. La carta. Su padre. Los IBN. Nexum. Todo. Y por primera vez aquella noche ninguna de esas cosas pareció tan pesada. —A mí también. Mara no respondió enseguida. Pero cuando lo hizo, su voz sonó extrañamente cálida. —Bien. La llamada terminó. Kael observó el techo de su habitación. Y no pudo evitar sonreír. Porque había algo curioso que acababa de descubrir. Las llamadas con Elena le daban tranquilidad. Las llamadas con Mara le aceleraban el corazón. Y ambas situaciones eran muchísimo más complicadas de analizar que cualquier misterio relacionado con los IBN. Una tragedia para alguien que intentaba resolver problemas usando lógica. La lógica tiene la desagradable costumbre de rendirse cuando aparecen ciertos sentimientos.
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Estás leyendo el capítulo 72 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 27 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.