Leer Nexum (Novela) Capítulo 65 online gratis en español
La misión había cambiado.
Ya no era una infiltración.
Era una persecución.
Cada callejón los acercaba más al almacén señalado por el informante y cada minuto atraía a más enemigos.
Los primeros criminales habían sido simples matones.
Los siguientes estaban mejor organizados.
Y finalmente aparecieron los usuarios IBT.
Kael los identificó antes de verlos.
El IBN detectaba anomalías en movimientos, ritmos cardíacos y firmas energéticas extrañas.
—Tres adelante —dijo mientras avanzaban por una pasarela elevada—. Uno a la izquierda, dos en los tejados.
Mara sonrió.
—Ya me estaba aburriendo.
—Eso es preocupante.
—Lo sé.
Los enemigos aparecieron segundos después.
Uno saltó desde un tejado.
Otro salió de una ventana.
El tercero avanzó frontalmente.
Los tres llevaban implantes visibles.
Brazos reforzados.
Piernas modificadas.
Placas metálicas integradas en la piel.
—¡Son ellos!
—Excelente observación —dijo Kael.
El primer atacante lanzó un golpe directo.
Kael se inclinó apenas unos centímetros.
El puño pasó junto a su rostro.
Con la misma fluidez sujetó el brazo enemigo, utilizó su impulso y lo lanzó contra una pared.
El criminal perdió el conocimiento al instante.
El segundo intentó aprovechar la apertura.
Mara apareció.
Una de sus nuevas armas impactó la articulación de la rodilla.
El hombre perdió el equilibrio.
Un segundo golpe lo dejó fuera de combate.
—Dos.
—Presumida.
—Objetivamente eficiente.
El tercero intentó escapar.
Elena activó uno de sus dispositivos.
Una pequeña descarga incapacitante impactó en la espalda del fugitivo.
Cayó de bruces.
—Tres —dijo Elena.
Mara la miró.
—Bien hecho.
Elena sonrió.
Aquella simple aprobación valía mucho viniendo de Mara.
Continuaron avanzando.
Y los enfrentamientos siguieron.
Una emboscada en una escalera.
Otro grupo en un mercado abandonado.
Dos usuarios IBT escondidos entre contenedores.
Cada combate era rápido.
Controlado.
Preciso.
Nadie moría.
Kael insistía en ello.
Neutralizar.
Inmovilizar.
Seguir avanzando.
Era más difícil.
Pero también les daba información.
Y la información era el verdadero objetivo.
Mientras tanto, las funciones sincronizadas del IBN seguían sorprendiendo a las chicas.
Elena podía anticipar lesiones antes de que ocurrieran.
Detectar signos de agotamiento.
Evaluar daños físicos en segundos.
Incluso comenzó a notar pequeños detalles biológicos que normalmente pasarían desapercibidos.
—Ahora entiendo por qué quieres que me especialice en medicina e implantes —comentó mientras examinaba a un enemigo inconsciente.
—¿Sí?
—Con suficientes datos podría diagnosticar a alguien en segundos.
—Exactamente.
—Eso da miedo.
—También exactamente.
Por otro lado, Mara parecía estar disfrutando demasiado.
Cada nueva expansión sensorial se integraba naturalmente en su forma de pelear.
Era como si hubiera nacido para ello.
Detectaba movimientos.
Calculaba trayectorias.
Tomaba decisiones instantáneas.
Varias veces incluso sorprendió al propio Kael.
—A tu derecha.
Mara giró antes de que él terminara la frase.
Interceptó al atacante.
Lo derribó.
Y siguió caminando.
—¿Acabas de adelantarte al IBN?
—Quizás.
—Eso también me preocupa.
—Gracias.
Kael comenzó a notar algo.
Mara no sólo era compatible.
Era excepcionalmente compatible.
Mucho más de lo que debería ser alguien sin implantes avanzados.
Aquella observación quedó guardada en su mente.
Para después.
Porque ahora tenían problemas más urgentes.
Llegaron a una avenida estrecha llena de estructuras industriales abandonadas.
Por primera vez en varios minutos no había enemigos.
Ni disparos.
Ni emboscadas.
Sólo silencio.
Demasiado silencio.
Kael se detuvo.
Mara hizo lo mismo.
Elena también.
Las funciones compartidas seguían activas.
Y los tres sintieron algo extraño al mismo tiempo.
Una sensación común.
Como una corriente recorriendo la conexión.
Un pensamiento compartido sin palabras.
Peligro.
Frente a ellos.
Kael levantó la vista.
A lo lejos.
Entre edificios industriales.
Se distinguía una enorme estructura.
Oscura.
Fortificada.
Con vigilancia en los accesos.
El almacén.
El destino indicado por el informante.
Y probablemente el centro de operaciones de la banda.
Mara observó el lugar.
—Llegamos.
Elena ajustó sus equipos médicos.
—No parece precisamente amistoso.
—Los criminales rara vez decoran con flores —dijo Kael.
Pero mientras hablaba, una sensación extraña recorrió nuevamente el IBN.
No era dolor.
No esta vez.
Era reconocimiento.
Como si el implante hubiera detectado algo.
Algo poderoso dentro de aquel complejo.
Kael frunció el ceño.
—¿Qué ocurre? —preguntó Elena.
—No lo sé.
Miró el almacén.
Las sombras.
Las torres improvisadas.
Las defensas.
Y esa extraña sensación que crecía dentro del IBN.
—Pero creo que estamos a punto de descubrir por qué alguien quiso destruir mi antigua casa.
El viento sopló entre las estructuras oxidadas.
Y por primera vez desde que comenzó la misión, incluso Mara dejó de sonreír.
Porque los tres sintieron lo mismo.
Lo que los esperaba allí dentro era diferente a todo lo que habían enfrentado hasta ahora.
El almacén se alzaba frente a ellos como una fortaleza improvisada.
Torres de vigilancia.
Contenedores apilados.
Barricadas metálicas.
Luces moviéndose entre las sombras.
Aquello ya no parecía una banda criminal común.
Parecía una pequeña organización militar.
Los tres permanecieron ocultos observando.
Y, para sorpresa de nadie, Mara estaba disfrutando demasiado las mejoras compartidas del IBN de Kael.
—Ahora entiendo por qué la gente se vuelve adicta a los implantes.
Elena asintió.
—Es difícil volver atrás después de sentir esto.
La percepción aumentada seguía activa.
El flujo de información.
La claridad mental.
La sensación de que el mundo revelaba detalles que normalmente permanecían ocultos.
Era fascinante.
Y también peligrosa.
—Eso es exactamente lo que me preocupa —dijo Kael.
—¿Qué?
—Que les guste tanto.
Mara sonrió.
—Demasiado tarde.
—Excelente. Ya tengo suficientes problemas tecnológicos en mi vida.
Elena soltó una pequeña risa.
Pero entonces ocurrió.
Otra vez.
El pulso.
Más fuerte que antes.
El dolor atravesó la cabeza de Kael como una descarga.
Su cuerpo se tensó.
Una mano fue automáticamente hacia la sien.
—Kael.
Mara lo notó primero.
La conexión seguía activa.
No sintieron el dolor.
Pero percibieron la alteración.
La tensión.
La anomalía.
Elena se acercó inmediatamente.
—¿Otra vez?
—Sí.
Respiró profundamente.
Esperó.
El pulso desapareció.
Pero dejó algo detrás.
Una sensación incómoda.
Una inquietud difícil de explicar.
El silencio se instaló durante unos segundos.
Y entonces Kael recordó algo.
Una conversación.
Una pregunta.
La voz de Mira Kaelúm.
"¿Has matado alguna vez?"
En aquel momento la pregunta le había parecido extraña.
Ahora ya no tanto.
Porque cuanto más evolucionaba el IBN...
más agresivas parecían algunas de sus respuestas.
Más eficientes.
Más orientadas a eliminar amenazas.
Más... absolutas.
Como si la tecnología estuviera optimizando constantemente la supervivencia.
Y para una máquina, la supervivencia rara vez tenía consideraciones morales.
Kael observó sus propias manos.
Recordó la velocidad con la que había derrotado a los criminales.
La facilidad.
La precisión.
Lo sencillo que habría sido matarlos.
Y cómo cada vez que usaba más funciones del IBN, esa diferencia parecía reducirse.
No porque quisiera hacerlo.
Sino porque la posibilidad aparecía cada vez más clara.
Más lógica.
Más eficiente.
Y eso era precisamente lo que le preocupaba.
—¿Qué estás pensando? —preguntó Elena.
Kael dudó unos segundos.
Luego decidió ser sincero.
—Creo que el IBN quiere algo.
Mara frunció el ceño.
—¿Algo?
—No literalmente.
—Menos mal.
—Pero cada evolución parece empujarme en una dirección.
Elena cruzó los brazos.
—¿Cuál dirección?
Kael tardó un momento en responder.
—La eficiencia absoluta.
El silencio fue inmediato.
Las dos entendieron.
Porque llevaban horas conectadas a una pequeña parte del sistema.
Habían sentido cómo analizaba amenazas.
Cómo calculaba riesgos.
Cómo optimizaba respuestas.
Y si una inteligencia diseñada para sobrevivir evolucionaba sin límites...
la línea entre neutralizar y eliminar podía volverse muy fina.
—Pero sigues siendo tú —dijo Elena.
Kael sonrió levemente.
—Eso espero.
Mara lo observó fijamente.
—Si algún día no lo eres, te golpearé hasta que vuelvas a serlo.
—Qué discurso tan emotivo.
—Estoy hablando en serio.
—Lo sé.
Y curiosamente eso lo tranquilizó.
Porque no estaba solo.
Si el IBN seguía cambiándolo, habría personas capaces de notarlo.
Personas que lo conocían.
Personas que no tendrían miedo de enfrentarlo.
Incluso a él.
Especialmente a él.
Elena apoyó una mano en su hombro.
—No eres una máquina.
—Todavía no.
—Kael.
—Era una broma.
—Mala broma.
—Lo sé.
El ambiente se relajó ligeramente.
Sólo un poco.
Lo suficiente.
Kael volvió a mirar el almacén.
El pulso había desaparecido.
Pero la sensación permanecía.
Como una advertencia.
O una expectativa.
No sabía cuál de las dos era peor.
Guardó la inquietud para más tarde.
Ahora tenían una misión.
Y quizás respuestas.
Sobre la carta.
Sobre los IBT.
Sobre su pasado.
Y sobre por qué alguien había protegido aquellos secretos durante tantos años.
Aunque en el fondo, una parte de él empezaba a sospechar algo inquietante.
Quizás la verdadera evolución del IBN consistía en hacerse fuerte para ser usado por A.D.A.M. al final. Pero ahora le estaba pidiendo matar o morir.
El almacén estaba justo delante de ellos.
Tan cerca.
Y sin embargo tan lejos.
Porque de pronto dejaron de aparecer enemigos aislados.
Las sombras comenzaron a moverse.
En los tejados.
En las ventanas.
Entre los contenedores.
En los callejones laterales.
Uno.
Cinco.
Diez.
Veinte.
Más.
Muchos más.
Elena dejó escapar lentamente el aire.
—Creo que nos descubrieron.
—Observación brillante —murmuró Kael.
Incluso Mara dejó de bromear.
Aquello era distinto.
Los enemigos que habían enfrentado hasta ahora eran exploradores, vigilantes y grupos de respuesta rápida.
Esto era una fuerza organizada.
Preparada.
Esperándolos.
Y entonces Kael los reconoció.
No por sus rostros.
Por su comportamiento.
Por la mirada vacía.
Por la forma en que avanzaban.
Por la ausencia total de miedo.
Una sensación desagradable recorrió su espalda.
—Mara.
—¿Sí?
—Elena.
—Te escucho.
—Tengan cuidado.
Su tono había cambiado.
Las dos lo notaron inmediatamente.
—¿Qué ocurre? —preguntó Elena.
Kael observó a los individuos que avanzaban.
—Son parecidos a los criminales que vi en La Franja.
Mara frunció el ceño.
—¿Los suicidas?
—Sí.
El silencio cayó sobre el grupo.
Eso era una mala noticia.
Una muy mala noticia.
Porque significaba que probablemente estaban lidiando con personas adoctrinadas, controladas o fanáticamente leales.
Personas capaces de morir por una orden.
Y eso las volvía impredecibles.
—Entonces no van a rendirse —dijo Elena.
—No.
—Genial.
—Nunca usamos esa palabra cuando pasan cosas malas —respondió Kael.
Las funciones compartidas del IBN continuaban activas.
Y ahora Kael comenzaba a notar otra cosa.
Cansancio.
No físico solamente.
Mental.
El esfuerzo de mantener el enlace con ambas.
Analizar el entorno.
Procesar amenazas.
Pelear.
Tomar decisiones.
Todo al mismo tiempo.
Era mucho.
Más de lo que había imaginado.
Contra las bestias mecánicas era diferente.
Las máquinas eran brutales.
Peligrosas.
Pero predecibles.
No pensaban.
No improvisaban.
No tendían emboscadas complejas.
No fingían retiradas.
No utilizaban rehenes.
Los humanos sí.
Y eso los convertía en enemigos mucho más complicados.
Kael observó cómo varios usuarios IBT comenzaban a posicionarse.
Algunos flanqueaban.
Otros cubrían ángulos.
Otros permanecían detrás.
Esperando.
—Están coordinados.
Mara asintió.
—Lo veo.
—Y son más fuertes que los anteriores.
—También lo veo.
Kael respiró profundamente.
Podía acabar aquello más rápido.
Lo sabía.
El IBN le mostraba posibilidades constantemente.
Trayectorias.
Puntos de impacto.
Ataques de área.
Opciones devastadoras.
Pero todas tenían el mismo problema.
Mara y Elena.
No estaba solo.
Si liberaba demasiada fuerza...
podía lastimarlas.
Si utilizaba ciertas funciones...
podía provocar daños colaterales.
Si actuaba únicamente como el IBN consideraba óptimo...
ellas se convertirían en variables de riesgo.
Y eso era inaceptable.
Elena observó su expresión.
—Estás calculando algo.
—Sí.
—¿Y no te gusta el resultado?
—No.
Mara sonrió ligeramente.
—Bienvenido al liderazgo.
Kael soltó una pequeña risa.
—Gracias por el apoyo.
—De nada.
La verdad era simple.
Por primera vez entendía algo que Elías le había enseñado durante los entrenamientos.
Pelear solo era fácil.
Pelear protegiendo a otros era difícil.
Porque cada decisión dejaba de afectar únicamente tu vida.
Y ahora entendía por qué Elías parecía estar siempre pensando tres pasos por delante.
No era paranoia.
Era responsabilidad.
Los criminales seguían acercándose.
Decenas de ellos.
Usuarios IBT mezclados entre combatientes normales.
Armas improvisadas.
Armas militares.
Explosivos.
Todo apuntando hacia ellos.
Elena tragó saliva.
Mara adoptó una posición de combate.
Y Kael avanzó un paso.
Sólo uno.
El viento agitó ligeramente su ropa.
Las placas nanotecnológicas aparecieron discretamente bajo la piel de sus brazos.
Preparadas.
Esperando.
—Escuchen.
Las dos lo miraron.
—No se separen demasiado.
—Entendido —dijo Elena.
—Entendido —dijo Mara.
—Si sienten que las funciones compartidas las sobrecargan, me lo dicen inmediatamente.
—Entendido.
—Y si algo sale mal...
Mara sonrió.
—¿Nos rescatas?
—Exacto.
—Buen plan.
Elena negó con la cabeza.
—Ese era literalmente tu plan desde el principio.
—También es un excelente plan.
Los primeros enemigos ya estaban entrando en rango.
Kael sintió nuevamente la presión dentro del IBN.
La evolución.
La fuerza.
Las posibilidades.
Todo empujándolo hacia adelante.
Pero esta vez había algo más fuerte.
Una decisión.
No pelearía como una máquina.
No pelearía como una herramienta.
Pelearía como Kael.
Con Mara y Elena a su lado.
Porque si algo había aprendido desde que salió de Nexum, era que hacerse más poderoso era sencillo.
Lo difícil era recordar por quién estabas luchando.
Y mientras observaba a las dos chicas prepararse para enfrentar una batalla claramente injusta, comprendió que aquella pelea no consistía en derrotar criminales.
Consistía en demostrar que seguían siendo un equipo.
Aunque delante de ellos hubiera un ejército entero empeñado en demostrar lo contrario.
El primer grupo atacó.
Luego el segundo.
Después un tercero.
Y finalmente el combate dejó de ser una serie de enfrentamientos para convertirse en una batalla continua.
Los criminales aparecían desde todas partes.
Tejados.
Ventanas.
Pasarelas.
Contenedores.
Escaleras metálicas.
La única ventaja del grupo era que el IBN sincronizado entre ellos seguía funcionando.
Y cada segundo que pasaba, Mara y Elena aprendían a usar mejor aquella avalancha de información.
—¡Derecha! —avisó Elena.
Mara ya se estaba moviendo.
Interceptó al atacante antes de que terminara el salto.
Lo derribó de un golpe.
Lo dejó inconsciente.
Y siguió avanzando.
Mientras tanto, Kael estaba haciendo algo que jamás había tenido que hacer.
Pelear.
Proteger.
Analizar.
Compartir funciones.
Controlar las placas nanotecnológicas.
Y supervisar a dos compañeras.
Todo al mismo tiempo.
El agotamiento comenzaba a acumularse.
No era evidente.
Todavía no.
Pero estaba ahí.
Como una presión constante detrás de los ojos.
Un precio por mantener tantas cosas funcionando a la vez.
Un usuario IBT cargó directamente contra Elena.
Kael estaba demasiado lejos para llegar físicamente.
Pero no necesitó hacerlo.
El IBN reaccionó.
Placas nanotecnológicas emergieron sobre el hombro y el costado de Elena.
CLANG.
El impacto rebotó.
El atacante quedó desorientado.
Elena aprovechó la apertura.
Una descarga incapacitante.
El enemigo cayó al suelo.
—¡Gracias! —gritó ella.
—De nada.
—Esto sigue siendo rarísimo.
—También para mí.
A pocos metros, Mara estaba teniendo una experiencia completamente distinta.
Dos usuarios IBT intentaron rodearla.
La mejora sensorial compartida le permitió anticipar ambos movimientos.
Giró.
Esquivó.
Golpeó una articulación.
Desestabilizó al primero.
Utilizó su propio peso para derribar al segundo.
Kael observó aquello durante una fracción de segundo.
Impresionante.
Realmente impresionante.
Cada minuto Mara parecía adaptarse más al sistema.
Como si hubiera estado entrenando con él durante años.
Pero no había tiempo para admirar nada.
Otro enemigo apareció.
Y otro.
Y otro más.
Los pulsos eléctricos comenzaron a convertirse en una herramienta fundamental.
Kael extendió una mano.
Una pequeña descarga recorrió el cuerpo de un usuario IBT.
Los sistemas implantados fallaron brevemente.
Suficiente.
Mara lo derribó antes de que pudiera recuperarse.
—Me gusta esa habilidad.
—Me gusta no tener que pelear contra todos personalmente.
—También es un buen punto.
Elena, por su parte, seguía siendo la más vulnerable.
No porque fuera débil.
Sino porque su papel era diferente.
Observaba.
Analizaba.
Apoyaba.
Y además intentaba asegurarse de que ninguno de los tres terminara gravemente herido.
Varias veces Kael tuvo que intervenir.
Una bala desviada.
Un atacante oculto.
Un arma arrojadiza.
Cada vez la NSR aparecía:
Placas en el brazo.
En la espalda.
En el hombro.
Protección instantánea.
Como si una armadura invisible estuviera vigilándola constantemente.
—Empiezo a entender por qué Mira te trata como si fueras un proyecto científico ambulante —dijo Elena mientras esquivaba un ataque.
—No sé si eso era un cumplido.
—No lo era.
Kael sonrió.
Y en ese mismo instante detectó otro problema.
Uno de los criminales.
La mirada vacía.
La misma expresión que había visto en La Franja.
—¡Atrás!
El hombre activó algo.
Demasiado tarde para detenerlo.
Pero no demasiado tarde para reaccionar.
Kael lanzó una ráfaga de NSR.
Las placas nanotecnológicas surgieron frente al grupo.
El impacto sacudió el aire.
Metal contra explosión.
Fragmentos volando.
Ruido.
Polvo.
Cuando todo terminó, seguían de pie.
—Otra vez esos locos —murmuró Mara.
—Sí.
—Los odio.
—Yo también.
La situación se estaba volviendo cada vez más complicada.
Porque no peleaban contra personas normales.
Algunos estaban dispuestos a morir con tal de impedirles avanzar.
Y eso volvía inútiles muchas estrategias convencionales.
Pero aun así seguían avanzando.
Lentamente.
Metro a metro.
Neutralizando.
Desarmando.
Reduciendo amenazas.
Sin matar.
Una tarea absurdamente difícil en medio de aquel caos.
Y precisamente por eso Kael insistía en ella.
Porque veía a Elena.
La forma en que observaba a cada herido.
La forma en que todavía intentaba ayudar incluso a enemigos inconscientes.
Y veía a Mara.
Cada vez más eficiente.
Más fuerte.
Pero todavía siguiendo sus decisiones.
Todavía respetando la regla.
No matar.
Y eso importaba.
Más de lo que admitiría en voz alta.
Un enemigo cayó.
Luego otro.
Y otro más.
Finalmente se encontraron detrás de una línea de contenedores que les dio unos segundos de respiro.
Sólo unos segundos.
Kael respiró profundamente.
Su mente seguía procesando cientos de datos.
Posiciones.
Amenazas.
Estado físico de sus compañeras.
Estado del IBN.
Todo al mismo tiempo.
Era agotador.
Pero mientras observaba a Mara preparándose para volver al combate y a Elena revisando rápidamente algunas heridas menores, comprendió algo.
No estaba peleando mejor que antes.
Estaba peleando de una manera completamente distinta.
Antes sólo tenía que sobrevivir.
Ahora tenía que asegurarse de que los tres sobrevivieran.
Y por extraño que resultara...
esa responsabilidad era mucho más pesada que cualquier armadura nanotecnológica que el IBN pudiera crear.
El breve descanso detrás de los contenedores duró apenas unos segundos.
Lo suficiente para respirar.
Lo suficiente para reorganizarse.
Lo suficiente para aprender.
Porque esa era una de las mayores ventajas del IBN.
Y también de ellos.
Se adaptaban.
Los criminales habían llegado confiados.
Pensando que eran tres intrusos atrapados.
Ahora la situación era distinta.
Kael ya entendía los patrones de los usuarios IBT.
Mara había aprendido a aprovechar las aperturas que generaban las funciones compartidas.
Y Elena comenzaba a utilizar la información del IBN como una auténtica especialista de apoyo.
—Ya los tenemos medidos —dijo Mara mientras observaba el campo de batalla.
—No digas eso antes de una pelea —respondió Kael.
—¿Por qué?
—Porque el universo escucha esas cosas.
—Qué supersticioso.
—Tú no has visto mi suerte.
Los siguientes enemigos llegaron.
Y esta vez fueron recibidos de forma muy distinta.
Un usuario IBT intentó atacar desde un punto elevado.
Antes de que saltara, Elena ya había detectado la tensión muscular preparatoria.
—Tres segundos.
Kael giró.
Pulso eléctrico.
El atacante cayó del tejado sin siquiera completar el salto.
—Eso fue satisfactorio —admitió Elena.
—Mara te está contagiando.
—Lo sé.
—Me siento orgullosa —dijo Mara.
Otro grupo apareció por el flanco izquierdo.
Esta vez Mara los interceptó antes de que alcanzaran posiciones favorables.
Ya no estaba reaccionando.
Estaba anticipándose.
Utilizando la información compartida casi con la misma naturalidad que Kael.
Sus movimientos se habían vuelto más fluidos.
Más precisos.
Menos desperdicio de energía.
Un enemigo intentó sujetarla.
Terminó inconsciente.
Otro trató de sorprenderla por la espalda.
Las placas del NSR aparecieron un instante antes del impacto.
El atacante golpeó metal.
Mara aprovechó la apertura.
Lo derribó.
—Gracias, Kael.
—De nada.
—Empiezo a acostumbrarme a tener armadura mágica.
—No es magia.
—Eso es exactamente lo que diría alguien con armadura mágica.
Mientras tanto, Kael seguía siendo el centro invisible del equipo.
Procesando.
Analizando.
Protegiendo.
Guiando.
Y luchando.
Varias veces tuvo que intervenir para evitar que algunos fanáticos intentaran inmolarse.
Una patada.
Un empujón.
Una descarga.
Un muro improvisado de placas nanotecnológicas.
Cualquier cosa para alejarlos de sus compañeras.
Aquello exigía una concentración brutal.
Pero poco a poco el caos comenzó a disminuir.
Menos enemigos.
Menos disparos.
Menos movimiento.
Los criminales empezaban a cometer errores.
Cansancio.
Frustración.
Miedo.
Porque por primera vez comprendían algo.
Aquellos tres no eran una presa.
Eran un problema.
Un problema enorme.
El último grupo intentó una carga desesperada.
Una docena de hombres.
Varios usuarios IBT.
Todo lo que les quedaba.
Kael observó.
Mara observó.
Elena observó.
Y sin necesidad de hablar actuaron juntos.
Como un equipo.
Elena detectó las amenazas prioritarias.
Mara interceptó a los más peligrosos.
Kael cubrió los espacios vacíos y protegió cualquier punto vulnerable.
La coordinación fue casi perfecta.
Un enemigo cayó.
Luego otro.
Y otro más.
Hasta que finalmente...
Silencio.
El campo de batalla quedó inmóvil.
Docenas de criminales y usuarios IBT permanecían tendidos por todas partes.
Inconscientes.
Inmovilizados.
Derrotados.
Pero vivos.
Kael respiró profundamente.
Mara se apoyó en una barandilla metálica.
Elena se dejó caer sobre una caja cercana.
Durante unos segundos nadie habló.
Simplemente escucharon el viento atravesar las estructuras industriales.
Finalmente Elena rompió el silencio.
—No puedo creer que sigamos vivos.
—Yo sí —dijo Mara.
—Qué confianza.
—No.
Mara señaló a Kael.
—Él es demasiado terco para morir.
—Eso es probablemente cierto.
Kael observó el almacén.
Ahora el camino estaba despejado.
Por primera vez desde que llegaron no había nadie bloqueando el acceso.
Y eso le preocupó.
Porque normalmente cuando un camino se vuelve demasiado fácil...
es porque alguien quiere que sigas avanzando.
El IBN seguía enviándole pequeñas advertencias.
Pequeñas anomalías.
Pequeñas sensaciones difíciles de explicar.
Guardó silencio.
Miró el enorme almacén.
Luego a Mara.
Luego a Elena.
Los tres estaban cansados.
Golpeados.
Cubiertos de polvo.
Pero seguían juntos.
Y habían derrotado a una fuerza que, en teoría, debería haberlos detenido.
—Bueno —dijo Kael finalmente—. Creo que acabamos de hacer mucho ruido.
—Muchísimo ruido —confirmó Elena.
—Tanto ruido que probablemente ya saben que venimos —añadió Mara.
Kael sonrió.
—Perfecto.
—¿Perfecto?
—Sí.
Miró la entrada del almacén.
Blindada.
Silenciosa.
Esperándolos.
—Porque ahora ellos también saben que nosotros llegamos.
Y por alguna razón, aquello hizo que incluso Mara sonriera.
Porque después de todo lo ocurrido, una cosa era segura.
Lo verdaderamente peligroso probablemente estaba dentro del almacén.
Y ya era demasiado tarde para retroceder.

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Nexum (Novela)
Capítulo 66
Nexum (Novela) Capítulo 65
Estás leyendo el capítulo 65 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 27 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.