Leer Nexum (Novela) Capítulo 66 online gratis en español
Por unos momentos reinó el silencio.
Un silencio extraño después de una batalla.
Elena aprovechó para revisar rápidamente al grupo.
—Contusiones menores. Algunos cortes. Fatiga. Nada grave.
Mara movió un hombro.
—He estado peor.
—Esa frase no es tranquilizadora.
—Tampoco incorrecta.
Kael permanecía de pie observando el almacén.
No estaba físicamente agotado.
Su respiración era estable.
Sus músculos respondían bien.
Pero mentalmente era otra historia.
Mantener activas tantas funciones del IBN.
Compartirlas.
Proteger a Mara y Elena.
Controlar el NSR.
Analizar amenazas.
Todo aquello estaba consumiendo recursos mentales a una velocidad preocupante.
Aun así sonrió.
—Sobrevivimos.
—De momento —corrigió Mara.
—Gracias por el optimismo.
Entonces algo llamó su atención.
Un arma abandonada entre los criminales derrotados.
Kael la recogió.
Elena y Mara intercambiaron miradas.
—No.
—¿No qué?
—Ya te conozco.
—Ni siquiera he hecho nada.
El IBN reaccionó.
Y el NSR también.
Filamentos nanotecnológicos comenzaron a extenderse sobre el arma.
Líneas metálicas recorrieron la superficie.
Pequeños patrones luminosos aparecieron en la estructura.
Como venas energéticas.
Kael abrió mucho los ojos.
—Interesante...Ya extrañaba esto
—Kael.
—Muy interesante.
—Kael.
—Extremadamente interesante.
Mara ya estaba alejándose unos pasos.
Por pura supervivencia.
La energía acumulándose dentro del arma comenzó a emitir un zumbido inquietante.
Elena se cubrió parcialmente los ojos.
—Estoy teniendo un mal presentimiento.
—Yo uno excelente.
—Ese es exactamente el problema.
Kael apuntó a la enorme puerta reforzada del almacén.
Y disparó.
El resultado fue absurdo.
Una explosión brutal sacudió toda la zona.
La puerta desapareció prácticamente arrancada de sus anclajes.
Fragmentos de metal salieron despedidos.
Una onda expansiva recorrió la entrada.
Las aves cercanas levantaron vuelo aterradas.
Varias alarmas internas comenzaron a sonar.
Y el arma...
simplemente dejó de existir como arma funcional.
La estructura estaba deformada.
Fundida.
Muerta.
Kael observó los restos.
—Bueno.
—¿Bueno? —preguntó Elena.
—Duró más de lo que esperaba.
—¡Eso no es una buena señal!
Mara cruzó los brazos.
—Ahora recuerdo por qué los oficiales de La Ciudad te prohibieron usar sus armas.
Kael miró los restos con cierta tristeza.
—Eran muy sensibles.
—Las convertiste en explosivos de un solo uso.
—Detalles técnicos.
—No son detalles.
Lo peor era que Kael parecía genuinamente fascinado.
Como un niño descubriendo un juguete nuevo.
Un juguete capaz de derribar edificios.
La clase de afición que provoca canas prematuras en cualquier supervisor responsable.
—Creo que esta habilidad tiene potencial.
Elena cerró los ojos.
—No.
—Imaginen si encuentro un arma capaz de soportarlo.
—No.
—Podría especializarme.
—No.
—Quizás convertirlo en mi estilo de combate.
—KAEL, NO.
Mara señaló inmediatamente sus propias armas.
—Ni se te ocurra tocar las mías.
—Ni siquiera lo propuse.
—Porque sabes cuál sería la respuesta.
—Sí.
—No.
—Exactamente.
Kael suspiró.
—Nadie apoya mis sueños.
—Tus sueños suelen implicar explosiones.
—Y destrucción masiva de propiedad —añadió Elena.
—Y gastos enormes de reparación —continuó Mara.
—Y probablemente investigación gubernamental.
Kael reflexionó unos segundos.
—Siguen siendo buenos sueños.
Las dos lo miraron.
—Caso perdido —murmuró Elena.
Pero incluso ellas tenían que admitir algo.
Aquello era nuevo.
Nunca habían visto una capacidad similar.
El NSR parecía adaptarse al arma.
Reforzarla.
Potenciarla.
Canalizar energía a través de ella.
Y aunque el resultado destruía el arma, la potencia obtenida era ridícula.
Quizás era una habilidad exclusiva de Kael.
Otra anomalía más del IBN.
Otra función que nadie había mencionado.
Otra razón por la cual Mira Kaelúm probablemente tendría una reacción emocionalmente poco saludable.
—Ni se te ocurra contarle esto a Mira —dijo Kael.
—Ahora definitivamente voy a contárselo —respondió Mara.
—Traidora.
—Responsable.
—Traidora responsable.
La gigantesca abertura donde antes estaba la puerta seguía humeando.
Más allá.
Oscuridad.
Pasillos.
Y posiblemente las respuestas que habían estado buscando desde el principio.
—Bueno.
Miró a sus compañeras.
—Entremos antes de que alguien repare mi trabajo.
—Nadie va a reparar eso —dijo Elena.
—Probablemente tengan razón.
Y los tres avanzaron hacia el interior del almacén destruido, mientras detrás de ellos quedaba otra víctima de la nueva obsesión de Kael: encontrar algún día un arma lo bastante resistente para sobrevivir a sus ideas. Una meta que, honestamente, sonaba más peligrosa para la realidad que para sus enemigos.
La enorme abertura que había dejado la explosión seguía expulsando humo cuando una figura apareció desde el interior del almacén.
Lenta.
Tranquila.
Como si no le importara el caos que acababa de ocurrir.
Un hombre alto.
Cabello corto.
Varias cicatrices.
Implantes visibles recorriendo parte de su cuello y brazos.
Y sobre su hombro descansaba una enorme arma personalizada.
Una auténtica monstruosidad mecánica.
El hombre observó la puerta destruida.
Luego a Kael.
—¿Sabes cuánto costó esa puerta?
Kael señaló los escombros.
—¿Sabes cuánto costó mi casa?
El hombre soltó una carcajada.
—Punto válido.
Mara ya estaba preparada para atacar.
Elena también había tomado posición.
Pero Kael levantó ligeramente una mano.
Todavía quería respuestas.
—¿Eres Rainer?
—Depende.
—¿De qué?
—De quién pregunta.
—Del idiota al que le destruyeron la casa con un cohete.
—Entonces sí.
Era él.
No parecía preocupado.
Ni nervioso.
Ni sorprendido.
Eso llamó inmediatamente la atención de Kael.
Los líderes criminales normalmente escondían algo.
Miedo.
Arrogancia.
Ansiedad.
Rainer no mostraba nada.
Como si ya hubiera evaluado la situación.
Y aceptado el resultado.
Fuera cual fuera.
Kael decidió ir directo al asunto.
—Sólo quiero saber una cosa.
—¿Sólo una?
—¿A cuál Faxxion pertenecen?
Rainer volvió a reír.
Una risa sincera.
Como si acabara de escuchar algo absurdo.
—Todo este desastre...
Señaló los criminales inconscientes.
Los escombros.
La puerta destruida.
—¿Por eso?
Kael no respondió.
Y entonces lo vio.
Una pequeña reacción.
Un cambio mínimo.
Pero suficiente.
El hombre sabía algo.
Y eso bastó.
El IBN comenzó a analizarlo más profundamente.
Primero los movimientos.
Luego la postura.
Después los implantes.
Y cuanto más observaba...
más incómodo se sentía.
—No puede ser...
Elena lo miró.
—¿Qué ocurre?
Kael no apartó la vista.
—Lo tiene todo.
—¿Todo qué?
—Todos los sistemas.
Mara comprendió primero.
Su expresión se endureció.
El Neuromotor.
El Sensorial.
El Sistema Músculo Esquelético.
El Cardiovascular y Energético.
El Cognitivo.
Todos.
Y no versiones civiles.
Versiones militares.
Kael recordó inmediatamente las palabras de Aleksei.
"Incluso para tus estándares, ese lugar es peligroso."
En aquel momento había pensado que exageraba.
Ahora ya no.
Porque tenía delante a algo que jamás había enfrentado.
No era un Usuario IBN.
Pero era lo más cercano que había visto.
Un hombre que había llevado el concepto IBT hasta el límite.
Un monstruo construido pieza por pieza.
Rainer notó la mirada.
—Lo entendiste.
—Eres una locura andante.
—He escuchado cosas peores.
—¿Sigues siendo humano?
—Depende del día.
Aquella respuesta no le gustó nada.
Entonces Rainer levantó su enorme arma.
Y sin advertencia alguna...
apuntó a Elena.
Kael se movió inmediatamente.
El disparo salió.
Las placas del NSR surgieron frente a ella.
La explosión sacudió la zona.
Pero Elena salió ilesa.
—¡¿Qué demonios?! —gritó ella.
Rainer sonrió.
—¿Esperabas un duelo honorable?
Kael se quedó inmóvil.
Y comprendió algo importante.
Algo que Elías nunca pudo enseñarle en entrenamientos.
Algo que las bestias mecánicas tampoco podían enseñarle.
No todos peleaban limpio.
No todos respetaban reglas.
No todos buscaban al rival más fuerte.
Algunos simplemente atacaban donde más dolía.
Y Rainer era uno de ellos.
El siguiente ataque fue hacia Mara.
No porque fuera más peligrosa.
Porque estaba ligeramente distraída observando a Elena.
Otra vez.
Sucio.
Eficiente.
Práctico.
Muy Rápido
Y tremendamente peligroso. Kael casi lo perdió de vista.
Mara bloqueó el golpe por poco.
Las chispas saltaron entre ambos.
—Lo odio —declaró.
—La sensación es mutua —respondió Rainer.
Kael apareció entre ellos.
Interceptando el siguiente ataque.
Y por primera vez sintió algo.
No miedo.
Respeto.
Porque el impacto lo obligó a retroceder un paso.
Un paso entero.
Rainer sonrió.
—Ahí está.
—¿Qué?
—La cara de alguien que acaba de descubrir que no es el único monstruo en la habitación.
El combate comenzó de verdad.
Y fue diferente a todo lo anterior.
Cada vez que Kael intentaba presionar a Rainer...
este atacaba a las chicas.
Cada vez que protegía a las chicas...
Rainer ganaba espacio.
Cada decisión tenía consecuencias.
Cada movimiento exigía atención absoluta.
Y eso agotaba.
Mucho.
Más que cualquier enfrentamiento físico.
Porque ahora no sólo estaba peleando.
Estaba calculando constantemente la seguridad de dos personas. Las chicas no podían alejarse porque perderían el enlace con Kael.
Compartiendo funciones.
Controlando la NSR.
Y enfrentando a un enemigo capaz de aprovechar cualquier error.
Un golpe pasó cerca de Mara.
Kael desvió la trayectoria.
Una bala fue hacia Elena.
El NSR la interceptó.
Rainer intentó usar a sus propios hombres como cobertura.
Intentó provocar explosiones.
Intentó romper el ritmo.
Todo era válido para él.
Y cada minuto que pasaba Kael aprendía algo nuevo.
Crecer significaba esto.
No sólo hacerse más fuerte.
Sino descubrir nuevos tipos de enemigos.
Nuevas amenazas.
Nuevas debilidades.
Cuando finalmente intercambiaron un choque directo que hizo temblar parte del almacén, ambos retrocedieron.
El polvo llenó el aire.
Rainer sonreía.
Kael también.
Aunque por razones distintas.
Porque por primera vez desde que salió de Nexum...
había encontrado a alguien que realmente podía obligarlo a evolucionar.
Y eso era tan peligroso como emocionante.
Mientras las placas del NSR recorrían lentamente sus brazos y el IBN analizaba miles de variables por segundo, Kael comprendió que la verdadera batalla de aquella misión acababa de empezar.
Y que obtener información de Rainer iba a requerir mucho más que derrotarlo.
Primero tendría que quebrar la confianza de un hombre que llevaba años sobreviviendo en un mundo donde los débiles desaparecían.
Y eso iba a ser una pelea mucho más difícil que cualquier intercambio de golpes.
La pelea había cambiado.
Ya no era una cuestión de habilidad.
Era una cuestión de desgaste.
Kael lo sabía.
Y Mara y Elena también.
La conexión compartida seguía activa.
Más débil.
Más inestable.
Pero suficiente para que ellas sintieran fragmentos de lo que él estaba experimentando.
Fatiga mental.
Sobrecarga cognitiva.
La presión constante de mantener funcionando el IBN mientras protegía a dos compañeras y enfrentaba a un rival monstruosamente fuerte.
Rainer también lo notó.
Los depredadores siempre notan cuando una presa empieza a cansarse.
Y aquel hombre era muchas cosas.
Entre ellas, un depredador.
Otro choque.
Otra explosión de fuerza.
Rainer sacó el arma para dispararles a las chicas pero Kael desvió el rayo hacia los edificios. El arma tenía un tiempo antes de hacer otro disparo.
Otro intercambio brutal.
Kael logró bloquear.
Retrocedió.
Respiró.
Entonces ocurrió.
El pulso.
No como los anteriores.
Peor.
Mucho peor.
Un dolor insoportable atravesó su mente.
El mundo desapareció durante un instante.
El IBN se llenó de alertas.
Funciones desconectándose.
Procesos reiniciándose.
Errores.
Anomalías.
La conexión compartida colapsó.
Kael quedó inmóvil.
Paralizado.
Y en ese instante comprendió algo terrible.
Mara y Elena habían quedado desprotegidas, ellas lo sintieron porque perdieron la conexión con Kael.
Rainer lo entendió también pero ya había lanzado el golpe hacia Kael y no podía girarse hacia las chicas. No importaba, lo iba a mandar lejos y se quedaría solo con ellas.
Y no dudó.
Jamás dudaba.
El golpe llegó como un misil.
Impactó de lleno.
El cuerpo de Kael atravesó una pared.
Luego otra.
Metal.
Hormigón.
Escombros.
Salió despedido fuera del complejo.
El estruendo sacudió toda la estructura.
—¡KAEL! —gritó Elena.
No hubo respuesta.
Sólo polvo.
Y silencio.
Por primera vez desde que comenzó la misión...
Kael no estaba allí.
Mara sintió un nudo en el estómago.
Algo raro.
Algo desagradable.
Porque por mucho que discutieran o bromearan...
siempre había estado ahí.
Y ahora no.
Rainer giró lentamente hacia ellas.
La sonrisa había desaparecido.
No necesitaba sonreír.
La situación hablaba por sí sola.
—Ahora sí. Voy a disfrutar esto.
Comenzó a caminar sacudiéndose las manos.
Paso a paso.
Como una máquina de guerra y el arma en su hombro.
Elena retrocedió.
Instintivamente.
Mara apretó los dientes.
Entonces recordó algo.
Su mano fue hacia uno de los bolsillos.
El identificador.
Kael se lo había dado.
"Por si ocurre una emergencia."
En aquel momento ella había pensado que exageraba.
Ahora ya no.
—Elena.
—¿Qué hacemos?
—Confiar en el idiota.
Activó el dispositivo.
Nada ocurrió durante un segundo.
Dos.
Tres.
Cinco.
Diez.
Rainer siguió avanzando. Mara dejó caer el dispositivo.
—¿Eso era todo?
Entonces el cielo se iluminó.
Un destello.
Como un relámpago cayendo directamente sobre el almacén.
La presión en el aire cambió.
Los fragmentos de metal vibraron.
El suelo tembló.
Y algo descendió desde las alturas.
No cayó.
Descendió.
Controladamente.
Como si la gravedad hubiera decidido obedecerle.
La figura aterrizó entre Rainer y las chicas.
El impacto agrietó el suelo.
El silencio fue absoluto.
Mara sonrió.
—Funcionó.
Elena parpadeó.
—...Funcionó.
La figura se incorporó lentamente.
Cabello blanco.
Armadura blanca y dorada.
Ojos brillando con una intensidad antinatural.
Presencia aplastante.
No era simplemente una Usuaria IBN.
Era una leyenda viviente.
Mira Caelúm.
Rainer soltó una maldición.
Una muy poco elegante.
—Maldita sea...
Por primera vez desde que había aparecido...
parecía genuinamente preocupado.
Luego la observó mejor.
Y su expresión empeoró.
—Otro usuario IBN. No sé si sentirme afortunado o desdichado.
Una Legendaria.
Mira ni siquiera lo miró, lo ignoró.
Observó a Mara.
Luego a Elena.
Le bastó un segundo.
Comprendió todo.
Las señales del combate.
La sobrecarga energética.
Los restos de NSR.
La destrucción.
Las heridas.
Todo.
—¿Dónde está?
Su voz era fría.
Peligrosamente fría.
Elena señaló la dirección.
—Lo lanzó fuera del complejo.
Mira cerró los ojos un instante.
Como si estuviera conteniendo algo.
Quizás ira.
Quizás preocupación.
Quizás ambas.
Cuando volvió a abrirlos, señaló hacia atrás.
—Las dos conmigo.
—¿Y Kael? —preguntó Elena.
—Kael sigue respirando.
Aquella afirmación sonó demasiado segura para ser una suposición.
—Pero ahora mismo son ustedes el problema.
Mara entendió inmediatamente.
Si permanecían allí...
Kael seguiría intentando protegerlas.
Y seguiría limitándose.
Mira les estaba quitando esa carga.
Rainer finalmente habló.
—¿Piensas llevártelas y dejarlo solo?
Mira giró lentamente la cabeza.
La mirada que le dedicó fue tan fría que incluso el líder criminal retrocedió medio paso.
Sólo medio.
Pero lo hizo.
—Tú deberías preocuparte por otra cosa.
—¿Qué cosa?
Mira señaló hacia la dirección donde había desaparecido Kael.
—Por lo que va a pasar cuando ese chico se levante.
El silencio volvió.
Porque incluso ella parecía más preocupada por eso que por la pelea.
Mara y Elena intercambiaron una mirada.
No entendían completamente aquellas palabras.
Pero Rainer sí.
Y por primera vez desde el inicio del combate...
el hombre pareció incómodo.
Realmente incómodo.
Un segundo después, Mira tomó a ambas y desapareció del lugar a una velocidad absurda.
El aire explotó detrás de ellas.
Y se fueron.
Rainer quedó solo.
Entre ruinas.
Cadáveres de metal.
Escombros.
Y el eco de aquellas palabras.
Miró hacia el enorme agujero por el que Kael había sido lanzado.
Luego recordó todo lo que había visto durante la pelea.
El IBN.
La NSR.
Las evoluciones.
La adaptación constante.
Y por primera vez se preguntó si había cometido un error.
No al enfrentarlo.
Sino al empujarlo tan lejos.
Porque si algo había aprendido sobreviviendo en aquel mundo...
era que las criaturas más peligrosas no eran las que nacían monstruos.
Eran las que se convertían en uno durante la batalla.

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Nexum (Novela)
Capítulo 67
Nexum (Novela) Capítulo 66
Estás leyendo el capítulo 66 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 27 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.